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Antón Castro

NUEVA YORK NO ES SEVILLA. POR GARRY WINOGRAND

NUEVA YORK NO ES SEVILLA. POR GARRY WINOGRAND

En Sevilla, viven José María Conget y Maribel Cruzado. El martes por la tarde tomamos, Félix Romeo y yo, un refresco con ellos. José María acaba de publicar el libro “Pont de L’Alma” en Pre-Textos, en una bellísima edición, y Maribel traduce poetas norteamericanos y prepara una monografía del pintor mexicano Covarrubias. Ella es una gran experta en fotografía, y uno de sus fotógrafos favoritos en Garry Winogrand. Le dedicó una pequeña monografía. Cuelgo aquí esta foto de Nueva York de 1961 en homenaje Maribel Cruzado. En este caso, Nueva York no es Sevilla pero podría serlo.

IVÁN TUBAU, YO Y MI DOBLE, EN SEVILLA

IVÁN TUBAU, YO Y MI DOBLE, EN SEVILLA

Contaré con alguna calma el Encuentro de Narradores en Sevilla. Hablaré de algunos escritores con los que siempre resulta gozoso reencontrarse (Gabi Martínez, Pablo Aranda, Espido Freire, Juan Manuel de Prada, gracioso a su pesar, Hipólito G. Escolar…), a los que he conocido (Mario Cuenca, Cristina Sánchez Andrade, José Andrés Rojo, Lolita Bosch, Care Santos…).

Antes de irme esta mañana, me ocurrió una anécdota muy literaria. Antes tomar el AVE, fui a dar un paseo por la ciudad tan luminosa y tan laberíntica. Un poco antes de salir a las calles, me encontré en las escaleras con Iván Tubau: le dije que me iba, le recordé que vivía en Zaragoza y que, casi, si levantábamos las manos podríamos vernos o saludarnos, él en Barcelona y yo en Zaragoza. No sé por qué, le recordé que yo era un gallego en Zaragoza.
Al volver al hotel del paseo, me lo encontré. Nos saludamos. Y me dijo que hacía una hora o así se había encontrado en la escalera con el representante de Aragón en el Encuentro, un tipo que, por cierto, era gallego, dijo, y que era algo mayor que tú. Sin duda. Cuando le dije que era yo mismo, no se lo creía. Le parecía sorprendente que los dos representantes de Aragón fuesen gallegos. No me identificaba, aunque al final aceptó que debía ser yo con quien se había topado en la escalera. Y no sé cómo hablamos de hijos: el suyo acaba de publicar un libro, “Las paradojas del guionista”, y el mío otro de “Conversaciones con los guionistas de Hollywood”. Me dijo a modo de despedida que no debíamos hablar de hijos, que a lo mejor no estábamos autorizados para desvelar sus actividades, y que estaba seguro de que el hombre de la escalera, entreví que pensó que era mi doble, era mayor que yo.

Sevilla, antes de que caiga todo el sol del mundo, favorece hasta a los calvos y gorditos como yo. Rejuvenece. Sin duda, por eso no me sentí un intruso en el congreso de escritores jóvenes. Me alivió el remordimiento que fui como autor de blogs. Dije que éste era “el making off de mi vida”.

La foto nocturna de la Torre del Oro de Sevilla la he tomado de esta página web: coloredhome.com

EN LA PLAYA

EN LA PLAYA

RAVEL, UNA NOVELA DE JEAN ECHENOZ Y UN OLVIDO

RAVEL, UNA NOVELA DE JEAN ECHENOZ Y UN OLVIDO

El otro día, durante la grabación del programa “El Auditorio” de Juan Manuel  Muñoz (se emite esta tarde de tres a cuatro), me pidió que recomendase algunos libros para el  verano. Estuve más bien regular o poco original, pero me  dio un poco de rabia no acordarme de decirle que estoy leyendo “Ravel” (Anagrama. Traducción de Javier Albiñana) de Jean Echenoz, una novela, que tiene algo de “Vida imaginaria” a lo Marcel Schwob o Pierre Michon, centrada en los últimos años de la vida del gran músico. El libro es menudo –poco más de 100 páginas-, pero realmente delicioso. El sensual Jean Echenoz nos presenta a un compositor, que fue amigo de Luis Galve y Pilar Bayona, no menos sensual Ravel, pero enigmático, extraño e igualmente fascinante. Aquí desfilan, entre otros, Toscanini, Joaquín Nin, Wittgenstein  o Alma Mahler, que hizo correr rumores ambiguos sobre él.

