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RECUERDO DE ROSSANA PODESTÀ

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[Hace casi diez días empecé en 'Heraldo' una sección navideña diaria, 'Qué bello es vivir' (la tituló así su coordinador Christian Peribáñez, un estupendo compañero desde hace varios años). Ayer publiqué esta nota sobre Alfredo Castellón Molina y la actriz Rossana Podestà.]

QUÉ BELLO ES VIVIR. Hace unos días, fallecía en Roma la mujer que encarnó a ‘Helena de Troya’ de Wise. El cineasta aragonés la recuerda.

 

Alfredo Castellón: una cita en Roma con Rossana Podestà

 

El escritor y realizador Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1930) experimentó ayer una pequeña conmoción. Hacia la una llamó a algunos de sus mejores amigos y les dejó este mensaje: “Se nos ha muerto Rossana Podestà”. En realidad, la actriz, nacida en Trípoli (Libia) en 1934, había fallecido el pasado diez de diciembre, pero algunos medios publicaban ayer su necrológica. Era la actriz por excelencia del ‘peplum’ italiano y de muchas películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Llegó al cine hacia 1950, con apenas 16 años, y reclamó la atención de cinéfilos y espectadores cuando le birló el papel de Helena de Troya, en la película homónima de Robert Wise, a actrices ya consagradas como Liz Taylor, Ava Gardner o Lana Turner.

Rossana había empezado a destacar un poco antes, cuando participó en ‘Ulises’, junto a Kirk Douglas y Sylvana Mangano, y cuando Michelangelo Antonioni le concedió el papel de protagonista para su película ‘Las amigas’ (1955), en la que el joven cineasta aragonés Alfredo Castellón era ayudante de dirección. Castellón se había ido a Italia con una carta de recomendación de Luis García Berlanga y el maestro italiano le dio un modesto empleo hasta que la película se interrumpió por falta de presupuesto. Y le autorizó a observar todos sus rodajes en los estudios de Cinecittà, en Roma.

“Me hice amiga de la madre de Rossana Podestà antes que de ella. Esperaba y vigilaba a su hija que tenía una preciosa y angelical cara de niña”. La acompañaba a todas partes. “Recuerdo que nos citábamos en un café, el Losetti, donde también iba mi gran amiga de entonces, la filósofa María Zambrano, pero a ella no pareció interesarle mucho la joven actriz. Estuve cinco o seis veces con Rossana pero su madre siempre estaba allí de carabina”, recuerda Castellón, que estuvo casi dos años en la Escuela de Cine de Roma.

Rossana, que había empezado con muy buen pie, quería saber, sobre todo, cosas del montaje “y también me preguntaba qué cine quería hacer, y yo le decía que ambicionaba hacer películas surrealistas como las primeras de Luis Buñuel: ‘Un perro andaluz’ y ‘La Edad de Oro’”. En aquellos días de felicidad y de revelaciones, Castellón coincidía con cineastas como Peter Kubelka y Tomás Gutiérrez Alea, con el artista vietnamita Tranto y con un realizador de documentales como Silvio Maestranzi, con el que hizo dos películas: ‘Los techos de Roma’ y ‘Viena, 1956’. “Entonces tenía un proyecto muy ambicioso: quería hacer una película sobre los tapices de Goya y me pasaba horas y horas leyendo y preparando el guión”.

Castellón confiesa que nunca pudo estar a solas con la bella Podestà. Él tomaba café y ella capuchino o Campari. Poco después se casó con el cineasta Marco Vicario, que la convirtió en una musa elegante y ligera de ropa. Castellón intensificó, entre 1954 y 1956, la relación con una de las mujeres de su vida: María Zambrano. Se veían en ese mismo café, el Losetti, o en una plaza solitaria donde la autora de ‘Claro del bosque’ alimentaba a un montón de gatos. “Esa amistad fue realmente preciosa: aprendí mucho. María fue muy generosa conmigo”. Curiosamente, hace poco se supo que la pensadora malagueña vivió una historia de amor a mediados de los años 20, en Segovia y Madrid, con el militar e ingeniero aragonés Gregorio del Campo, de Ambel, y que de esa relación nació una criatura, que falleció a los pocos días. Él sería ejecutado en Pamplona, en 1936, por el ejército nacional.

Alfredo Castellón no se encontró nunca más con Rossana Podestà. Vio cómo se convertía en un icono del cine rosa y erótico de Italia. En 1981, le preguntaron a qué hombre se llevaría a una isla y contestó que al explorador y escalador Walter Bonnatti (1930-2011), “una de las mayores leyendas del alpinismo”, según los expertos. Él se enteró, la llamó y concertaron una cita. Su historia de amor duró treinta años, hasta que él falleció en 2011. Poco después, Rossana publicaría un libro, ‘Walter Bonnatti, una vida libre’. Por todas estas cosas, Alfredo Castellón –fundador de TVE, dramaturgo y autor de películas como ‘Platero y yo’ y ‘Las gallinas de Cervantes’- recuerda con melancolía a aquella belleza casi juvenil que iba a convertirse en Helena de Troya y en musa de muchos italianos de posguerra. En Navidad, la añoranza casi nunca es un error.

 

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