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11/08/2009
ÓSCAR ESQUIVIAS: UNA ENTREVISTA

Hace algo más de una semana, estuve en A Coruña. Llegué el sábado por la noche y regresé a Zaragoza el domingo por la mañana. Iba a buscar a mi madre. Tuve tiempo de pasar un instante por la Feira do Libro y me paré en algunos sitios. Vi la caseta de la espléndida editorial Ediciones del Viento de Eduardo Riestra, a quien invité hace algunos años a un encuentro de editores en Albarracín en 2006, y me paré un instante a curiosear en su catálogo. De repente, vi el libro ‘La marca de Creta’ de Óscar Esquivias, un escritor al que había seguido a raíz de ‘Inquietud en el paraíso’. Vi, además, que el volumen, que me había pasado inadvertido, había recibido el premio Setenil al mejor libro de relatos de 2008. Saludé a Eduardo, que es un hombre simpático y bondadoso, con gran conocimiento de su oficio y de la literatura, y compré el libro. Me deslumbró por completo. Esta mañana he recibido en mi blog la visita de Marta María López, de Asturias, que posee un fino sentido literario y es una apasionada del relato breve, y eso me atrajo hacia su blog, www.eldesvandeloslibros.net, que ya había visitado en otra ocasión y me encontré con esta interesante entrevista a Óscar Esquivias. Lo tomo aquí prestada por si alguien no la hubiera visto en el blog de Marta y le envío mi felicitación a ambos: a Óscar y a Marta. Después de leerla, releo otra vez ‘Maternidad’…
ENTREVISTA CON ÓSCAR ESQUIVIAS
Por Marta María LÓPEZ. El desván de los libros
Óscar Esquivias (Burgos, 1972) ha escrito novela, ensayo, cuento y poesía. Codirigió la revista El Mono de la Tinta y fundó y dirigió Calamar. Ha ganado premios como el Letras Jóvenes de Castilla y León, el Arte Joven de la Comunidad de Madrid, el Premio Ateneo Joven de Sevilla y el Premio de la Crítica de Castilla y León. Hace pocos días se le concedió el V Premio Setenil al mejor libro de relatos por La Marca de Creta (Ediciones del Viento).
1. Antes de nada, Óscar, quiero darte la enhorabuena por el Setenil. El título de tu libro de relatos, La marca de Creta, hace referencia a esa piedra blanca que usaban los romanos para marcar sus días felices. Es también el título del relato que cierra el libro. ¿Por qué elegiste precisamente ése?
Muchas gracias por la enhorabuena, Marta. Estuve dudando entre titular el libro «La fiesta más divertida» o «La marca de Creta». En el fondo ambos evocan lo mismo: un momento de plenitud, de felicidad. Creo que finalmente me quedé con «La marca de Creta» porque suena más misterioso.
2. Estos relatos habían sido publicados en varias revistas españolas y americanas y tú los seleccionaste para agruparlos en este volumen. ¿Qué criterio seguiste para esta selección?
Primero elegí los cuentos que me parecían mejores entre los que había escrito durante los últimos quince años. Después, busqué los que tuvieran cierta afinidad: me interesaba que el libro fuera algo más que una mera antología o acumulación de textos, que poseyera alma propia.
3. En la mayoría de estos relatos aparece Burgos, pero da la impresión de que es un Burgos que se recupera desde el recuerdo, a veces desde la añoranza y otras veces desde la angustia, ¿es así?
Ahora vivo en Madrid, pero Burgos ha sido el escenario más importante de mi vida y también de mi literatura. En esta ciudad tuve todas las experiencias importantes que han conformado la persona que soy. Guardo de la ciudad y del pueblo de la provincia donde me crié recuerdos muy intensos y variados que son los que se reflejan en mis cuentos (aunque los sentimientos de mis personajes no son necesariamente los míos, claro está). En cualquier caso, Burgos me ha resultado siempre un lugar muy inspirador.
