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Antón Castro

Artistas

UN SIGLO DE VÍCTOR BAILO

UN SIGLO DE VÍCTOR BAILO

El paladín del mejor gusto estético

 

Se cumplen cien años del nacimiento de Víctor Bailo (1914-1975), propietario, director de la galería libros y pionero de la modernidad

 

Antón CASTRO

Víctor Bailo Solanas (Leciñena, 1914-Zaragoza, 1975) se hizo acreedor a muchos elogios. Para algunos, como el profesor y crítico de arte de HERALDO Ángel Azpeitia, transmitió cultura, sentido de Civilización; para otros, como el escritor y profesor de Historia del Arte Federico Torralba, fue “uno de los auténticos pioneros –y en momentos bien difíciles (...)- en la difusión de los nuevos caminos de la plástica”. Luis Horno Liria, crítico literario, resultó decisivo en “la formación de nuestro gusto estético”. Todos ellos lo elogiaron sin reservas en el catálogo de homenaje que se le hizo, en la primavera de 1976, unos meses después de su muerte. Esos elogios, de otro modo, se han repetido a lo largo de los años por escritores, artísticos, galeristas, etc. El último en ensalzar su travesía de creación y curiosidad intelectual ha sido Javier Lacruz en su monografía de ‘Manuel Viola’ (Editorial Cierzo), que recuerda que la sala Libros fue su personal catedral del arte, desde casi antes de abandonar los pantalones cortos.

Víctor Bailo y Libros forman parte de la memoria de Zaragoza. Fueron un binomio fundamental a lo largo de 35 años, desde 1945 hasta 1975. Su hija Isabel Bailo y su yerno Gonzalo de Diego lo recuerdan, en su domicilio de Arquitecto Yarza, ahora que se celebra el centenario de su nacimiento. Cuenta Isabel que su padre pertenecía a una de las dos familias más influyentes de Leciñena. “Tenía un hermano mayor, Paco, que fue padre en vísperas de la Guerra Civil. Lo cogieron y lo fusilaron. Mi padre jamás quiso volver a Leciñena –dice-. No podía olvidarse del crimen. Es curioso: a mí me gustaba regresar, de cuando en cuando, para el verano con mis abuelos. Lo pasaba bien”. Ya instalado en Zaragoza, el joven Víctor Bailo intentó reanudar su vida y superar los fantasmas del horror y del dolor. Empezó a estudiar comercio y “no tardó en coger en traspaso Libros, que había pertenecido a su primo Tomás Seral y Casas”, explica Gonzalo de Diego.

No se sabe muy bien por qué Víctor Bailo se interesó por un proyecto como ese. “Fue clave, creemos, su primo”, dicen. Tomás Seral y Casas (1908-1975) fue poeta surrealista, un agitador cultural y colaborador en prensa, dirigió revistas, y fundaría en Madrid la Galería-Librería Clan. En 1939 había solicitado permiso para abrir su galería y lo haría en octubre de 1940; el proyecto era de José de Yarza. Años después, con Víctor Bailo ya al frente, habría una ampliación dirigida por Pérez Páramo. “Seral y Casas le asesoró siempre, le mostró su cartera de clientes y le puso en contacto con galeristas”, dice Isabel. Gonzalo de Diego, que ha trabajado en cultura y exposiciones en Ibercaja hasta su jubilación, revela una curiosa anécdota: “Víctor Bailo era simpático, con carisma, sencillo en el trato y educadísimo. Tenía un sexto sentido para el negocio y se empleaba con sutileza. No agobiaba ni era desconfiado. Yo le compré el primer cuadro de mi vida en 1973. Era un Grau Santos. Me vio interesado y me ofreció toda clase de facilidades. Me costó 25.000 pesetas de las de entonces, unos 150 euros”. Regresamos un instante a Seral, que se marcharía a Madrid en 1945: “Hemos visto la correspondencia íntima entre los dos y le asesoraba desde la distancia”, agrega. Bailo viajaba constantemente a Madrid y colaboraba con diversos galeristas: Gaspar, Parés, Prats, Biosca, Leandro Navarro o Rodríguez Sahagún, entre otros.