En esta foto de 1928, Maurice Ravel toca el piano con Éva Ghautier. En el extremo de la derecha está Gershwin. La foto corresponde a Bibliothèque et Archives Canada/Fonds Éva-Gauthier/MUS 81.

EL PARAÍSO PÓSTUMO DE MANUEL PADORNO*

EL PARAÍSO PÓSTUMO DE MANUEL PADORNO*

PESCO DESDE MI CAMA  


Debajo de mi casa pasa un río.
El piso de cristal; a veces veo
Desde donde me siento, desde el patio
Pasar la anguila blanca, decididas
Bandadas de salmones agua arriba,
Los delfines rosados todo el día.
Y otros peces también desconocidos.
Desde mi cama pesco. Alguna noche
Tomo la caña, unto el anzuelo, arrojo
-por la ventana abierta- el nylon; pesco
una salema llena de sabores. 
Hasta dormido muchas veces. Siempre.

Debajo de mi casa  pasa un río.
El piso de cristal; a veces veo,
Durante la mañana, caminando
El pasillo que lleva a la cocina
Tiburones y rayas apacibles,
Langostas y cangrejos sucesivos. 

Mi casa levantada sobre el río.
Mi hacienda de cristal, villa del agua,
Líquidos materiales invisibles. 

*Este poema pertenece al libro “Edenia” del poeta canario Manuel Padorno (1933-2002). ha sido editado por una de las más bellas colecciones de poesía que se han hecho nunca, la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets. El libro, como se anuncia, es la invención y el sueño casi topográfico de “un posible paraíso felizmente concebido”. El poeta edifica, casa a casa, paisaje a paisaje, animal a  animal, flor a flor, un entorno, un refugio, el lugar donde germinan sus emociones, y compone un libro que es una película, que es una hacienda íntima y abierta al chicotazo del viento. Es un libro que mezcla la impresión y la descripción, y respira una atmósfera clásica, acaso horaciana (mejor aún, epicúreo), acaso bucólica. La foto es de Sally Mann.

LA LEYENDA DEL PIPO ROSSI. POR MARIO ORNAT Y OTROS

LA LEYENDA DEL  PIPO ROSSI.  POR MARIO ORNAT Y OTROS

[Muy pocos saben contar el fútbol como los argentinos y los brasileños. Hace unos días, casi diez, fallecía el gran Néstor “Pipo” Rossi, un hombre que rivalizaría en el puesto de medio centro con el húngaro Josef  Boszik. Los dos fueron pioneros en el puesto y magníficos jugadores. Ese apasionado del fútbol, del cine y de la literatura que es Mario Ornat ha recordado la figura del gran jugador y entrenador argentino. El River Plate, curiosamente, fue uno de los equipos míticos de  mi niñez y adolescencia. Siempre recordaré la entrevista de Amadeo Carrizo que leí en “As Color”, y las historias de aquella delantera formidable: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau. Luego fui admirador de Norberto Alonso, más tarde de Enzo Francescoli. Cuelgo aquí el texto de Mario, la necrológica de Castiglione en “Clarín” y una selección de frases, que parecen aforismos del balompié y de la vida. ]

El reposo del 'centrojás'

A estas horas, en un portal con número de cuatro cifras en alguna de esas extensas avenidas cambiantes de Buenos Aires, a estas horas velan a Néstor el Pipo Rossi: el centrojás por excelencia (centrojás es la versión argentina del término centre-half, el medio centro original). El número 5 de River guarda reposo. A él, que nunca calló en los campos, lo enmarca ya un reconcentrado silencio. En El partido del siglo, la serie de documentales sobre los once mejores de la historia en Europa contra los once mejores de la historia en América, armada por Jorge Valdano y Santiago Segurola, el episodio dedicado al Pipo Rossi fue uno de los que más me gustó.

