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LABORDETA CANTA LAS 70 ENTRE AMIGOS

Labordeta.jpg1.Casi todas las tardes aparece por la redacción de “Heraldo” Joaquín Aranda para hacer sus críticas de cine, de danza o de teatro. Lo primero que hace es buscar un ordenador libre y pide que le abran la pantalla. E inmediatamente después, tras haber lanzado algún piropo a las compañeras que tanto lo quieren (Rebeca Cartagena, Ana Usieto, Elena Gracia, Concha Soria, Nuria Casas, Victoria Martínez y Esperanza Pamplona, nueva en la plaza, y segura de su lugar), me dice: “¿Fumamos ahora?”. Saca su Marlboro y nos vamos al pasillo. El pitillo es un pretexto: quiere que hablemos de cine o de literatura –su pregunta más insistente es: “¿Qué estas leyendo ahora?”-, y vamos de aquí para allá como dos diletantes. Lo mismo hablamos de Truffaut, de Clint Eastwood, de Rossellini o de Alexander Payne. Aunque lo que en realidad le gusta es hablar de libros. Una vez que hemos comentado algo de la poesía de Auden, de los diarios de Torga o de su pasión por la literatura francesa, que lee en la versión original, empezamos a contar historias. Hoy, por ejemplo, Joaquín Aranda me habló de su suegro Leonardo Buñuel (hermano del cineasta), que empezó como pediatra, hasta que tuvo que “dejarlo porque se volvía literalmente loco”; más tarde se inclinó hacia la radiología, tuvo una consulta muy modesta y se convirtió en el ayudante de Fernando de Yarza, padre. Joaquín lo ha definido como una persona exquisita, que dominaba el latín sin hacer jamás ostentación de ello, y tenía una extraña pasión por los tornillos, los clavos… Su libro de cabecera no era un gran manual de historia ni una prodigiosa novela, ni tampoco un libro de poemas indiscutible: su libro de cabecera era un manual de mecánica de Arias Paz de tornillos y otros enseres diminutos, casi unas ilimitadas variaciones sobre el acero y el aluminio. Cuando pasaba ante el escaparate de una ferretería perdía el sentido: se afanaba en reconocer cada tornillo, cada tuerca, e intentaba probar sobre la realidad todos los conocimientos teóricos que había acumulado. Leonardo Buñuel acompañó a Max Aub, su mujer Pego y otros amigos en aquel viaje que hicieron por Calanda y Alcañiz. Joaquín Aranda sabe que hablaron, que le proporcionó algunas notas acerca de su hermano, pero el radiólogo era tan discreto que nunca hizo presunción de ser hermano de quien era: de Luis y Alfonso Buñuel, artistas surrealistas y otras muchas cosas.

2.David Mayor (Zaragoza, 1972), librero ahora en Cálamo y secretario de redacción de la revista “Riff Raff”, es un tipo estupendo, como un ahijado intelectual de José Luis Rodríguez y Luis Beltrán, pero con criterio propio, con mucho talento a sus espaldas. Más que sus textos de “Riff Raff”, leía con sumo placer sus trabajos para “Ciclo” (una revista que me gustaba mucho) y para “Artes & Letras”. Ahora, tras muchas tentativas y tras figurar en varias antologías, David Mayor acaba de publicar su primer libro de poemas: “En otra parte” (Pre-Textos), una colección muy elaborada cuyo tema central, si se puede decir eso, sería la escisión o la esquizofrenia que vive el poeta en su doble condición de artista o creador y hombre, ciudadano corriente, entre su dimensión de soñador y de forjador de otros mundos y la convivencia con las pequeñas cosas cotidianas. David Mayor indaga en su intimidad, en esa otra parte donde también está –esa otra parte que alude al viaje, a la pérdida, a la melancolía, al deseo de partir hacia otro lugar tras una imaginación torrencial-; indaga en la memoria, en el amor, en pequeños rituales. Alterna algunas prosas líricas con los versos, casi siempre concentrados, destilados con una caligrafía puntillista en cuyo centro emerge la grácil paradoja, la reflexión e incluso la confesión: “Sería necesario que hablara de cómo crecí, de mi propia historia, aludir a los brotes (…) mi biografía se inventa como los recuerdos asisten ausentes”.