Se diría que Víctor Bailo aprendió pronto y convirtió su santuario de Libros en un foco cultural de la ciudad: era galería de arte, tiene de enmarcación y librería y tienda de discos. “En los discos trabajó de dependiente el gran fotógrafo Joaquín Alcón”, recuerdan Isabel y Gonzalo. Libros era un centro de tertulias, de amantes de las artes y de los libros. “Por allí pasaba todos los días el periodista y crítico Joaquín Aranda, compraba un libro y lo leía en el Casino. Pasaban Miguel Labordeta y muchos otros: en sus inicios estuvo Fermín Aguayo, “con una bufanda que le arrastraba hasta el suelo”, acudían el alcalde Luis Gómez Lagunas, el crítico musical Eduardo Fauquié, los hermanos Pérez Gállego, el productor Eduardo Ducay o el periodista de HERALDO José María Doñate”, dice Gonzalo de Diego.

Víctor Bailo tenía buen gusto para el arte. La apasionaban la música y la lectura. Expuso a la Escuela de Vallecas y de Madrid, a Redondela, Viola o Menchu Gal, pero también estaban vinculados a él otros artistas como Revello de Toro, Álvaro Delgado, que lo retrató, Palencia,  Vázquez Díaz, Luis García-Ochoa, Godofredo Ortega Muñoz, “que le recordaba que se había escondido durante la Guerra Civil en Utebo, en la casa de Gil Bel”. Expuso a muchos de sus paisanos: Pilar Aranda, Pablo Serrano, Santiago Lagunas, Viola, Baqué Ximénez, Alberto Duce, Beulas... Todas las temporadas dedicaba un mes a un artista aragonés, y si en 1950, por poner un ejemplo, presentó al joven surrealista Antonio Saura, algunos años después haría lo propio con  José Luis Cano o Jorge Gay.

En 1975, en la calle Cuatro de Agosto fundó un nuevo espacio: Libros 75, pero no le dio tiempo a abrirlo. El cáncer interrumpió su gran obra con apenas sesenta años. Leandro Navarro lo recordaba así: “La figura menuda, la sonrisa irónica, un ligero acento aragonés, unos escrutadores, agudos, inteligentes ojos claros, disimulados tras los lentes... Los abrazos abiertos, el corazón grande, generoso, emocionado para el arte”. Su proyecto, con algunos cambios, permaneció abierto hasta el pasado agosto de 2013.   

GUSTAVE COURBET: DE 'EL SUEÑO'

GUSTAVE COURBET: DE 'EL SUEÑO'

GUSTAVE COURBET: ‘EL SUEÑO’ DE 1866. PASIÓN Y AMISTAD DE MUJER

Me he encontrado con este cuadro de Gustave Courbet firmado en 1866, titulado  ‘El sueño’. También tiene otros nombres: ‘Las durmientes’, ‘Pereza y lujuria’ o ‘Las amigas’. Como uno de sus cuadros más famosos, y más escandalosos, ‘El origen del mundo’, fue encargado por un diplomático turco, llamado Jalil-Bey. Es un cuadro que tiene un claro influjo de la escuela veneciana, si no sabe al principio parece próximo a Tiziano.

Tiene un aroma inequívoco de ambigüedad: ¿encarna el sueño de dos buenas amigas, cómplices en su intimidad, o es una escena claramente lésbica? El autor ha dejado algunos símbolos: un cáliz (vinculado al arrentimiento, según algunoscríticos), un collar de perlas roto, que alude a la consumación de la pasión y, entonces, también a una idea del pecado. En cualquier caso, es una obra realmente hermosa, sugerente, admirable. Se encuentra en el Museo del Petit Palais y es generosa de formato: 135 centímetros por 200. Es decir, casi metro y medio de ancho por dos metros de largo. Hace muy poco, con maestría, con mezcla de periodismo e investigación, Miquel Molina publicaba ‘Una flor de mal’, sobre un cuadro ‘español’ del gran pintor.

GIL & D. LA.: SOBRE POESÍA VISUAL

GIL & D. LA.: SOBRE POESÍA VISUAL

Miguel Ángel Gil y Pierre D. La son los coordinadores de la exposición 'Poesía Visual' en el Centro de Historias. Participan 21 artistas y es una muestra cuidadísima y brillante, de las que da gusto mirar, entender, disfrutar, recrearse en el paseo. Volver a empezar cuando se termina. Los dos, mano a mano, explican aquí algunas cuestiones del proceso, de la selección, del concepto mismo de poesía visual.

