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Antón Castro

Artistas

MARIBEL VERDÚ EN EL PRINCIPAL

Maribel y su extraño granjero

 

CRÍTICA DE TEATRO

 

El tipo de al lado. Texto: Katerina Mazetti. Adaptación de Alain Ganas. Reparto: Maribel Verdú y Antonio Molero. Dirección: José María Pou.

 

Maribel Verdú es una de las actrices españolas más requeridas por el cine. Hay años que rueda hasta cuatro películas; están frescas, entre otras, ‘De tu ventana a la mía’ de Paula Ortiz y ‘Blancanieves’ de Pablo Berger, donde encarna a un malvado personaje. De cuando en cuando, a la actriz le encanta asumir riesgos, esforzarse aún más, buscar el vínculo de cercanía con el público a través del teatro. Ahora, junto a Antonio Molero, un actor de clara vis cómica, actúa en ‘El tipo de al lado’, que es la adaptación, en clave de comedia ligera, de una exitosa novela de la sueca Katarina Mazetti.

Se trata de una narración más o menos amable sobre los misterios y las paradojas del amor: cuenta la historia de un hombre y una mujer que se encuentran todos los días, o casi todos, ante dos tumbas contiguas del cementerio: ella, de 37 años, va a hablar con su marido, un biólogo que falleció a pesar de su modélica existencia en casi todo salvo en el sexo. Ella soñaba con un hijo que él nunca quiso ofrecerle y con algo más de fogosidad. Y al lado, con su brutalidad rural de granjero que exhala un olor “raro”, va y viene un joven soltero que habla con su madre muerta: le cuenta cuánto la echa de menos, el desorden de su casa y los secretos de la granja.

Ambos son como la noche y el día: él es rústico, primitivo y tiene 24 vacas; ella es bibliotecaria, refinada, puede hablar de Schopenhauer y de Lacan a la vez, aunque tiene un fuego aplazado en el cuerpo. La adaptación de Alain Ganas no deja lugar a dudas: entre antagónicos el amor se exalta y brilla como un diamante. Y dispara sus flechas inexorables.

Ocurre lo que tiene que ocurrir. Mediante diálogos chispeantes, ingeniosos, que enfatizan la diferencia de origen de ambos y su inicial indiferencia, la comedia avanza con rapidez y gracia. Y con un inequívoco sentido de la parodia: dirigida por José María Pou, un apasionado de la música norteamericana, del jazz y de las bandas sonoras, la obra es claramente una parodia de las comedias de carácter romántico y es una parodia también del cine musical americano, por más que la pieza se cierre con la grave y profunda voz de Tom Waits. ‘El tipo de al lado’ está desarrollada con eficacia y sin apenas caídas: al principio, los dos actores se mueven en el terreno del monólogo, pero se interrumpen y cada fragmento está muy bien cosido al conjunto y a una escenografía versátil, dominada por una suerte de ciclorama. Poco a poco viajamos por los terrenos pantanosos del amor y del sexo, con una escena magnífica, la mejor y la más graciosa de la obra: la primera vez que se acuestan. Una maravilla que a todos hace reír.

Maribel Verdú es una actriz estupenda. Cada vez mejor. Más sólida, con mayor sentido del humor, dueña de sus gestos y de sus emociones. Y ‘El tipo de al lado’ es lo que es: lo que se ve y todo lo que luego nos viene a la cabeza, juega con el equívoco, el doble sentido, la ironía y las ambigüedades tan atractivas del erotismo y de las relaciones de pareja. Maribel, que rodó hace 25 años en Calatayud y su comarca ‘El aire de un crimen’ de Antonio Isasi, eleva la obra –medida en su ritmo, elegante, casi circular-, cuando quiere, emociona, es capaz de reírse de sí misma. Y halla una réplica adecuada en el siempre divertido y solvente Antonio Molero. La urgencia de amar empieza con el despertar del deseo: a veces conduce al abismo, a veces lleva hasta el éxtasis. Y aquí siempre desemboca en una sonrisa amable.

