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PACO BRINES: UNA ANÉCDOTA

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[El pasado jueves, en compañía del joven poeta y estudioso Juan Marqués, comí en la Residencia de Estudiantes. Conocí a la escritora Nere Basabe y a la violinista zaragozana Alma Olite. En la mesa de al lado comían Alfonso Alegre Heitzman, uno de los grandes expertos en Juan Ramón Jiménez, el poeta Luis Muñoz y otro poeta, al que admiro desde hace muchos años: Paco Brines, autor de uno de mis poemarios favoritos: El otoño de las rosas. A Brines lo entrevisté hace años y le dedicamos una portada del suplemento Imán con una extraordinaria fotografía de Rogelio Allepuz. Me habría encantado saludarlo, pero me lo impidió el pudor. Curiosamente, he encontrado esta bella historia que contó hace algunos años Carlos Bousoño.]

 

Un buen día, se le ocurrió a alguien del grupo entretenernos con las extrañas experiencias de esa tabla supuestamente espiritista llamada «ouija». Casi todos éramos escépticos, pero el hecho es que la ficha se movía en el tablero señalando letras que finalmente formaban frases coherentes. Pudimos comprobar que allí no había trampa alguna. Y además ocurría que el aparato respondía coherentemente también incluso a preguntas puramente mentales. Por ejemplo: pregunté yo, sin comunicárselo a nadie de los que allí estaban, la fecha de un determinado acontecimiento. Pues bien: la respuesta fue, en efecto, «una fecha». Advierto que yo no ponía la mano en la ficha sino que lo hacían mis amigos, que, como digo, ignoraban el contenido de la interrogación propuesta del modo dicho.

Hubo alguna sesión memorable: recuerdo que un día Paco Brines dormía la siesta en un diván al fondo de la sala. Yo tomaba nota de las letras señaladas por la ficha, sin poner la mano en ésta. Creo que los participantes en el juego eran José Olivio Jiménez, Claudio Rodríguez, Ruth y Fernando Delgado. Apareció una «energía» (llamémosla así) que dijo llamarse Juan Bano (así: con b). Yo hice un chiste malo sobre las faltas de ortografía en el Más Allá. El caso es que la tal energía, tras decir su nombre, aseguró ser tío de Paco Brines y que había nacido en tal fecha y muerto en tal otra. Despertamos a Paco y le explicamos lo ocurrido. Al oír que su supuesto tío se llamaba en la «ouija» Juan Bano, exclamó, sorprendidísimo: «Sí, mi tío Juan Bañó». Como el tablero era norteamericano no tenía ñ, y, claro está, carecía asimismo de posibles acentos: Bañó se convertía así en Bano. No recordaba Paco las fechas de nacimiento y muerte de Juan Bañó, pero llamó a su madre por teléfono y ella confirmó lo dicho por la tabla espiritista: las fechas eran exactas. Estupefacción de todos.

 

*La foto es de Paco Gómez.  

10/05/2008 15:11 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Enrique García

Digno del tal Iker. Estas anécdotas sorprenden más cuanto más serie es la gente que las cuenta.
Nunca había visitado su página y me encanta. Creo que me he aficionado. Yo acabo de inaugurar mi blog, aunque no es nada serio comparado con el suyo, pero le enlazaré con gusto.

Fecha: 10/05/2008 18:50.


gravatar.comAutor: ana a.

Alma Olite es una magnífica violinista. Llegará muy alto. Besicos.

Fecha: 10/05/2008 21:04.


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