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ÁLVARO SEBASTIÁN: IN MEMORIAM

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ÁLVARO SEBASTIÁN: EL MÚSICO DE LA LUNA ÁRABE

La música ha perdido, tras el golpe homicida del destino, a tres personalidades muy diferentes de la música: a José Antonio Labordeta, que ya es el cantor inmortal de vuelo libre; a la productora Lola Olalla, que había sido su representante y había encontrado el último solaz en el yoga, y al compositor y pianista Álvaro Sebastián (Bello, Teruel, 1922-Zaragoza, 2010), que fallecía hace algo más de una semana casi de puntillas.


Álvaro Sebastián deja un legado impresionante: más de 400 temas grabados, repartidos en un centenar de discos, sobre todo singles, el más famoso es ‘Esa será mi casa’, con letra de Fons-Carnicer, que popularizaron Franciska y sobre todo Nino Bravo. Además dirigió casi una docena de orquestas y grupos, vivió en Oriente durante casi catorce años, cuatro de ellos en Teherán, en una aventura que hace pensar en Los 3 Carino, que contó en ‘Artes & Letras’ el escritor y periodista Miguel Mena.


Su mujer Pilar López dice, desde el ruidoso dormitorio familiar que da al paseo Fernando el Católico, que “el amor a la música fue constante, hasta sus últimos días” y lo define como un hombre metódico que se inclinaba hacia la música moderna sin perder de vista la clásica.
En 1986 había confesado a Santiago Velasco, de ‘Heraldo de Aragón’, que su compositor favorito era Richard Wagner.

 

Álvaro Sebastián nació en la localidad de Bello en 1922. Su padre era el maestro de la banda local. A los dos años, se trasladó a Atea. Álvaro solía recordar que aprendió música antes de aprender a leer: recordaba que su padre, que fue su “primer maestro”, dominaba casi todos los instrumentos y que le contagió esa pasión. Subrayaba que “se defendía regularmente” con las otras asignaturas, pero tenía una facilidad innata hacia las melodías.

Con ocho años ingresó en los Infanticos del Pilar, que fue una magnífica escuela para él. Le contaba al periodista Santiago Velasco que “yo era allí enteramente feliz. Recuerdo que algunas veces, cuando no venía el maestro José Borobia, el organista, yo era el encargado de tocar el órgano del Pilar con diez y once años”.


Zaragoza, Pineta, el mundo

Permaneció allí cuatro años, le gustaba mucho vivir cerca de la Basílica del Pilar, y salió para vivir otra aventura extraordinaria. Su viuda Pilar López recuerda que “cayó enfermo del pulmón y lo enviaron a una especie de colonia infantil en el valle de Pineta para que se curase. De repente estalló la Guerra Civil y él se quedó aislado, en la zona republicana, de su familia que estaba en Zaragoza”. Poco después, a algunos niños los trasladaron a Rusia y a él a Barbastro, y luego a Salas Altas. Estuvo alrededor de tres años viviendo con una familia en el campo. Álvaro Sebastián decía que había sido un tiempo perdido y a la vez un tanto bucólico. Logró volver a casa y acabó la carrera de música en el Conservatorio en tres. Hizo los “ocho cursos completos” en tres años.


Mientras decidía su futuro, su padre lo empleó en Abastos, donde él trabajaba, y hubo un momento en que no sabía muy bien qué hacer. Así lo explica su esposa: “Primero trabajó aquí, luego se fue a Barcelona y estuvo allí dos años. Luego regresaría a Zaragoza”. Asegura su viuda que estudió canto y piano con Madame Pierrick, la mujer que descubrió a Miguel Fleta, y con Pilarín Pascual.


Álvaro Sebastián decía que tenía que decidirse por Zaragoza o Barcelona y por la música clásica o la moderna. Optó por esta última y con dieciocho años debutó como director musical de la sala Elíseos de Zaragoza, cargo que ocupó durante siete años; le pagaban por noche entre 40 y 50 pesetas, menos de medio euro. “Allí lo conocí yo. A veces dirigía hasta dos orquestas”. El programa de mano decía: “Álvaro Sebastián y su famosísima orquesta Elíseos con su cantante José Cano y el célebre conjunto de solistas”.


Al año de noviazgo se casaron y decidieron pasar la luna de miel enrolados en una compañía teatral, donde Alvaro ejercía como “maestro concertador”. Estuvieron en Pamplona, en Madrid, luego se trasladaron a Gibraltar y, finalmente, Álvaro Sebastián trabajó en el Novedades y El Buena Sombra de Barcelona. Parecía que todo iba a ser correr y cantar: el pianista José Rovira lo reclamó para inaugurar con un pequeño grupo El Elefant Noire de Beirut. Y de allí pasaron al Casino de Oriente, en Damasco, donde iba a nacer su primera hija, Marimar.


El azar extendía su mano de buena suerte: “Estando en Beirut, casualmente, caminando por la calle, me encontré con mi amigo Mario Barceló”, que era el director del Price de Madrid. Le ofreció trabajar con él de pianista y se marchó a Teherán, una ciudad que será determinante en su existencia. Entre unas cosas y otras residió allí cuatro años y formó varias orquestas: primero la orquesta ‘Antonio Vargas’ y luego el quinteto de ‘Los Maños’. Sebastián decía siempre que con él cosecharon bastantes éxitos. Declaraba a HERALDO: “Aquella es una ciudad extraordinariamente interesante. Llegué a tener la residencia allí. Conseguí bastante fama. Todo empezó un poco por casualidad. Un chico armenio, que me había visto tocar, me ofreció hacerle los arreglos a un sobrino suyo, cantante. Se los hice y tuvo un éxito tremendo, hasta el punto de que se hizo multimillonario. Eso me dio a conocer con arreglador de música moderna en temas orientales. Hice unos cien discos y arreglé la música para una diez películas árabes”.



