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Antón Castro

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PROYECTaRAGÓN VIII EDICIÓN, 2014

PROYECTaRAGÓN VIII EDICIÓN, 2014

ProyectAragón VIII Edición 2014

Arranca mañana la VIII edición de ‘ProyectAragón’ en la Sala CAI Luzán.

 

La Sala CAI Luzán (Paseo de la Independencia, 10) acogerá este martes 9 de diciembre, a las 19.30 h. la inauguración oficial de la VIII Muestra Audiovisual Aragonesa ‘ProyectAragón’.

El objetivo de la muestra, que comenzó la semana pasada con tres sesiones previas y que se desarrollará hasta el próximo jueves 18 de diciembre, es dar a conocer el extraordinario talento que existe en la Comunidad Autónoma en el campo de la producción de cine y vídeo en sus más diversos formatos: documental, experimentación, ficción, animación, vídeo clips o la vídeo danza.

La inauguración estará dedicada a “Novedades y estrenos”. En esta primera sesión se proyectarán cortometrajes de ficción premiados en diferentes certámenes, como ‘Os meninos do río’, de Javier Macipe; ‘Te escucho’, de Jorge Blas, ‘Espera un segundo’, de Germán Roda; ‘El Ebro que nos lleva’, de Pedro Zapater y Mónica Tragacete; y ‘Mientras somos’, de Jacobo Atienza. Tras la proyección, podremos disfrutar de la Fiesta "Zaragoza, territorio de música", a cargo del DJ Leo Camaleón, en el bar Bacharach, a partir de las 22 h.

Durante las jornadas del miércoles, sábado y domingo, ‘ProyectAragón’ rendirá homenaje a Zaragoza, como territorio de cine, como paisaje filmado, como localización de rodaje, a través del pase de los siguientes largometrajes rodados en la provincia y en la propia ciudad: ‘Jamón, Jamón’, de Bigas Luna; ‘Una de zombies’, de Miguel Ángel Lamata; y ‘Culpable para un delito’, de José Antonio Duce. En la primera de estas sesiones participarán representantes de Film Commission Monegros, recientemente creada para dinamizar los rodajes en el territorio, mientras que las otras proyecciones contarán con la presencia de los directores Lamata y Duce.

El jueves se exhibirán los mejores trabajos del festival invitado este año, Spanisches FilmFest Berlin, donde ProyectAragón llevó en noviembre su programa de itinerancia con una selección de obras cortas de sus siete anteriores ediciones. El festival alemán, por su parte, trae los mejores cortometrajes españoles de ficción realizados en 2013 y 2014 por directores tan reseñables como Óscar Bernacer (‘Bikini’), Álvaro Martín (‘Estocolmo’) o Manuel Arija (‘No kissing’), entre otros.

El viernes se proyectarán los estrenos de los documentales ‘Mi hermano Simón’ (‘Ma Hueada Simón’), de Sergio Miranda, sobre el rodaje de ‘Simón del desierto’, de Luis Buñuel; y de ‘Teruel, territorio de frontera’, de José Miguel Iranzo.

La muestra continuará y finalizará la próxima semana en el Centro de Historias, que junto con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y Cines Palafox, son otros de los escenarios de esta VIII edición. El Centro de Historias acogerá el martes 16, miércoles 17 y jueves 18 las sesiones de ‘Educaproyecta’, reservadas a la formación y el cine; las películas del género ‘Road movie’, con el pase del largometraje de Mercedes Gaspas, Huidas, y el documental ‘Trovadores’, de Iván Castell, que clausurará la muestra de este año.

La programación detallada de ‘ProyectAragón 2014’ puede consultarse en www.fundacioncai.es y www.proyectaragon.es.

Una amplia selección del material gráfico y audiovisual de la muestra está disponible en el siguiente enlace:

https://www.dropbox.com/sh/2nqofvb1lbk83kg/AABPNl6gZVKvcbt9u3vQCF2oa?dl=0

Se adjunta PROGRAMA ProyectAragón 2014.


ProyectAragón VIII Edición 2014

Un año más regresa a Zaragoza ProyectAragón, para exhibir una selección de los mejores trabajos realizados por diferentes directores de la comunidad aragonesa, ubicados en diferentes puntos de la geografía española y mundial.

ProyectAragon llega a su VIII Edición adaptándose a los difíciles tiempos que corren, sin perder por ello su señas de identidad: creatividad, energía, originalidad, ilusión y trabajo, mucho trabajo, para seguir la pista a todas esas joyas que han permanecido semi veladas y dormidas en estantes, ordenadores, archivos y cine clubs de cientos de autores, productoras y colectivos.

De ese rastro siguen saliendo auténticos tesoros cinematográficos en el campo del documental, la experimentación, la ficción, la animación, los vídeo clips, la vídeo danza… que dan lugar a programas de actualidad y estrenos, obras de incipientes realizadores, monográficos de autores consagrados, clásicos revisitados, conferencias y encuentros.

