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CON GONZÁLEZ SAINZ Y PROUST

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LA ZARAGOZA DE PROUST

Zaragoza, como París, no se acaba nunca. El escritor J. Á. González Sáinz (Soria, 1956) ha pasado unos días en la ciudad: vino a Cálamo a presentar su novela, ‘Ojos que no ven’ (Anagrama), que narra la historia de tres generaciones y que plantea temas como la derrota, o las sucesivas derrotas, la inmigración y el regreso. En una auténtica espiral de retornos y éxodos, se percibe la búsqueda de un paraíso para vivir en paz de una vez para siempre. González Sainz ha residido durante años en Venecia y ahora lo hace en Trieste, y ha conversado con autores como Daniele del Giudice, autor de la novela ‘El estadio de Wimbledon’ que tradujo Martínez de Pisón, o Claudio Magris. Es un hombre parsimonioso, atraído por la ciencia, la filosofía y esa literatura que mezcla narración y reflexión con una cuidada envoltura de lenguaje y música. En su estancia en Zaragoza el escritor se ha encontrado con la ‘magdalena proustiana’: estudió en un colegio de jesuitas en Barcelona, y cada vez que su padre iba a buscarlo paraban en el Pilar y disfrutaban de “aquel espacio sagrado que era como llegar a casa, en nuestro camino hacia Soria, tras cruzar los Monegros. Ahí se casaron tres tías mías”. Además, se hospedó en el Gran Hotel, donde hizo su fiesta de esponsales una de sus tías, y disfrutó de la gran rotonda y sus lámparas. Al pasar por Independencia, alguien recordó la mala situación del Real Zaragoza. González Sainz dijo que uno de sus tíos, médico rural en Cervera de Alhama, era forofo zaragocista y que las únicas veces que acudió al fútbol fue para ver al equipo de ‘los magníficos’ o de ‘los zaraguayos’. ¡Qué tiempos! Miró un instante hacia la entrada del Tubo y dijo: “He estado en muchas ciudades, pero aquí me siento como si vagase por el fondo de mis mejores recuerdos en un día ventoso y frío”. 

*Este artículo lo publiqué el domingo en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de Heraldo de Aragón. Es un homenaje a González Sainz tras entrevistarlo para ‘Borradores’ y pasear por Zaragoza. El amigo con el que hablamos del Real Zaragoza fue Honorio Romero, encantador y siempre generoso. J. Á. es José Ángel, pero el autor prefiere utilizar solo las iniciales. Abajo coloco un texto de Javier Rioyo, que acaba de publicar en su blog.

 

 

LECTURA DE ‘OJOS QUE NO VEN’

Por Javier RIOYO

"Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla". Esos versos de Calderón definen a un personaje que calla. A un pobre hombre de cuneta, un campesino, un obrero, un pobre español que es el protagonista de una de las mejores novelas españolas de los últimos tiempos. La novela se llama ‘Ojos que no ven’ (Anagrama), el autor J. A. González Sainz, no es nuevo entre nosotros pero no deja de ser cada vez más imprescindible. Eso sí, para los que les importe nuestra historia además de para todos los demás que les interesa la literatura.

Cuenta, desde Trieste- la más literaria de las ciudades italianas- historias de un tiempo, de este país. De aquel tiempo de los pueblos abandonados y de este tiempo de la recuperación de la memoria de los perdedores. Pero la novela va más lejos, más profunda, más emocionante. La discreta vida de Felipe Díaz Carrión, sus silencios, sus caminos al margen, su paciencia, su conocimiento del campo, del nombre de las cosas del campo, de las aves y de las plantas, su saber esencial de la dignidad, su memoria de los hombres buenos, su ética y su estética, son un retrato de lo mejor de un país pobre, algo así como España de la posguerra. Después vinieron las emigraciones. Y los discursos de los fanáticos. Los engaños, la manipulación y el miedo. También es una novela sobre la infamia y la cobardía. Una novela sobre el odio. Sobre el sinsentido del discurso del miedo. Una novela sobre la familia, el amor y el desamor. Sobre el pasado de un padre, pobre y digno, un hombre que le tocó vivir bajo la amenaza y la intimidación. Al lado de la ignorancia y la bravuconería. Un hombre que no se dejó engañar, que no se engañó. La emocionante y desnuda historia de un perdedor que conquista el poder vivir sin la vileza de los nuevos zoquetes. Vivir sin matar. Una novela que habla de España. De Castilla y del País Vasco. Del ser humano y de algunos seres inhumanos, perdidos en su propia seguridad. Atados, presos de sus pistolas.

La novela, la historia de ese padre que lleva orgulloso a su hijo en bicicleta, no se puede dejar de leer. Una historia que atrapa desde las primeras líneas, que nos hace recorrer sus caminos y nos lleva a los abismos de lo mejor y lo peor del ser humano. Como decía la amiga María, una novela para recuperar- a pesar de sus dolores narrados- la necesaria "joie de lire".

Quince euros, tres horas y una emoción que les perseguirá mucho tiempo.

 

Ojos que no ven. J. Á. González Sainz. Anagrama: Narrativas Hispánicas. Barcelona, 2010. La primera foto es un retrato de González Sainz realizado por Danilo di Marco en Trieste, y la segunda una de mis fotos predilectas de Virxilio Vieitez. Una vez mi madre me mandó una muy semejante de nuestro Seara de Castro, era diminuta, tanto, que ni me percaté de que venía dentro del sobre y se perdió para siempre. Nos la habían hecho a mi madre y a mí, y a un coche que no era de mi padre, en el pazo de Armentón.

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