 

JOSE HERRERA EN LA PRENDERÍA

JOSE HERRERA EN LA PRENDERÍA

JOSE HERRERA, LOS PORTADORES Y LOS AÑOS DEL BINGO

Algunos amigos, entre ellos Luis Alegre y Miguel Mena, me dicen que después de haber escritor ‘Cariñena’ (ya está en las librerías, esa novela de formación que se vende a nueve euros), ahora tendría que escribir mi novela sobre los años del bingo. Luis me dice que la titule así, ‘Los años del bingo’. Y yo le digo que empieza con una historia de amor y con una persecución en coche por Zaragoza hacia el año 1982. La primera noche que entré a trabajar supe que dos compañeros se disputaban a la misma mujer: uno de ellos, por cierto, estaba casado con ella.

Lo que son las cosas: buscaba buenas imágenes de la pintora Jose Herrera, que expone estos días en La Prendería, al lado de la plaza de las Tenerías. Son retratos que hacía por las noches durante la emisión de ‘Borradores’: le gustaba captar las imágenes en movimiento, los gestos. Ha hecho muchos retratos. Andaba, pues, buscando yo eso cuando me encuentro con esa foto de la novela ‘Bingo’ de Esther Tusquets, que habló de ella en ‘Borradores’, y al lado mi libro, ya agotado desde hace cinco años, ‘Golpes de mar’, que había publicado Destino en los tiempos de Malcom Otero Barral. La foto es del escaparate de Los Portadores de Sueños, y quizá una premonición: tendré que escribir esa novela de ‘Los años del bingo’. Fueron cinco, en tres bingos: el Napolitano de la calle Ávila, el del Centro Gallego en Santa Inés y otro, de Ajusa, en la calle Reina Fabiola.

NACHO FORTÚN, HACIA 1980

NACHO FORTÚN, HACIA 1980

NACHO FORTÚN: RETRATO DE ROGELIO ALLEPUZ

Conozco a Nacho Fortún desde mediados los años 80, cuando trabajaba en la General Motors y era un pintor figurativo, narrativo, un pintor de historias con humor, ternura y sátira. Rogelio Allepuz, por entonces, le hizo esta fotografía que ha rescatado de su fondo de armario visual infinito y que ha difundido en la red, según leo, el gran pintor Ángel Aransay. Ayer Pepito de Librería Antígona, en la fiesta de homenaje y recuerdo a Félix Romeo, decía que le apasiona la pintura de Ángel: su pintura y su conocimiento del arte, de los libros, su sabiduría. La sabiduría de Nacho Fortún le ha llevado a otros lugares: hacia una pintura más concentrada e íntima, sin apenas anécdota, de paisajes urbanos y rurales en chapa de zinc. Domingo Moreno le ha dedicado un cuidado y poético documental.

LA MUSA Y MODELO DINA VIERNY

LA MUSA Y MODELO DINA VIERNY

DINA VIERNY: LA MUSA DE ARÍSTIDES MAILLOL

Ayer Fernando Trueba y Aida Folch llenaron el Paraninfo para presentar la película ‘El artista y la modelo’. Hace años, en su bonita casa de Madrid, Fernando Trueba me habló de la fascinación que sentía por Arístides Maillol. Este, nacido en 1861 y fallecido en 1944 tras un accidente de coche, tuvo en sus últimos años una musa muy especial: Dina Vierny. Era una joven moldava y judía que estableció con él una hermosa complicidad y encarnó, en cierto modo, su modelo de mujer mediterránea, la gran obsesión de su escultura. He aquí un retrato de juventud de Dina Vierny, que combatió al nazismo y posó, entre otros, para Henri Matisse y Pierre Bonnard. Luego tendría una galería. Hació en 1919 y murió en 2009.

 

*Uno de los grandes fotógrafos de Dina Vierny fue Pierre Jamet.