Desde sus inicios la muestra ha estado auspiciada por la Fundación Caja Inmaculada (anteriormente CAI y Caja3) con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza (Centro de Historias). Y arropada por amigos de largo recorrido, entre los que están presentes este año Aragón TV, Zaragoza Urbana, la Universidad de San Jorge, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, el Festival de Cortometrajes y Spots Cine y Salud, el Festival 22 x don Luis, la Escuela de cine Un perro andaluz o la Comarca de Los Monegros.

La vocación de colaboración con otros festivales de ámbito internacional ha venido marcada por programas itinerantes de intercambio. Este año ProyectAragón ha viajado a comienzos de noviembre hasta el Spanisches Filmfest Berlin, Alemania, para mostrar en la sección Ventana Abierta, inaugurada por nuestro festival, una selección de obras que han desfilado por la muestra desde el año 2007 hasta hoy. Y este festival berlinés de vocación española viene como invitado a Zaragoza para mostrarnos su palmarés con los mejores cortometrajes realizados en 2013 y 2014 por directores españoles.

ProyectAragón quiere rendir en esta edición un tributo muy especial a Zaragoza, como territorio de cine, como paisaje filmado, como localización de rodaje, a través de una serie de proyecciones y charlas en torno a largometrajes, documentales y cortometrajes rodados en la provincia y en la propia ciudad, así como con conferencias y charlas alrededor de las localizaciones de rodaje. Desde films emblemáticos como Culpable para un delito, hasta los últimos estrenos de la cartelera, como Justi&Cía. Pasando por películas míticas de la historia del cine español como Jamón, jamón y de la cinematografía internacional, como Salomón y la reina de Saba.

Vicky Calavia

Directora de PROYECTARAGON

PROYECTARAGON Muestra Audiovisual Aragonesa


e-mail proyectaragon@gmail.com

 *La foto es de Os meninos do rio de Javier Macipe.

ROMY SCHNEIDER EN EL CORAZÓN

ROMY SCHNEIDER EN EL CORAZÓN

ROMY SCHNEIDER. En 1956, Walt Disney le entregó el galardón “La mujer más bella del mundo”. Fue Sissí. En 1958 inició una historia de amor con Alain Delon que apenas duró cinco años. Nunca pudo recuperarse de la ruptura y del dolor, que abrirían el maleficio de su vida: la presencia de tanta muerte en directo.

 

 ROMY SCHNEIDER, CERCA DEL CORAZÓN

 

Una de las parejas más bellas de la historia del cine, y acaso de la vida real, fue la compuesta por la actriz austriaca Romy Schneider (Viena, 1938- París, 1982) y Alain Delon (Sceaux, Altos del Sena, 1935). Eran de procedencia muy distinta: ella era hija de actores, Wolf Albach-Retty y Magda Schneider, que se separaron pronto. La joven quedó con la madre, controladora y exigente, que fue amiga de Hitler y de Eva Braun, de ahí que a menudo se recuerde que la niña Romy paseó de la mano del líder nazi. A los quince años debutó en el cine y demostró que tenía un encanto especial: candor, encanto y suavidad. Sus primeros éxitos le llegaron con tres películas sobre la emperatriz Sissí, que la convirtieron en una mujer famosa que no tardaría en cosechar elogios de cineastas como Luchino Visconti y Orson Welles.

En 1958, la reclamó Pierre Gaspard-Huit para hacer su película ‘Amoríos’. Allí iba a citarse con uno de los galanes de moda del momento: Alain Delon, un joven que procedía de una familia modesta, que se había hecho a sí mismo desde el arroyo y que mezclaba el encanto varonil y los aires del canalla y seductor. El propio Delon fue a buscar a Romy al aeropuerto de Orly con un ramo de flores. Se dice que, en un principio, no le resultaba muy simpático, pero sucedió algo inesperado y ella se enamoró locamente. Fue correspondida. No hay más que ver las fotos, las numerosas fotos que se hicieron: encarnan la pareja ideal, dos guapos enamorados y felices, con los ojos incendiados de felicidad, picardía y plenitud. Encarnan el embeleso recíproco.

La actriz austriaca quiso instalarse en París con él, pero su madre se opuso, salvo que se comprometiesen. Lo hicieron en Lugano en marzo de 1959 y ese mismo año Romy acompañó a su amado al rodaje de ‘A pleno sol’ de René Clement. Incluso sale un instante. Casi a la vez, Alain Delon fue llamado por Luchino Visconti para que participase en ‘Rocco y sus hermanos’. A partir de entonces, la relación empezó a llenarse de sombras, de fantasmas, de equívocos. Algunos han escrito que el director de ‘El Gatopardo’ y Delon tenían una compleja y secreta relación amorosa, algo que jamás se ha confirmado. En cambio, sí está claro que Alain Delon era muy promiscuo y se sentía atraído por distintas mujeres, y vivió peligrosamente, entre la mafia y las drogas, en diversos momentos de su vida: por ejemplo nunca se aclaró cómo murió en 1968 su secretario personal Stefan Markovic, asesinado en su propia casa.

