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EL RESUCITADO Y OTRAS FÁBULAS DE LA NOCHE

Ha caído la noche y se ha encendido la brisa en las calles. La torre de la iglesia está iluminada con oro mitigado en las alturas, y una paloma blanca, o un pájaro de nieve, acaso la mano del ángel, sale de una ventana y se posa sobre los tejados. Una señora tiene miedo de los perros y se queda petrificada. Los adolescentes, en motos y con piercings, se explican, discuten, hacen inventario de vanos amores. Digo vanos porque hablan de amores imposibles, estorbados de súbito por un malentendido. Me gusta ver cómo crecen las casas cada día, esa urbanización majestuosa y extraña (hoy me he percatado de le ha nacido un pequeño claustro o porche, dibujado por columnas redondas) que está llena de operarios árabes, que trabajan a veces en domingo. Alguna mañana oigo canciones o rezos, disputas: son voces que van y vienen en la obra en el coro de emigrantes que han venido para quedarse. Son oscuros o tostados, son alegres, forman una algazara incesante que anuncia otro milagro de la vida y del destino.

Ha caído la noche y se ha encendido de lujes la lejanía: Utebo, Alagón, Casetas, tal vez Alcalá de Ebro, allá donde hay un río iluminado que avanza sin barcas y sin enamorados, pero con cigüeñas. Me gusta aquí la noche: miro y no veo estrellas, pienso sin encontrar ni un solo pensamiento, me cuentos extraños mientras camino. Veo el depósito del agua: me encanta verlo ahí arriba, a veinte metros del suelo. Un día me lo dijeron: “Ahí subió hace años un joven y se arrojó al vacío. ¿Sabes lo que le pasó?”. No, claro que no lo sabía, pero lo adivinaba. “Nada. No le pasó nada. Se lo creyó tanto, se creyó tanto que tenía un perfil de pájaro o alma de pájaro o latido de pájaro, que acabó poniendo una tienda de pájaros, la única pajarería que se recuerda en el barrio. La llamó ‘El resucitado’. Puedes preguntar”.
Lo hice. No era verdad, pero la historia me pareció bonita. Por eso la cuento aquí, por eso pienso en ella cada vez que paso ante el depósito. Siempre siento ganas de subir por esos escalones de metal. Creo que el mundo y el barrio desde ahí serían distintos: un universo de Patricia Highsmith o de Simenon a vista de pájaro. Sé que la comparación es caprichosa, pero me parece que este afrancesado lugar está lleno de personajes que entran y salen inadvertidamente de las páginas de sus libros

Nunca salgo solo. Siempre llevo un libro: “Luz de noche en la memoria”, que habla de una casa misteriosa, de seres que se buscan, de misterio, de ausencias que se hacen visibles en una vivienda con jardín. Nuria Claver es una poeta de Sabiñánigo, donde nació en 1955, y el volumen me lo paso Félix Romeo. Esta misma tarde me encontré con Santiago Arranz, hablamos de su estancia en París, de su primera pulsión hacia la pintura de arquitecturas y de jardines, cuando era un poco figurativo y estaba influenciado por Nicolás de Stäel –por cierto, que también influyó lo suyo en otro “aragonés” en París: Fermín Aguayo-, y me dijo que conocía bien a Nuria Claver, que había sido amiga de Carlos Barral, que trabajó en Bruguera (ahora lo hace en “Claves”) y que le dedicó un poema a uno de sus cuadros. Arranz expondrá en la primavera una retrospectiva de su obra en el Museo Pablo Serrano.

Cuando salí de “Heraldo” me encontré con Gervasio Sánchez y con Ricardo Calero, que volvían de montar su exposición “Latidos del tiempo” en la Lonja. Tienen para muchos días. Calero me habló de su vasto y magnífico proyecto de decoración para la ribera del Ebro, de sus contactos con ingenieros madrileños, de su complicidad con Daniel Olano, de sus dibujos y sueños. Y me contó también una de las prácticas tan habituales de un sector municipal: el “pucherazo”, la trampa. Le han rechazado su proyecto pero han tomado algunas ideas... Calero estaba enojado o contrariado por el método, por el silencio, por la irrespetuosidad, porque no se ha hecho público el jurado. Habló con todos: con Michel Zarzuela, con Rosa Borraz, con Nacho López Susín, con Belloch, que se quedó cautivado con el proyecto, lo intentó con Jerónimo Blasco, que no quiso recibirlo. En contra de lo que hoy escribe Martínez de Pisón, él no tiene tiempo que perder. En cuanto termine el montaje, a Calero lo esperan en Alemania, y además en otro lugar ya le han dicho que tienen mucha curiosidad por el proyecto. Para él pudo escribir Nuria Claver: “Sobre mí toda la inocencia: // un paraíso de música y de silencios”. En poco más de veinte minutos leí el libro que ha publicado Huerga & Fierro. La poesía, como la música, arroja en el cerebro una arsenal de sensaciones...

Qué bonita está la noche: qué densa, así tan trabajada con voces ajenas. Leo entonces algo que Nuria Claver también podría haber escrito para mí: “Una luz dorada cruzaba entre las sombras”.
06/09/2004 00:48 Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: rocatallada

\"Luz de noche en la memoria\": luz de noche en la memoria. Puedo envidiarte todo, Antón. Puedo envidiar como escribes y el sensible dibujo de tu alma, el lugar donde decidiste vivir y que seas amigo de Pardeza. Nada es broma, puedo envidiarte mucho. Pero, ¡ay, Antón! hubo noches en las que los ojos verdes más bonitos me anunciaban poesía. Y por eso me puedes envidiar. Ella, Nuria Claver, tal cual sus versos. Si la miras, verás que tiende al infinito y desde su superioridad lo disimula; hiere menos así que viva tan arriba.
Gracias por saber descubrirla.

Fecha: 19/11/2005 00:57.


Autor: Rocapulida

Hola Amparoooo

Fecha: 03/05/2006 22:00.


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