4. Uno de los temas más recurrentes del libro (y uno de los más interesantes) es el del muchacho que se marcha del pueblo y encuentra la libertad (Hijos de Dios, La fiesta más divertida) o el muchacho que se queda en el pueblo mientras todos se van y una sensación de soledad, ahogo y extrañamiento lo domina (Septiembre). El pueblo es como una tenaza y la libertad sólo se encuentra lejos de allí. Hay que marcharse para poder ser quien uno es.
Sí, cuando las expectativas del entorno inmediato no coinciden con las íntimas de una persona y uno se ve incapaz de modificar tal entorno. Todos sabemos cómo la presión familiar o social puede anular la vocación de una persona o sofocar sus aspiraciones vitales más íntimas (su sexualidad, por ejemplo). Aparte, a lo largo de mi vida he tenido siempre gustos contradictorios: por una parte, soy una persona sociable y me gusta el trato con la gente; por otra, amo la soledad y el silencio y necesito periodos de retiro y aislamiento. A mí me encanta volver al pueblo y pasar allí largas temporadas (sabiendo, claro está, que puedo irme cuando quiera).
5. Me parece muy interesante el modo en el que muestras las relaciones de pareja, el silencio y la costumbre, el desconocimiento del que tenemos al lado, el instante en el que todo se rompe irremediablemente. Estoy recordando ahora La reina del puré y también uno de mis relatos favoritos del libro, El origen de las especies. Este cuento es maravilloso y engancha desde el inicio, con esa pareja que no es capaz de hablar de su relación sin que vuelen las cacerolas y se dedican a hablar de las hormigas que les están invadiendo la casa.
A mí me interesan mucho las relaciones humanas y, dentro de ellas, las de pareja, que son en las que depositamos nuestras mayores esperanzas de plenitud y felicidad. La degradación de ese vínculo, cómo la convivencia de ciertas parejas se convierte en un continuo reproche y desata una violencia más o menos soterrada es algo que me ha atraído siempre como argumento literario.
6. ¿Cuál es tu relato favorito del libro y por qué?
Me gusta mucho leer en público «Maternidad» y me conmueve especialmente «La fiesta más divertida».
7. Muchos de tus personajes son adolescentes, tanto en cuentos como en novelas (las que tienen como protagonista a Étienne). ¿Por qué te interesa tanto la adolescencia?
Supongo que porque todavía me siento un adolescente, y esto no lo digo con ironía: me siento más cerca de ellos que de las personas de mi generación que tienen planes de pensiones y acciones de bolsa. La adolescencia puede ser un periodo turbulento, pero también luminoso, lleno de intuiciones, de energía.
8. Has tocado casi todos los géneros literarios. ¿En cuál te sientes más cómodo? ¿Qué inconvenientes y que virtudes encuentras en cada uno de ellos a la hora de dar forma a las ideas?
Me siento muy cómodo en el cuento y en la novela, y muy incómodo en la poesía. Yo no elijo la forma literaria de mis textos: cada idea reclama un desarrollo distinto y cuando me veo escribiendo versos pienso «esto no es lo tuyo, Óscar», pero no puedo evitar hacerlo (por fortuna, la musa poética me visita muy rara vez). En general, me siento feliz cuando se me ocurren ideas para cuentos porque el resultado es inmediato. Las novelas dan muchas satisfacciones, pero requieren un trabajo mucho más largo y constante. Lo que más me interesa ahora mismo es el teatro.
9. Por último, Óscar, ¿cuáles han sido los autores y las obras que más te han marcado?
Hay muchos libros que me han entusiasmado: desde niño he sido muy sensible al encanto de una historia bien contada y siempre me he sentido feliz leyendo. Mis libros favoritos durante la infancia fueron los de Julio Verne (sobre todo La isla misteriosa y Miguel Strogoff), El libro de la selva de Kipling, El conde de Montecristo de Dumas y muchos más que sacaba prestados de la biblioteca pública de mi barrio, todos de ese corte aventurero y exótico. Más tarde, en la adolescencia o la juventud, llegaron a mis manos Crimen y castigo de Dostoievski, el Viaje al final de la noche de Céline, Cuento de hadas en Nueva York de Donleavy, Boquitas pintadas de Manuel Puig, Lo prohibido de Galdós o La peste de Camus. Me gustaría pensar que hay algo de estos autores en mis obras (y también de Clarín, Baroja, Unamuno, Gómez de la Serna, Bolaño, Stendhal, Flaubert, Queneau, Bassani, Natalia Ginzburg, Bufalino, Carson McCullers, Vargas Llosa... a todos ellos les he robado algo).