Orson Welles reclamó a Romy Schneider para su película ‘El proceso’, inspirada en la novela de Franz Kafka, y ella se marchó a Estados Unidos a rodar. Ocurrieron algunas cosas que arrojaron por la borda una historia de pasión y glamur que tenía en vilo a toda Europa: en primer lugar, en 1962, Delon vivió un romance con la cantante Nico, de la que nacería un niño, Christian Aaron; poco después, al regresar, Romy se enteró por carta de que su enamorado se había casado con la actriz Nathalie Canovas. Destrozada, Romy se cortó las venas, pero la llevaron a tiempo al hospital.

En 1966 se casó con el director de cine alemán, Harry Meyen; de la unión nacería su hijo David Christopher. La relación se fue enturbiando poco a poco y se divorciarían en 1975. Antes, en 1969, Romy Schneider y Alain Delon coincidieron en la película ‘La piscina’. Aunque la obra es un tanto tediosa y respira un extraño clima incestuoso, Delon y Romy están muy bien y parece que su vínculo y su complicidad van más allá de lo profesional. Había química, poderosa atracción, una sensualidad inefable y obvia. Coincidieron de nuevo en el cine en ‘El asesinato de Trotsky (1971) de Joseph Losey. 

Con todo, Romy no volvió a levantar cabeza. Tuvo algunos amantes como Claude Sautet, que la dirigió, como los actores Jean Louis-Trintignant o Bruno Ganz, entre otros, pero una gran pena le horadaba el corazón. Fumaba hasta tres cajetillas de Marlboro al día, bebía mucho, redactaba notas para todo y consumía pastillas y estupefacientes. Eso sí, seguía haciendo películas impresionantes: en 1972 encarnó a Sissi en ‘Ludwig’ de Visconti; en 1974 actuó en ‘Lo importante es amar’ de Andrej Zulawsk, que le valió el Premio César. También participó en ‘Una mujer en la ventana’ (1976) de Pierre Granier-Defere, en ‘Una vida de mujer’ de Claude Sautet; actuó en ‘La muerte en directo (1979. Premio César) de Bertrand Tavernier y en ‘Testimonio de mujer’ (1982) de Rouffio.

Su trabajo era de una intensidad descarnada: Romy encarnaba una belleza madura, vulnerable e irresistible, el talento y la inspiración, sin perder ninguno de los encantos de sus orígenes: mezclaba la emoción y la fotogenia con el erotismo y la melancolía, el candor y el desamparo de una existencia maldita labrada con auténtico dolor y otros matices. “No soy nada en la vida, pero lo soy todo en la pantalla”, dijo. Romy hizo 58 películas.

Se casó con su secretario Daniel Biasini en 1975, con quien tendrá a su hija Sarah, y en 1979 recibió una noticia inesperada: su ex marido Harry Meyen se había suicidado. La fatalidad no se alejaba: en 1981, poco después de separarse, su hijo David sufrió un aparatoso accidente en la reja del domicilio de sus abuelos y falleció en la mesa de operaciones del hospital, poco antes de que ella llegase. Un año más tarde, cuando vivía con Laurent Petit, Romy Schneider aparecería muerta, a consecuencia de un paro cardíaco, tras haber consumido barbitúricos con alcohol. Alain Delon fue el primero en hacerle tres polaroids a su cadáver que jamás ha enseñado a nadie. A veces le gusta decir que Romy fue el gran amor de su vida y que lleva esas fotos en la cartera, muy cerca de su corazón.

 

EL ANECDOTARIO

 

El cuaderno íntimo. A Romy Schneidier la enterraron en el cementerio de Boissy Sans Avoir, a 50 kilómetros de París. Su tumba fue profanada y el diario íntimo que llevaba habría desaparecido. A veces se ha dejado caer que tenía datos comprometedores sobre Delon y Visconti, sobre la muerte de su secretario personal y sobre el tráfico de drogas. Cuando se comprometió en Lugano con Delon, en 1959, Romy declaró: “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón”. Alain Delon publicó sus memorias, que se titulan ‘Las mujeres de mi vida’ (Editorial Carpen). Algunas fueron Nico, Dalila, Nathalie Canovas, Mireille Darc o Marisa Mell. De Romy dice que conserva “recuerdos llenos de dulzura y su sonrisa, pues cuando sonreía, el mundo se llenaba de alegría. Pero ella era muy inocente y yo un lobo endurecido por mis años en la guerra de Indochina y no supe serle fiel”.

 

*Este artículo apareció este verano en mi sección ’A pleno sol’, compuesta por 42 entregas diarias de julio a septiembre.