Rossi había brotado jovencito en aquel River Plate que era una reunión de caudillos a los que el imaginario popular, con mucho tiento para la posteridad, denominó La Máquina. Cualquiera que haya mirado atrás en el fútbol sabe de carrerilla la delantera millonaria de los años 40: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Frente a ese cuadro de leyendas, hacia el 44 surgió Rossi, un muchacho de naturaleza imperativa, y se puso a dirigir el juego y a los demás con una profunda e inagotable voz de mando. Lo relataba así él mismo: "Yo era un nene pero mandaba por encima de todos. Me palmeaba el pecho y les decía: 'La pelota aquí, a papá". Aún contándolo se tocaba la caja torácica, como si alguien le fuera a entregar el balón. De él dijo Muñoz: "Paraba la pelota y ya tenía una idea titular y dos suplentes". 

Algunas frases de Rossi son antológicas, sobre todo porque fueron dichas sobre el mismo campo de fútbol y quienes las oyeron sintieron la necesidad de contarlas: "El que no pasa la pelota al pie es una mala persona", se le escuchó decir. Dejo la necrológica de Clarín. Néstor Raúl Rossi tenía 82 años. Lo enterrarán en el cementerio de La Chacarita
. (Texto de Mario Ornat). 

NECROLÓGICA DE CLARÍN Eduardo Castiglione
ecastiglione@clarin.com
  A ver...lo que tú quieres saber es qué ha sido el gran Pipo para nosotros. Pues simplemente que Pipo Rossi nos enseñó a los colombianos cómo se juega bien al fútbol".

En una calurosa y húmeda madrugada en Barranquilla, allá a principios de los 80, el por entonces joven cronista recibió de boca de un veterano y emocionado periodista local ese elogio supremo para quien fue el arquetipo del centrojás argentino. Es que tres décadas después, en ese país estaban intactos —incluyendo fábulas y exageraciones— los recuerdos del nuevo fútbol que desde la Argentina había exportado a Millonarios gente como Pipo, Alfredo Di Stéfano, Pedernera, Báez y Amadeo Carrizo.

Así como con el número 5 en la espalda tuvo cada vez que pudo a la número cinco de cuero bien apretadita contra el piso, debajo de la enorme suela derecha del botín 44 —por eso uno de sus apodos fue el de Patón—, hizo un culto del pase con ventaja para el receptor, una religión de la habilitación segura. Contaban viejos compinches de vestuarios que lo fastidiaba tanto dividir el control de la bola que alguna vez estableció, como si fuera el preámbulo de cómo se juega a este juego, que "el que no pasa la pelota al pie es una mala persona".

El ingenio para la frase ocurrente, su ojo veloz para descubrir dónde habitaba el talento y un porteñísimo sentido del humor fueron otras aristas que acompañaron al centrocampista del vozarrón inconfundible hasta que esa maldita enfermedad incurable le achicó la cancha y la parca le anunció que el partido final le tocaba de visitante.

Alguna tarde, durante una práctica en el Monumental, el defensor Federico Vairo se la pasó muy alta y él le descerrajó un "buena, muy buena Federico, ahora alcanzáme la escalera". O en un partido con la Selección Argentina, desesperado porque había problemas con la recuperación del esférico, le gritó desaforadamente a Enrique Omar Sívori: "Cabezóoon..., corré al negro". Cuando este le dijo que todos eran negros, Pipo, el patrón del círculo central, cerró a su estilo: "No me importa, corré a todos".