*Ilustro la entrevista con un retrato de Óscar Esquivias, realizado por el dibujante, pintor y videocreador Pablo Gallo, un gallego residente en Bilbao.
17/03/2009
ENRIC JULIANA: DIÁLOGO SOBRE 'LA DERIVA DE ESPAÑA'

Ayer los alcaldes Jordi Hereu, de Barcelona, y Alberto Ruiz-Gallardón, de Madrid, presentaron el libro ‘La deriva de España’ de Enric Juliana, que ha publicado RBA. He entrevistado a Juliana para ‘Heraldo de Aragón’ (ofrezco aquí la entrevista completa) y éstas son sus respuestas. La foto, del acto de ayer, corresponde a J.J. Guillén de la agencia EFE.
-¿Qué hace un marinero como usted en la tierra seca de Madrid?
-Lo de marinero supongo que lo dirá usted porque nací en Badalona, ciudad mediterránea que tuvo en 1979 un gran alcalde aragonés: Mario Díaz (Màrius, para nosotros), hijo de Barbastro. Desde la primavera de 2004, hace de ello cinco años, dirijo la redacción de ‘La Vanguardia’ en Madrid y escribo crónica política, que es un género periodístico muy abierto. Y observo. Básicamente observo esa gran ciudad-Estado que es Madrid. Es decir, observo la gran paradoja del estado de las autonomías: el centro, más fuerte que nunca.
-¿En qué consiste ser un observador de media distancia, como le definen y se define?
Escribo para el diario de referencia de la segunda ciudad de España, Barcelona. E intento aplicar el método de la ‘media distancia’ que aprendí siendo corresponsal en Roma. ¿En que consiste este método o actitud? Consiste en sentirse extranjero sin serlo del todo. Consiste en mirar las cosas como si no te perteneciesen. Consiste en buscar tu propio espacio -periodístico, por supuesto- si arrimarte más de la cuenta a la política politizada. Una vez, Juan José Millás, en plena agitación madrileña, me dijo: “Escribes sobre la política española como si fueses el corresponsal de guerra de un diario de Estambul”. Le respondí al buen amigo Millás: “La mirada distante también puede ser una mirada española”.
-Dice usted que no es nada apocalíptico y que ‘La deriva de España’ nada tiene que ver con el naufragio de España. ¿Cómo debemos entender el título, cuál es su idea general?
No creo que España esté naufragando. No dispongo de datos que me permitan llegar a tal afirmación. No comparto el viejo tenebrismo hispánico, en el que siempre ha habido mucho teatro y mucha exageración barroca. El país se halla en un momento económico muy delicado; posiblemente nada volverá a ser como antes y muchas cosas importantes deberán ser replanteadas. El frenazo económico ha pillado a la sociedad española tan de improviso, que en estos momentos las notas dominantes son la perplejidad, la desorientación y unas primeras señales de irritación y profundo desasosiego. Algo de ello ya ha encontrado reflejo en las elecciones gallegas. No tanto en las elecciones vascas, dada la singularidad y el privilegio fiscal de Euskadi. “La deriva de España” significa que el país se halla en estos momentos sin un rumbo preciso en medio del más grave temporal económico vivido desde el final de la Guerra Civil. Puede recuperarlo, o puede quedar al pairo, si en el puente de mando no se toman las decisiones adecuadas. Con todo, mi libro no es un alegato, ni un llamamiento dramático a la salvación nacional. Es un intento de ir más allá de los límites que impone la crónica diaria, para dibujar una panorámica del momento español. Una panorámica que intenta ser rica en detalles e ideas; ideas en forma de paradoja, mayormente.
-¿Qué nos dejó el aznarato?
