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LOS TITIRITEROS DE BINÉFAR / 2

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TRECE AL SOL de... LOS TITIRITEROS DE BINÉFAR  / 2

Paco Paricio y Pilar Amorós fundaron en 1975 la compañía Los Titiriteros de Binéfar, que recibió el Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud en 2009. Reestrenan, en Abizanda, ‘El Bandido Cucaracha’.

 

“Una moza escandinava se coló en nuestra furgoneta”

“En el verano se regresa a ‘la verdadera patria’”

“El verano es tiempo de escuchar  historias en la noche”

 

 -1. ¿Qué hacen los actores en verano?

-Pilar y Paco. Creo que existen  actores de dos clases: los que trabajan en ciudades en temporadas y suelen tener vacaciones veraniegas, y los que hemos construido el oficio a base de rondar pueblos y adaptarnos a las necesidades del tosco medio. Nosotros somos de estos últimos, así que es tiempo de trabajo duro: “cosechamos”.

-2. ¿Dónde suelen veranear?

-Pilar y Paco. No veraneamos. Nos tomamos unos días en septiembre, o en enero tras la temporada navideña. Somos tan viajeros en lo cotidiano que nuestras vacaciones son “en casa”, pero en la casa de Abizanda, cerca de la naturaleza.

 

-3. ¿Son de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

-Pilar y Paco. Somos de montaña y “de pueblo”. Nos gusta tanto ser de pueblo y nos reconocemos tanto en la expresión que cuando fundamos la compañía pusimos el nombre del pueblo como apellido.

 

-4. ¿Qué significa ser de pueblo?

-Pilar. Ir al  pueblo es siempre, aunque no sea el tuyo o el de tus padres, un viaje a la raíz, a lo que fuimos o mejor a lo que pudimos ser, a esa parte de nosotros que necesita el contacto cercano y humano.

 

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

-Paco. Todos los veranos dejan huella, una impronta indeleble, yo no sería titiritero si además de haber conocido al titiritero  Gerardo, el viejo “Bululú” de San Esteban de Litera, no hubiera hecho campamentos y colonias veraniegas de adolescente. Recuerdo también el primer verano de ronda titiritera con el carromato de ‘El Bandido Cucaracha’  y la Orquestina del Fabirol al completo por las carreteras secundarias  de Aragón.

-Pilar. Fue en Taiwán, en la ciudad de Tainan. Estábamos de  gira por la isla, tras la función en el teatro preguntamos por un titiritero y, además de saludarlo, le dimos un regalo. Él para correspondernos nos invitó a su casa, sacó las marionetas que ya casi no usaba y las movió para nosotros; toda su familia era feliz, él y nosotros también. No utilizábamos el mismo idioma pero hablábamos el lenguaje de los muñecos. Fue una velada  inolvidable.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

-Pilar. Sí, es así,  es un cambio, una mutación, una oportunidad que nos da la vida de verla cada año desde otra perspectiva.

-Paco. Hay veranos “transformadores” porque decides sentirte arrastrado por ellos, seguir la propuesta que te hacen... Son los veranos que te cambian la vida. Y hay veranos “de paréntesis” que te refuerzan en lo cotidiano porque sabes que lo que has vivido sale fuera, es de otro mundo, no acaba de pertenecerte. El problema es saber diferenciarlos…

 

-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces?

-Paco. Es más una sensación... cerca del agua haciendo algo que me gustaba, mi abuelo Joaquín, próximo y trabajando en el campo y narrando algo…

-Pilar. Mis recuerdos son dos: trasnochar en la puerta de casa con los vecinos, y jugar en el río con mis hijas Marta y Eva cuando eran pequeñas.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas (u otras actividades) hacen en estos días?

-Paco. Estoy leyendo un libro de Joaquín Díaz sobre la tradición heterodoxa, ‘La Tradición Plural’, lo encontré en una librería de viejo.

-Pilar. Entre función y función, en la era de La Casa de los Títeres de Abizanda, leo este verano ‘Todos los cuentos’ (Mondadori) de García Márquez  y poemas del caspolino Eduardo Trelles.

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película están asociados a un verano inolvidable?

-Pilar y Paco. No, no  tenemos  ningún elemento cultural asociado al verano, si sensaciones como “olor a tierra mojada tras la tormenta” y una vivencia  especial,  de noche, saliendo del pueblo en el que hemos dado la función. A lo lejos se oye la música de la orquesta que toca en la plaza, algún petardo, el ulular del mochuelo. Regresamos a casa tras haber sembrado la comedia.

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

-Pilar y Paco. Había en la primera época titiritera una orquesta navarra, se llamaba Faber, trabajaba por los pueblos del Pirineo y los Monegros, cenábamos con sus miembros en la fonda  del lugar. Nosotros habíamos hecho la función de títeres y regresábamos a casa, pero a ellos les quedaba la “sesión de noche”. Les dábamos ánimo y nos sonreían.

 

-11. ¿En qué han cambiado los veranos?

Pilar y Paco.- Tal vez la gente sigue viendo menos la tele en verano y saliendo más a callejear. No han cambiado tanto… bueno sí, ¿por qué ahora casi no se ven luciérnagas?

-12. Si tuvieran que resumir el estío en un tuit de 140 caracteres, ¿qué dirían?

-Pilar. El verano es esa parte de la vida en la que regresamos a “la verdadera patria”, esa época en la que no miramos pasar la vida, simplemente  la vivimos.

-Paco. Es esa temporada en la que no contamos sino que regalamos. Es tiempo de escuchar  historias en la noche, cuando las luciérnagas vuelan.

-13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

-Pilar y Paco. Pamplona, fiestas de San Fermín en  una actuación  tras el encierro: una moza escandinava se cuela en nuestra furgoneta, la sacamos, pero regresa y  permanece en ella durante la función, quiere quedarse, logramos que desista. Unos días después y en un pueblo de Teruel, aparece una muchacha  húngara que ha hecho un largo viaje, quiere ser titiritera y viajar con nosotros porque nos había visto en un festival internacional. Esta vez permitimos que se quedara.  El siguiente  bolo es una  actuación  al aire libre, nos cae encima una tromba de agua. Como locos recogemos los  decorados, los  títeres, focos e instrumentos en la furgoneta, a toda prisa; sigue lloviendo a cantaros,  aún disfrazados, salimos del pueblo. Llevamos ya unos kilómetros de viaje tratando de llegar a la nave de Binéfar para hacer el inventario del desastre. Oímos ruidos en la parte trasera de la furgoneta dónde va la carga, y una voz que dice con acento extranjero: “por aquí todo bien” “¡La húngara!”, gritamos al unísono al tiempo que estallamos en risas. Eva Vas, que así se llama, se quedó con nosotros todo el verano, conoció muchos pueblos de Aragón y ahora es titiritera en Budapest.

 

 

 

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