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Antón Castro

FERNANDO SAVATER GANA EL PREMIO PLANETA

FERNANDO SAVATER GANA EL PREMIO PLANETA

[Leo en El País que el ganador del Planeta no ha es Javier Sierra, el escritor turolense afincado en el Sur. El ganador del Planeta ha sido el filósofo y escritor Fernando Savater (San Sebastián, 1947). La crónica es la del periódico madrileño y está firmada en Barcelona por dos grandes periodistas: Israel Punzano, a quien conozco algo menos, y Jacinto Antón, un apasionado de los griegos, de los egipcios, de la arqueología, de la Antigüedad, en general.]

 

ISRAEL PUNZANO / JACINTO ANTÓN. El País

El eterno candidato lo ha logrado finalmente: el filósofo, escritor y articulista Fernando Savater (San Sebastián, 1947), colaborador habitual de este diario, obtuvo anoche el Premio Planeta, dotado con 601.000 euros. Un galardón que le fue entregado en Barcelona en el transcurso de una cena literaria presidida por la Infanta Cristina. Aunque ya quedó finalista en 1993 con El jardín de las dudas —el mismo año que ganó Mario Vargas Llosa con Lituma en los Andes — su nombre ha aparecido recurrentemente durante años en todas las quinielas del premio.

Savater se ha impuesto con una novela presentada a concurso con el título de La curva del Pardo y firmada con el seudónimo de Patricio. En la obra tiene un gran protagonismo una de las aficiones confesadas del autor, las carreras de caballos. Así, la trama arranca con la desaparición de un yóquei famoso. Un multimillonario decide entonces contratar a unos mercenarios para localizarlo. El resultado es una obra detectivesca con numerosas citas filosóficas propias de una vasta bibliografía centrada en el pensamiento que incluye éxitos como Ética para Amador (Ariel) y que, en estos días, precisamente, acaba de crecer con un nuevo título: La aventura de pensar (Debate).

De hecho, Savater, también aficionado confeso a la novela policiaca —de la que hizo una inolvidable reivindicación en La infancia recuperada (Taurus), donde recordaba que el primer detective de la historia fue nada menos que el profeta Daniel al desenmascarar a los sacerdotes de Baal en un caso típico de habitación cerrada considera que hay muchas similitudes entre el método detectivesco y el filosófico. Si se añade el universo de los caballos de carreras, la conjunción no puede ser más savateriana

El escritor dedicó una de sus obras más personales, hermosas e inclasificables a ese universo en A caballo entre milenios (Aguilar, 2001), en la que, con la excusa de la búsqueda de la carrera perfecta, ofrecía un recorrido nostálgico —que transitaba por su propia memoria— y físico, al seguir durante un año las mayores pruebas ecuestres en los grandes teatros del asunto, desde el hipódromo de Lasarte en San Sebastián al de Hong Kong, pasando por escenarios tan legendarios como los de los derbies de Epson o Kentucky. Libro a caballo (y valga la palabra) entre el relato de viajes, el ensayo, la memorialística e incluso la crónica deportiva, A caballo entre milenios mostraba el enorme conocimiento de Savater de todo lo relacionado con la carreras de caballos —incluidos los retratos de los más famosos corceles—, una de las pasiones más curiosas de este hombre que igual vibra con Platón que con Jim Hawkins, con Juliano el Apóstata que con Guillermo el Proscrito. "Ya que no he podido tener una vida épica", ha dicho sobre su pasión por las carreras Savater, "al menos que sea hípica".

Con Savater, el Planeta sigue con su apuesta por autores de reconocida calidad y prestigio, algo que le dio muy buenos resultados en la pasada entrega al reconocer El mundo, de Juan José Millás, obra que esta semana se ha alzado con el prestigioso Premio Nacional de Narrativa.

En esta ocasión, el jurado —compuesto por Álvaro Pombo, Carmen Posadas, Rosa Regàs, Alberto Blecua, Alfredo Bryce Echenique, Pere Gimferrer y Carlos Pujol— tampoco ha querido errar el tiro para evitar escándalos como el provocado por Juan Marsé al dimitir de jurado en la edición de 2004, cuando venció Maria de la Pau Janer con Pasiones romanas, una novela que ha pasado con más pena que gloria a la historia de un premio que lleva 39 millones de ejemplares vendidos entre finalistas y ganadores, según el grupo editorial que lo convoca.

En esta edición se ha batido el récord de manuscritos recibidos, un número que ha alcanzado los 528 originales. La novela histórica ha sido el género más repetido, aunque las obras de intriga como la ganadora también han sido muy numerosas e incluso alguna de las finalistas se atrevía con una trama protagonizada por un terrorista de ETA.

A Savater le queda ahora por delante una agotadora promoción del libro que, en realidad, comenzó poco después de recoger el premio con una conferencia de prensa tan trasnochadora como abarrotada.

Ángela Vallvey queda finalista

La finalista del Planeta, que se lleva 150.250 euros, fue esta vez otra habitual de las quinielas: Ángela Vallvey, que presentó la novela La inocencia de los bárbaros. Como el propio Savater, Vallvey (San Lorenzo de Calatrava, Ciudad Real, 1964) también ha optado por el género detectivesco. En su caso, en el más puro estilo de Agatha Christie. El protagonista de su novela es un poeta que acude a Toledo a un encuentro literario en el que se produce un asesinato. Pronto se verá que todos tenían motivos para matar a la víctima. Junto a la típica pesquisa policiaca, la autora incluye referencias al mundo literario.

Se trata de un ámbito que Vallvey conoce. Antes que reconocida novelista y habitual de la prensa, la escritora manchega se dio a conocer en 1998 como poeta con El tamaño del universo (Hiperión). Un año después se consagraría como narradora con A la caza del último hombre salvaje (Salamandra). El gran salto lo dio en 2002 al ganar el Nadal con Los estados carenciales (Destino).

 

3 comentarios

Niggerman -

Huy, cuánta ironía destilan mis predecesores, Nortub especialmente... ¡Arriba los corazones! Cuando piensen en el Planeta (el premio, no la Tierra) recuerden que también lo obtuvo "El jinete polaco"...

Saludos.

Alex Nortub -

También yo estoy francamente emocionado. Soy todo emoción. Un manojo de emoción.

Entrenomadas -

Vaya emoción, no me gustan ninguno de los dos.

M