Un modelo de crecimiento económico que ahora amenaza colapso y el intento fallido de construir una alianza preferente con Estados Unidos en detrimento de la Unión Europea. Aznar ha sido uno de los exponentes más beligerantes de la ideología neoconservadora, hoy derrotada en Estados Unidos. Es un hombre inteligente, con un carácter que no le ha ayudado a conseguir sus objetivos políticos. Todavía no sé por qué puso los pies sobre la mesa en aquella reunión con Bush; por qué casó a su hija en el monasterio de El Escorial, lugar propio de la realeza, y por qué no pidió consejo fuera de la olla a presión de la Moncloa entre el 11 y el 14 de marzo de 2004.
-Habla usted del ‘misterio Zapatero’ ¿En qué consiste?
Muy poca gente conoce cómo es Zapatero. De todos los presidentes de Gobierno que ha habido en España de 1977 es el que tiene un manejo más frío de la política. Más que Aznar, mucho más que a Aznar. Le gusta el juego político, en sí mismo, disfruta sobremanera con él. No se angustia. Y esa falta de ansiedad ahora puede traicionarle.
-Dice: “Un núcleo rocoso se esconde bajo tanta flexibilidad y tanto deleite por la astucia”. ¿No estará exagerando?
Zapatero vive la política como una profesión, lo cual no quiere decir que carezca de rasgos mesiánicos, que también los tiene. Su meta era llegar a presidente y lo ha conseguido. Quería instaurar una nueva manera de gobernar el país y en alguna medida lo ha conseguido. El PP puede que regrese al Gobierno en la próxima legislatura. Si ello ocurre, Mariano Rajoy –que será el candidato- asimilará algunos rasgos del ‘zapaterismo’. Puede estar seguro. Si quiere, cruzamos una apuesta.
-Al presidente le aplica otra de sus frases de inspiración marina. “Zapatero se desdibuja con la furia de las olas”. ¿Es así como lo ve en medio del mar de la crisis?
En la anterior legislatura, a Zapatero siempre le costó mucho mantener la iniciativa. Ahora mismo ha vuelto a perderla. Lo cual no le impide ganar elecciones.
-Todo el libro se mueve en la paradoja permanente, cuando no en la esquizofrenia. Dice usted que vivimos entre dos polos: el apego a lo local y a la vez la deslocalización. ¿Podría explicarse?
No sé si esquizofrenia es la palabra. Vivimos en una época basada en la dislocación. Nada está en ‘su’ lugar por mucho tiempo. La incertidumbre excita el apego a lo ‘nuestro’ (véase la pelea diocesana entre Lleida y Barbastro) y la nueva dimensión económica y virtual del mundo nos aleja de lo que un día creímos nuestro
-En esa dirección, también anuncia una caída de los nacionalismos y un auge de los regionalismos…
Mire, en España, hoy en día, regionalistas, lo son todos. Los somos todos, me atrevería a decir. El PSOE es regionalista en Aragón. Lo es también, -¡y de qué manera!-, en Andalucía. El PP es hoy el gran partido regionalista de Valencia. La señora Esperanza Aguirre actúa como regionalista madrileña. Habla que parece salida de ‘La verbena de la paloma’. El nacionalismo es un regionalismo con más antigüedad, con más trienios, con más acreditación histórica, con más voluntad de ser, probablemente. La experiencia de estos últimos años muestra que la excitación nacionalista pierde apoyo social cuando traspasa un cierto umbral retórico y siembra incertidumbre en la sociedad que dice defender. Así acaba de ocurrir en el País Vasco. Pero los nacionalismos no van a desaparecer: son un elemento constitutivo de la moderna identidad española, entendida esa en un sentido amplio y generoso.
-¿Qué parece ese otro mito, fabricado por Aznar: la balcanización? ¿Existe, ha sido una cortina de humo?
Como buen neoconservador, Aznar empleó a fondo el método de la polarización. Tensar, tensar, tensar… para aglutinar a los tuyos. Y no hay mejor aglutinante que el miedo. Balcanización significa riesgo de guerra civil. España no está, ni ha estado en riesgo de romperse. Y es perfectamente legítimo que haya gente que defienda programas de independencia, respetando las reglas democráticas. A mayor capacidad de integración de la democracia, mayor unidad real del país. Los materiales más flexibles suelen ser los más resistentes.