 

¿En qué consiste la poesía visual?

Supongo que puede haber tantas definiciones como autores o teóricos…, yo me quedaría con una de Brossa. La poesía visual no es dibujo, ni pintura, es un servicio a la comunicación. En el hall de la exposición hemos colocado algunas otras definiciones…

¿Cómo se manifiesta: como un objeto, como una disposición de palabras, como un sueño, como un artefacto...?

La poesía visual como una forma  experimental de poesía que es, se puede manifestar de varias formas, si bien en esta muestra su presencia creo que se da, principalmente, a través del objeto, bien sea tridimensional o a través de una imagen de este.

Cuando se piensa en poesía visual se nos vienen a la cabeza, sobre todo, dos personajes o creadores: Apollinaire y Joan Brossa. ¿Qué les debe la poesía visual?

Apollinaire utilizó los caligramas que ya venían de siglos atrás y como buen vanguardista los incorporo a su obra, y Brossa se acercó a principios de los cuarenta a ese tipo de poemas (poemas–objeto, como los llamaría André Bretón dando todo tipo de detalles de cómo eran en varios de sus ensayos) surrealistas en el que se mezclaba la letra y el objeto para constituir una unidad propia, una imagen nueva. ¿Qué les debe a ellos la poesía visual? o ¿qué le deben los poetas visuales a ellos? atrevimiento, osadía, libertad…

¿Ha existido, existe, poesía visual en Aragón? ¿Cómo y dónde se da?

Al parecer, entre los círculos más especializados del panorama nacional es muy escasa, a excepción de algunos autores como Eugenio Arnao, Edu Barbero, Pierre d. la o Helena Santolaya, es casi inexistente, esa es la razón de esta exposición, poner de relieve su existencia…    

¿Existen foros concretos, publicaciones, actos, performance donde se haga visible la poesía visual?

Si, en el mismo “poisson soluble” se han publicado poemas visuales, existen varios festivales y concursos de poesía visual, de poesía de acción. Hay editoriales que se arriesgan a publicar poesía visual como Babilon Ediciones en Valencia, hay un blog dedicado íntegramente a la poesía visual que últimamente está colaborando con el programa de televisión que se llama La Aventura del Saber en TV2, que se llama Boek Visual (http://boek861.blog.com.es/) y que dirige Edu Barbero (presente en la muestra), es una muy completa antología de poetas visuales, con referencias a todo tipo de expresiones artísticas relacionadas con la poesía visual.

¿Cómo nace un proyecto así, de qué reflexiones o de qué evidencias concretas? ¿Cómo ha sido la preparación del proyecto?

Nace de la necesidad de hacer visible un lenguaje, el de la poesía visual y más concretamente el del poema objeto. Tras una previa selección de autores, se ha intentado que la muestra fuera lo más participativa posible, convocando periódicamente a l@s artistas para consensuar los pormenores del proyecto, algo que no es muy común en trabajos de comisariado…

¿Tiene mucha presencia la poesía visual en el arte y la poesía entre nosotros, dónde estaría más presente?

Cada vez tiene más presencia en el arte contemporáneo, aunque a menudo no esté desarrollada por poetas visuales, pero está presente en todo nuestro entorno, un buen ejemplo  de ello sería la publicidad, lamentablemente…

Creo que hay veinte artistas-poetas. ¿Cómo se ha hecho la selección? ¿Están todos los que son o son todos los que están?

La selección se tuvo que detener en ese número, eso siempre es inevitable, supongo que podrían entrar más autores, pero están los que nosotros pensamos que representaban mejor el lenguaje que nos interesa.

¿Qué idea se quería ofrecer?

Puede que la idea de reunir a unos artistas que trabajan en distintas disciplinas, con un muy dispar nivel de reconocimiento, pero a los que les une un lenguaje conceptual, cargado de ironía, paradoja…, que utilizan el arte como medio de comunicación, y por qué no, también la idea de lanzar una pregunta que el espectador deberá de contestarse ¿Poesía Visual en Aragón? 

