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CRÓNICAS DE LA EXPO / 13. MANAÑA: BRYCE ECHENIQUE

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El novelista peruano Alfredo Bryce Echenique participará mañana 7 de agosto a las 18.00 horas en la Tribuna del Agua, donde hablará sobre la gestación y las claves de su obra. Bryce Echenique, que se ha visto afectado en los últimos meses por la acusación de varios plagios, entre ellos uno al narrador orensano José María Pérez Álvarez, es autor de algunas novelas extraordinarias, especialmente Un mundo para Julius (1970, un libro ampliamente galardonado) o la Vida exagerada de Martín Romaña. La conferencia se inscribe en el Ciclo Grandes Presencias Literarias en Expo, y está organizada por La Tribuna del Agua y la Asociación Aragonesa de Escritores.

 

Alfredo Bryce Echenique nació en Lima (Perú), en 1939.  En 1964 se trasladó a Europa y residió en Francia, Italia, Grecia y Alemania. Recaló en España hacia 1984. Estudió Derecho inicialmente, y luego Literatura clásica; posee una amplia formación académica. Recibió el Premio Nacional de Narrativa española 1998 por su novela Reo de nocturnidad, y el premio Planeta en el 2002 por su novela El huerto de mi amada.  En 2002 se instaló en Barcelona donde publicó su segundo libro de memorias, Permiso para sentir (Antimemorias-II), en 2005, donde hace recuento de una porción importante de su existencia, de sus amores y de la metamorfosis, a menudo inhumana o exagerada, de Perú. 

 

Bryce Echenique –que siempre ha declarado su admiración por Cortázar y Manuel Puig, y por sus paisanos César Vallejo y Julio Ramón Ribeyro- es uno de los autores hispanoamericanos más traducidos de la segunda hornada del denominado “boom”, un virtuoso del lenguaje, de la evocación y de los hechos grotescos y nostálgicos. Posee un gran sentido del humor y es un narrador vitalista, cosmopolita, voluptuoso, dado a la ironía y al disfrute de los placeres: amorosos, etílicos, aunque siempre en él están contados con un barniz de elegancia y de añoranza. Todas sus obras están llenas de personajes con los que se cruzó en distintas ocasiones. También es autor de novelas como Tantas veces Pedro y Las obras infames de Pancho Marambio (2007), o del ensayo Entre la soledad y el amor (2005) y de los cuentos de Guía triste de París. Uno de sus relatos transcurre en Zaragoza.

 

En una entrevista concedida a la profesora María Luis Páramo, Bryce Echenique habló así de sus claves de escritor: el oficio, la memoria, la importancia de Latinoamérica, la experiencia académica y la lectura de los otros.

-“Uno escribe por necesidad. Lo hago porque me gusta, porque me encuentro cómodo en ello. Desde niño fui siendo conducido a la conciencia de que lo que deseaba era escribir, antes de desear ser escritor, y después fui asumiendo el oficio con todas sus consecuencias. Siento la necesidad de hacerlo, constantemente pienso en ello; en fin, es algo que está ligado totalmente a mí y ya una parte importantísima de mi vida es escribir. Le he dedicado muchos años e incluso mucho trabajo extraliterario. El hecho mismo de haberme venido a Europa y haber dado clase en colegios y universidades por aquí y por allá era probablemente porque no pensé nunca que la literatura era un oficio que me iba a dar de comer. Si eso lo he conseguido al cabo de los años, es un resultado pero no es una búsqueda. En cuanto a la gloria y la fama, no van mucho con mi carácter”.

-“Yo creo que la memoria influye mucho en lo que escribo, es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio, el trabajo, la imaginación. No creo que deje nada a las musas, las musas son el trabajo y nada más. Y sí, en mi vida hay dos tipos de experiencia que se marcan en la literatura: la vital, la que me ha dado el ser quien soy y como soy, mis viajes, mi estancia en distintos países, mis recuerdos de Perú, mis recuerdos de Europa, los muchos años que llevo ya por aquí; y la otra experiencia, que yo creo que es muy importante, es la cultural, el hecho de haber sido durante mucho tiempo profesor universitario y haberme dedicado a la cultura latinoamericana, no solamente a la literaria, sino a la sociológica, a la política, etcétera. Y haber leído tanto. Es importantísima para mí la literatura; en los momentos en que escribo leo mucha novelística y literatura en general. La literatura de los demás me ha servido mucho, me ha estimulado. Una buena novela es un gran acicate para una persona que está escribiendo; tal vez lo sea para mí en particular, porque siempre he sido un escritor más intuitivo y emotivo que racional: necesito estímulos -que suelen venir de los libros, de la grandeza de la obra de otro- que me hagan sentir que también yo quiero escribir, que me justifiquen un poco. Nunca he sido demasiado profesional, en el sentido frío del término, necesito estímulos afectivos para escribir y llego a establecer relaciones muy afectivas con determinados libros. Hay escritores importantes a los que uno vuelve siempre: esta mañana estaba leyendo unas cosas de Stendhal, por ejemplo; este otoño que he pasado en Estados Unidos he leído mucho a Rabelais y a otros clásicos franceses y todo eso me espolea. Hay algunos estimulantes seguros, como Cervantes, pero también los hay imprevistos, porque de repente puede caer en tus manos una buena novela de algún joven, de algún amigo, y eso también es un estímulo”. 

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gravatar.comAutor: jose maria perez

Querido Antón, sólo quiero precisar un par de cosas. Yo no acusé a Bryce de plagio: el plagio, que existió (él lo reconoció en un correo que me envió aunque atribuyéndolo a no sé qué extrañas maquinaciones políticas), me fue anunciado por periodistas de Perú: de hecho, no uno sino dos artículos míos (Las esquinas habitadas y La locura) aparecieron firmados en otros medios por ABE. Otra cosa que quiero aclarar es que en mis manifestaciones siempre dije que el placer que me causó la lectura de la obra de Bryce es infinitamenyte superior al escaso daño que el plagio me hubiese podido infligir. Y añadí que ciertas novelas de Bryce (La vida exagerada..., Un mundo para Julius, Dos señoras conversan o los cuentos en general)las tengo por lo mejor que se hizo en hispanoamérica. La prueba de mi no aversión es que estuve desde el 4 de agosto hasta el 10 en Portugal y entre libros portugueses que me compré, me hice en una feria del libro con la versión en portugués de "Guía triste de París", para ver cómo "sonaba" Bryce en portugués. Y suena, como en castellano, extraordinariamente bien. No hay inquina por mi parte porque sigo en deuda de lector con Bryce Echenique. Mi admiración por buena parte de su obra sigue intacta. Un saludo.

Fecha: 11/08/2008 12:19.


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