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'VIVIR DEL AIRE': HISTORIAS DE LECTORES

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La fiesta de los libros siempre deja historias preciosas. Cada lector es un mundo y es un buscador de tesoros, de emociones, un buscador ansioso o apacible, un náufrago de soledades que necesita un remedio en las palabras, en las criaturas imaginarias y quizá en una firma amiga. Es fácil encontrarse con todo tipo de lectores: el intérprete casi oculto que prepara un disco y escribe en secreto cuentos infantiles mientras sueña “la música de la luna”; el joven que quiere ser escritor y lo es del modo más elemental y enternecedor: escribiendo poemas y editando, en fotocopias, sus pequeños libros que son como álbumes de aforismos, de relatos y de juegos de palabras. El cantautor y tenor lírico que ha sido devorado por el desdén del olvido y acaso por la enfermedad de la melancolía. La abuela, viuda y aún hermosa, que se ha reencontrado consigo misma contándoles cuentos cada noche a sus nietas: confiesa que así recupera el asombro de la niñez y sale de expedición por las selvas de la fantasía. También aparece la niña dulce que siempre había creído que le gustaban las sirenas y de repente se percata de que su auténtica debilidad es Hanna Montana. O el escultor y pintor Miguel Torrubia, que desea un volumen para entrar en el sueño con una dedicatoria inolvidable, y  acaba hablando de las torres mudéjares que ha hecho de madera. Cuando muere el día, aparece una señora que querría comprar un libro: no sé sabe cuál, ni sabe bien qué busca, ni quizá con quién querría compartirlo. El librero, a punto de cerrar, le ofrece uno y le dice: “Es un regalo: es un libro sobre la felicidad de leer, de vivir. Es el libro que alguien escribió para usted”. La señora no sabe si cogerlo. Se emociona. Al fin lo acepta, lo acaricia y se adentra, con lágrimas en los ojos, en la incipiente noche de su cuento.

 

*El pasado 23 de abril, Día del Libro, firmé ejemplares de ‘Vivir del aire’ en el puesto de Olifante. Gracias a la colaboración impagable de David, de Panda de Tolos, y de Reyes, fue resultó una jornada memorable. Por la mañana estuve con Ángel Guinda; por la tarde, a ratos, con Octavio Gómez Milián, que firmaba ‘Lugares comunes’ y atendía a sus clientes en la caseta de Comuniter, donde dirige varias colecciones. Firmé un centenar de libros. Jamás me había ocurrido algo semejante. Me ocurrieron cosas muy simpáticas con los lectores. Esta foto pertenece a Javier Burbano. 

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gravatar.comAutor: JESUS

Bonito y tierno, no se me ocurren otras palabras.

A lo igual que los medicos, y su consabido "cada enfermo es un mundo, no busques lo tuyo en internet".

Te dejo un enlace con un pequeño cuento de la pequeña Sofia, 6 años, que lo escribio ayer en el tiempo libre del comedor y llego a casa y solo tenia una ilusion "publicarlo en el blog", y ya no es el primero...

Saludos

JESUS

http://planetwoow.blogspot.com/2010/04/micro-contes-per-sofia.html

Fecha: 27/04/2010 10:44.


gravatar.comAutor: mayusta

Poesía viva. Siempre "la música del corazón", y no sólo en la tibia noche de un dormitorio... Un abrazo.

Fecha: 27/04/2010 18:05.


gravatar.comAutor: Marcos Callau

Un texto lleno de ternura, amigo Antón. Libros como "Vivir del aire" es una de esas pequeñas cosas que te hacen amar la vida, tener deseos de continuar y amar a la poesía por encima de todo. Enhorabuena por tu obra.

Fecha: 28/04/2010 12:45.


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