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DALÍ, LA MUSA Y EL JOVEN PERIODISTA

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[La pasada semana, en la UIMP de Santander, en un curso que dirigió Basilio Baltsar, Sergio Vila-Sanjuán contó esta anécdota. Aquí la cuento a modo de homenaje al periodismo y a Sergio, claro, y al binomio Gala y Dalí.]

 

LA MUSA GALA Y EL JOVEN PERIODISTA

Sergio Vila-Sanjuán es escritor y director de uno de los mejores suplementos de España, ‘Culturas’ de La Vanguardia, y es experto en los secretos del best-seller. Cree que uno de los pioneros del periodismo fue Giorgio Vasari, autor de ‘Las vidas’, de Rafael, Leonardo o Miguel Ángel, entre otros. A Vila-Sanjuán, cuando empezaba en ‘El correo catalán’, le sucedió algo inaudito. En torno a 1978, Salvador Dalí estaba muy vigilado por su entorno y su silencio generaba suspicacias. No recibía a nadie, ni a periodistas españoles ni extranjeros. Sergio tenía en su agenda un número de Dalí; llamó y el propio pintor cogió el teléfono. Hablaron durante media hora. Le recordó que era periodista. A Dalí no le importó: se explayó a su gusto. Y al día siguiente, Vila-Sanjuán firmó una auténtica primicia. Al cabo de un día o dos recibió una llamada a la redacción, nada más y nada menos que de Gala. Le dijo de todo: qué cómo se atrevía, cómo había traicionado el silencio de un gran artista, y bastantes insultos. Lejos de arrojarse al mar o de renunciar a su vocación, armado de valor y de ingenio, el reportero le mandó un ramo de flores. Un par de días después volvió a recibir la llamada de la mujer del artista. Le dijo: “Veo que no era usted tan mala persona. Le invito a que venga a verme”. Sergio conocía la leyenda de devoradora de hombres jóvenes de aquella dama, que había sido mujer y musa de Eluard y enemiga feroz de Buñuel. Aún así, acudió. Llamó al timbre en Port Lligat y le abrieron. Poco después se presentó ella, lo miró de arriba abajo y de abajo arriba apenas unos segundos, y le dijo: “Ya puede irse”. Así, de esta forma inquietante, empezaba su carrera y el cuento inagotable del periodismo.

 

*Este texto apareció en Heraldo en mi sección de ‘Cuentos de domingo’. Gala y Salvador Dalí en una foto de Alfred Eisenstaedt.

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