DINO VALLS: UN CUADRO DE 1978

DINO VALLS: UN CUADRO DE 1978

 

Dino Valls (Zaragoza, 1959) me escribe desde Madrid, donde vive y trabaja desde finales de los años 80 con motivo de mi novela ‘Cariñena’, que transcurre en diez días de octubre de 1978. Y me envía uno de sus primeros cuadros, precisamente de ese año. Dice Dino: “El 78, una cosecha en la que también yo maduré, a mitad de mis estudios de medicina, y en los fascinantes momentos en los que empezaba a andorrear ambientes artísticos de Zaragoza, mis primeros contactos con pintores, mis primeros cuadros colgados en la Lonja, todos jóvenes inquietos llenos de ilusiones y melenas. El primer cuadro que pinté después de ese octubre, fue ya mi primera obra su(i)rreal, dejé paisajes, pueblos, naturalezas muertas, y comencé a deambular por pasadizos mentales, menos acierzados pero más fangosos. Todo nuestro porvenir que iba aquellos días encaminándose tan inciertamente, era el de toda una generación, el de una democracia que, dando traspiés, fue medrando por nosotros, junto a nosotros o a pesar de nosotros, vete a saber, pero se iba avanzando con avidez, huyendo de pasados embotados y carpetovetónicos”.

TRECE AL SOL... MARISOL AZNAR

[Hoy domingo, con todas las entradas vendidas ya, se ofrece la quinta y última función de 'Tiempos modorros' de Jorge Asín y Marisol Aznar. El pasado agosto publiqué en heraldo.es esta entrevista con la guionista, cantante y actriz. Abajo he colocado una nota sobre el espectáculo, que está derrochando risas y risas. Un vendaval de carcajadas.]

TRECE AL SOL DE... MARISOL AZNAR

 

Marisol Aznar (Zaragoza, 1972) es actriz, cantante y guionista de teatro y de televisión. Tiene compañía teatral propia: los Mc Clown. Participa, con un gran sentido del humor, en ‘Oregón Televisión’.

 

 

“Con la crisis, el verano se tiñe de oscuridad”

 

“Habría que reivindicar la alegría y la belleza más que nunca” 

 

Antón CASTRO / Zaragoza

-1. ¿Qué hace una actriz y guionista en verano?

En un verano normal descanso un poco y recupero fuerzas, el año es durísimo, sobre todo como guionista. Ahora mismo estábamos haciendo el ‘Oregón Televisión’ solos Jorge Asín y yo, y acabamos agotados. Así que lo dicho: descanso unos días y en agosto a volver a pensar y a escribir como loca para tener la nueva temporada para septiembre. Este año es atípico: no sabemos el futuro que nos espera en la tele; es bastante incierto por no decir otra cosa. Así que este año como guionista de la tele quieta en la mata. Trabajamos juntos Jorge y yo en nuevos textos teatrales, mejorando nuestra obra de teatro y pensando ideas nuevas con mucha gente para movernos y sobrevivir. Como actriz tampoco me quejo, no nos va mal de bolos con nuestra obra ‘Tiempos Modorros’. Así que lo dicho: nuevos tiempos, nuevos movimientos.



-2. ¿Dónde suele descansar?

He veraneado en muchos sitios. Ha habido años de hábitos fijos; cuando era pequeña en el pueblo de mi madre, Ambel, y también en Benasque, donde iba a unos campamentos maravillosos. De jovencita subía a Jaca todos los veranos a trabajar de monitora. Ahora he variado más: alguna escapada al extranjero para ver mundos diferentes cuando se ha podido, sigo subiendo mucho al Pirineo, me hace falta de vez en cuando, y también elijo playita. Desde que soy madre, más. A mi niña le encanta el mar y vamos a un apartamento que tiene mi hermana.

 

3. ¿Es usted de todo, no?

Ah, se me olvidaba: también vamos a Fréscano. Tenemos una casa entre un montón de amigos y, como nos ha dado por reproducirnos, allí que nos juntamos todos con nuestros churumbeles, a comer, a jugar y a reír.

