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EL VALOR DE LOS ADVERBIOS

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Anda por ahí un editor infatigable, poeta a su vez y animador cultural desde su sello Eclipsados, que se llama Ignacio Escuín Borao. Es turolense y del Real Zaragoza, y el veneno de la literatura impregna sus venas. Milagrosamente –el hombre es un milagro químico que sueña-, descubre jóvenes, publica a escritores de aseado currículo y a algún que otro consagrado como Ferrer Lerín, el ornitólogo que atrapa las metáforas bajo los cielos de Jaca. Un día, al empecinado Escuín le llegó un curioso borrador: ‘No hay adverbio que te venga bien’ de Jesús Marchamalo y Mario Merlino. Marchamalo, madrileño y embrujado por todos los secretos de los libros y sus autores, había escrito un conjunto de textos sobre el lenguaje, la pasión por las palabras y la tentativa, casi imposible, de decir el exacto nombre de las cosas. Merlino, traductor de Lobo Antunes y rapsoda pasional, había redactado un juego de divagación sobre el lenguaje, donde reivindica su modulación, su música, la capacidad de la traducción, la palabra como ser vivo. Habían unido sus textos en un libro menudo, intenso, que apetece leer porque habla de la identidad, del placer, de la vida, y a la vez hurga en un delicioso y humanísimo anecdotario de Clarice Lispector, Salinas, Cortázar, Juan Ramón Jiménez o aquel Italo Svevo, que recibía lecciones de inglés de Joyce y acabaría por tocar el violín. Ese libro se enriqueció con unos dibujos de Isidro Ferrer. Lo coges en la mano y es una pieza con alma, con rebeldía, una invitación a la libertad. Ahora es, más que nunca tal vez, cuando debemos decir el exacto nombre de las cosas. Estamos en una crisis profunda, y no sólo económica: España ha perdido el respeto a sus ciudadanos, a lo público y a la democracia, y corre el peligro de transformarse en una cloaca. Ante el mangoneo no hay adverbio que valga. 

*Esta foto es de Sergio Larrain.

 

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gravatar.comAutor: José María

No sabía que era editor. Yo lo conozco como poeta. Copio aquí un poema suyo, duro y valiente:


Otros vendrán y se tirarán por ti a la Tere, se comerán el bocadillo de tus hijos y ocuparán tu lugar en el mundo. Vendrán otros, y esto es importante que lo sepas, siempre habrá otros. Tu mujer tendrá en la boca el nombre de otro que pudo haber sido y no fue o quizá lo sea a tiempo parcial; tu jefe pensará siempre en otro por si un día te relajas y crees que ya lo has hecho todo por la empresa.
El mundo siempre esconde una sombra tras la tuya, la amenaza es permanente. Vendrán otros y alcanzarán los objetivos que tú dejaste a medias, el orgasmo de la Tere, la certificación ISO 2/190, los sueños de tus hijos.
Pon un plato más en la mesa los domingos y cuando tu mujer te pregunte dile que otros vendrán. Así sentirá que le lees el pensamiento, se sonrojará y quizá el postre dominical seas tú.

Fecha: 30/10/2009 18:34.


gravatar.comAutor: Ferrer Lerín

Gracias, Antón, por lo de 'consagrado'. Lo cierto es que a Nacho Escuín le debo la existencia de "Papur", en una, además, impecable y singular edición.

Fecha: 01/11/2009 19:01.


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