-Dice usted que “la estrategia de la tensión del PP ha sido efectiva”. ¿En qué o por qué?
La estrategia de la tensión del PP en la anterior legislatura no consiguió ganar las elecciones, pero si alcanzó uno de sus objetivos: impedir que Zapatero abriese un surco muy profundo en la sociedad española y se convirtiese en el Felipe González del siglo XXI. Estos días parece evidente que Zapatero tiene tener problemas de profundidad y amarre.
-Otra de las paradojas persistentes del libro: dice José Juan Toharia que ‘España es el país más optimista de Europa’ ¿Lo suscribe usted?
El sociólogo Toharia dice que la España democrática es una historia de éxito. Y tiene razón. Con todos sus defectos y precariedades, España ha dibujado una curva ascendente en los últimos treinta años. La creencia de que las cosas pueden mejorar, ni que sea a largo plazo, sigue siendo dominante incluso ahora, en plena crisis. Toharia dice que un país así, no cae en el pesimismo fácilmente, y yo lo suscribo. En Galicia, la tierra del escepticismo, la desconfianza y el desapego, según la mitología hispánica, ¡un 70% de la gente ha ido a votar estas últimas elecciones! Se sentían comprometidos con su futuro.
Anoto otras dos frases suyas: “España (…) es el país de los enfados superfluos”, y “los españoles tienen muy poca historia que celebrar en común”.
-Ya le he dicho antes que España tiende mucho a la exageración barroca. Y nuestro siglo XIX fue un desastre. La decadencia del imperio español comenzó a mediados del siglo XVII, culminó con la Guerra Civil 1936-39 y no nos empezamos a desintoxicar hasta mediados de los años ochenta, al firmarse el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea. Tenemos mucha historia en común y pocos motivos de sincera celebración. España es una gran singularidad europea.
-¿Por qué es Andalucía la novia de España?
A lo largo de los años sesenta y setenta, en ambientes católicos y de izquierdas comenzó a forjarse la idea de Andalucía como tierra de redención. La idea de que Andalucía sería la prueba del nueve del restablecimiento de la justicia social en España en el momento en que el franquismo fuese sustituido por un régimen democrático. Ello generó un extraordinario consenso –que aún perdura- sobre la atención y la protección de Andalucía y, por extensión, de toda la España meridional. Los italianos no han conseguido resolver la cuestión del ‘Mezzogiorno’; los españoles, en buena parte, sí. Creo que debe ser motivo de orgullo. Lo que ahora es lícito preguntarse, aun a riesgo de herir alguna susceptibilidad, es si Andalucía no se habrá instalado excesivamente en la esfera de la autosatisfacción.
-Vayamos con asuntos de Aragón. ¿Quién ha aportado más al debate nacional: Marcelino Iglesias, Jiménez Losantos o Labordeta?
Marcelino Iglesias siempre me ha parecido un buen presidente, me gusta su reserva y contención. Labordeta es un hombre que cae simpático, aunque no le conozco personalmente (Sé que era muy amigo del alcalde Díaz de Badalona). Y Jiménez Losantos es un auténtico fenómeno de la naturaleza: ¡ha conseguido monopolizar el púlpito más potente de la Iglesia española, sin ser católico! En Roma, lo ven y no se lo creen.
-Hace un elogio de la Expo de Zaragoza, un elogio contenido, y dice que “han fallado los lobbies”. ¿Qué lobbies?
Tengo entendido que la promoción de la Expo en el exterior se quedó corta. Hubo menos visitantes extranjeros de los previstos inicialmente. Y en Madrid algunas palancas no se movieron con la intensidad adecuada.
-Estuvo un día en la Expo. ¿Qué le pareció?
Me gustó. Se respiraba un cierto ambiente de contención difícil de encontrar en este tipo de eventos. Los aragoneses tienen sentido de la medida y eso estaba presente en la Expo. Me gustó especialmente el pabellón del Vaticano.
-Por cierto, ¿cuál su visión del conflicto por el patrimonio eclesiástico que existe entre Aragón y Cataluña?