¿Qué es lo que ve el espectador, con qué piezas y materiales se va a encontrar?

La muestra está compuesta por más de doscientas piezas, entre las que se pueden ver fotografía digital, objetos intervenidos, diseño, ilustración, instalación, cerámica, escultura, fotografía, collage, dioramas, vídeo, textil…, todas ellas con un hilo poético conductor, pero lo más importante es que se trata de una exposición bastante densa, por la cantidad de contenido que encierra, cada obra por pequeña que sea tiene una lectura, una posible interpretación.

Da la impresión de que al final más que poetas lo que hay es artistas que crean imágenes... ¿Es así?

La poesía visual es un hibrido entre la poesía discursiva y el arte, por lo cual permite acercarse desde cualquiera de esas dos vertientes, en este caso es cierto que predomina el lado artístico.

¿Por qué hay tan pocos poetas, entre los elegidos, que publiquen libros convencionales?

Habría que preguntarse sí entre los poetas que escriben poesía discursiva y publican libros convencionales hay alguno que haya hecho alguna vez algún poema visual. Yo diría que sí, que muchos, ¿por qué no se han elegido?,  porque quizá no es lo más representativo de ellos. De hecho se barajó algún otro poeta convencional, como tú los nombras. Como decimos, es muy posible que estemos hablando de artistas que utilizan el lenguaje de la poesía visual, más concretamente el poema objeto, si bien es cierto que hay entre los participantes poetas que cuentan con publicaciones, aunque esto para nosotros no es imprescindible, no es lo que buscamos. 

¿Cómo es esa publicación que se vendía a 50 euros, en la inauguración, y luego se vendrá a 150?

La publicación es un objeto, podríamos decir un poema visual en sí mismo, que  a su vez contiene un libro con introducción de Gustavo Vega (experto en poesía visual),  imágenes de todos los artistas, textos de Paula Gonzalo y 19 obras originales seriadas de los participantes en la muestra. Posiblemente su precio justo sería superior a 150€, pero por decisión de los artistas y como “obsequio” a los asistentes a la inauguración se pone a la venta solamente ese día a 50€.  

ESTELLA & FANDOS Y E. LABORDA

ESTELLA & FANDOS Y E. LABORDA

[Recupero esta entrevista a Javier Estella y José Manuel Fandos por su documental ‘Naturaleza muerta’, centrado en la trayectoria de Eduardo Laborda, que recibió el premio del público del Festival de cine de Daroca y encantó a los presos.]

Javier Estella y José Manuel Fandos forman la productora Nanuk. En la última semana de la muestra de Eduardo Laborda (Zaragoza, 1952), ‘Retrospectiva, 1971-2013’, que se exhibió en la Lonja y que fue visitada por 62.400 personas, presentaban el documental de 42 minutos que le han dedicado: ‘Naturaleza muerta’, que inicia ahora su itinerario por festivales y televisiones. Realizador alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio, y han rodado unos 35 años de material bruto en las calles, en el estudio del pintor, en algunas terrazas que permiten ver Zaragoza y en Belchite.

-¿Por qué han elegido a Eduardo Laborda para su película documental?

Por amistad y porque nos parece un pintor extraordinario. En realidad, nosotros conocimos a Eduardo como cineasta antes que como pintor. Hace más de 20 años, en las muestras de cine independiente, cuando todavía se rodaba en super8. Después hemos sido su equipo técnico en alguno de sus documentales más recientes. Eduardo, como cineasta, entiende lo que es un rodaje, así que la cosa no tenía porque salir mal. Y, sobre todo, Eduardo se halla en la plenitud de su carrera, como ha demostrado la exposición retrospectiva de la Lonja. Era el momento.

 

-¿Qué querían hacer al principio? Han seguido la ejecución de tres obras: ‘Mediterráneo’, ‘Iris del Coso Alto’ y ‘Belchite’, ¿no?

