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Antón Castro

EL GRECO Y LA LITERATURA

EL GRECO Y LA LITERATURA

LECTURAS DE VERANO / 8

 

El Greco, el pintor enigmático que sedujo

a los poetas y a la Generación del 98

 

El profesor zaragozano Rafael Alarcón Sierra explica en un libro que la imaginación de los escritores reveló la modernidad del artista

 

Antón CASTRO

Doménicos Theotocópoulos, (Candía, Creta, 1541 -Toledo, 1614) ha pasado a la historia como el Greco y como uno de los pintores más fascinantes y enigmáticos de todos los tiempos. Fue considerado extravagante, anómalo, raro, loco. Vivió hasta los 26 años en Creta y durante una década en Italia: en Venecia estudió a Tintoretto y a Tiziano, y en Roma, a Miguel Ángel. Luego se trasladó a Toledo y allí vivió, trabajó y amó hasta su muerte. Fue más incomprendido que admirado durante años.

El zaragozano Rafael Alarcón Sierra, profesor de Filología Hispánica de la Universidad de Jaén, le ha dedicado un completo estudio: ‘Vértice de la llama. El Greco en la literatura hispánica. Estudio y antología poética’, que han publicado las Ediciones de la Universidad de Valladolid. El volumen ofrece dos partes muy claras: el rastreo literario –pero también pictórico, musical y cinematográfico- de este creador que fue comparado con Luis de Góngora y que fue señalado como el maestro y antecedente, en la escuela pictórica española, de Diego Velázquez. Y una copiosa antología, “nunca antes realizada”, tal como dice el autor.

Rafael Alarcón tomó el título de un poema de Rafael Alberti, ‘A la pintura’ (1948), dedicado al Greco que arranca así: “Aquí, el barro ascendiendo a vértice de llama”. La elección del profesor aragonés no parece casual: muchos autores de las vanguardias vindicaron el talento y la insólita personalidad del cretense. Un hecho clave fue la visita que hicieron a Toledo, en 1900, Baroja y Azorín, invitados por el periodista y gobernador civil Julio Burrell. Más tarde, en distintos contextos y fases, lo ensalzarían Unamuno, Valle-Inclán, Ortega y Gasset. Los autores de la Generación del 98 atisbaron de inmediato su compleja contemporaneidad. A ellos se sumaron importantes pintores como Darío de Regoyos, Santiago Rusiñol (también dramaturgo) o Ignacio Zuloaga, tan vinculado con Aragón a través de sus viajes por Alquézar, Barbastro o Fuendetodos. El Greco empezó a ser visto como “un anacronismo moderno” que desarrolló su labor en una ciudad de poderosa evocación e iconografía como Toledo, que también asume un protagonismo capital en este volumen repleto de datos, de anécdotas y de pies de página que son breves lecciones de cultura hispánica.

La otra gran aportación de Rafael Alarcón Sierra es la minuciosa antología de poemas que ofrece: desde contemporáneos suyos como Fray Hortensio Félix Paravicino (al que pintó), que le dedicó cinco sonetos, y Luis de Góngora hasta grandes poetas del siglo XIX y XX: Antonio Machado (al que ha editado el profesor zaragozano), Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, José García Nieto, Pablo García Baena... Hasta Rainer María Rilke, William Carlos Williams o Charles Bukowski, pongamos por caso, aluden a este artista contradictorio y misterioso que tiene un fogonazo permanente de modernidad. La imaginación de los escritores, sostiene el autor, “ha sido la que ha construido un Greco moderno”.

Rafael Alarcón Sierra resume para HERALDO: “De la suma de composiciones líricas que estudio podemos concluir que la observación, lectura e interpretación de las imágenes pictóricas tienen también su temporalidad y su memoria, que siempre son complejas y polirrítmicas, hechas de la suma de muy diversos factores, tanto históricos, estéticos y literarios como personales, conscientes o inconscientes”.

 

 

LA ANÉCDOTA

 

Camón Aznar. No hay muchos autores aragoneses en la antología, pero no podía faltar el historiador, profesor y escritor José Camón Aznar, que tuvo varios cuadros atribuidos en su museo zaragozano, hoy Museo Goya. Colección Ibercaja. Le dedica un soneto y lo cierra así: “Fuego, el color. Los ángeles son lumbre. / El mismo Dios pintado como cumbre. / ¿Y la Gloria? Un éxtasis de luz”.


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