¡Uf! En Italia, cuando un conflicto se enquista y no halla salida, exclaman: beghe di frati! (¡pelea de frailes!). Los conflictos eclesiásticos pueden durar siglos. ¿Cómo solucionarlo? No sé qué decirle. Quizá Lleida debería acatar y dar cumplimiento a la sentencia del tribunal eclesiástico, y Barbastro, con generosidad, compartir ese patrimonio con Lleida; organizar exposiciones itinerantes, por ejemplo. Si no lo tengo mal entendido, el compartir es un concepto cristiano. Lo que no puede ser es que esta bega di frati tapone y mediatice las relaciones entre la sociedad aragonesa y la catalana. Cerremos los ojos, intentemos relajarnos y contemos hasta cinco: estamos en el siglo XXI, Zaragoza y Barcelona se hallan a una hora de distancia con el AVE, Zaragoza y Lleida, a media hora; estamos metidos en una crisis económica de mil demonios…Yo diría que se impone un cierto espíritu de colaboración. Y añadiría que es obligación de la Iglesia católica promoverlo y bendecirlo.
-Recuerda que el gobierno socialista ha mejorado el estatus financiero de la iglesia católica. ¿Por qué se queja tanto, por qué se manifiestan los curas en las calles?
La Iglesia, acostumbrada durante siglos a mandar en España, cree que la presencia del catolicismo en el espacio público está en peligro y lo defiende. En parte, lo entiendo. Pero no sé si lo defiende de la mejor manera.
-¿Dejará de ser España un proyecto inacabado alguna vez?
Todo organismo vivo es siempre un proyecto inacabado.
-Volviendo a los periodistas. Lo comparan con Gonzalo de Reparaz y Kondratiev. Me ha sorprendido que no haya reivindicado usted a Larra en el año de su bicentenario…
Esas comparaciones (Gonzalo de Reparaz era geógrafo y Kontratiez, un economista ruso) son unas amables licencias que se permite el autor del prólogo, el geógrafo valenciano Josep Vicent Boira, puesto que el libro se articula mediante una serie de mapas. ¿Larra? Me gusta más Valle-Inclán.
31/08/2008
ANTONIO GAMONEDA: UNA ENTREVISTA

Entrevista. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es uno de los grandes poetas españoles del último cuarto de siglo. Autor de libros como “Blues castellano”, “Descripción de la mentira,” o “Libro del frío”, su obra tiene algo de mística de la materia y de alegoría sobre el drama de la vida y el placer de la búsqueda. Recibió el premio Cervantes en 2006.
“Soy un proletario que escribe poemas”
“El poeta es impúdico y debe serlo”
“La poesía puede ser una liberación
satisfactoria y una forma de placer”
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha estado hace unos días en Zaragoza, invitado por el Pabellón de España. En la Tribuna del Agua leyó un conmovedor, “Ha de llover”, una pieza épica sobre el silencio, el olvido, la represión y la necesidad de defender la memoria histórica. Antonio Gamoneda cosechó el premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en 2006.
Usted aprendió a leer en un libro de poemas, “Otra más alta vida”, que firmaba Antonio Gamoneda, su propio padre.
Este libro es significativo de otra cosa: es significativo, precisamente, de que en aquellos meses yo, con los cinco años cumplidos, quería aprender a leer y no se podía porque el ejército se había sublevado contra la II República y estábamos ya plenamente en la Guerra Civil. Las escuelas no se abrían así como así. Hubo una muy fuerte expulsión de maestros. Entonces, este libro, datado en 1917, que podía tener la entidad significativa, incluso afortunada y hermosa de que yo aprendiese a leer con un libro de poemas de mi padre, lleva consigo la otra significación: el contexto histórico era bastante duro; sino no hubiera aprendido a leer con este libro, que era el único que teníamos en casa, aunque mi padre en su biblioteca perdida tenía ejemplares dedicados por Valle –Inclán, Unamuno, Azorín...
¿Conoció a su padre, periodista y poeta modernista?
Yo creo que no tenía un año cumplido cuando se murió en 1932 y mi madre me contaba que yo los reconocía, pero eso no quiere decir que a esa edad eso pueda generar memoria. Mi padre era periodista, y director y administrador de un diario. Lo que me contaba mi madre de él estaba rodeado por el amor que le conservó incluso cuando ella estaba ya en plena senilidad. Emigramos a León por el asma de mi madre.