La idea, en principio, era seguir la ejecución de tres obras en diferentes fases de trabajo: el final del cuadro de ‘Iris del Coso Alto’; desde la mitad hasta el final de ‘Mediterráneo’, y el proceso completo de ‘Belchite’. Se llegó a hablar de rodar alguno más, pero desde un primer momento nos gustaba la idea de tríptico, de que se mostraran tres cuadros en el documental. El resto de secuencias no son estrictamente de Eduardo pintando, sino que han nacido durante la elaboración de la película, un proceso muy vivo en el que el rodaje se alternaba con el montaje. Aunque partíamos sin un guion previo, se puede decir que ‘Naturaleza muerta’ es nuestra película más “construida”: hay un proceso de vaciado, de dejar sólo lo esencial. Todas las secuencias que aparecen en el documental tienen sentido por sí mismas, pero mantienen un diálogo interno con el resto. 

 

-¿Cuántas horas, cuántos días han grabado?

Hemos realizado alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio. ¿Horas de material bruto? Más o menos 35.

 

¿Qué sensaciones han tenido? ¿Qué pintor era o es Eduardo?

A lo largo de cuarenta años, Eduardo ha tenido muchas etapas diferentes, y en todas resulta brillante. Está claro que es un pintor minucioso, con una técnica impecable, que ha evolucionado del abstracto al figurativo con solvencia. Pero nosotros no queríamos hacer un análisis de su obra, ni sacar expertos que la analizarán ni nada de eso. Sólo queríamos acompañarlo con nuestra cámara en el proceso completo de la creación de un cuadro y ver qué iba sucediendo. Aunque habíamos estado muchas veces en su estudio, nunca lo habíamos visto pintar, y nos sorprendió, porque es muy difícil filmar avances rápidos en la ejecución de uno de sus  cuadros. Es todo una  suma de capas: el dibujo casi imperceptible con el lápiz blanco, la grisalla, las sombras, las luces, los difuminados, el salpicado... Todo ello se va sumando en un lento proceso hasta al resultado final.

 

 

¿Qué les ha llamado la atención de su personalidad? ¿De sus pasiones?

Eduardo tiene un carácter muy afable, y acoge de maravilla a la gente va llegando a su vida. También es generoso, porque sabe de todo y no tiene ningún problema en compartir sus conocimientos. En cuanto a sus pasiones, son innumerables: el arte, el cine, los juguetes antiguos....

 

¿Cómo les ha marcado la casa de Eduardo Laborda, que es casi un escenario?

La casa de Eduardo e Iris es muy especial, llena de detalles, pero lo interesante en el planteamiento del documental estaba en cómo capturar esa luz que llega a la casa, una luz que a veces es directa y otra viene rebotada de las fachadas de otros edificios. Podemos decir que el 70 % de la película está rodada con luz natural.

 

 

Al final se inclinaron por contar un cuadro, ‘Belchite’. ¿Por qué?

Desde el inicio del proyecto, sabíamos que el cuadro de Belchite iba a ser el eje del documental, y que era el que iba a estructurar el resto de la película. La idea era contar toda la historia que hay alrededor del cuadro, y para ello nos planteamos una estructura clásica, en  tres actos, donde vemos cómo a Eduardo le encargan el cuadro de Belchite, el modo en que afronta el encargo, sus dudas, sus decisiones y, finalmente, descubrimos la obra terminada.  

 

¿Cómo definís el resultado final, cómo la veis vosotros?

Estamos contentos porque creemos que hemos reflejado la forma de trabajar y de ser de Eduardo. La gente que lo conoce lo reconoce en el documental. Creemos que es un documental sincero  sobre  Eduardo y su mundo pictórico.

 

Impresiona Belchite, pero no impresionan menos las vistas de Zaragoza... ¿Cuál es la relación del pintor y la ciudad?

Si uno camina por Zaragoza, no cabe duda de que se va a encontrar a Eduardo, bien relajándose de la extrema concentración que requiere su forma de pintar, bien comprando el periódico en la Quiteria o yendo a la Filmoteca a ver un ciclo de Buñuel. Eduardo recorre Zaragoza, la pinta desde las azoteas o escribe sobre su historia, más o menos secreta en libros como La ciudad sumergida. Imaginamos que hay que cosas que no le gustan de la ciudad, pero está claro que la conoce y la ama como pocos.

 

¿Por qué habéis incorporado al artista y diseñador Oscar Sanmartín?