 

 

4.  Nos va a dar envidia...

Ya digo que no elijo nada. Según las circunstancias, las pelas y los que los bolos nos permiten, vamos a un sitio o a otro.


-5. ¿Cuál son el viaje de verano y la ciudad de su vida?  

Tengo varios veranos de mi vida. Cada momento de la vida tuvo su verano y me lo pasé genial en casi todos. En cuanto a la ciudad, me quedo con Florencia, me impresionó. Es la belleza.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época?

Fueron épocas estupendas, momentos únicos y felices. Cada cosa que te pasaba era increíble, toda una aventura.



-7. ¿Cuál sería su mejor recuerdo de entonces?

Me acuerdo mucho de las excursiones que hacíamos en Ambel, nos íbamos a merendar con un bocadillo de chorizo de Pamplona y recorríamos, andando, una acequia, un canal de riego, con el agua hasta las rodillas. Era para nosotros la selva amazónica por lo menos. ¡Qué felicidad!




-8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza estos días?

8. Buah, leo todo lo que cae en mis manos. Acabo de terminar la última novela de Almudena Grandes ‘El lector de Julio Verne’, también ‘Por qué somos como somos’ de Eduardo Punset, y ahora estoy con ‘Danza de Dragones’, el último de ‘Juego de tronos’ que salió a la venta ¡Por fin!

-9. ¿Cuál sería un fetiche o un instante especial de un verano inolvidable?

Me acuerdo mucho del Museo d’Orsay en París. Fue un viaje muy bonito: la pintura impresionista me encanta.



-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

No sé, no se me ocurre uno solo. Han sido muchos en libros, en películas, en teatro, personajes que me ha tocado representar muchos veranos. Ahora en estos momentos me quedo con Mari Ramona, la chica del Conchito, que me está tocando representarla alguna que otra vez.



-11. ¿En qué ha cambiado el verano con internet y con la crisis?

De entrada, el verano ha cambiado sobre todo desde que soy madre. Ahora busco cosas que hagan feliz a mi hija Inés. Con internet ha habido una revolución, pero creo que en todas las estaciones, verano, invierno, primavera, otoño... Quizá en el verano se note más porque es un tiempo de desconectar, e internet te mantiene conectado mucho más que antes. Yo lo veo positivo: te acerca más a mucha información. Es como todo. Hay que hacer un uso racional, procurar no engancharse ni depender de nada. ¿La crisis? Con la crisis el verano se tiñe de oscuridad; las noticias, los periódicos nos van minando el ánimo. Solo se oye hablar de la dichosa crisis. Creo de verdad que hay que aparcar un rato el tema y disfrutar un poco, lo que se pueda. La realidad es dura, pero el machaque mental al que nos están sometiendo está siendo insoportable. Habría que reivindicar la alegría, el optimismo, la belleza más que nunca... Me encanta el verano. Yo soy feliz en verano.



12. Si tuviese que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

El espíritu del verano son la calle, la gente, la despreocupación, las noches de charradas a la fresca, la alegría, y tanta luz: los días largos, las puestas de sol.




-13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Recuerdo un bolo con el grupo de Teatro Hécate, mi grupo de teatro de toda la vida, hacíamos teatro en el instituto, después en la Universidad, etc. Era un bolo en una plaza de un pueblo (no diré cual) y hacíamos un ‘Shakespeare’. Fue un desastre absoluto, sonaba la música de un pub a tope, no habían cortado la circulación y pasaban coches por delante del escenario. La gente no escuchaba, se iban, venían... podíamos habernos deprimido mucho, pero nos lo tomamos con humor y nos dio por reír y reír... Pocas veces en mi vida recuerdo haberme reído tanto. Impresionante. Aun me da la risa. También con el grupo Mc Clown, actuando y en la furgoneta, hemos vivido grandes momentazos de risas y de buen rollo.