 

DIEGO MOLDES: POEMA A GENE TIERNEY

DIEGO MOLDES: POEMA A GENE TIERNEY

[Diego Moldes acaba de publicar un libro espectacular, ‘Venus pasión’ (Notorious ediciones) con prólogo de Luis Alberto de Cuenca. Pontevedrés de 1977, afincado en Madrid y en diversos lugares del mundo, estudioso del ‘Manuscrito encontrado en Zaragoza’, llevado al cine, es un sabio de mil asuntos de literatura y cine y cómic y música. Aquí, tras una brillante introducción, realiza una serie de retratos o acercamientos diferentes a algunas de las grandes musas, o Venus, del cine. Están casi todas las conocidas, soñadas, adoradas y más: criaturas angelicales, de cine negro, de cine romántico, heroínas, mujeres misteriosas como Greta Garbo, etc. Una de ellas es una de las más bellas mujeres del cine, Gene Tierney (1920-1991), la actriz de ‘Laura’ de Otto Preminger, entre otras películas. En cierto modo, Diego Moldes glosa en este poema (también hay poemas en el libro, propios y ajenos) a esta figura, Laura, y esta película. Pura belleza. Si les digo que este libro es un precioso regalo de Navidad solo digo una obviedad. El procedimiento es sencillo: texto en par y magnífico retrato fotográfico en impar que alude siempre, o casi siempre, a alguna película.]

 

APARECISTE

 

Como espuma absorta ávida de luz

apareciste,

sobre el lago errante...

restos de instantes distantes.

Flor ingrávida de mi pensamiento...

ausencia,

esencia,

¡resucita!

Son tus ojos que vacilan

y alumbran oblicuas espirales.

¿Quisiste soñar que hallaría, sonámbulo,

el camino de nuestra existencia?

¿Creíste suponer que mi pálida soledad

se tornaría única?

No.

Escuchaste mis sollozos, apareciste,

atendiste mis lamentos emergentes,

supiste transformar mi agonía en éxtasis.

Tornaste real lo inaudito

y este no sé qué que me abrasa por dentro

creció y crece

fundiéndose desde la lejanía en la esperanza del  tiempo.

 

Nada perdura excepto tú y yo,

nuestras almas desnudas.

 

DIEGO MOLDES

20 de diciembre de 2003

 

*La foto es de George Hurrell.

PATRICIA RODA, UN DIÁLOGO

PATRICIA RODA, UN DIÁLOGO

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/11/28/cultura_cambio_movimiento_emocion_324766_308.html

 

PATRICIA RODA. Cineasta y productora. Estrena ‘El viaje de las reinas’ en el FCZ, un largometraje documental de 70 minutos.

 

 

“La cultura es cambio, movimiento y emoción”

 

PIE DE FOTO. ARCHIVO DE LA AUTORA

Patricia Roda acaba de culminar un viaje exterior e interior a través del teatro y de doce mujeres.

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Patricia Roda Amador es cineasta y productora. Reside entre Madrid y Zaragoza. Ha trabajado en algunas de sus películas con su hermano Germán Roda, ha realizado cortos y ahora, esta tarde en la Filmoteca, estrena su documental ‘El viaje de las reinas’, inspirado el proceso de trabajo de la obra teatral ‘Doce reinas’, dirigida por Blanca Resano.

¿Qué es, desde el punto de vista cinematográfico, ’El viaje de las reinas’? 

Lo que cambia de una película a otra es la mirada sobre esos personajes, sobre ese tema. Una mirada particular y diferente al resto. En este caso, ‘El viaje de las reinas’ es un largometraje documental en el que, en realidad, pretendo contar dos viajes. Uno, un trayecto vital a través de un grupo de mujeres. Y el segundo, mi propio viaje interior.

 

¿Cómo se ha planteado un trabajo así: como una defensa del teatro, de la mujer, como una reivindicación general de la cultura? 

El tema principal de mi proyecto es la Mujer. Y más particularmente, la mujer capaz de propiciar los cambios necesarios para ocupar de forma definitiva el papel que se merece en la sociedad. La mujer que se hace su propio camino y su cambio. Además, la cultura, y en el caso concreto de ‘El viaje de las reinas’, el teatro, han sido los medios elegido por las actrices protagonistas de mi película para conseguir su objetivo. Las protagonistas de mi documental idearon su proyecto, una obra de teatro protagonizada por doce actrices, y lo realizaron. La cultura, por propia definición, es cambio, movimiento, emoción… Herramientas perfectas para conseguir un objetivo.

 

¿Qué dificultades entraña un trabajo así: de tiempo, de grabación, de testimonios, de concepto? 

