UN POEMA DE AMOR DE ÁNGELES MORA
[Mis primeros libros fueron dos poemarios: una colección de romances y canciones, inspirados en Lois Amado Carballo y García Lorca, redactados en gallego, escritos en la calle Las Armas 138 ático y perdidos para siempre (quizá podría tener un ejemplar en su casa Xesús Alonso Montero. Se lo llevé a Vigo en noviembre de 1980), y un libro de poemas narrativos, “O praial dos afogados”, que redacté en gallego y con letra negra en finísimas servilletas de bar. Desde hace algún tiempo, tengo el deseo de escribir poemas. No me salen. La poesía es el ejercicio que más pudor e inseguridad me provoca, aunque nadie la lea. Sin embargo, la poesía se ha convertido en un asidero, en un refugio, en ese lugar con vistas y con estancias luminosas al que siempre regreso. Siempre llevó un libro de poemas, más bien menudo, en la cartera. Y en los autobuses o en los taxis leo poesía. Hace algunos dísa que me acompaña la antología crítica y comentada “Poesía de la experiencia” (Visor, 2007, 434 páginas), donde hay muchos poemas de autores conocidos, a los que admiro muy sinceramente: Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero, a quien le tengo un inmenso afecto...
Conocía muy poco y mal a Ángeles Mora (Rute, Córdobba, 1952) y me han encantado sus poemas tan cotidianos y sencillos, tan hondos en emoción, esperanza y misterio. Como si escribiese un libro de poemas alguna vez sería de amor (recuerdo ahora que, en gallego, escribí hace una década el volumen “Desamor e memoria”, también en gallego, del que debe haber por ahí una copia, creo que la tiene Gabriel Sopeña), copio aquí estos poemas de Ángeles Mora. Espero que a al buen visitante Jesús Lechón de los “Cuadernos del Real Zaragoza”, que prefiere el fútbol a la poesía, no le importe.]
CASI UN CUENTO
Él susurró que lo mejor sería
no enamorarse,
ella no le llevó la contraria,
para que si se sabía vencida.
Ante todo se dejó acariciar
por sus manos manchadas de ternura.
Eso sí
no sé enamoró de sus manos.
Mas no impidió que sus labios
muy lentos la abrasaran,
pero tuvo cuidado,
no se enamoró de sus labios,
y aunque tampoco se opuso a que su lengua
la hiriera sin remedio,
no se enamoró de su lengua
ni de sus ojos ni de su voz
ni de la palidez que se le subía a la cara
entre los besos,
esa palidez que a ella más y más la arañaba.
Pero tuvo cuidado y no se enamoró.
Para qué si se sabía vencida.
Una y otra vez volvieron a encontrarse.
Sin amor.
Eso sí,
felices como niños.
*La foto pertenece a Ed van der Elsken.
6 comentarios
Sofiia turoldo -
BUENO CHAUS!!
sofia turoldo -
Pseudofilologo -
Fernando -
Antón -
Lástima que ya no frecuenta esta página aquel Don Rijoso que tanto juego dio hace un año. La felicidad, como el amor, no es eterna. UN abrazo.
A ver si este año, saco unas horas para ir a la Costa Brava, donde nunca he estado. AC
Fernando -
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