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MESSI. EL FANTASISTA INAGOTABLE

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Hemos comido, con un puñado de amigos, en Calamocha, en la casa de José Luis Campos y Mari Carmen. Ellos son unos estupendos anfitriones: preparan ternasco al horno, ensaladas, buenos vinos, champán y licores, magníficos postres, y se pasa una velada espléndida. José Luis Campos ha instaurado esta comida desde hace varios años: es una bella manera de conversar y de hacer risas. Su casa es un refugio de confidencias y de cariño. Una casa abierta a la amistad donde no se pretende arreglar el mundo, ni la crisis, ni nada semejante. Se come y se bebe, se charla y, sobre todo, se ríe al calor del Cariñena…

 

Hace unos días, en Casa Emilio, tras la presentación de Fotografías veladas, Luis Alegre –enamorado del Barcelona de Guardiola, como casi todo el mundo- me preguntó qué pensaba de Leo Messi. Como si hablara totalmente en serio, y no sé aún si lo hacía, le contesté: “Ése no es un jugador de fútbol”. Vaya desafío, qué metedura de pata, pensó él con bastante razón. Esta misma mañana llamó a Pep Guardiola para desearle suerte, y le dijo lo que yo había dicho. Pep le preguntó: “¿Lo decía en serio?”. Luis replicó: “Totalmente en serio”. Pep sentenció con bastante sensatez: “Dile que se dedique solo a escribir, que lo hace mejor”.

 

Pep Guardiola tenía razón, claro. Y Luis detesta a los cenizos. Lo recuerda casi siempre en sus estupendos artículos del ‘As’, aunque hay que decir que Luis Alegre es un hombre lisonjero que nunca ha escrito ni ha hablado mal de nadie. Si tiene que hablar mal del Zaragoza lo hace sin herir, sin rencor, con dolor; y volverá a hablar con una herida oculta tras la derrota en Vigo. Eso sí, su inclinación a la lisonja no le arrebata ni un fragmento de lucidez. Sé que es un gran lector y mil y una cosas más: está en el mundo dispuesto a ser seducido por él y a encontrar la fuerza del matiz, el turbión de la paradoja, el deslumbramiento del talento.

 

Leo Messi es un jugador grandioso. Un mago. Quizá el futbolista que más se acerque a Maradona. Es un prodigioso individualista que desarbola rivales y estrategias. No es Sabih, el artífice de la combinación y del juego colectivo: es un gambeteador inagotable, un fantasista imparable, un futbolista sin límite aún. Sé que el Barcelona es mejor, y que Messi es el mejor. Sin duda. Pero viniendo hacia casa, con Daniel, hemos incurrido en la estética ceniza de la que tanto abomina Luis: esta es una noche con trampa para el Barcelona. O podría serlo. A lo mejor no se produce la tan esperada goleada. Eso, sí, siempre anda por ahí Messi. Un jugador, por cierto, que hizo temblar un par de veces a Guardiola: una vez porque desoía su ruego de que se abriese a la banda, de que ensanchase el campo por las alas y de que fuese algo menos egoísta y pensase en el destello del bloque, en el acabado final del conjunto, y otra porque Messi había recuperado lo mejor de sí mismo y era imprescindible en la Liga española y en la Champions. Cuando el Barcelona acusa dependencia de Messi, y abotargamiento, aparece él y lo esclarece todo.

 

El jugador que más feliz me hizo sobre un campo de juego fue Diego Armando Maradona. Me hacía llorar de felicidad. Con Messi aún no siento ese afecto, sí el asombro, pero todo llegará…

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