El paladar negro que tuvo en sus tiempos de jugador lo mantuvo cuando se calzó el buzo de entrenador. Tras armar en 1973 uno de los dos mejores equipos de la historia de Atlanta en Primera División, al año siguiente aceptó una oferta del Elche, de España. Cuando le abrieron la puerta para reforzar el equipo, eligió con la propiedad de los que saben: se llevó al veloz goleador Rubén Cano (luego fue nacionalizado y jugó el Mundial de Argentina 78 para España), al fino armador Juan Antonio Gómez Voglino y al marcador de punta derecho Osvaldo Cortéz.


Daniel Alberto Passarella configuró un capítulo singular en la vida deportiva de Rossi. Recomendado especialmente por un personaje del fútbol como el Negro Hernández, Pipo decidió que el debut del promisorio pibe de Chacabuco fuese en un River-Boca, de verano y en Mar del Plata.


Cuenta el actual entrenador de River —en una de la tantas que vivió junto con quien fue clave en su carrera— que Pipo estaba dando demasiadas vueltas porque la parada pintaba brava. Una pregunta detrás de la otra sobre distintas situaciones del duelo que se avecinaba. Hasta que la última fue si se animaba a semejante desafío, a lo que el Kaiser respondió: "Mire, maestro. Yo me animo a todo; lo único que falta es que se anime usted".


Otra que Passarella relata con enorme afecto fue cuando el Inter programó en los 80 una cena de gala para agasajar a futbolistas que fueron campeones en el club. A Pipo no le gustó la mesa que le habían asignado al Kaiser y decidió acomodarse en una que estaba pegada al escenario. En vano fue el enojo del Gran Capitán por el cambio. De pronto, un robusto personaje —flanqueado por sus guardaespaldas— se plantó delante de los argentinos esperando que le liberaran su ubicación. Pero Pipo, sin levantarse y tirado hacia atrás en su silla, miró y dijo: "Sentate, Luchito, Hacela corta, papá, hacete gomía". Le estaba hablando en lunfardo al tenor Luciano Pavarotti, que sonrió y partió.

Reconocido como un riverplatense de pura cepa, jugó 156 partidos en Primera —también integró la mítica "Máquina"— desde que debutó el 25 de junio de 1945, reemplazando a Manuel Giúdice en una victoria 2-0 ante Racing, en Avellaneda. Si habrá sido grande Pipo que a mediados de los 60 cruzó una vereda que pocos se animaron y varios de los que sacaron pasaje de ida jamás tuvieron retorno: dirigió a Boca y hasta paladeó las mieles de salir campeón en 1965.

Ayer, a los 82 años, murió Néstor Raúl Rossi. Hoy lo están velando en la calle O'Higgins 2842, en esta Capital. A partir de mañana, el irrepetible Pipo será más leyenda aún.
 

FRASES TEXTUALES DE NESTOR PIPO ROSSI 

"Nada de mago...yo soy simplemente Pipo".

"Corré, Alemán. Saeta Rubia...¿A quién le ganaste?" (A Alfredo Di Stéfano).


"Gritar es algo que llevo en la sangre, es más fuerte que yo".


"Yo jugaba con la cabeza, pero no cabeceando, sino pensando mucho".


"Los equipos precisan un caudillo. Un tipo que empuje, que mande. El director técnico en la cancha se borra, y el que manda es el caudillo".

"Merlo, no grite tanto y juegue más, que para gritar estoy yo y no usted".

"En el fútbol no hay misterios, salvo que alguien los quiera crear".

"El fútbol es un sentimiento, un juego que tiene como eje a la pelota y, por lo tanto, hay que tratarla siempre bien".

"Soy un eterno enamorado del fútbol de mi época como jugador".

"Cuando los buenos jugadores son más que los malos y hasta cuando los malos quedan en posiciones grotescas, todo esto es fútbol".

"Vamos Beto, meta la pierna que la pelota no muerde" (a Norberto Alonso).
 