En nuestro caso, las principales dificultades han estado principalmente en el tiempo. Allá por noviembre del 2012, empecé, cámara en mano a grabar las primeras reuniones de estas actrices. Sabía cómo empezaba pero no tenía ni idea de cómo ni cuándo acababa. De hecho, hay proyectos que se quedan en el cambio, y fue uno de los riesgos que asumía. Nada más lejos de la realidad. Con sus problemas y sus obstáculos, estas mujeres siguieron contra viento y marea, poner todos los elementos necesario para un exitoso desembarco en el escenario. Ese estreno se produjo en marzo del 2014, tras muchos meses de trabajo, por lo que realmente hacer un seguimiento tan dilatado en el tiempo ha sido una complicación extra en la producción de este rodaje. Esta película narra un viaje que sucede a lo largo de unos meses, por lo tanto se planteó un rodaje discontinuo a lo largo de todos estos meses.
Quizás la otra complicación haya sido en lo referente a la financiación.

 

¿Por qué? Parecía que sí habían tenido apoyos concretos...

Nunca he querido plantear una película de mujeres, para mujeres exclusivamente, sin embargo, ha sido el sello que acaso de forma unánime han ido adjudicando a ‘El viaje de las reinas’, limitando así nuestras vías de financiación. He de agradecer especialmente la confianza depositada por Aragón Televisión, coproductora de esta película, que apostó por un documental de estas características, entendiendo, creo yo, que los espectadores aragoneses podrían tener interés en una historia así. Y digo, los espectadores en general, no exclusivamente las mujeres. También contamos con una ayuda del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, y el apoyo del Instituto Aragonés de la Mujer, y de su directora Pilar Argente, que desde el principio se han mostrado interesadas en los valores y la historia de empoderamiento femenino que narramos en ‘El viaje de las reinas’.

 

¿Qué va a ver el espectador: una pieza con ritmo, una obra digresiva, de combate, una obra poética...? 

Mi pretensión, por lo menos, ha sido conseguir realizar una película ágil, llena de vida, de alegrías y sufrimientos, de ritmo, de reivindicaciones, de teatro, de plasticidad, de errores y aciertos… Hay lucha, hay combate… sobre todo de ellas, de las protagonistas, contra la realidad. Una realidad injusta que hace que, como mujeres de teatro, sus posibilidades de trabajar se vean reducidas claramente respecto al hombre, tanto en cantidad, hay muchos menos textos escritos y dirigidos por mujeres, como en calidad, la mayoría de los papeles femeninos son como secundarias o de reparto. Los papeles protagonistas están reservados para unas pocas.

 

¿Qué tienen de especial más de una docena de mujeres trabajando juntas?  

Doce actrices, sobre el escenario, doce protagonistas, dos dramaturgas, una directora… Todo es especial, y único. No he sido capaz de encontrar un ejemplo similar. Que conste que me encantaría que no fuera excepcional y que no lo hubiera tenido que tratar como tal. Doce hombres sobre un escenario posiblemente no tiene nada de particular, sería una obra más que no merecería ningún filtro especial en nuestro análisis solo por el hecho de ser solo hombres. En el caso de ‘El viaje de las reinas’ ese ha sido el primer elemento identificativo y, en cierto modo, el primer escollo que han tenido que salvar. Lo excepcional sería que algo así no fuera excepcional. Y sería un objetivo a alcanzar

 

Hablan de monarcas, de soberanas... ¿Cuál es para usted la vigencia de esos personajes, cree que nos interesan? 

Que nos interesan está claro que sí. Hay series, películas, libros que han salido a la luz recientemente porque las vidas de estas mujeres reinas siguen teniendo vigencia e interés. Las doce soberanas de la Historia de Europa fueron elegidas entre todas las actrices. Posteriormente, Eva Hinojosa y Susana Martínez hicieron la dramaturgia. Les pregunté a las actrices durante el documental por adjetivos que definieran a las reinas a la que daban vida. Algunas de sus respuestas: inteligente, estratega, dulce, ninfómana, maleducada, obsesiva, soberbia, colérica, impulsiva, digna, valiente… Yo creo que sí, que nos interesa saber y recuperar las vidas de mujeres así.

 

¿Cómo ha crecido Patricia Roda como cineasta y como mujer en esta pieza, en qué medida te siente implicada? 

Para mí ha sido un viaje, un viaje que siento que aún no ha acabado. Ha sido un viaje interior a través del cual he conseguido exponer mis preocupaciones, mis dudas, mis objetivos, como mujer y directora. Todo eso ya me rondaba la cabeza y el corazón, pero al encontrarlas a ellas, se ha redondeado, se ha consolidado más.

 

*La foto es de Ana Infante.