3.Hablo fugazmente con Julio Llamazares, que vino a Zaragoza a presentar su nueva novela “El cielo de Madrid” (Alfaguara), donde narra los años de la movida. Julio, que sigue siendo un tipo llano y encantador, ese gran conversador de esto y de aquello, divertido y tierno, asistirá en mayo a Andorra a unas jornadas sobre la minería. Habría querido ir a verlo, pero salí tarde, y cuando iba a saludarlo, hablé con Ramón Acín y me dijo que estaban cenando con un grupo de gente. Me dio un ataque de timidez y me fui a casa. En realidad, me pasé un momento por el Vip’s y compré algunas cosas curiosas: un libro sobre Alejandro Malaspina en Acapulco y un trabajo fotográfico de Alberto Schommer sobre Santiago, que es la ciudad a la que me gustaría volver. Cuando pienso en una imagen imborrable, siempre imagino esto: estoy en la alameda, cae el crepúsculo y miro bajo el follaje el cielo de Santiago, las torres, el ajedrez de los tejados, el rumor encerrado en la piedra y me quedó como extasiado. Cuando me abría paso a la adolescencia tuve un proyecto de novia que se llamaba Cristina, era la hija del cronista deportivo de Arteixo, un perito en exageraciones, e hicimos un viaje a Santiago. Al final nos quedamos solos, paseando, juraría que cogidos de la mano, prolongando la tarde en los tiovivos, en los claustros. Ella llevaba un short. Cuando caía la noche y desaparecía la lluvia nos sorprendimos en la alameda, cercanos, y miramos a lo lejos: los campanarios, las agujas erectas de las torres, la catedral. Por un momento, miré sus muslos de nata y pidé al cielo que se desencadenase una tormenta o que nos extraviásemos hasta más allá de la noche bajo la espesura, en el último refugio. Le conté a Julio que otra adorable mujer de “Heraldo”, Elena Puértolas, le había hecho una entusiasta crítica a su novela.

4.Hoy viene a Zaragoza otro gran amigo y escritor: Luis del Val, que acaba de publicar una novela que participa de la atmósfera del thriller, de la poética del suspense: “Volveremos a Venecia”. Cuenta la historia de una jueza que se pone a hurgar en el pasado y le aparecen cosas insospechadas, entre ellas un muerto. Luis del Val, un admirable improvisador de perfiles, un gran cuentista, narra con amenidad, con fluidez y con una ironía que en él es más que astucia o elegancia: es una manera remansada y sabia de contemplar y absorber el mundo. Lo oigo cada mañana en “Hoy por hoy” y siempre me quedo con una cosa: esa risa final, ja, ja, ja, que rivaliza con la evocación de su tía Pascualina y con esa prosa a buril que edifica en poco más de quince minutos. Ese es, como mucho, el tiempo que necesita Luis para clavar una etopeya. Hoy lo presentará Ramón Acín.

5.Sé que he escrito demasiado ya, pero no quería deciros buenas noches o buenos días sin recordar que hoy José Antonio Labordeta cumple 70 años. 70 años, ¿quién iba a decirlo? Nos ha dado tantas cosas -canciones, poemas, novelas, memorias, una actitud contumaz y lúcida en el parlamento-, que ahora Labordeta es una referencia cívica, un modo de entender el mundo sin dejar de ser de aquí, aragonés de estirpe. Hace no demasiado tiempo apareció un delicioso libro autobiográfico, “Cuentos de San Cayetano” (Xordica), que ya lleva al menos dos ediciones, y que es una reescritura y una ampliación de “Los amigos contados”, y le publicaban todos sus discos en un estuche. Ahí, en ambos proyectos, está Labordeta: desplegando el abanico de su memoria entre amigos, sembrando en el viento los ecos del vendaval del alma. Y a la vez se afirma en las raíces de un territorio al que él le colocó cuatro sustantivos indiscutibles: polvo, viento, niebla y sol. Y es eso, a trompicones o con vértigo de cascada, lo que lleva en su corazón desmelenado.
10/03/2005 01:35 Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Cide

Cuando voy en autobús, también yo escucho a Luis del Val. Me parece muy ingenioso. Suele salir cuando ya estamos a punto de llegar a la fábrica, de tal manera que hay días que no puedo oírlo terminar. Cuando por circunstancias vengo en coche, el horario me impide escucharlo, y noto que el día empieza con menos alegría si no he oído a esa filósofa que es la tía Pascualina.