CRÍTICA DE TEATRO

 

La crisis, según Conchito y Mari Ramona

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Marisol Aznar y Jorge Asín son dos actores en estado de gracia. En el doble sentido del término: están inspirados, conectan bien como intérpretes y como guionistas y, además, poseen un sentido del humor muy notable en muchas direcciones: son capaces de ser paródicos, esperpénticos y candorosos. Y por supuesto costumbristas, desde la desmesura controlada del baturrismo. ‘Tiempos modorros’ concentra todos estos elementos y quiere ser, por la vía de la simplificación satírica, un retrato de la crisis. Lo quiere ser y lo es. En primer lugar, la obra –de gags y sketches muy felices, con voluntad de unidad- es la síntesis de muchos de los males actuales: las mudanzas y la tiranía de la banca, los conflictos sociales, concentrados aquí en el copago, el retrato de los gobernantes en la intimidad y la crisis de la televisión.

‘Tiempos modorros’ es una comedia bufa, a la manera de Darío Fo, y es una sátira de hábitos, mucho más medido de lo que pudiera parecer, y es también una obra esperpéntica. El guión es ingenioso, con constantes destellos humorísticos, avanza y retrocede por el filo de la navaja sin inclinarse en exceso hacia la demagogia, pero tampoco sin eludirla. La caricatura exige la estilización y el énfasis de los defectos. Quizá la concesión más importante sea la aparición del alcalde Conchito y su hija Mari Ramona, que es una de las mejores creaciones del dúo Asín-Aznar: es casi un homenaje al público y pone el broche a un espectáculo de más de una hora donde el espectador no deja de troncharse. ‘Tiempos modorros’ encarna la terapia de la risa incontenible forjada con lucidez, con crítica y con mucho sentido común. La realidad puede ser así de surrealista y de absurda.

La obra está organizada mediante un sencillo pretexto: un conferenciante sueco, un tal Larsen (el nombre y los apellidos son un poco más extensos) va a dar una conferencia de remedios contra la crisis. Y pronto, entre su atento auditorio, aparece una mujer que le interpela. Una mujer que quiere saber. Una mujer peculiar: cuando el profesor está a punto de explicarle qué sucede con los bancos -que han pasado de conceder créditos hasta a los canarios y a los chinos indigentes no dárselos a nadie y a apropiarse de lo que sea mediante la estrategia del llanto: los banqueros también lloran y expolian- tiene que irse con urgencia al baño.

Así, con ese hilo conductor, se organiza la obra, que tiene uno de sus momentos culminantes en la relación de Mariano Rajoy con su madre. Una de esas madres que le reprocha que haya engañado a todos los españoles o incluso a su propio padre, al que no ha querido hacer ministro. Otro momento culminante, en este caso de crítica más feroz y descarnada, es en la mirada sobre la televisión: en ‘Aragoneses por el mundo’, la conductora de Calatayud encuentra a un baturro, con su cachirulo y todo, en un lugar llamado Mierda. Y para desternillarse es la escena en que Marisol Aznar imita a Eva Perón: al fin y al cabo ella sueña con que su padre sea el alcalde del mundo.

‘Tiempos modorros’ no deja títere con cabeza y demuestra que en esta sociedad hay demasiados descabezados. Y prueba el gran éxito popular de ‘Oregón televisión’: el espectáculo reivindica esa forma de hacer humor y los logros del proyecto, y es la constatación de cómo dos actores –y todo el equipo que hay detrás- habían calado en la sociedad aragonesa. Jorge Asín y Marisol Aznar están espléndidos. Son graciosos a su pesar. Son divertidos con intención: divertidos, entrañables, próximos. Tienen el don de la comunicación. Suscitan empatía, poseen un inmenso carisma y conocen a la perfección su oficio. El sonido puede ser mejorado en el espectáculo, pero lo que es insuperable es la autenticidad, la entrega, la rabia, el deseo de conmover y de hacer reír. Hacía tiempo que no se vivía algo semejante en la escena aragonesa: dos actores que son la prolongación de los deseos, de las fantasías y de las quejas del público.