Pero, ¿su padre era como un fantasma para usted?
No, un fantasma, no. Pero, por una especie de paradoja expresiva, era una ausencia que estaba constantemente presente. Mi padre había muerto, pero ese ausente que era mi padre, la misma actitud hacia mí de mi madre, creaba una presencia constante, lo que podríamos llamar presencia de la ausencia.
El hecho de que el libro se llame “Otra más alta vida”, ¿puede entenderse como una definición de la poesía?
Yo pienso que este título hay que leerlo en términos dialécticos. Hay que leer no su contrario pero sí la referencia oculta pero real del título. Si hay una aspiración a otra más alta vida, se trata y sucede porque hay un disgusto, una disconformidad con la vida que se tiene para todos los días y para todos los seres humanos sobre la Tierra.
¿Cómo evolucionaba ese joven que desarrollaba su educación sentimental paralelamente a la del poeta autodidacta?
Esto nos llevaría a una síntesis biográfica un poco complicada. Permítame una pregunta: ¿por qué al día siguiente de cumplir catorce años yo estoy encendiendo a las cinco de la mañana con carbón la caldera del banco Mercantil? El pequeño patrimonio que pudiera tener mi madre en Asturias había desaparecido y teníamos unas circunstancias duras de vida, muy duras. Ahora respondo: yo estaba encendiendo aquella caldera a las cinco de la mañana porque había tenido que salir huyendo de un colegio religioso donde se practicaba la pedofilia con frecuencia y mal gusto. Desaparecí del colegio y le planteé a mi madre la alternativa de que yo quería trabajar; no tenía la edad, pero la tuve al cabo de unos pocos meses y se dio la circunstancia de que ése fue mi primer trabajo…
Un trabajo de recadero, de botones, de chico para todo, ¿no?
Sí, sí, pero con la particularidad de que yo tenía dos jornadas a los catorce años: una, de botones, de recadero, no muy propia de un chiquillo; pero luego tenía también la ya inexistente condición laboral de meritorio. Se trataba de hacer méritos para ir trascendiendo. Entonces era cuando empezaba mi segunda jornada y yo empezaba a las cinco de la mañana y terminaba a las ocho de la tarde, con un rato para comer. Esa experiencia no me ha dejado amargura. Creo que me ha dejado una comprensión de la vida que no hubiera tenido si yo hubiera sido hijo de un papá afortunado.
Su poesía inicial, por ejemplo “Blues castellano”, incluso “Descripción de la mentira”, sajados por la censura, comprende libros donde asume su lugar en el mundo, su clase social, y donde denuncia la represión, la violencia, el olvido ¿Está de acuerdo?
Seguramente es en esos pocos libros donde se hace más evidente todo eso, pero creo que no ha desaparecido de mi escritura el hecho de que yo sea, por decirlo así, con una palabra que ya no usa nadie, un proletario. Soy un proletario que se da la circunstancia de que escribe poemas. En todo caso, tengo que reconocer, me guste o no me guste, que mi materialismo es un tanto visionario. Y esa circunstancia preside gran parte de mi escritura porque mi escritura es constante y únicamente autobiográfica.
En sus libros siempre me ha impresionado esa idea pertinaz del frío, del invierno, del paisaje desolado, algo que se refleja en uno de sus poemarios más estremecedores que es el “Libro del frío”. El frío y la nieve, más que el agua, como emblema de la muerte.
Yo vivo en una localidad y en una provincia fría y, por tanto, como circunstancia, como componente del mundo sensible que me rodea, la nieve tiene una presencia fuerte en León; por tanto, no es extraño que si, como decía antes, mi escritura es fundamentalmente o quizá únicamente autobiográfica, ese contexto natural te viene dado también por la nieve. Y a la nieve le ocurre lo mismo que al agua (escribí por entonces uno de mis poemas más físicos, “Siento el agua”) porque a fin de cuentas es agua en estado sólido con unas virtudes visuales y de otros órdenes característicos. Y aparece la proyección simbólica de la nieve, el entendimiento de la nieve como el frío preambular de la muerte.
