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YELENA ISINBAYEVA. CASI UN POEMA

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Había apostado por ti, como siempre.

Para mí eres la atleta del aire, la cazadora de estrellas,

Para mí eres la trapecista,

Ese espíritu alado y poderoso que sube y sube

Más allá del cielo, en busca de un nuevo límite.

 

 

Eres fuerte, orgullosa, casi altiva.

Después de ti, todas las demás.

Después de ti, los ecos de la belleza vencida,

El vuelo imperfecto, la impotencia, la caída precipitada.

 

No las tenía todas conmigo. Es cierto.

Recuerdo cuánto disfruté en Pekín: eras intratable,

Trepabas en el viento cálido, subías,

Conquistabas las alturas como si solo

Te perteneciesen a ti. Pronto te deshiciste

De las rivales y te quedaste a solas, como una reina,

Dispuesta a seducir: dispuesta a ser la única diosa

De la noche y de mil noches más.

 

Hasta hoy. No las tenía todas conmigo.

Siempre hay un mal trago, un bajón, una lesión

Mal curada, un desaire del destino.

¿Qué te ocurría a ti? ¿Por qué te había vencido

Anna Rogowska en Londres, de ese modo, tan lejos tú de ti misma?

Hoy lo ha vuelto a hacer. Ella estuvo a su altura:

En el nivel exacto de su comedido talento.

Pero tú no apareciste siquiera. No eras tú.

Lo elegiste todo mal: los pasos y la pértiga.

La estrategia y el desafío. La tentativa inicial del pájaro.

Cuando te vi vencida y humillada pensé:

“Esa atleta desmoronada no es Yelena Isinbayeva”.

 

Salí fuera del estadio, entre lágrimas.

¡Cuánto, cuánto y de qué modo habrás llorado tú!

 

 

*Redacté anoche, tras su derrota, este texto dedicado a la campeona olímpica y campeona mundial de salto de pértiga Yelena Isinbayeva desde la posición del espectador apasionado que habría podido estar en Berlín. En Pekín, en su último salto, alcanzó los 5.05. Ayer no logró saltar ninguno de sus tres intentos y quedó la última en la clasificación; hace poco había perdido en Londres con Anna Rogowska. Ayer, contra todo pronóstico, volvió a sucederle a la mujer que había logrado 26 récords mundiales. Fue un accidente, sin duda, propio de cierta altanería o suficiencia de quien se siente invencible, como le sucedió a Bubka, en alguna ocasión, en concreto en las Olimpiadas de Barcelona 1992. Es la atleta más carismática del atletismo mundial (la heroína de Pelín con Usain Bolt), que será eclipsada por Shelly Ann Fraser o Semenya Caster, entre otras. La mayor parte de las visitas de hoy son búsquedas en Google sobre ella y su derrota.

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