LLÀTZER MOIX: 'APOTEOSIS DEL CULO'

LLÀTZER MOIX: 'APOTEOSIS DEL CULO'

LLÁTZER MOIX: KK Y LA ‘APOTEOSIS DEL CULO’

Soy lector diario de ‘La Vanguardia’. Tengo allí buenos amigos, algunos muy entrañables para mí: Sergio Vila-Sanjuán, Miquel Molina, Xavi Ayén, Josep Massot, Carina Pons, gente a la que sigo constantemente como Nuria Escur (espléndidas sus entrevistas de los sábados), Joan de Segarra, Imma Monsó. También soy lector de Llàtzer Moix, que firma desde hace algunas semanas / meses una columna dominical en las páginas de cultura. Textos afinados, inteligentes y variados, que exploran diversos asuntos, incluso el nacionalismo. Hoy escribe de uno de esos temas que aparecen mucho en las redes y en la prensa: el trasero de Kim Kardashian, “esta diosa de la era de la banalidad”. El texto se titula ‘Apoteosis del culo’ y lo cierra así:

“Hubo un tiempo en que la sociedad distinguía y admiraba a los protagonistas de gestas heroicas, a los científicos capaces de librarnos de alguna enfermedad, a los deportistas que vencen a sus rivales y se superan a sí mismos. Algo queda de eso. Pero hoy la sociedad lleva camino de liberarse de tales servidumbres para entregarse sin tasa ni mala conciencia a la adoración de alguien que se expresa con el culo. El avance es evidente. Ni el cerebro, ni los ojos, ni la sonrisa, ni el gesto valen ya mucho: lo que hace de ir de culo al personal, o llegado el caso a perderlo, es la megaposadera de esta celebridad [Kim Kardashian, KK] de sonoras y elocuentes iniciales. Vivimos la apoteosis del culo. Y, con ella, el papanatismo planetario”. 

MARÍA FÉLIX, MARÍA BONITA

MARÍA FÉLIX, MARÍA BONITA

A PLENO SOL. María de los Ángeles Félix Güereña (1914-2002) es una de las grandes actrices que ha dado México al cine. Se casó cuatro veces, trabajó con Buñuel y Renoir, intervino en 47 películas y dejó el rastro de una actriz de carácter, de gran belleza. [Este verano publiqué en Heraldo este texto. Me reencuentro con México, con María y con esta foto de Héctor García.]

 

 

María Félix, la diosa de México

 

«María Félix fue una actriz que perteneció a esa categoría de actores que se transforman en personajes de sí mismos», dijo Octavio Paz, que escribió a menudo de María de los Ángeles Félix Güereña. Le adjudicó otra frase para la inmortalidad: «María nació dos veces: sus padres la engendraron y ella se reinventó a sí misma». Nació en Álamos, Sonora, México, en abril de 1914 y renació en 1943, cuando el escritor Rómulo Gallegos la vio y dijo: «Esa es mi Doña Bárbara». Fue la elegida para la versión cinematográfica de Fernando Fuentes. Entre Doña Bárbara y María Félix había un claro paralelismo: eran mujeres de armas tomar, poderosas, solitarias en el fondo, bellas y exuberantes, dispuestas a desafiar la virilidad de cualquier varón.

Como nadie nace de la nada, María vivió momentos muy especiales: tuvo once hermanos, se llevó bastante mal con sus hermanas, aunque jugó mucho en el rancho de sus abuelos, donde aprendió a montar a caballo. Sintió una predilección «casi pecaminosa» por su hermano Pablo. Su complicidad era tan intensa, y se acrecentaba tanto cada día, que a sus padres los alarmó: creyeron que eran dos enamorados incestuosos. Y decidieron enviar al joven a un colegio militar. Al poco tiempo, puso fin a su vida de un disparo en la sien. María quedó destrozada.

 Allí empezaba otra existencia. María se trasladó a Guadalajara y en la Universidad se convertiría en la reina de la belleza, en la joven adorable y adorada: todos querían dibujarla, hacerle fotos, percibir su hálito, sentir que aquella diosa juvenil estaba cerca. A todos enamoraba. Sin embargo, quien la sedujo fue un representante de Max Factor, Enrique Álvarez. Esa relación, según sus biógrafos, nació del intento de huir de su agobiante padre, que era un indio yaqui (María creería como él en el poder simbólico de la serpiente), más que de un amor sincero. Poco después se separaron, y la bella divorciada se trasladó a México D. F. para huir de las malas lenguas. No tardaría en debutar en el cine, con ‘El peñón de las ánimas’ (1943), donde coincidió con un Jorge Negrete, rico y famoso y amado, con el que no se entendió. Poco después, realiza la ya citada ‘Doña Bárbara’, que la catapultó y perfiló su carácter y quizá algunas de sus constantes en la pantalla: cierto histrionismo, cierta contundencia de genio y de seguridad apabullante en sí misma, que lindaba a veces con la antipatía y con la mujer fatal. Algunos títulos de películas abonarían esa imagen: ‘La mujer sin alma’, ‘La devoradora’, ‘Doña diabla’, etc.

A la vez que triunfaba en el cine mexicano, también tenía una tumultuosa historia personal. En 1943 se casó con el músico y cantante Agustín Lara (hacía años había dicho: «un día me voy a casar con ese señor que canta tan bonito»), que le escribió canciones inolvidables, entre ellas, ‘María Bonita’. El Premio Nobel Octavio Paz enmendaría con sutileza al músico: «María Félix no era bonita: era bella». Bella, altanera, lenguaraz, mandona, como ella misma diría. Se amaron tempestuosamente, tanto que él llegó a dispararle; felizmente erró. Eso sí, Agustín Lara fue clave para que ella consiguiera la custodia del hijo que había tenido con su primer marido.

