Blogia
Antón Castro

CHEMA LERA DESCRIBE Y PINTA LAS SIRENAS DE ARAGÓN

CHEMA LERA DESCRIBE Y PINTA LAS SIRENAS DE ARAGÓN

LAS SIRENAS DE ARAGÓN

 

Más allá de la tierra firme, donde los ríos se convierten en mares sin orillas, habitan sus profundas moradas las sirenas.

A veces los marinos llegan a verlas encaramadas en rocas y atolones, salpicadas de espuma por las olas. Y quienes las ven, quedan prendados de sus rostros hermosos de mujer y largas cabelleras, donde se enredan estrellas y caracolas.

No ocultan sus bellos pechos, cimbrean sobre sus cinturas femeninas, mientras el agua humedece sus encantos.

La otra mitad de sus cuerpos refulge cubierta de brillantes escamas: en lugar de pubis y piernas, las sirenas lucen con orgullo su flexible cola de pez… o sus dos colas.

Hace muchísimo tiempo, en la era de los dioses griegos, el anciano del Mar, Nereo, hijo de Pontos, y Doris, hija del Océano, tuvieron cincuenta hijas que poblaron el mar Mediterráneo cabalgando sobre delfines y caballitos de mar.

Las llamaban Nereidas en honor a su padre, y sus preciosos cantos alegraban la soledad de los seres marinos. Sirenas fueron también las tres mil Oceánides, muchas de las cuales abandonaron las profundidades para proteger fuentes, ríos, lagunas y, por qué no, ibones pirenaicos.

Cuentan que las Nereidas ayudaban siempre a los marineros perdidos, no como sus parientes las malvadas sirenas con forma de mujer-pájaro. Agradecidas las familias de pescadores, en lo alto de los acantilados, en las orillas arenosas, en oquedades de arrecifes, construían altares para las sirenas.

Les ofrendaban junto con sus plegarias, leche, aceite y miel, sagrados néctares que se repiten en cultos a los seres mágicos en todo lugar y tiempo.

He visto sirenas peces encaramadas a los capiteles de templos románicos aragoneses, muy lejos de los mares actuales, como reliquias de eras inmemoriales en las que sólo los Pirineos sobresalían de las aguas primitivas. Las sirenas de las iglesias cristianas son representaciones de mujeres malvadas: con sus dulces cantos, con sus tentadoras artes, atraen sin remedio al navegante, que se hunde en el mar del deseo y el placer. Mas son tan bellas… oportunidades del maestro cantero para jugar con la imaginación, para tallar dulces rostros de ojos grandes, simpáticas caritas de niñas,

dibujos animados de sueños húmedos, de profundas aguas…

En la iglesia de Santa María de Uncastillo aletea curvada su cola una sirena. Emparejada a su predecesora en el tiempo, la sirena ave, luce una melena que se mece con las corrientes marinas, muy parecida a la melena de la sirena ave. En su regazo, una flor. ¿Su presente para aquel que va a sucumbir, para el alma que va a arrebatar? Porque no nos dejemos engañar por su aparente cándida belleza. La sirena pez es terrible.

Canta con melodiosa voz, acompañada –dicen antiguos escritos– por el arpa o por la trompeta, o por otros instrumentos que, la verdad, nunca hemos llegado a ver representados en sus manos. El marinero que es el alma, queda presa del encantamiento, y duerme, abandonando la nave, su cuerpo. Sólo algunos voluntariosos, para vencer el hechizo, se tapan sus oídos con cera como hicieron los compañeros de Ulises. Personajes de piedra con las manos en las orejas pueblan los capiteles aragoneses, no es necesario esculpir la sirena de quien proceden los cantos, sólo imaginarlos, sólo imaginarla.

A veces, la sirena sujeta un pez con cada una de sus manos, como la que aparece en un capitel del claustro de San Pedro el Viejo de Huesca, quizá simbolizando la codicia o tal vez remarcando la lujuria mediante los símbolos fálicos. Está siendo atacada por el centauro, como ya vimos en su momento.

Una variante de esta imagen la hallamos oculta en un elevado capitel de la iglesia de San Pedro del Castillo de Loarre, pero no distinguimos arqueros cerca. Sujeta también dos peces, uno por la cabeza, otro por la cola, y aún aparece un tercero bajo ella. La composición me recuerda, un poco forzadamente, un triskele, una loa al número tres, pero, ¿la Santísima Trinidad en torno a una imagen de la tentación y del pecado? Puesto a imaginar, hasta el peinado en trenzas podría significar algo más que un derroche de

elegancia, belleza y maestría en la talla de la piedra.

Existen sirenas con dos colas, como existen palabras de doble significado y dobleces en algunas intenciones. ¿Querrían los prelados católicos medievales ejemplificar así su torticera visión de la mujer como personificación del engaño?