 

Tiempos modorros. Guión, reparto y dirección: Marisol Aznar y Jorge Asín. Teatro Principal. Hasta el domingo, 23.



 

 

LABORDETA, CASI UN RETRATO

LABORDETA, CASI UN RETRATO

 

 

José Antonio Labordeta ha sido probablemente el aragonés más popular y más querido del último medio siglo. Falleció hace dos años y más de 50.000 personas desfilaron ante su féretro en el Palacio de la Aljafería, la nueva Casa del Pueblo. Labordeta se sentía un ciudadano del mundo y un aragonés de las tres provincias: de Zaragoza, donde nació y donde vivió, donde paseó con el fantasma de San Lamberto y donde compuso sus canciones, sus poemas, y conversó con sus amigos. Era un aragonés de Huesca: solía refugiarse en Villanúa y en Canfranc, lugares en los que buscaba la belleza deslumbrante del paisaje. Labordeta se sintió un aragonés de Teruel: allí vivió años inolvidables. Los vivió en la capital mudéjar, pero también en el Maestrazgo, en el Javalambre o en Albarracín. Y contemplando la serranía y la soledad de las masadas dio con la vieja, con los leñeros o los masoveros que le inspiraron poemas y canciones.

Labordeta llegó a ser un aragonés universal casi sin proponérselo. Poseía el código secreto de la empatía y la comunicación. Era llano y rudo a la vez, humanísimo y tierno, visceral y levantisco. Solía decir que, en el fondo, más que escritor, periodista, cantante, historiador, político de izquierdas o compañero de viaje de industrias culturales, era un ser que dudaba. Aquellas 50.000 personas y tantas y tantas otras sintieron su adiós y le rindieron homenaje a él y a su legado infinito.

Fue, sin pretenderlo, un Costa de nuestro tiempo que nos llegó al corazón de múltiples formas: por su actitud y su rebeldía, por su nobleza y sus contradicciones, por su sencillez y por su constante batallar con la música, con la literatura o en el Congreso de los Diputados. Era fácil percibir: “Labordeta es como nosotros y uno de los nuestros”.

Labordeta compuso ‘Somos’, ‘Aragón’, ‘Regresaré a la casa de mi padre’, ‘La albada’ o ‘Mar de amor’. Y dejó temblando en el aire y en las sienes su grito que nunca deja de ser utópico: ‘El Canto a la libertad’. El himno sentimental de su país de polvo, viento, niebla y sol. Hay seres tocados por el cariño unánime: Labordeta fue uno de ellos. Dio y recibió afecto. Cantó con todos y para todos, incluso para aquellos que quisieron desoír su canción.

 

*Labordeta en un retrato de Cano.

TRECE AL SOL... BASILIO TOBÍAS

Basilio Tobías, zaragozano, es arquitecto y profesor de arquitectura. Ha realizado proyectos como la Sala Multiusos, el Hotel Ciudad de Zaragoza y el Edificio Expo, entre otros. 

 

“En verano, y casi siempre, soy de mar porque me relaja”

 

Antón CASTRO / Zaragoza

-1. ¿Qué hace un arquitecto en verano?

Vaya por delante que prefiero el otoño. En verano varían un poco los ritmos. Todo se ralentiza. En el estudio aprovecho parte de las tardes, más ahora, para leer u hojear libros y revistas de arquitectura acumulados. No se produce un corte prolongado con el resto del año. No suelo estar más de dos semanas fuera.

 

-2. ¿Dónde suele veranear?

Hay bastante fidelidad al norte, tal vez asociada a las estancias en San Sebastián con mis padres. Después Asturias y desde hace ya tiempo Cantabria. También ha habido estancias en la Costa Brava, Menorca o Madeira. En los últimos años hemos hecho viajes familiares por Berlín, Portugal, Suiza o por Finlandia, el verano pasado. Suelo encargarme de prepararlos.

