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'VERDE', POR PHILIPPA SUSAN TETLEY

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Verde

Me encanta vivir en España y me encanta Zaragoza. Me gustan la gente, la comida, los muchos acontecimientos culturales, el hecho de que puedo ir andando a casi cualquier lugar. Pero echo de menos Nueva Zelanda. Una de las cosas que más echo de menos es tener un jardín. Echo de menos sentarme fuera, con el periódico, desayunando tarde un sábado por la mañana. Echo de menos salir un momento y coger un poco de cilantro fresco para la guarnición de un plato de comida tailandesa. Echo de menos el zumbido de las abejas en las matas de espliego. Echo de menos observar cómo las estaciones cambian las ropas con que se visten los árboles. Y echo de menos el olor de la hierba recién cortada.

Todos los colegios de Nueva Zelanda tienen campos enormes y, a menos que estén cerrados por la lluvia, allí es donde pasamos nuestros recreos y descansos para almorzar cuando vamos a la escuela. Podíamos rodar colina abajo, hacer cadenas con las margaritas, y cuando habían cortado la hierba la recogíamos y hacíamos cestos gigantes. Cuando éramos mayores, jugábamos a fútbol o a rugby y nos manchábamos los uniformes de hierba. Cuando llovía siempre había algún gilipollas que pisoteaba la hierba y mojaba y manchaba de barro a sí mismo y a los que estaban a su alrededor. Me dan pena los niños españoles que sólo tienen recreos de cemento en sus escuelas.

El otro día estaba en casa de mi amigo gallego. Estaba cortando el césped, el olor de la hierba recién cortada impregnaba el aire, los sonidos de la cortacésped rompían la paz de esa tarde de sábado pero para mí eran una sinfonía. Mi padre corta el césped cada sábado y si cerraba los ojos podía imaginar que estaba en casa. Me senté para observar cómo trabajaba mi amigo, cómo domesticaba la naturaleza. Y después, al final de su labor, tenía estas gloriosas manchas de hierba en sus zapatillas.

Green

I love living in Spain and I love Zaragoza. I like the people, the food, the many cultural events, my friends, the fact that I can walk just about everywhere. But I miss New Zealand. One of the things I really miss is having a garden. I miss sitting outside with the newspaper eating my breakfast late on a Saturday morning. I miss being able to nip outside and snip some fresh coriander to garnish a dish of Thai food with. I miss the buzz of the bees in the lavender bushes. I miss watching the seasons change the clothes the trees are dressed in. And I miss the smell of freshly cut grass.

All New Zealand schools have huge fields and unless they are closed due to rain that is where we spent our breaks and lunchtimes when at school. We could rolly polly down hills, we could make daisy chains, when the grass had been cut we would gather it and make giant nests. When we were older we would play soccer or touch rugby and get grass stains on our uniforms. When it rained there would always be some asshole that would stomp the grass and get themselves and those around them wet and muddy. I feel sorry for Spanish children who only have concrete recreation areas in their schools.

The other day I was at my Galician friend’s house. He was mowing the lawn, the smell of freshly cut grass was in the air, the sounds of a mower breaking the peace of that Saturday afternoon but for me it was a symphony. My father mows the lawn every Saturday and if I closed my eyes I could imagine I was home. I sat down to watch my friend at work, taming nature. It was a pleasure. And then at the end of his labors he had these most glorious grass stains on his shoes.

 

*El texto y la foto son de Pippi Tetley.

 

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