Dicen los expertos que la asociación de la mujer y del pez tiene que ver con el sexo. Las imágenes de la sirena sujetando con sus manos los extremos de sus dos colas podría venir a corroborar ese significado. Realmente, al exponer de esa manera el lugar de su cuerpo en el que una mujer dispondría de su sexo, el cantero medieval consigue dotar a su obra de toda la carga erótica que desea, sin caer por el contrario en una muestra explícita, más o menos pornográfica.

En un capitel del interior de la iglesia templaria de Chalamera, la dualidad de la cola de pez se muestra a las claras, dos colas para una sirena, recordándonos aunque no queramos, a aquellos dos jinetes templarios sobre un solo caballo.

Pero la habilidad –o la ingenuidad– del cantero, en este caso, a pesar de que la mayoría de las escenas de esta iglesia se resuelven con una absoluta simpleza de formas, ha conseguido que las curvas de las colas se asemejen a las rodillas de las piernas.

Sirenas que simbolizan el no va más de la tentación sexual, algunas de ellas talladas casi de manera esquemática. Debía de ser una imagen tan conocida que no era necesaria la representación figurativa. Fijémonos, si no, en la sirena de San Miguel de Liso, en Fuencalderas. Más que colas de pez, parecen rollizas piernas terminadas en flores, sólo piernas y un rostro, una cara que asoma entre ellas, dispuesta a cantar, a encantar, a atraer mostrando sus encantos ocultos.

De las viejas historias de sirenas tomaron las leyendas aragonesas no tanto la forma de pez, sino sus largos cabellos, peinados una vez y otra con peines de oro. Peines que posiblemente no fueran tales al principio, sino más bien plectros para tañer la lira que portarían las cantoras sirenas.

Pero era más poético el peine, las púas que una y otra vez acarician aquello que otorga la belleza: el cabello suelto de las doncellas. Sí, sólo la melena suelta era adorno de la moza medieval sin compromiso, e incluso signo de mujer alegre.

Si había que representar una mujer digna, bien casada, una dueña, entonces había que hacerlo con toca. Por eso las sirenas y en general, todas las mujeres de agua, las mulleres d’augua, ensueños de amores imposibles, lucen en las historias y los cuentos, sus largos cabellos húmedos que peinan al sol.

Largos, larguísimos son los cabellos de la sirena de Jabaloyas. En su mano diestra, un espejo circular, y en su siniestra, el peine, lo que nos indica que era zurda, cosa que no es baladí: los instrumentos musicales prohibidos durante algunos siglos se tocaban con esa mano "impura", la misma que utilizaban las bruxas para sus prácticas oscuras.

Las moras y las fadas aragonesas, como sirenas, peinan sus cabellos al lado de ríos y barrancos, ibones y fuentes. A veces utilizan aceite de enebro como las fadas de la Boca del Infierno, a veces tienen peines de oro, como la Mora del Forato de Aquilué o de púas de cristal, como el de la Filadera de Riglos. Algunas, la Mora de Rasal por ejemplo, se hacen cuidar el pelo por peinadoras como la Biella de Casa Petrico.

Como las antiguas sirenas, en fin, las fadas d’os Ibons de Puerto o la del Ibón de Estanés seducen y atraen al caminante soñador que termina habitando para siempre en el misterio del fondo ignoto de los lagos del Pirineo.

*Este texto está ilustrado con varios dibujos de Sirenas, y es uno de los 22 que integran el Bestiario ilustrado de Aragón de Chema Lera, escritor, ilustrador y presentador del ‘Aragón Misterioso’ de Aragón Televisión. El volumen aparecerá en breve, editado por Prames. No puedo colgar aquí las sirenas, pero cuelgo otra ilustración de Chema Lera.

4 comentarios

camila -

a i me encantaria ser una sirena pero no se puede ser y si yo fuera una sirena lo disfrutaria por desde q se q las sirenas existen q no dejo de pensar en la sirenas seria lo mejor cosa del mundon de berdad y las sirenas son lo mejor besos

gema -

el cuento es estupendo,muy bonito y gracioso

Lamia -

Antón, hoy me he sentido como en casa. Las lamias de mis tierras del norte se parecen mucho a estos seres que Chema describe tan bien. Ellas peinan sus cabellos junto a arroyos escondidos en hayedos milenarios.
Por cierto, he de confesarte un secreto: acabo de comprar tu libro para regalárselo a una amiga. Y pretendía comprar también el de Chema que, aunque no va a tardar mucho, aún está en máquinas.

Blanca -

Enhorabuena Chema!! :D
Qué ganas tengo de que salga a la venta ese libro. ^_^