Óscar y Eduardo son amigos. Pueden estar horas hablando de los temas más diversos, pero especialmente de arte. A veces discrepan y otras están de acuerdo, pero en todo caso son conversaciones muy amenas y naturales. Por eso decidimos incorporar alguna de estas conversaciones al documental. También queríamos contraponer la técnica pictórica clásica de Eduardo con la de un ilustrador que se apoya en el ordenador para colorear  sus dibujos y componer las portadas de los libros. Además, Óscar nos ha hecho el diseño gráfico y nos ha acompañado casi todos los días de rodaje, dándonos algunos consejos vitales para encauzar el documental.

 

Hay algo muy bello en la película también: el clima de creación de Iris y Eduardo. ¿Cómo lo han reflejado?

Iris y Eduardo son pareja. Que dos de los pintores aragoneses en activo más importantes estén creando a la vez, tan sólo separados por unos metros, nos parecía algo que no podía dejarse pasar por alto. Queríamos mostrar cómo  se aconsejan sobre el color, la perspectiva o los elementos que deben aparecer en el cuadro, cómo se ayudan a mover y colgar los cuadros de gran formato y también cómo se sientan un día cualquiera a comer en la mesa de la cocina.

 

Podríamos decir que es una película cálida, amorosa, elegante, una exaltación de la pintura. ¿Era eso lo que buscabais?

Sí, de la pintura o de la pintura como forma de vida. Hemos tratado de reflejar cómo vive Eduardo la pintura o cómo la vive en este momento de plenitud creativa, que seguramente es distinto a otros momentos de su carrera. Pero, lo que es indudable, es que la pintura es la forma de vida que eligió desde que era niño.

 

CINE CUBANO EN EL PARANINFO

UN PASEO POR EL CINE CUBANO DE MANO DE LA CÁTEDRA

JOSÉ MARTÍ DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

 




La Cátedra José Martí fue creada en abril de 1996 tras la firma de un convenio entre la Universidad de Zaragoza y el Instituto Superior de Artes de La Habana. Su dirección en Zaragoza recae tradicionalmente sobre el Decanato de la Facultad de Filosofía y Letras y el Vicerrectorado de Cultura. Anualmente se financian dos becas de investigación entre ambas instituciones y se desarrollan distintas actividades culturales en torno a la cultura cubana. En este caso le ha llegado su turno al cine cubano.

Los actos tendrán lugar los días 27 y 28 de octubre, repartidos entre el Edificio Paraninfo (Pza. Paraíso, 4) y la Facultad de Filosofía y Letras (C/ Pedro Cerbuna, 12).

El lunes 27 a las 18.30 horas tendrá lugar en el Paraninfo la donación por parte del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC) de una colección de quince carteles de películas, una decena de películas emblemáticas y una treintena de libros sobre cine cubano, que pasarán a engrosar los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza y que recibirá su director, Ramón Abad. A continuación el catedrático emérito de Hª del Arte, Manuel Gª Guatas, presentará, previamente a su proyección, la película José Martí: el ojo del canario, glosando la figura de Martí, exalumno de la Universidad de Zaragoza.

El martes 28 y ya en la Facultad de Filosofía, desde las 9.30 horas, tendrán lugar las conferencias Sin rumbo fijo: la memoria y el desencanto en el audiovisual cubano contemporáneo, a cargo de Jacqueline Venet (Doctoranda de la Universidad de Zaragoza y Profesora Adjunta de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba); La construcción de la identidad caribeña a través del cine,a cargo de Yanelis Abreu (Doctoranda de la Universidad de Zaragoza, beneficiaria de la beca de la Cátedra José Martí 2012); y Una de Fresa y otra de Chocolate: diálogo de variedades lingüísticas, a cargo de Marisela Pérez Rodríguez (Profesora Titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana).

Esta última conferencia servirá como preludio a la proyección de Fresa y Chocolate en el Paraninfo esa tarde a las 18 horas y el posterior coloquio con su protagonista, el actor cubano Vladimir Cruz, acompañado por la profesora de Hª del Cine, Amparo Martínez y moderados por el escritor y periodista Antón Castro a las 20 horas.

La entrada a todos los actos es libre hasta completar aforo.

