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Antón Castro

XULIO L. VALCÁRCEL: CINCO POEMAS

XULIO L. VALCÁRCEL: CINCO POEMAS

Desde hace muchos años, Xulio López Valcárcel es un gran amigo. Desde finales de los años 70, había ido adquiriendo sus libros y había seguido muy de cerca su trayectoria. Xulio es un memorioso hombre de poesía (se sabe mil poemas, mil canciones, mil anécdotas: su Memoria de poeta no tendrá precio, será tan extraordinaria como la de Pepe Cáccamo), la ternura y la humanidad que anda, la dulce lucidez que llegó de Lugo a Santiago y de ahí a A Coruña. Escribe y ha escrito de todo: poesía, narrativa, ensayo, textos de arte, es un formidable viajero que redacta sus andanzas, un curioso de las cosas de la vida y un cultivador de la amistad. Vive frente al mar: en su casa con vistas y en su refugio de marino-poeta frente a la Marina de A Coruña, en un espacio lleno de cuadros; ahí tiembla de cuando en cuando un cuadro de Ignacio Fortún, el pintor zaragozano de Las Fuentes. A Xulio le he pedido algunos poemas, y ha tenido una deferencia absoluta: la joven Diana Varela Puñal ha traducido unas composiciones de A melancolía dos corpos para este blog. Y aquí están con su ritmo y su segura dicción aprobada por el poeta que ha publicado en Aragón, en Olifante, El volumen de la ausencia, y en Lola Editorial, Casa última. Este texto es un viaje a los lugares infancia, al edén inicial del niño, a los aromas del campo invadido de lluvia. La foto es de mi querido Leopoldo Pomés.

 

De  “A MELANCOLÍA DOS CORPOS”

 

                                      XULIO L. VALCÁRCEL

 

 

 

Rescoldo

 

Ese calor que dejas en el lecho

al levantarte...

nada tan tierno, nada tan sutil

e inaprensible, nada tan íntimo.

El calor de tu cuerpo,

plumón de pájaro,

levedad de un ala,

ángel ignoto que dejó

su presencia invisible

en ese lugar que delimita,

impreciso, tu cuerpo;

tu cuerpo, leve peso,

pero tenue, más tenue, la tibieza

de ese rescoldo

sin materia, sin forma,

ingravidez diluida,

brasa última apagándose...

Frontera vaga, límite al no ser,

ese calor silente y hondo

que por los dedos asciende

en corriente amorosa,

hilos de rocío envolviendo

en una diana de ardor

el corazón.

 

Filme

 

Somos lo que recordamos

Te preguntas que sería de aquella muchacha

que perseguía su sombra

bajo un sol inclemente

en las lojas gastadas de una plaza desierta

remota escena de  una película de los años cincuenta

Tú no habías nacido pero llegaste a conocer

la expresión de su mirada

el rictus de los labios

Era ella en su  forma natural

o interpretación que hacía

obedeciendo indicaciones

Donde se separaban y donde confluían

la joven real y el personaje del filme

Olvidaste título música argumento

la única escena que regresa es la plaza

empedrada y la niña solitaria

tratando inutilmente de alcanzar

pisándola su propia sombra

Luego en otro plano un rostro mirándote

que era y que no era el suyo

Joven enigmática en un entorno

enigmático que se fue perdiendo

en el suceder de los años y que existe ahora

no como era –si realmente era-

sinó como tú la recuerdas

La joven de la ficción y la joven real

eran dos y la misma

pero sólo la de ficción sobrevive

en la divagación de estas palabras

La joven real ya no existe

Estará jubilada puede que muerta

seguirá tal vez persiguiendo su sombra

 

 

Padre apache

 

Amonal de los cuartos deshabitadas ruinas

en las que los muertos superan a los vivos

huele el dolor a intemperie te quedaste sólo

cumpliendo rígidas normas del centro

que te hospeda pero no te acoge

A mil quilómetros de casa

guardas abasto exiguo una mirada

unas frases el tacto de unas manos

un beso trémulo pábilo que alumbra

las sombras que te acosan

Como los viejos pieles rojas abandonados

entre la nieve que borra los caminos

cuando exánimes seguir no pueden

la tribu protectora que se aleja

Arrimado a las vacilantes brasas

de la vida que se extingue

en medio de la noche en la que aullan los lobos

acercándose

padre apache

 

 

Madres en la niebla

 

Llegan dispersas difuminadas en la niebla

madres fatigadas felices portando

en la cabeza sobre pañuelos enroscados

grandes tinajas de ropa

 

Hirieron los nudillos restregaron los dedos

en ardua labor cuando el invierno domina

con sus cuchillos de hielo

 

Esperan  ellas el sol refugiado

en las sábanas de fulgor

almidonado

 

Planchan las madres pensativas

absortas en las aguas de un pozo

 

No se preguntan si el torso guarda

en la tersura de la prenda la maniobra

de la línea esmerada pacientemente perfilada

la eliminación de la arruga

No se preguntan si en los hilos tejidos

permanece la entrega

o si el amor es en sí mismo una alquimia

 

Ellas no se preguntan no lo precisan

pasan repasan insisten afinan

eternizan un gesto

que conjura maleficios y estira soledades

 

Regresan en la niebla las madres

con una brazada de sábanas blancas espumas

astros concentrados

todo un sol contra la cara

deslumbrándonos

 

 

 

 

 

Huele el dolor

 

A qué huele el dolor...

Como el frío, la soledad, el miedo

o la muerte,

tiene también un olor el dolor.

Muchas veces intenté descifrarlo

pero se esconde, se diluye,

se camufla. Ofrece pistas falsas.

Tiene algo de alcanfor, de cerrado, rancio,

algo de narcótico,

pudiera ser alcohol, adrenalina o mercurio,

como podría ser amoníaco,

vértigo o náusea.

Trae estigmas de ulcerada claridad,

descansa sin ser visto en las sillas

y oscila obsceno en las perchas de la tristeza.

Porque existe, huele; sí, el dolor huele

en las ojeras violetas, en los vidrios del insomnio

y en las cárdenas cicatrices de la espera

o la angustia.

Huelen los cuerpos doloridos,

huele la fiebre y la sombra

como huelen el cansancio, la miseria o el hambre.

Huele el dolor y nos oprime

en la boca un esparto,

una esponja en la garganta,

cuando percibimos nítido, punzante,

reconocible y al mismo tiempo indescifrable,

su aroma.

 

                            (Traducción del gallego: Diana Varela Puñal)

 

                           

 

 

 

1 comentario

Beatriz -

Antón: me llevo prestado Rescoldo y Huele el dolor.
Me han llegado al alma estos poemas.
Gracias