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LA CAJA NEGRA DEL TEATRO ARBOLÉ

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Ha pasado algo más de un año desde que Zaragoza se convirtiera en una de las capitales de verano del mundo. Ver los cartílagos desventrados al sol de los pabellones agita la melancolía. Por ahora, hechas algunas salvedades, el recinto tiene algo de lugar fantasmagórico que ha perdido a sus remeros y a sus pingüinos. El Ebro sube y baja, lodoso, más acompañado que nunca: los enamorados musitan palabras de amor, palabras y besos. El Parque del Agua se despliega como una tierra de promisión, repleta de oasis, sombras y playas. Dentro de él está el Teatro Arbolé: un espacio espléndido, una caja negra de resonancias donde caben todas las disciplinas: el teatro, los títeres, la música, el vídeo. Los sueños. Uno de sus responsables, Esteban Villarrocha, dice que desde su entrada se contemplan los mejores atardeceres de Zaragoza: atardeceres de fuego, fogonazos de luz que pintan pájaros sobre los árboles. La sala, de pequeño formato, es espléndida: tiene talleres, una estupenda librería de teatro y músicas del mundo, un pequeño local de ensayo, diversas estancias y los camerinos. Al menos, doce familias viven de ese proyecto, que ha costado 1.660.000 euros, que paga la compañía de Iñaqui Juárez: Arbolé sigue por aquí y por allá con su destino de titiriteros ambulantes. Es un espacio alternativo, plural, rebosante de ideas: una de las últimas es incorporar en el amplio pasillo de acceso una pequeña sala de exposiciones en donde la artista Isabel Biscarri presenta un trabajo muy sugerente. El viernes actuaba allí Javier Ruibal, acompañado a la voz y al piano por Laura Furci Moratti; ofrecieron un recital inolvidable, ebrio de mestizaje y de hondura, toda una isla de sensualidad y de belleza caliente. Luego, salías a la medianoche: algunas luces y otras tonadas se extendían por la ribera contra los aullidos del cierzo.

*Hace unos días cambié de ordenador y desde entonces se me desajusten todos los tipos. Siempre utilizo Garamond, antes 16, ahora 12, y aún así salen como salen. Lo lamento de veras. Sinceramente no sé como reparar ese desaguisado. Mil disculpas a los que os asomáis aquí de cuando en cuando. Este artículo apareció el domingo en la sección 'Cuentos de domingo'. Aquí están Laura Furci y Javier Ruibal.

 

 

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