Años después, volvió a cruzarse con Jorge Negrete y él la persiguió tanto, le regaló flores y joyas, le hizo muchas llamadas de teléfono; al final, aquel vendaval de pasión cuajó en 1952, en una fiesta impresionante. La relación apenas duró once meses porque Negrete, ‘El Charro cantor’, falleció en diciembre. Si ya para entonces había trabajado en España (en ‘Mare Nostrum’, en ‘Una mujer cualquiera’ y ‘La noche del sábado’), en Francia (nada más y nada menos que con Jean Renoir en ‘French Can Can’) y en Italia, también colaboró con Luis Buñuel en ‘Los ambiciosos’ (1959), con un malherido Gerard Philipe de partenaire. A ella no le gustó demasiado el proyecto, pero allí se oyen frases como «El amor es demasiado hermoso para lo que es nuestra relación» o «su galantería se parece a la indiscreción». «Yo era amiga de Buñuel antes de trabajar con él. Se encaprichó con esta película. Hubiéramos podido hacer lo que hubiera querido. ¿Cómo era Buñuel? A todo dar. Extraordinario y fabuloso. Con él todos los epítetos parecen pocos. Era un buen tipo surrealista que tenía un exceso de fijación contra la iglesia», diría años después.

El cuarto marido de María Félix fue el banquero Alexander Beger. Y acabó sus días con el pintor ruso-francés Antoine Zpafoff. Tuvo muchos pretendientes y amores, entre ellos Luis Miguel Dominguín. «Yo no fui una devoradora de hombres, ellos me devoraron a mí», diría. A pocos les pasaba inadvertida su mirada hipnótica, su belleza racial y morena, su energía, su personalidad, su clase y su osadía. Y otro de los que sucumbió a su hechizo fue el muralista Diego Rivera. Dicen que la amó durante diez años: la amó, platónicamente al parecer, la esperó, la pintó, se desesperó tanto que hasta su esposa Frida Kahlo le envió una carta intercediendo por su amor. María Félix, vencedora de cuatro premios Ariel (en 1986 recibió el de oro), se convirtió en un mito mexicano y universal que participó en 47 películas. Fue buscada por los grandes de la moda como Dior o Chanel, acumuló grandes colecciones de joyas, porcelanas, muebles, pintura y plata, grabó un disco y fue objeto de retratos pictóricos de Leonor Fini, Remedios Varo, Leonora Carrington, Orozco, el citado Diego Rivera... Murió durante el sueño a los 88 años.

 

el anecdotario

 

Duelo de divas. A María Félix le han dedicado varios libros. El mismo Carlos Fuentes, Premio Cervantes, le dedicó dos: ‘Zona sagrada’ (1967), una novela que cuenta la historia de una famosa actriz mexicana que abandona a su hijo Guillermito por diversas razones; la historia, es obvio, hace pensar en María Félix y su hijo Enrique. Y la pieza teatral ‘Orquídeas a la luz de la luna’ (1982), donde se cuenta la relación de Dolores del Río y María Félix, las grandes estrellas del cine mexicano, en relación con Orson Welles. El director de ‘El proceso’ estaba fascinado con la lencería negra de Dolores y de pronto conoce a María. La obra, dirigida por María Ruiz, se estrenó en Zaragoza con Marisa Paredes, Julieta Serrano y Eusebio Poncela. A María le indignó esa parodia y retiró la palabra a Fuentes: lo llamó “mujeruco”. En su autobiografía ‘María Félix. Todas mis guerras’ (Clío, 1993) escribió: «Con Dolores del Río no tuve ninguna rivalidad. Al contrario, éramos amigas y siempre nos tratamos con mucho respeto, cada una con su personalidad. Éramos completamente distintas. Ella era refinada, interesante, suave en el trato, y yo en cambio enérgica, arrogante y mandona».

 

CASI UN CUENTO CON FLORES

CASI UN CUENTO CON FLORES

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

El lenguaje de las flores

 