 

*La foto está tomada de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-fc24b2ab79777eaf2a1ce65274951294.jpg

RETRATO DE TRES ACTRICES

RETRATO DE TRES ACTRICES

RETRATO ENCADENADO DE 3 ACTRICES

 

 

I. PILAR DELGADO 

  

Hablé solo una vez con Pilar Delgado. Pero la vi y la oí muchas más. Quedamos en el hotel Royal Zaragoza: bajó, entre melancólica y herida, como quien se protege de las corrientes de aire; con frecuencia se llevaba la mano al busto o al cuello, cubiertos con una bufanda o un pañuelo. Había traído su álbum de fotos. Y así, a lo largo de tres horas, habló de todo: de su familia, de su condición de apuntadora de sus padres, de la vida nómada de teatro en teatro, de pueblo en pueblo. En uno de ellos, Albalate del Arzobispo, a orillas del río Martín, conoció a un joven: el torero poeta, Alfonso Zapater. En Madrid montaron El Corral de la Pacheca. Luego regresaron a Zaragoza y aquí fundaron La Taguara. Una compañía que iba a durar treinta años. Con su portentosa voz, con su capacidad de entender la poesía, sus enigmas y sus pájaros de música, se convirtió en la madrina y la musa de los poetas. La rapsoda del cierzo. Cantó con todos y para todos. Y se hizo imprescindible. Fue la madrina y madre de una generación de actores: Agustín, Rufino, Gabriel, Jesús, Marga Laura... Al final, vapuleada en el cuerpo y quizá en el alma, se centró en su condición de actriz. Y dio, de nuevo, lo mejor de sí misma: era sabia, sensible, honda. Se estremecía y palidecía el teatro; se encrespaba y temblaba el mundo. Poseía carácter y dulzura, podía ser otra sin dejar de ser ella misma. Era una diosa ferozmente humana que no se arrugaba ni con Góngora ni con Lorca ni con Brecht. Había nacido entre bambalinas y habría querido morir dando su última voz al teatro. 

 

PILAR LAVEAGA

Hablamos muchas veces. Podía ser cálida, amorosa o un vendaval de furia. Y a veces lo sigue siendo. Exigía siempre atención, afecto, era capaz de suplicar con sus ojos incendiados rigor y entendimiento para su esfuerzo y el de los suyos. Le interesaba todo. Viajaba, aprendía, leía, traducía, adaptaba: llevaba la ficción y sus personajes en la sangre. El teatro era en ella un estado de ánimo, un grito o un alarido, una forma consciente de arte y compromiso. Una búsqueda, una rebelión y quizá su rasgo de identidad más definitivo. Como el teatro, Pilar siempre estaba en crisis: esa era, o parecía serlo, su actitud. Como si fuese a parir. Y paría. Y alimentaba sus espectáculos de todo: de luz, de alegría, de vestuario, de osadía plástica y conceptual, de furia y de terciopelo. La Ribera, de Pilar Laveaga y de los hermanos Anós, se convirtió en una compañía de referencia nacional. En un grupo de riesgo. Pilar, además, mimaba a sus actores, cuidaba a sus actrices y, a veces, las exasperaba. Era una primera actriz de genio. Nada fácil. Un volcán. Un torbellino incesante. Un día se cruzó con Pilar Delgado y se batieron ante el público como Electra y Clitemnestra: con los gestos, con las palabras, con la mirada, con ese atributo indecible y misterioso que solo tienen las auténticas damas del teatro. El Principal registró, como un seísmo, aquella ‘Electra’.

 

PILAR DOCE

Actriz por encima de todo. Actriz desde niña, a la sombra itinerante de sus padres. Es de esas intérpretes que son capaces de clavar su personaje, de fijarlo para siempre: su maestría sigilosa era y es tal que parecía no llamar la atención. Lo suyo es talento y oficio, convicción y autenticidad, sutileza y vocación. Recuerdo que reparé por primera vez en su nombre, y en sus rasgos, en ‘Bodas de sangre’ del Teatro de la Ribera. No desentonó nunca. Ajustó su papel, algo que había aprendido a hacer con contención y elegancia. Y allí, en aquella fiesta de color y tragedia, de amores locos y luna de sangre, se cruzaba con otras dos Pilares. Pilar Delgado y Pilar Laveaga. Para mí aquel montaje, que vi tres o cuatro veces, encarna un momento inolvidable de nuestro teatro: la pasión pura por la interpretación, el concepto de profesionalidad, la fuerza indesmayable del teatro, el impulso de la imaginación. Ellas, en el patio del Museo Provincial o en este mismo escenario, estaban allí: enérgicas, maternales, locas de amor, anudadas a la tierra como mujeres telúricas. Aquel ‘Bodas de sangre’, tan equilibrado en el reparto, tan intenso en la vecindad de la muerte, reunió a tres mujeres de seda y de fuego, de risa y de lágrimas. Las reunió entonces como las reúne hoy el cariño de sus compañeros de sueños. Mil gracias a las tres Pilares. Y a otros pilares de la escena.

