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ALEMANIA SE DESPIDE CON GOLES

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DIARIO DEL MUNDIAL / 9 de julio

 El fútbol directo de Schweinsteiger 

Barajé en algún instante que Alemania podía haber sido campeona del mundo. No estuvo tan lejos, en el fondo. Anoche, en Stuttgart, se midió a Portugal en un partido de muchas alternativas en la primera parte. Parecían más poderosos los germanos, buscaron el gol con insistencia, sobre todo a través de alguna combinación entre Klose y Podolski, pero los portugueses también se estiraban. En realidad, realizaron diez minutos primorosos: jugaron con alegría, ensancharon el campo hacia las bandas, rasearon el balón y parecían auténticos pasadores, aunque lo cierto es que Portugal sólo tiene un pasador: Deco. Además, al otro gran pasador lusitano, el hombre que merece compararse con Eusebio, Luis Figo, lo dejaron en el banquillo. Eusebio, la perla negra de Mozambique, quiso ser el talismán de los suyos y asistió a todos los encuentros y insufló ánimos y fortaleza a su admirador incondicional Figo. Lo demás, fue lo de casi siempre: el tanteo con más intención y búsqueda que suerte de Cristiano Ronaldo, un delantero que alterna casi por igual el atrevimiento y las buenas jugadas con el despropósito y la impaciencia, la genialidad y la pifia; los  barridos en el centro del campo de Maniche, que parece un león desmelenado capaz de correr en todas las direcciones, a veces conduciendo el balón en el pie en exceso, e incluso de chutar desde lejos o desde el borde del área. Simao representa el juego escolástico, correcto y vivo, con algún que otro destello, pero resulta poco imaginativo e incluso poco determinante. Y arriba, como en todo este Mundial, correteaba sin alma, sin acierto, sin garra, Pauleta. Scolari ha tenido obsesión con él: no se atrevió ni a sentarlo a tiempo ni a motivarlo con una suplencia. Es un cazagoles oportunista que sobrevive en la jungla del área y de la alta competición de una manera misteriosa. Lo mejor de la primera parte fue una vaselina de Kehl, ese central reconvertido a medio centro, y un trallazo impresionante de Podolski, distinguido con el título de mejor jugador joven. En la primera parte, Oliver Kahn casi ni se despeinó. El público lo aplaudió a rabiar, y Jens Lehmann, en el banco, disfrutaba con el eco de su hermoso gesto y de la recobrada amistad. Había firmado la paz con el portero del Bayern Munich, le dio la posibilidad de despedirse de sus incondicionales, y pelillos a la mar.        

La segunda parte fue la de la confirmación de la superioridad de Alemania, y en concreto de Schweinsteiger, el jugador número 7 que juega a contrapié con una estética basada en la potencia, en la velocidad desarbolada y en la capacidad de sorpresa. Ayer todo le salió como había soñado. En el primer gol, recibió en la banda izquierda, regateó hacia el centro a dos rivales, acomodó el disparo y lanzó un obús que sorprendió a Ricardo por el centro del marco. El fallo del soberbio portero parece obvio, aunque mitiga su despiste el efecto que adquirió ese balón vehemente. Poco después, el rubio Bastian Schweinsteiger, de nuevo, encorajinado, lanzó una falta con toda la intención del mundo: la pelota, como un obús, se topó con la pierna de Petit y se coló. Ricardo no tuvo tiempo a reaccionar. Ni lo tendría  un poco después, cuando el exterior, de nuevo, repetiría su jugaba preferida: desplegó el contraataque por la izquierda, vio que Petit reculaba un poco, que la defensa portuguesa estaba desguarnecida casi por completo, y culebreó hacia el centro. Allí fabricó un disparo que tomó otro efecto mortífero y se alojó en la red. Fue una auténtica bomba, y esta vez Ricardo no habría podido hacer absolutamente nada.         

Portugal lo siguió intentando. Deco se ponía las pilas demasiado tarde con pases espléndidos, con cambios de juego de muchos metros e incluso con un excelente disparo que repelió Kahn; la parroquia lo saludó al grito de “Oli, Oli, Oli”. Deco atrapó otro balón, lo condujo cosido a la bota y vio el desmarque de Figo. Se lo cedió (es una pena que se lleven mal: la asociación de ambos debía haber sido la gran baza de ataque y de dominio de Portugal), y el extremo y capitán envió uno de sus perfectos centros que remató Nuno Gomes. Gol. El veterano Nowotny falló estrepitosamente: estuvo lento e indeciso sin saber si debía obstruir el envío con la cabeza o con el pie.         

Ya no habría tiempo para mucho más, quizá para un par de sustos de Kahn, uno de ellos tras un disparo lejano de Ronaldo. La respuesta del cancerbero del Bayern se pareció mucho a la de Barthez en la semifinal, aunque en ambos casos los dos evitaron el gol. El encuentro, ameno y aligerado de tensión, concluyó con felicitaciones, despedidas, con efusivos gestos de cariño. Hubo un detalle que revela la intrascendencia del choque: Michael Ballack, preso de otra lesión misteriosa, bostezaba desde el banquillo, una, dos, varias veces, aunque no lo hizo de manera tan ostensible y grosera a como lo había hecho Oliver Kahn el día anterior mientras Jurgen Klinsmann daba órdenes. Para algunos se acaba un ciclo, como ocurrirá con Luis Figo especialmente, que ha tenido un comportamiento espléndido y ha sido un futbolista del máximo nivel, uno de los cinco mejores de Europa durante una década, y para otros es el inicio de una espiral que debiera conducir al éxito: el gran lateral Lahm, el citado Sweinsteiger, que encarna el fútbol directo y el  impacto instantáneo, Pobolski, Kehl. El partido de ayer fue un choque de complicidades, entre Klinsmann y Scolari, entre los jugadores, entre el público. Todos parecían felices. En realidad, los dos habían llegado más lejos de lo soñado, los dos habían devuelto el orgullo a sus respectivas aficiones. Y Alemania obtenía por tercera vez su tercer puesto en la historia de los Mundiales.

09/07/2006 11:18 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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