UNA TERTULIA DE MÚSICA CLÁSICA

UNA TERTULIA DE MÚSICA CLÁSICA

He conocido hoy a Juan Manuel Muñoz, el presentador y director  de “El Auditorio”,  el programa de música clásica de Aragón Radio.  Es un programa con conversación, con la música clásica de fondo. Me lo he pasado francamente bien.  Le he contado tres cosas:

-Mi padre siempre me decía que uno de sus sueños era que me hiciese acordeonista  como un vecino músico que tenía que él admiraba mucho. Siempre me contaba  sus éxitos.

-Quise ser gaitero, pero cuando mi padre se enteró de que ya me había apuntado a un curso de gaita en la Universidad Laboral de A Coruña, me desengañó: “Ni se te ocurra. Tú no tienes pulmones para  eso. Dedícate a otra cosa”. 

-Y eso hice. Con 6.000 pesetas, en el  año 1976 o así, compré una guitarra española y un método. Todos los días hacía las lecciones y las digitalizaciones. Llegué a tocar el “Romance anónimo”, y aprendí “Te recuerdo, Amanda”. Cuando me pareció que ya manejaba un puñado de acordes, empecé a escribir canciones y a cantarlas por las tarde. Descubrí a Serrat y quedé turulato. Un día, la peluquera de arriba, me dijo: “Ten cuidado porque empiezas a espantarme la clientela”. Me  di por aludido. Y adiós a la música. No tanto por el ruego de la peluquera sino por mi invalidez  de  oído. Juan Manuel Muñoz se rio. Oímos a Borodín, a Luis Galve, Eduardo del Pueyo, a Stravinski,  a Marta Almajano... Y a Enescu, entre otros asuntos. Y por supuesto, a Johan Sebastian Bach, un fragmento del “cuarto concierto de Brandemburgo”. Juan Manuel Muñoz al enterarse de que había perdido en una mudanza esos discos me regaló el conjunto completo. Es uno de esos regalos que siempre hacen mucha ilusión.  Bach es un músico extraordinario, y ahí estuvo inspiradísimo. 

Dentro de los numerosos gestos de afecto de Juan Manuel Muñoz hay uno bonito: leyó el poema “El compositor” de W. H. Auden que he colgado en el blog.  "El Auditorio" se emite los domingos de 3 a 4 de la tarde, en Aragón Televisión. La  foto es del violinista y compositor rumano George Enescu (1881-1955).

JOSÉ LUIS ALEGRE CUDÓS. CUATRO POEMAS

JOSÉ LUIS ALEGRE CUDÓS. CUATRO POEMAS

I 

El amor juega con el cuerpo
Del amor. ¿Es una palabra?
¿Un contacto? ¿Qué puedo decir
sin temor a equivocarme?
¿Es un sentimiento? ¿Una emoción?
¿Es el corazón? No sé. A veces
lo siento.   

II

Estoy en el bosque.
Tengo miedo.
No sé a qué.
Quiero salir del bosque.
Estoy agotado.
Me duermo.
Me despierto.
Tengo hambre y miedo.
Días y días.
Me colgaré de un árbol.
Y se acabó la excursión.  

III 
Estoy orgulloso
De ser escritor.
Lo diré de otra manera.
El silencio lo dirá mejor que yo.
Y ahora sí que no miento. 

IV 
Me harta, me alimenta
El vivir cada día.
Soy un descubrimiento.
Me sale el sol tres veces al día.
Tengo el triple de sangre.
Harto de comer vida.
Harto de tener poesía.   

José Luis Alegre Cudós (La Almunia de San Juan, Huesca, 1951 Premio Adonais en 1972) recoge en Poemas  (Olifante, 2007) dos poemarios, uno de 2006 y otro de 2007. Es su poesía más desnuda, más transparente: los versos tienen algo de diario de supervivencia y de oratorio sereno de alguien que, en el fondo, parece convivir con la perplejidad y el tormento. La edición lleva una solapa de Alfredo Saldaña.  Esta foto de manos sobre la piel de un cuerpo es de Eric Kellerman.