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CALVOMOÑACO /13. AL MODO DE CHAGALL

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El gran amor de la vida de Marc Chagall, el artista luminoso de la felicidad y del color, fue Bella. Le dedicó muchas pinturas, representó una y otra vez la dicha que vivieron juntos en una obra vívida, de intenso colorido, optimista y de una sensualidad constante.

Entre 1933 y 1934, Chagall vivió en Tossa de Mar. Manuel Martín Mormeneo leyó una vez una reseña donde se hablaba de una misteriosa muchacha cordobesa, llamada Fermina, que enamoró al pintor. En un viaje relámpago que el pintor realizó a Córdoba, Chagall la conoció en una sala de ensayos. Se quedó perplejo: era como la mujer morena de Julio Romero de Torres. Y de una exuberante languidez. Chagall empezó a quebrarse de amor y deseo en el instante mismo en que Fermina, solo se llamaba así en la vida real y en los carteles de sus conciertos, en que la joven acarició las cuerdas del violín. Mostró unos brazos poderosos y desnudos, y una suerte de intensidad apasionada que no excluía la capacidad de ensoñación.

Días después, se escribió en un diario cordobés, se les vio pasar por las afueras en un precioso coche descapotable de alquiler. De vez en cuando, se paraban y se besaban apasionadamente debajo de un almendro o de un oloroso naranjo.

 

No sé qué pensará Alberto Calvo de esta historia. Demasiado literaria para ser falsa…

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