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FERNANDO BARTOLOME PRESENTA 'CENIZA'

[Fotos de distintas épocas de Vigo de Pacheco.]

El profesor y escritor aragonés Fernando Bartolomé, afincado desde hace algunos años en Vigo y alrededores, como Nigrán, presenta mañana en Zaragoza, en el colegio Mayor Virgen del Carmen su último libro: ‘Ceniza’ (Beta, III Milenio, 2011). El autor de una biografía del Conde de Gondomar y de ‘Goya, príncipe del estrago’ estará acompañado por dos profesores y amigos como Ramón Acín y Mario Sasot. Fernando Bartolomé me envía esta reseña que le hizo Fernando Franco en ‘Faro de Vigo’. ‘Ceniza’ fue presentado en la ciudad gallega por Rexina Vega, la gran escritora Xina Vega, ganadora del Premio Xerais, una mujer de gran talento, lucidez y dulzura que ha explorada las duras historias de la Guerra Civil. Fernando Bartolomé, catedrático de Literatura Española y especialista en el Barroco (con 'Matar al rey' se acercó al mundo de Lastanosa) acaba de jubilarse y se define como el hombre más feliz de la tierra y del mar: "ahora me dedicaré a mi auténtica vocación: la literatura", me decía hace unos días.]  

                      

 

Entre las ruinas de mi inteligencia

 

                                                          

Por Fernando FRANCO. ‘Faro de Vigo’

Recuerdo este verso de Gil de Biedma cuando leo el último libro - Ceniza  - de Fernando Bartolomé, autor entre otros del celebrado Matar a un rey, novela negra ambientada en pleno Barroco, de poderoso pulso narrativo y de la biografía del Conde de Gondomar, El Maquiavelo español, texto definitivo y obligado sobre la vida y hechos del prócer miñorano.

Decía que el verso de Poemas póstumos sería bueno para resumir los nueve relatos de Ceniza, donde su autor en un magnífico ejercicio de memoria va recordando momentos, lugares y tipos que asaltan al lector con intensidad ardiente, con autenticidad lacerante hasta dejarle abrasado.

Dos notas sobresalen en una lectura que se apura desde la primera línea a la última página: la presencia del infortunio cotidiano, de la muerte como personaje y la piedad, la mirada compasiva y fuerte que el autor fija sobre sus personajes a muchos de los cuales les aguarda un  sino incierto cuando no fatal. Decía Cela que todos nacemos con los mismos cueros, pero que el destino juega con nosotros como si fuéramos de cera y nos destina por distintas sendas a un mismo fin: la muerte. Esto recordaba desgranando sin prisa los relatos de Ceniza, sujetos al bastidor del lenguaje cervantino de Bartolomé que conduce a sus personajes hacia las jugarretas del azar. Y es que el combate ineludible con el destino y el salir o no airoso de ese combate, así como la manera en la que quienes los protagonizan sucumban o no a esa lucha contra la propia conciencia o contra el medio hostil, es uno de los temas literarios favoritos de nuestro autor y en el que demuestra sagacidad  y temple para encandilar al lector.

En sus páginas hay de todo. Con pulso delicado y seguro se van trazando peripecias tan dispares como la compartida y amorosa disolución vital de la pareja de ancianos dependientes (Filemón y Baucis), el insensato duelo enológico de dos badulaques antagónicos (In vino ¿veritas?), la tragedia familiar del joven bibliotecario de la sinagoga de Mostar, contada en una tertulia provinciana de la provinciana Pontevedra (Sucedió en Mostar), el sadismo vesánico que provoca la absurda y angustiosa agonía de un sargento de milicias (Campamento San Gregorio), el tesoro navideño del Chato David azotando las calles de Vigo(Otro cuento (triste) de Navidad), la dolorosa insania de la joven madre Helena en las playas miñoranas  (Morituri), el humor que ya no asoma, sino manifiestamente se muestra en la lúcida inconstancia virginal de las tres hermanas zaragozanas (Bendita sea tu pureza), el indestructible valor de los mitos a pesar de sus creadores (El miliciano caído) o la infernal y apocalíptica fantasmagoría que asuela un pueblo de pescadores de ballenas (Punta Balea).

Un pero: algún relato merece novela y si no la escribe  no es por penuria de discurso y falta de habilidad, que ya está más que probada, sino por  sobra de pereza y si no léase El miliciano caído.

Es obligado reseñar el ámbito cercano de algunos relatos. La riqueza de muchas  descripciones de nuestro entorno: aquel Vigo inolvidable y no tan lejano de los años cincuenta y sesenta  o la sugerente pintura de una salvaje playa Ladeira, teatro trágico de una de las mejores historias. Sin duda Fernando Bartolomé es uno de los nuestros, conoce al dedillo cada esquina, cada recanto y taberna, como se decía no ha mucho tiempo.

[Esta foto creo que es Llanos, quizá la más famosa de todas ellas.]

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antoncastro

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