Y gracias a Blanca Resano y a sus actrices y a su equipo técnico por invitarnos a recordarlas. El teatro es una forma de sobrevivir y de vencer el olvido.

 

*Pilar Laveaga en un montaje del Teatro de la Ribera.

PEPE CABALLERO / HERNÁN CORTÉS

PEPE CABALLERO / HERNÁN CORTÉS

Hoy he podido hablar con un gran amigo como Jesús Marchamalo que está preparando, con Estrella de Diego, una gran exposición de pintura y literatura en torno a los Premios Cervantes. Me contaba que algunos, como el querido José Emilio Pacheco, murieron antes de que se les pudiera hacer un retrato: el gran autor mexicano retrasó la obra, por diversos motivos, y luego, aún joven, lo sorprendió la muerte. Jesús, que también coordina un ciclo de bibliotecas en Valladolid, estuvo en una grabación de Hernán Cortes y José Manuel Caballero Bonald. Tomó algunas fotos: certificó la conversación y vio el cuadro que el pintor le ha hecho al escritor de Jerez de la Frontera (1926)...

 

*Foto de Jesús Marchamalo.

AURELIO VALLESPÍN: TORREÓN FORTEA

AURELIO VALLESPÍN: TORREÓN FORTEA

’TENSIONES’: LA PINTURA DE AURELIO VALLESPÍN

Aurelio Vallespín, profesor del Área de Expresión Gráfica Arquitectónica de la EINA, arquitecto, escritor y pintor muy minucioso, expone su Obra ’Tensiones’ en las salas del Torreón Fortea. Es una exposición muy personal realizada en parafina.]

 

Fragmento del texto del catálogo que le he escrito.

 

Cada pintor es un ámbito íntimo y una forma de silencio. Aurelio Vallespín es un pintor a contrapelo o sigiloso. Reflexiona, ensaya formas de plasticidad, se asoma al vértigo y dialoga, casi inadvertidamente, sin énfasis, con la obra de Mark Rothko, que quizá sea su referencia (hizo su tesis doctoral sobre el arte monocromo), con Lucio Fontana, con Piet Mondrian o con Yves Klein. En sus cuadros, y quizá más aún en su pensamiento artístico, halla buena compañía, afinidad, esos terrenos fronterizos donde la pintura es rotunda y suave a la vez, laberinto y espacio, infinito y precisión de la forma. Y, también, una aventura intelectual: en realidad, la sustancia teórica se abre hacia el latido más sensible, la entrega, el abandono. Aurelio Vallespín es arquitecto: le preocupan la pureza de la línea, la exactitud de los volúmenes, la consumación de los prismas y quizá la textura. Que a la larga, y más en su caso, también son preocupaciones de pintor.

Si se dice que Aurelio Vallespín es un pintor poético puede parecer un término equívoco. Es poético y sobrio, místico y exigente. Lo trabaja todo: lo mide, lo mima, deja al azar lo justo, aunque a veces el azar sea tan generoso con el arte y con los artistas en sus accidentes. En esta obra se percibe. Es exigente, riguroso, metódico, perfeccionista. Pinta con placer y esfuerzo, con la mano y el corazón, con la cabeza llena de intuiciones. Y eso es lo que le pide también a quien observa sus cuadros: de entrada, sí, hay un ámbito, una apariencia de mar o de cielo de atardecer, pero poco a poco, con paciencia, vemos muchas más cosas: un torbellino que se ha detenido. Notamos una invitación a quedarse ahí, extáticos, como si oyésemos el pájaro que adormece el tiempo con su cántico.



Torreón Fortea. Plaza de San Felipe. hasta el 16 de noviembre.