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LA BICI, LA MEMORIA, EL POEMA: DIÁLOGO CON REBECA CARTAGENA

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ENTREVISTA SOBRE ‘EL PASEO EN BICICLETA’

Por Rebeca CARTAGENA.

HERALDO DE ARAGÓN 25.03.2011

‘El paseo en bicicleta’ (Olifante) está dedicado a su mujer, Carmen, y algunas partes a sus hijos. ¿Se pedalea mejor en familia?

Pues sí, claro. Con mi padre no pude, porque no me dejó. Pero con mis hijos y mi mujer, sí, nos gusta salir los sábados y los domingos. En familia se pedalea muy bien, yo soy muy familiar.

En el libro aparecen personajes reales como el actor Luis Felipe Alegre, los Curie o la cantante Nico, mezclados con sus vivencias íntimas. ¿Qué parte es propia y cuál prestada o inventada?

Hay cosas que me han prestado muchos amigos. Lo que he escrito de Luis Felipe es verdad, es uno de los primeros amigos que hice en Zaragoza y le debo una cosa muy importante: cuando nadie decía que yo era poeta, él siempre me llamaba a encuentros de poetas. De alguna manera, es una de las personas que me han empujado a escribir versos. Este libro es esencialmente verdad, con todas las libertades creativas y de ficción que me he permitido. Los escritores somos como vampiros, nos es más fácil desdoblarnos a través de los demás. He hecho ejercicios de impostura que tienen mucho que ver con cómo son las cosas en realidad.


Lo que contiene el libro no siempre tiene la estructura que normalmente se asocia con un poema, hay partes que son más bien como cuentos...

Es una poesía muy narrativa, un texto híbrido, en verso y en prosa. En España el poema en prosa tiene mucha tradición. Yo no me considero un gran poeta. Me siento más cómodo narrando que creando solo imágenes. Hay algunos en verso libre, blanco, y quizá el que podría ser poesía más convencional es ’Ramón Acín’, que está medido en octosílabos. Sí hay imágenes que tienen mucho que ver con la vida, con la naturaleza, porque el ciclista sale a fundirse con lo que ve. Todo le vale. Por eso es un libro lleno de imágenes con olores, sabores, puestas de sol...


¿Cuándo tuvo su primera bicicleta?

No tuve bicicleta hasta que vine a Zaragoza, porque mi padre nunca quiso que tuviera. La primera mía de verdad la compré en 1990, cuando vivía en Urrea de Gaén. Compré dos, las montábamos mi hijo Daniel y yo. Aunque en el libro, en ’El cartero de Jacques Tati’, cuento el primer viaje que hice con mi mujer por Zaragoza, con unas bicis que no recuerdo quién nos prestó.


Aparte de pedalear por gusto, en ’El paseo en bicicleta’ queda claro que es seguidor del ciclismo profesional, porque cita a muchos corredores: Hinault, Merckx, Fignon, Delgado, Contador... ¿De dónde le viene esa afición?

Desde pequeño me gustan todos los deportes con locura. El ciclismo me apasiona desde niño, era un auténtico chalado. Había dos niños, los gemelos Dubra, que tenían una bici roja y otra azul y me las dejaban uno cada rato. Montado, yo hacía crónicas radiofónicas de ciclismo solo para mí, tenía 14 o 15 años. No he estudiado Periodismo, solo Electrónica, pero siempre he tenido una vena de contar cosas, sobre todo del deporte: ciclismo, boxeo, tenis... Mi favorito es el atletismo, el fútbol no es el que más me gusta. Y hasta este libro no me había dado cuenta de que me había marcado tanto el ciclismo.


Como señala en el prólogo Miguel Mena, en ’El paseo en bicicleta’ hay también textos que transmiten cariño hacia Zaragoza, ciudad a la que vino desde su Galicia natal. ¿Se siente a estas alturas plenamente zaragozano?

Me siento muy de Zaragoza. Es una ciudad que amo, que me gusta muchísimo y, aun con sus contradicciones, me parece muy acogedora. Para mí ha sido una referencia fundamental, y eso que tengo una gran capacidad para adaptarme a donde estoy. Pero con Zaragoza tengo algo especial. Este es también un libro de testimonio de gratitud a la ciudad y a la gente de esta ciudad, de amor a Zaragoza y a una persona con la que llevo 30 años.

¿Cómo surgió el libro?

Nació el verano pasado, como cuento en ’El pescador y su hijo’. Es la historia de alguien que está en ruta y recuerda cosas cuando mira hacia el pasado, el presente y también el futuro. Hay además un diálogo con personajes que han vivido la bicicleta como algo especial: Horacio Quiroga, los Curie o Barral, que era un personaje de mi infancia. Ha sido un libro tan emocionante... Y me da la sensación de que he sido intérprete de algo gozoso que siente mucha gente.

 

*Esta foto es de José Miguel Marco. Está tomada a orillas del Ebro, con el despertar de la primavera de 2010.

 

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antoncastro

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