Otro detalle sorprendente, vinculado al paisaje: da la impresión de que su poesía nace del paseo, de la contemplación, casi de la “andadura”, como dice usted.
Esto es muy frecuente, por ejemplo, en Claudio Rodríguez, creo que escribió prácticamente su obra andando, y yo, también. La andadura, y hasta podría decir por qué, es la creación de una circunstancia en la cual tu pensamiento puede dar ese pensamiento poético. Lo que pasa es que ahora tengo problemas de osamenta que no me dejan andar todo lo que quisiera y tengo que aprender a andar más bien sentado. Es muy importante sobre todo para el poeta porque el paso crea una rítmica. La rítmica del paso se incorpora a la sensibilidad del poeta y de alguna manera termina estando presente en la escritura también.
¿En qué medida la poesía ha sido para usted adivinación, presagio?
Paul Valéry decía que el primer verso nos lo regalan los dioses. Es una manera irónica e inteligente de decir que el primer verso, y seguramente todos los que le siguen, es ajeno a cualquier proyecto, a la premeditación, a un diseño. El primer verso, y la poesía, es una especie de aparición. Aparece en ti. El pensamiento no es otra cosa que lenguaje, lenguaje íntimo, lenguaje interior. De repente en tu pensamiento aparecen palabras que están dotadas de una rítmica, es muy posible que sea ya la iniciación del poema.
Dice que su poesía es autobiográfica. ¿Se siente impúdico cuando hace poemas?
Si mi escritura no es una emanación de mi vida, no me interesa. Y si es una emanación de la vida tiene que serlo hasta el punto de no encubrir, no ocultar. Por naturaleza y casi por obligación, el poeta es impúdico y debe ser impúdico. La principal utilidad de la poesía consiste en que puede convertirse en una liberación satisfactoria, en una forma de placer. De esto mismo hablan Giaccomo Leopardi y otros poetas grandes.
¡Quién lo diría: Gamoneda aboga por el placer! Parece usted siempre tan serio, tan grave, tan taciturno.
No se crea. Recibo bastantes cartas de gente joven y hasta muy joven que me dicen que mi escritura les ha proporcionado una, no dicen una satisfacción, dicen algo así como una iluminación, una conformidad con la vida finalmente, y yo no sé qué. La poesía no necesita explicaciones, incluso no le convienen. El poema en sus contenidos más o menos comprensibles puede estar cargado de amargura, pero finalmente se configura como una pieza cuya lectura proporciona placer. Un poema desolador es el de Jorge Manrique, “Coplas a la muerte de su padre”; cuando lo lees, lo haces buscando algún tipo de placer. Esto no es exclusivo de la poesía.
La primera recopilación de su lírica, en el año 88, en el volumen “Edad” pareció concentrar el foco nacional en su escritura. Pasaba de ser un poeta de provincia…
Alto, alto. Era y sigo siendo un poeta de provincia y a mucha honra. Mi hábito y mi manera de ser consiste en ser un provinciano, y el mejor poeta de mi barrio.
Desde la publicación de “Edad”, la antología de una revelación, por decirlo así, han pasado muchas cosas. Publicó el “Libro de los venenos”…
Sí, sí, claro. Estudié el “Dioscórides” y la obra de Andrés Laguna, que era un escritor excepcional. Una maravilla.
… publicó “Arden las pérdidas” y ha ganado el Premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en el año 2006. ¿Cómo lo ha vivido?
Sin duda, los premios me han proporcionado satisfacción, si no me la proporcionasen los hubiera rechazado. Me han producido satisfacción, agradecimiento, pero simultáneamente la conciencia de que el día que me daban ese premio mi poesía no era mejor que el día anterior. He tenido que pagar una pequeña factura que consiste en que llevo año y medio sin casi escribir porque viajo constantemente y estoy muy fatigado, pero no todo va a ser bueno y además gratis. Vengo a la Expo encantado: me siento un poeta del agua, en el agua y con el agua, por decirlo de algún modo. Con los galardones, hay que pagar la factura. Y lo hago con mucho gusto.
*Una parte muy extensa de esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón hace tres semanas.