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500 DÍAS. CASI UN CUENTO Y UN VIAJE

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500 DÍAS. ECOS DE FABEIRO E GUITARRAS Y UN VIAJE A ZARAGOZA


El pasado siempre vuelve. No se sabe por qué. A menudo para avanzar se necesita retroceder, inspeccionar la memoria, tomar aliento en los recuerdos. Ocurre no solo en la vida cotidiana sino en la política. En un viaje a La Coruña y a los mares nativos, me enteré de que un compañero de pupitre llevaba más de 500 días desaparecido, como ya he contado aquí. Su apodo era Fabeiro, un puro talento futbolístico, un goleador nato que probó en el Fabril y el Deportivo juvenil. Allí le prometieron el oro, el moro y algo de dinero hasta que le dieran un empleo, pero pronto se desesperó: quizá pensase que el mundo estaba contra él. En vez de aplicarse y de exigirse más, mucho más, buscó culpables en el entorno, se dejó arrastrar por los cantos de sirena y acabó jugando en el Campanal de Loureda, un conjunto modesto donde se desvaneció su ambición poco a poco. Fabeiro vivió de prisa, fue padre, volvió a serlo y un día se convirtió en una promesa interrumpida. En 1980, con Lamas, su compañero de equipo y un extremo virtuoso que se ondulaba el pelo rubio con un peine de cuchillas, y algunos jóvenes más de Arteixo –ya saben, el pueblo de Arsenio Iglesias, de Zara, de ‘La Voz de Galicia’-, se vino al Pilar. Todos fueron a las carpas, disfrutaron y acabaron por todo lo alto en las vaquillas. Pernoctaron en una fonda de San Pedro Nolasco, El Descanso, que aún existe. El sábado anterior al partido, tal vez, Lamas –que lleva media vida viniendo a las fiestas del Pilar y es el perfecto enamorado de Zaragoza; el amigo Xabier Maceiras me acaba de poner en contacto con él- recibió una llamada del presidente del club, Paco ‘El Cubano’. Él sí había anunciado su ausencia, pero no la joven estrella. “¿Está Fabeiro contigo?”, le dijo. “Sí, está aquí a mí lado. Y dice que llegará para jugar”. El presidente le dijo que no se diese prisa, que le daba descanso ese domingo y tres o cuatro más. Lamas había sido el conductor del coche y acaba de revelarme que aún no tenía carné. Aquella fue una hermosa y loca aventura y quizá una epifanía de la juventud perdida de Fabeiro. Y quizá de la mía: estábamos los dos muy cerca, en la misma ciudad y quizá en el mismo concierto, no nos vimos y aún no hemos vuelto a vernos.

*La foto no es de Fabeiro, pero sí de otro gran goleador: Just Fontaine. Este texto apareció hace un par de domingos en mi sección 'Cuentos de domingo'. Confirmé algunos dato en conversación telefónica con José Antonio Lamas, 'Guitarras'.

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