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MAR TRALLERO: VIDA, LIBROS Y EXILIO DE MARÍA DOLORES ARANA

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Vida, libros y exilo de María Dolores Arana

 

La escritora vasca, que vivió dos décadas con el escritor zaragozano José Ramón Arana, ha sido objeto de una tesis de Mar Trallero

 

Antón CASTRO

La profesora Mar Trallero (Barcelona, 1975), que reside actualmente en Pensilvania, Estados Unidos, leyó hace unos meses una tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona sobre la escritora María Dolores Arana (Zumaya, Guipúzcoa 1910-Hermosillo, México, 1999), que vivió durante dos décadas con el escritor aragonés José Ramón Arana (1905-1973), con quien tuvo dos hijos: Federico y Juan Ramón.

Cuenta Mar, que está vinculada con Samper de Calanda: “Fui a México DF a hacer la investigación para un trabajo sobre el exilio femenino de 1939 e hice muchas entrevistas a mujeres refugiadas. A María Dolores Arana no se la pude hacer porque ya hacía algunos años que había fallecido, pero me habló de ella James Valender, yerno de Paloma Altolaguirre, hija de los poetas Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, y gran estudioso de la poesía del exilio republicano español de 1939. Yo le comentaba lo que había encontrado en las entrevistas y él me habló de Arana como la persona que aglutinaba todas aquellas circunstancias que habían sufrido las distintas mujeres españolas en México, de manera esporádica o parcial”. Mar Tralleró pensó que a través de la autora de ‘Canciones en azul’ (Cierzo, Zaragoza, 1935), se podía explicar muy bien el caso diferenciado de la mujer refugiada de 1939 en México.

“El hecho también de tener unas conexiones tan intensas con algunos personajes de renombre la hacía más interesante. Luego, el extraordinario paralelismo con su amiga Concha Méndez terminó de fascinarme”. Además de Concha Méndez, poeta del 27, tuvo contacto con Luis Cernuda, al que admiraba mucho y fueron buenos amigos, con Manuel Altolaguirre, con Octavio Paz y con Camilo José Cela, con quien se carteó en los años 60 y le publicó textos en ‘Papeles de Son Armadáns’.

Fue clave su conexión zaragozana, especialmente antes de la Guerra Civil. Explica Mar Trallero: “El poeta, libreto y galerista Tomás Seral y Casas la introdujo, seguramente a iniciativa de otro colaborador, en ‘Noreste’, una revista literaria de calidad y reconocida. Por lo tanto, ello hizo posible que a Arana se la conociera y se la considerara en buena medida como promesa de la poesía, algo que la guerra truncó por completo”. Sería aquí, en Zaragoza, donde publicó su primer libro, con ecos de la poesía popular y Góngora, filtrado un poco por Gerardo Diego. El dibujante y arquitecto Federico Comps le hizo un retrato.

“No creo que María Dolores se estableciera nunca en Zaragoza, aunque cabe esa posibilidad porque los años de la República, en su vida, permanecen muy oscuros, desconocidos. Ella estudió para formar parte del cuerpo de aduanas, y consiguió entrar como funcionaria en el cuerpo auxiliar de aduanas, pero la plaza que tenía cuando estalló la guerra era la de Irún. A causa de la toma franquista del territorio, la trasladaron a Barcelona”. Parece más que probable que fuese allí donde conociera a José Ramón Arana, que entonces era sindicalista y usaba su auténtico nombre: José Ruiz Borau. El futuro autor de ‘El cura de Almuniaced’ era primo del escritor y cineasta José Luis Borau.

 “Podrían haber coincidido en Barcelona o Zaragoza, pero no creo que hubiera pasado de un encuentro más bien casual. Durante la guerra fue cuando se conocieron bien e iniciaron su relación, que tuvo que ser apasionada en un principio por lo menos”. Se fueron juntos de España porqué tenían muchas posibilidades de ser represaliados. “Ella, con una familia franquista que la pudiera avalar, quizás lo tenía más fácil para quedarse. María Dolores amaba profundamente su tierra, pero se fue con él y, pese a las extremas dificultades (embarazada, sin recursos monetarios, con el miedo a la detención, con el ingreso de Ruiz Borau en un campo de refugiados) desoyó los ruegos de su familia y se marchó a América. Él, casado con Mercedes Gracia y con cuatro hijos pequeños a los que dejó cerca de Barcelona, cambió su identidad para crear una nueva”. Pasó a ser José Ramón Arana, y decía que era periodista y nacido en San Sebastián.

La vida no fue nada fácil. José Ramón Arana fue recluido en un campo de concentración en Francia, y María Dolores hizo lo indecible para ayudarlo a salir. Al fin lograron instalarse en México. José Ramón creó diversas librerías (como contó Simón Otaola en ‘La librería de Arana’) y fundó varias revistas y mantuvo su actividad política. “Ella se dedicó a sacar las castañas del fuego de la familia. Hacía mil y un trabajos para poder subsistir (vender colonia, coser muñecas, dar clases de piano...) y aún así sacaba fuerzas para continuar escribiendo poesía, y colaborando gratuitamente en revistas del exilio, fundadas por su marido, para no perder aquel primer atisbo de compromiso literario que había adoptado en España”. En 1953 publicó, con prólogo de Concha Méndez, su segundo poemario: ‘Árbol de sueños’, de lírica intimista y un tanto pesimista.

En 1960 María Dolores y José Ramón se separaron. El escritor tuvo otro hijo, Veturián, con su nueva compañera: la profesora de música Elvira Godás. Con esta pudo hablar Mar Trallero y le contó su inmensa desolación tras la ruptura. En 1966 publicaría ‘Arrio y su querella’, una historia de la filosofía cristiana, y en 1987 una insólita novela: ‘Zombies. El misterio de los muertos vivientes’, que obedecía a su interés por el vudú y el recuerdo de unos meses en La Martinica.

“MDA era una mujer con una extraordinaria capacidad intelectual, pero pese a ello con muchas inseguridades que explicaban un carácter más bien tosco, muy introvertido, muy vasco según me han dicho varias personas vascas. Era una mujer muy exigente, con ella misma y con los demás, también enormemente honesta y generosa en la amistad”, resume Mar Trallero.  Era tan humilde que fue el bibliófilo José Luis Melero quien le mandó a su hijo Federico la fotocopia del primer libro: ‘Canciones en azul’, del que no sabía nada.

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón.

 

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