Con la orquesta de Radio Irán

En ese mismo periodo, Álvaro Sebastián fue nombrado director de orquesta de Radio Irán, que iniciaba sus programas con una jota aragonesa. Allí, en Teherán, nacería su segunda hija Aída. Álvaro Sebastián ha contado en entrevistas de época que luego el quinteto se fue a Chipre, El Cairo, Beirut, trabajó en Micheleta, donde fueron reclamados para hacer la gira de su vida: seis meses por Japón. Durante un tiempo estuvo en una especie de incertidumbre: entre Barcelona, Zaragoza y el mundo. No sabía bien a qué carta quedarse: echaba de menos a las niñas, internas primero en Montpellier y luego en Zaragoza. Y un día decidió quedarse para siempre en la ciudad del cierzo. Abandonaría la orquesta y formaría un cuarteto, ‘Los Toreros’. Una de sus últimas formaciones volvió a ser una orquesta, en este caso se llamaba como el cantante: la Orquesta Sergio Ros, donde permaneció otros dos años. Álvaro Sebastián abrió y cerró Cancela y vio pasar por allí a personajes como Josephine Baker, Estrellita Castro, Jaime Morey, Olga Guillot y Lolita Sevilla, entre otros.


“Álvaro Sebastián tocaba con el alma. Era un hombre con alma y sensibilidad. Para él la música era su vida. Solo he tenido celos de la música; mi única rival ha sido la música. Todos los proyectos eran sus hijos”, recuerda Pilar López, y parece asentir su hija Aída. Ella conserva los papeles y las fotos y los programas de mano de su padre. Miguel Ángel Tapia, pianista y director-gerente del Auditorio, dice que “Álvaro Sebastián era uno de esos músicos capaces de hacerlo todo: eran versátiles, sabían arreglar una pieza y parecían llegar a todo. Su trayectoria es muy valiosa. Ya no existen profesionales así”. Después lo contrataron para trabajar en el Club Escuela de Gimnasia Rítmica de Zaragoza, donde hacía de todo: componía, arreglaba, acompañaba cualquier detalle. Su calidad no ofrecía dudas: lo quiso contratar la Federación española, pero ya no tenías ganas de salir de aquí.

Se sentía esencialmente compositor. E intérprete. Volvió a tocar en El Marqués en un dúo con violín y en una orquesta. Nunca quiso dejar del todo las salas.

 

*El pasado jueves, ‘Artes & Letras’ recordaba a este músico turolense, nacido en Bello y criado en Zaragoza. Próximamente colgaré otro texto complementario sobre sus músicas para cine y para autores tan diferentes como Nino Bravo, Lolita Sevilla, Franciska, Ino Blasco, Pat Boone (que grabó 'Paz en la tierra', los hermanos Anoz, sus colaboraciones con Labordeta o sus bandas sonoras para películas árabes. O aquel 'Himno a la Hispanidad' que se grabó con letra de José María Ferrer, 'Gustavo Adolfo'. En la foto, con el quinteto 'Los maños'. Agradecería cualquier nuevo dato sobre Álvaro Sebastián.

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antoncastro

gravatar.comAutor: Rafael Castillejo

Gran músico y, como persona, de las mejores que he conocido en este mundo de artistas.

Fecha: 27/09/2010 13:06.


gravatar.comAutor: aida

Gracias por tus palabras, era mi padre pero ante todo era mi amigo, mi confidente y ante tod la mejor persona y con un corazon que en los tiempos que estamos pocas personas tienen.
Te quiero papá y eres lo mejor de mi vida, te has ido y me has dejado un gran vacio pero por otra parte doy gracias por haberte tenido a mi lado hasta el dia 6-9-10 que te me fuiste y te llevaste un gran trozo de mi corazón.
Un beso Papa, te quiero muchisimo

Fecha: 28/09/2010 00:19.


gravatar.comAutor: carmen fons bayo

recuerdo con mucho cariño el dia de mi boda en la cual tuvo la gentileza de tocar para nosotros ,lo habia conocido años antes atraves de mis tios fons carnicer.era una gran persona, siento su perdida y les doy mi mas sentido pesame.

Fecha: 09/10/2010 18:41.


gravatar.comAutor: Vicente Pizarro

Sólamente ahora y buscando en internet me he encontrado con esta triste noticia, siento mucho su muerte ya que en varias ocasiones tuve el honor de ser acompañado al piano por él, además compuso para mí una extraordinaria canción "leyenda de un zíngaro", la cual interpreto a menudo, fue una excelente persona.
Mi más profundo pésame a su esposa e hijas.

Fecha: 28/12/2010 13:09.


gravatar.comAutor: Miguel Angel

Como miembro de la Coral Monserrat, de Zaragoza, quiero rendir homenaje a este gran músico, que tuvo la amabilidad de dedicarnos una hermosa habanera (Saliendo de Cuba), la cual mantenemos en nuestro repertorio, y disfrutamos cantándola en todas las ocasiones posibles.

Fecha: 14/06/2011 10:51.


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