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DIÁLOGO CON EL ESCULTOR JAVIER SAURAS

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“No he querido hacer una exposición antológica aunque que se acuerden de ti para ofrecerte esta sala es algo muy grande. Es el museo Pablo Gargallo y Pablo Gargallo es un icono no solo para Aragón, es un icono de la escultura universal. Cuando me formé en los años 60 lo tenía muy presente porque como hice la carrera en Barcelona y en Barcelona hay tanto de Pablo Gargallo… Cuando te ofrecen esta sala te sientes bastante abrumado y orgulloso al mismo tiempo. Podían haberse acordado de mí y también no haberse acordado”, explica el escultor e inspector de educación Javier Sauras, que acaba de inaugurar una de sus exposiciones más importantes en las tres salas del Museo Pablo Gargallo: 'Sicvt Lvna Perfecta. Sculpturae MMXVII'.

AC: No es una antológica, pero ¿cómo definirías la muestra?

R: Es sobre todo una exposición de obras recientes, pero he querido poner algunos pellizcos del pasado. Algunas referencias al pasado, casi guiños. Lo que sí he hecho es algo que para mí tiene mucha relevancia, todas las piezas de hierro fundido que tengo son de Averly. Y ya sabes que yo a los Averly y a Doña María, su propietaria, los he apreciado muchísimo. Son todas de Averley y todo lo de Averly lo he puesto junto en la primera sala.

AC: ¿A qué años corresponden estas piezas?

R: No son recientes. Hay desde principios de los 80 hasta 2003 o así. Luego la empresa empezó a decaer, hubo ahí muchos asuntos y conflictos…

AC: Si tú me tuvieras que decir qué escultor eres o qué escultor has querido ser, ¿qué me dirías? ¿Qué te ha preocupado, la línea, la curva, el trabajo?

R: Para mí la escultura tiene un aspecto filosófico y espiritual muy grande. No en vano, el arte funerario está apoyado en la arquitectura monumental y en la escultura. A mí siempre me ha interesado la forma exenta y la forma exenta en un espacio, a ser posible grande. Casi siempre he tenido aspiración de hacer algo monumental, de hacer trabajos pensando en tamaños grandes. Y luego está la depuración geométrica, además yo creo que se puede encontrar mucho sentimiento en el arte más ascético.

AC: ¿Has disfrutado mucho del taller?

R: Muchísimo, además escribo sin parar. Tengo un cuaderno de taller que no se acaba nunca y es mi desesperación porque no consigo nunca pasarlo a limpio. En ese cuaderno hay poemas, reflexiones, ensayos o embriones de ensayo. He escrito bastante sobre el arte.

AC: ¿Y cuál ha sido tu obsesión en cuanto a la figura?

R: Me ha interesado mucho el reto del relieve. Porque el relieve es una parcela de la escultura en el que la gente no se fija mucho, pero técnicamente es muy difícil. Y cuanto menor es el relieve, más bajo, más difícil es, porque ya llega a tener unas coincidencias con el dibujo muy grandes. En esos casos hay que hacer mucho esfuerzo para que el dibujo tenga coherencia.

AC: ¿Esta sería tu exposición más importante o especialmente emotiva?

R: No sabría decirte. Aparte de que me da bastante vergüenza y me da bastante vergüenza dar explicaciones, cada vez que expongo es el último momento. No querría pensar en un aspecto más oscuro que tiene para mí exponer a los 72 años. Yo le veo las orejas a muchas cosas.

AC: ¿Tienes la sensación de que es algo especial para ti, primero en este lugar, en este espacio…, algo parecido a una culminación?

R: Para mí Gargallo es el padre de la escultura contemporánea con Brâncuși. Pero sí, en ese sentido es muy especial. Y claro es que es un escultor español con una gran dimensión internacional. Todo ello, mi trabajo, su obra, el momento tan particular, todo ello, insisto, hacen más especial esta muestra.

 

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