Labordeta, más allá de ideologías, es un parlamentario exquisito. A mí me ganó cuando, no habiendo más que decir acerca de la guerra de Irak, subió a la tribuna de oradores a recitar un poema de su hermano. Con lo fácil que habría sido decir lo que todo el mundo dijo: No a esta guerra, no al negocio de vidas por petróleo,.... Pero no, había que ser aún más romántico, más sabio, más enérgico. Había que, al menos, llamar la atención.

A veces lo veo fuera de lugar, con cara de decir: "¿qué hago yo aquí?". Pero a los pocos días me lo encuentro mandando a la mierda a un maleducado o cabreado tras un atentado y vuelvo a encontrar la fe en la palabra.

Fecha: 10/03/2005 09:07.


Autor: De AC

Bienvenido Cide, de nuevo, temía que te hubiesen insultado los fantasmas del blog. Los bites que se recalientan durante el sueño en cuanto detectan que no andas por aquí, se mueren de pena. Ya me han amenazado con cerrar este mecanismo si te ausentas cuatro o cinco días. Un abrazo.
¿Ideologías? Allá cada uno con las suyas. No me siento próximo a ningún partido, salvo al de la confederación universal del cariño y de la amistad. Labordeta es un hombre libre, un pájaro que canta, un poeta que acaricia el mundo, un hombre de acción abrazado a un bigote, abrazado a un gramo de escepticismo.

Fecha: 10/03/2005 09:43.


gravatar.comAutor: gustavo

Para calmar tu saudade gallega nada mejor que leer a lorca y su "danza da lúa en santiago" de los seis poemas galegos. Si quieres escucharlo entra en este pagina: http://www.consellodacultura.org/blanco_amor/

Por cierto ese proyecto de novia recita tovaía hoxe este versos de Luz Pozo Garza" Chove gris Compstela. un calice de chuvia/Maís non estabas ti".

Por cierto se algun día vienes a Compostela si encuentras un anillo en la Rua Loureiro acuerdate de no cogerlo porque si lo coges te aparecera en tus sueños Sybila.

Fecha: 10/03/2005 09:59.


Autor: De AC.

"Sybila" es otro cuento maravilloso de mi maestro Méndez Ferrín, al que tanto, como ves, admiro, de esa vena fantástica suya.
Conozco muy bien ese poema de Lorca, y aunque no te lo creas de vez en cuando se lo recito a alguno de mis compañeros de redacción: "Chove en Santiago, meu doce amor". Gracias Gustavo. Ya sabes que la saudade gallega no se cura nunca, ni siquiera viviendo en Galicia, ni siquiera avanzando por las calles empedradas de Santiago. Me gustó mucho hace algún tiempo un precioso libro que sucedía en Santiago: "Anatol y dos más" de Blanca Riestra, que publicó Anagrama.Tenía esa atmósfera medieval de Compostela y los enigmas inefables de la mágica Galicia del interior, abierta a todos los vientos.

Fecha: 10/03/2005 10:25.


gravatar.comAutor: gustavo

Hay una novela muy buena del novelista Aton Riveiro Coello " As rulas de Bakunin" ( Galaxia-) que sigue a "fenda" aberta por Manuel Rivas co "o lapis do carpinteiro" donde aparece santiago.
Tambien como novelas donde compostela no solo es un espacio fisico sino tambien espiritual son:
" crime en compostela " carlos g reigosa.(xerais)
"No ventre do silencio" ( Xerais) de Mendez Ferrin que se inicia con una linea maravillosa " Aquilodebeu ocorrer polo tempo no qu en santiago ardían os buzon de correos.."

Fecha: 10/03/2005 13:47.


Autor: Anónimo de Lugo

Antón Riveiro Coello é un excelente prosista, como novelista e como autor de contos. Os dous libros, o de Rivas e o seu, son cáseque do mesmo tempo, un de 1998 e outro do 2000. En Santiago ocorren a maior parte das novelas de Suso de Toro, e tambén hai un bon libro de poemas de Salvador García-Bodaño: "Tempo de Compostela". ¿E logo, por que se fala tanto neste blog de Galicia e dos escritores galegos? Un dos meus favoritos é de Lugo e chámase Paco Martín, aquel home que publicou "Das cousas de Ramón Lamote" ou "No cadeixo". Dos poetas novos o meu favorito é unha poeta: Olga Novo.

Fecha: 10/03/2005 14:07.


gravatar.comAutor: clayton

esta buenaso

Fecha: 02/11/2007 01:45.


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