El héroe del mar es un héroe de la muerte, dijo Gaston Bachelard. En Galicia o en esas costas escarpadas donde se le hurtan tantas riquezas al océano, algunas tan afrodisíacas como los percebes, hay una auténtica siembra de cruces de despedida. Y quizá, en ocasiones, también podría deducirse algo parejo del conductor, del viajero, de esos seres que pasan casi media vida en el coche y padecen un instante decisivo, terrible y mortal, en su interior. Las calzadas, sus señales o sus árboles, siempre tienen un detalle, un recuerdo, un homenaje, un hito. Desde hace más de un lustro me llama la atención un ramo de flores que está perfectamente atado a una señal en la rotonda que permite el acceso a Garrapinillos, al aeropuerto o Zaragoza, cerca de Miralbueno. Está siempre allí: impecable, elegante, casi cabría pensar que las flores se ajustan a cada estación del año por la intensidad de su colorido, por la disposición, por su armonía. Si un día se percibe que las plantas se marchitan, al siguiente hay un ramo nuevo, hermosísimo, fresco, en pura plenitud floral. Llaman la atención ese cariño, esa ternura, esa obsesión casi sobrehumana. Es como si no hubiera ni segundos de olvido. Allí, en una de esas tardes de inmenso agobio de tráfico, un señor maduro se puso nervioso en la espera. Quizá se sintiera presionado, quizá fuera pitado, quizá midiera mal el tiempo; al final aceleró para cruzar la calzada de doble dirección. Un camión se le echó en encima. La fatalidad puso fin a sus días en una maniobra que había repetido muchas veces. Sin contemplaciones. Con una fiereza que no necesita otras palabras. Desde el suceso, que no ha sido el único, alguien de su familia, alguien que no desfallece en la entrega, le deja su mejor recuerdo, las rosas de la ternura, la carta del náufrago al más allá. Jamás he visto colocar los ramos, que deben ser alrededor de diez o doce al año. También en eso la historia es misteriosa. Es como si le dijeran al muerto: “Siempre estás en nuestro recuerdo, tal como te gustaba: entre flores”. A menudo me pregunto qué intensa narración de amor hay detrás de la ofrenda y cómo estará de cuidada su tumba.

 

*La foto es de Ormond Gigli. Leslie Caron

 

LINA VILA: 'ESCAPAR A LA BIOGRAFIA'

LINA VILA: 'ESCAPAR A LA BIOGRAFIA'

Mujer de bosque con alas y plumas 

 

Lina Vila ha invertido más de un año y medio en pintar y pintar. Pintar, grabar, dibujar, dar rienda suelta a sus obsesiones, que a veces adquieren la forma de la pesadilla o del cuento gótico, desbrozar de maleza y sombra los rincones secretos del corazón. Lina Vila se mueve en un territorio personal en el que convergen lo inmediato, la tupida flora de su jardín, y las suaves alas del delirio: unas plumas que caen sobre el musgo de un bosque, por poner un ejemplo. Hay en su estado de ánimo, y quizá siempre haya existido, un clima de desamparo y a la vez de exaltación: la forma cálida de la intemperie. El abandono. La soledad. La búsqueda. El dolor inefable e inconcreto, pero también el disparo de la luz, el fulgor del color.

 

La muestra ‘Escapar a la biografía’ no inaugura una etapa exactamente: la pintora prosigue sus tentativas, ensancha su meticulosa indagación en la naturaleza (o en fragmentos del paisaje, más bien) y ensaya, también hay que decirlo, algunos caminos nuevos, a la acuarela, con el lápiz acuarela o con esas puntas secas que tanto le gustan y que tan bien funcionan. Y regresa a uno de sus espacios más queridos: la galería A del Arte, donde hizo otra individual y varias colectivas. En esa galería simétrica, tan evocadora y limpia, su mundo halla un feliz acomodo. Los títulos parecen desnudar heridas, desgarros, inquietudes: hay piezas -más que piezas, aquí son series con varias obras: universos coherentes, compactos; heridas...- que se titulan ‘Puntaduras’, ‘Abrojos’, ‘Carencias’, ‘Final de una tarde de sol’, ‘Sin alas ni plumas’ o ‘En todo y por todo’... En Lina Vila los títulos son importantes: dan una idea de su actitud, de su estado de ánimo, de su propuesta estética y conceptual.

Pintora de lo circundante y de lo íntimo, de tempestades y de la contemplación, pintora que se asoma al jardín desde el balcón del abismo. La exposición tiene un tono muy coherente y quizá un elemento común: las flores. Y en particular, los cardos. Una pintora tan llena de referencias dialoga con otras artistas como Dorothea Tanning, en primer lugar, Georgia O’Keefe, maestra de las flores, Kiki Smith, etc. Son las afinidades electivas que Lina escoge. La artista busca su identidad y a la vez se muestra escurridiza; ese paradoja se refleja en dos espléndidas piezas con máscara; en una de ellas, con autorretrato incluido, la pintura parece recordar o rendir homenaje al relato de Judith y Holofernes. A Lina Vila le preocupan las imágenes. La tensión del color. La belleza exuberante o contenida, el arrebato y el dibujo anunciado, la fuerza seca de los cardos y a la vez la sugerencia de un torso. Hay mucho que ver y que sentir.

 

‘Escapar a la biografía’ es una exposición trabajada, de afanes, intensa, los cuadros y papeles de alguien que regresa con fervor y mucho oficio. Y que se reinventa sin contemplaciones. Su pintura nace de la vida, del sueño, de la quimera y se despliega con una subjetividad constante. Lina Vila se atreve a mostrar incluso la cocina de sus tentativas, los bocetos, los pasos previos, en el mural acucioso y coral ‘Pasatiempos (y vuelta a empezar)’.