 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Me gusta la montaña, los Pirineos. Solemos subir a Canfranc –tuve le placer de acabar una obra allí el año pasado– y al Balneario de Panticosa, pero en estancias cortas. Se podría decir que, en verano y casi siempre, soy de mar.

 

-4. ¿Por qué?

Elijo el mar porque es donde más me relajo. Pasear junto al mar a primera hora o al atardecer por una playa vacía o por los cantiles siempre es una grata experiencia y todavía más si no es en verano y el tiempo es dudoso.

 

-5. ¿Cuáles han sido el viaje de verano de su vida y la ciudad que más le ha impactado?

Es difícil decir. El año pasado, sin ir más lejos, estuvo bien. Volver a visitar Villa Mairea (Noormarkku, Finlandia; fue creada por el arquitecto Alvar Aalto entre 1937 y 1940) permite descubrir nuevos matices, y Helsinki es una ciudad hermosa en verano y, siempre, equilibrada, elegante, bien trazada y relacionada con la naturaleza con gran naturalidad, con piezas espléndidas de arquitectura moderna.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. A la revelación, a los amigos, al amor. ¿Cómo fue esa época?

No la tengo especialmente idealizada. En general creo que ha sido un tiempo en espera y más en soledad de lo que hubiera querido. Habitualmente se producía una cierta dispersión de los amigos. Creo que casi desde siempre he deseado la ‘rentrée’.

 

-7. ¿Podría rescatar algún recuerdo?

De esa época recuerdo especialmente alguna tarde por el Paseo Nuevo de San Sebastián. De más adelante acude el recuerdo de un verano en Ibiza, hace ya tiempo, en un barco alquilado, más bien antiguo: los amaneceres eran espléndidos. Mi hijo mayor no tenía un año, lo recuerdo en la cubierta.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades suele hacer en estos días?

Cuando estoy fuera suelo alternar alguna buena novela policiaca, con libros que tengo pendientes y algún texto sobre arquitectura que me apetezca especialmente.

 

-9. ¿Qué museo está asociado a un verano inolvidable?

Me acuerdo gratamente del Museo de Louisiana en Dinamarca, en una tarde durante un buen viaje de verano. Es un museo apoyado en los recorridos, que ha ido creciendo a lo largo de los años –desde finales de los cincuenta– con una armoniosa naturalidad, rodeado por un paisaje hermoso. La sala dedicada a Giacometti, la mejor, se abre hacia un pequeño lago.

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus vacaciones?

No sé si ha sido el gran personaje de ficción, pero he pasado bastantes buenos ratos en verano, junto al mar, con el Jack Aubrey de Patrick O’Brian, especialmente con el primer libro de la serie, creo que lo empecé en Mahón.

 

-11. ¿En qué han cambiado los veranos?

De la lentitud asociada al verano puede que se haya ido pasando a considerarlo el periodo en que realizar los anhelos o las cuestiones pendientes del resto del año. Últimamente prefiero recuperar la parsimonia. Al menos por unos días.

 

-12. Si tuviera que resumir el espíritu estival en un ‘tuit’, ¿qué diría?

Tiempo de expectativas. Tiempo de evitar el calor. De cambio de traje. Tiempo de viajar, de sentirse extranjero. Finalmente, el mar.

 

-13. ¿Cuál es la mejor anécdota o aventura estival vinculada a su profesión de arquitecto?

Tengo un recuerdo especial del final del verano de hace ocho años en Venecia. Había un par de proyectos míos formando parte de la exposición en el Pabellón de España de la Bienal, ‘Corredores de fondo’. Pasamos allí unos días inolvidables compartiendo paseos, visitas y sobremesas con algunos buenos amigos de entre los restantes participantes.

 

*La foto de Basilio la tomo del diario aragonés.

De aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-c0ea0fe28b00d138a5ebb3c2c29d994e.jpg