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Antón Castro

FERNANDO SARRÍA: UN DIÁLOGO

“‘El buril y la piedra’ es un libro de crisis”

 

Fernando Sarría publica su octavo poemario, que refleja el desencanto interior frente a la sociedad convulsa

  

Hoy es el Día Mundial de la Poesía. Fernando Sarría (Ejea de los Caballeros, 1957) se anticipó a la celebración. El miércoles de la semana pasada presentaba su octavo poemario, ‘El buril y la piedra’  (La fragua del trovador, 2013) en El Albergue de la calle Predicadores. Dice: “Un buril rasga mi corazón. / Soy una piedra”.

 

¿Cómo está organizado el libro?

-‘El buril y la piedra’ es un poemario que no tiene una organización interna predeterminada, un hilo conductor lineal. Es más, quizá se le pudiera achacar que adolece de eso,  ya que curiosamente es más bien una amalgama de poemas que se unen por sedimentación, por eso algunos temas vuelven a aparecer al cabo de varias páginas, entremezclándose unos con otros.

 

¿Cabría hablar de un mensaje específico?

-En conjunto es posiblemente un libro de crisis. Contra la crisis colectiva que desde hace tiempo empapa la sociedad creo que hay varias maneras de plantarse: unas buscan ser voz de las personas que salen a la calle, se manifiestan en foros, con pancartas, con pintadas en las paredes o cualquier otra manera de darse a entender contra las injusticias, todas muy loables por cierto y donde la palabra del poeta puede tener acogida...Yo, sin saber por qué, me he volcado en la introversión, en mirarme para dentro, plasmar preguntas que en realidad no son ajenas a nadie y que tienen que ver con las personas y la palabra como medio de comunicación de lo que nos pasa.

 

 

¿Ha querido componer un poemario sobre la soledad, la oscuridad, la contemplación?

-Hay mucha soledad en cada uno de nosotros. Quizás todo el poemario está hablando de ese yo que nos pregunta muchas cosas, cuando con serenidad nos abstraemos del resto de cosas exteriores, en un intento de contemplar en silencio,  percibiendo todo lo posible. Por ejemplo, cómo se suceden los acontecimientos atmosféricos y estacionales a lo largo del tiempo y como eso incide en mí.

 

 

Parece su libro más intimista. ¿Lo es?

-Pasa a ser el libro más intimista escrito por mí, es un hecho, porque creo que en este poemario sobre todo hablo para adentro en casi todos los poemas. Yo soy fundamentalmente el lector y el que habla: “Descanso y callo. / Cierro los ojos, apenas perceptible y mansa / cae la lluvia, deja heridas y lumbre en mi corazón”. Aunque es verdad que muchas personas que lo han leído se ponen en uno de los lados.  Así, es posible un diálogo más intenso entre el que escribe y el que lee.

 

¿Cómo está escrito en cuanto a lenguaje ‘El buril y la piedra’? ¿Cuál es su relación con el lector?

El lenguaje, en cuanto a vocabulario y estructura,  es sencillo, y quizás sea la búsqueda de  imágenes lo que más puede impactar en el lector que coja el libro y llegue a mis poemas por primera vez, y en ellas, en las imágenes, puede residir la única dificultad; pero aún así, el que tenga costumbre de leerme en las redes sociales estará familiarizado con ellas suficientemente.

 

Este es su octavo libro. ¿Cómo cree que ha madurado?

Decir si hay una maduración poética o no es complicado; pero sí es evidente un cambio en cuanto a lo que he buscado (o simplemente he encontrado), también en mi posición ante determinadas cosas. Lo cual quizás implique que estoy cambiando en mis posiciones poéticas o en mi manera de escribir. Sencillamente voy escribiendo sobre lo que en cada momento necesito y cómo lo necesito: “Escribo en el agua un nombre borroso / y me inundo de todos los recuerdos / en el breve instante en que vuelvo a ser arena”.

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