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MAYUSTA DEAMBULA, DOLIENTE Y LÍRICO, POR PARÍS

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Asomaba ayer a este blog, más allá de la medianoche, Miguel Ángel Yusta, el médico de cuerpos y almas, el escritor de cantes de jota, el poeta lírico que va y viene a París, donde Mercedes Yusta le ha hecho abuelo. Miguel Ángel acaba de publicar Teoría de luz (Unaluna. 2008. 86 páginas. Prólogo de Manuel Vilas). Va y viene, y entra en el metro, recorre la calles y avenidas, entra en las tabernas y cafés, deambula a orillas del Sena con una pena en el corazón, entra en el cementerio romántico e inagotable de Pere Lachaise, y lo mismo se detiene ante la tumba de Carlos Gardel que ante la de Edith Piaff, cantante desgarrada de corazones rotos como el suyo. Y también frecuenta los museos: el Museo de Orsay, por ejemplo, y se detiene ante Monet, ante Van Gogh, y desgrana sus impresiones, su sensibilidad estremecida.

 

Desde hace algún tiempo, el poeta lírico Miguel Ángel Yusta tiene algo de nadador a contracorriente: resiste el aluvión y la crecida, pero tiene la sensación de que una y otra vez se le vuelven los brazos, se fatiga, se deja ir casi vencido. Esa primera parte del libro es sin duda la que más me ha gustado: me ha parecido que esos viajes a París, ese encuentro con la cultura, con la arquitectura, con los personajes, con los mercados y los palacios, todo ello mezclado con la honda emotividad del poeta (no siempre triste o doliente: hay cantos a la alegría y a la vida), habría merecido un libro completo y sospecho que son los poemas más fluidos e inspirados del conjunto. En los demás, “Presencia”, “Ausencia”, “Cinco poemas eróticos”, “Cinco sonetos” (especialmente conmovedor es el último terceto del quinto: “Si no, daré la vida por perdida // pues te juro que siento que me muero // si no dejas que sólo por ti viva”), Miguel Ángel mantiene el pulso, la tensión, la coherencia temática, es sincero, se desnuda, presiente a la amada que se ha ido, se confiesa, y sigue cosechando bellos y directos versos, pero la fuerza, el dispendio metafórico y el contacto con la realidad exterior le dan al libro un brillo especial, más intenso, más narrativo también. Mayusta se define aquí, rodeado de fantasmas de toda índole, un “superviviente de mis recuerdos”.

 

* La foto, de su serie de besos en la calle, es de Robert Doisneau, ante la Opera.

 

Museo de Orsay

 

Hoy he deseado ser muchos hombres en uno solo

y poder tomar un café eterno con todos ellos.

Hablarles de mis pequeñas cosas y que me digan cómo fueron felices

o infelices.

Y cómo pudieron prevalecer.

 

Son mis pintores del Museo de Orsay.

 

Quiero ver una salida del sol con Monet y mirar sus ojos enrojecidos,

pasear con él por inmensos mares de amapolas,

desvestir sus recatadas mujeres.

Emborracharme con Lautrec hasta el amanecer

y consolar su soledad buscada.

Remar en una barca con Van Gogh

por campos encendidos de amarillos inmensos.

Acariciar con brisa los pétalos del pubis indefenso de Olimpia,

penetrar insensato el Origen del Mundo

y bañar después mis pies en un irreal Sena cristalino.

 

A todos os llevo en mis ojos sedientos de luz.

 

 

 

 

 

 

24/05/2008 10:51 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: May

Ufff...Antón...
A veces no hay palabras, sino silencios de gratitud.Un abrazo.

Fecha: 24/05/2008 12:24.


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