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MARIANO ANÓS: TRES POEMAS

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Mariano Anós es actor, director de teatro, pintor y poeta, entre otras cosas. Acaba de publicar un nuevo poemario, 'Sitios Saragosse' en el sello Lastura. Ayer, en el ciclo Parnaso 2.0, leyó varios poemas. Entre ellos, el primero que aparece aquí. Me ha mandado, con su cortesía habitual, tres textos de su nuevo libro. 

 

EL CORO DE LOS HÉROES MUERTOS

 

 

Pero nosotros cánticos y honores: eso recibiremos.

Cánticos y honores, nosotros, los héroes muertos de la muerte

natural de la guerra.

Retumbar de tambores, estridor de trompetas y también:

Rimas, nombres de calles, sesiones académicas, medallas.

Cataratas de frases rimbombantes donde chorrillos era mísera la

sangre.

Hace frío.

Hay ruinas de sudores,

excrementos del miedo,

cascotes de los tímpanos del héroe

donde el cantar, donde el amor, donde la risa había,

donde la tregua del escalofrío

o el trémulo mirarse de los atardeceres a la vera del río del otoño.

Agujeros el héroe, agujeros de piedra sin paisaje,

agujeros el cuerpo, los ojos, la camisa, la muerte de los héroes

 muertos.

Cordilleras de cuerpos como piedra reventada,

atronados de oír no sonidos triunfales ni espantosos: sólo ecos,

remotísimos ecos de tormentas de tiempos imposibles,

memoria desollada de cráneos sin memoria:

que el estruendo del héroe consiste en perder toda memoria

para memoria sólo de los otros no mudos, no sordos, no inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la historia,

material de silencio.

Callad pues. Sólo fluyan océanos y ríos y gotitas de niebla sigilosa.

Propáguense agujeros llenando las palabras una a una

y llenando las pausas, el aliento, los músculos del verbo.

Y las admiraciones: ¡por favor, agujeros en las admiraciones!

Hablen los agujeros de la Historia,

la Historia de la Muerte universal, de la Peste universal, del Heroísmo

universal:

la estúpida Maestra de Muerte y de Peste y de Heroísmo.

Por eso se hablará pero no hablará nadie.

El teatro hablará. El teatro que no es nadie.

El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo.

Hablará la memoria ardiendo sola.

Hablarán cuerpos mudos, sordos, inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la Historia,

material de silencio.

 

 

 

GALERÍA DE PERSONAJES: EL EBRO Y EL MAR

  

EBRO.- Galería de personajes: el Ebro.

Si digo yo, ¿quién digo? Si digo río, si digo Ebro,

¿digo sólo fluir de lo que es otro?

¿Digo sólo miradas que me hayan recorrido?

¿Hablo sólo de sueltos chapoteos bulliciosos gozando del rigor de los

agostos

que me han hecho creer en el sueño de la vida como un río?

Dicen Ebro y me cantan soltando a chorro el aire los pulmones,

vibrando enrojecido en gargantas, en lenguas, en encías,

en dientes que dejaran por cantarme de apretarse.

Ah cráneos, cartílagos y músculos de aquellos que, en el río que era

otro,

en hermoso desorden saltaban en batallas de amores ruborosas,

aquellos cuyas pieles relucían al sol de los agostos

recamadas de gotas que no fueron a dar en la mar.

Yo sordo los escucho, yo olvido los recuerdo

cuando ahora me cantan con un aire muy otro, con odio y con pavor,

marchando estupefactos a tareas de matarse.

Y yo ciego contemplo la sangre que me crece

y la arrastro hasta el mar.

 

MAR.- Galería de personajes: el mar.

 

EBRO.- El mar, el mar, el mar, el mar, el mar:

el personaje ausente que es siempre el personaje verdadero,

el que tiene razón, el que vigila, el que calla por nosotros,

el que dice la muerte sin objeto, el peor, el incesante, el que faltaba.

 

MAR.- Sí vigilo, sí callo, sí falto estrepitoso interrogando,

me inmiscuyo, me estrello, me encrespo de romperme como antiguo

oleaje de la muerte.

Remota Zaragoza, tú, personaje ausente.

Tú Ebro que no existes, tú me vienes con cárdena memoria.

Tú deyección de memoria podrida, tú desagüe estentóreo de sangre,

tú diario de espectros como todos los diarios,

tú me quitas el sueño sin tregua en mi tarea de engullir la basura del

mundo,

excremento de industrias de codicia,

cementerio de vida envenenada.

 

EBRO.- Sí, yo te llevo, yo nadie, yo sucia comitiva de la muerte,

yo borbotón de lágrimas de madres antiguas como lágrimas de

mármol.

Tú bálsamo de brea, tú amoroso perfume de salitre.

Yo te alimento sin cesar de los restos del naufragio de la tierra,

naufragio  de los hombres afanados en tareas de tener,

en tareas abyectas de tenerse,

en tareas de un tiempo medido por batallas, por huesos calcinados,

por relojes de lágrimas en punto.

 

MAR.- Sí, yo remoto, yo nadie, yo sacudo, yo arrastro las noticias de la

nada,

yo pálido clemente recojo la furia de la piedra de los días

y vuelvo suave arena, consejera de nadie, minúscula advertencia

que cae entre los dedos de nadie y que cae en los oídos de nadie y

nadie escucha.

Sólo la estridente gaviota se escucha, la más cruel, la del pico

ensangrentado.

Sólo las noticias se escuchan estridentes, las noticias

que son siempre noticias de la guerra.

Nadie lee la música que escribo con arena sobre arena,

la música de arena.

Nadie escucha la música que toco con olas sobre olas,

la música de olas.

Tú, Ebro, tú emisario de la sangre,

tú que vienes y vienes y no vuelves, vuelve por una vez

y llévales que lean mi música de arena y que escuchen mi música de

olas.

 

EBRO.- Yo no leo, no escucho, no vuelvo, no sabe, no contesta, no

existe.

Yo sé lo que no existe y yo sé lo que existe demasiado.

El resto se evapora y se evapora la memoria y Zaragoza se evapora

para siempre.

Yo soy lo que no ha sido y ya se ha ido para siempre.

Soy lo que todo el mundo sabe: soy tú, mar, somos el líquido teatro de

la muerte.

 

PREGUNTAS A LOS MUERTOS

 

 

Vosotros que estáis fuera descansando de este circo de estúpidos horrores,

vosotros que estáis muertos, ¿tenéis sueño?

Vosotros que no andáis a grandes pasos entre ratas hambrientas,

¿sabéis si va a haber siempre emperadores?

¿Oís vosotros, azaroso público,

las pausas que permiten distinguir las heridas de los besos?

Vosotros que no sois, ¿tejéis bufandas?

¿Habéis hecho, vosotros que no tenéis bandera,

recuento de gusanos victoriosos?

¿Sudáis vosotros ciegos si amanece?

¿Podéis desconocer, vosotros sin recuerdo,

la muerte de uno solo de los vivos?

Vosotros sin palabra, ¿tenéis tiempo?

Vosotros que estáis muertos,

¿soñáis como nosotros con la vida?

 

 

*Mariano Anós en 'Sigue la tormenta'.

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