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Antón Castro

LA NOCHE INOLVIDABLE DE LA ALMUNIA

La Almunia dedica un viernes de julio a la poesía erótica. Es y no es un pretexto: ese festival ya lleva doce ediciones. El de anteayer registró un lleno apoteósico y ha cambiado de ubicación: ha pasado del jardín de San Juan a El Fuerte, bajo la mirada tutelar de las cigüeñas, que se picotean, se tocan, se contemplan e incitan a su modo a la voluptuosidad general. ¿Qué sucede abajo? Se oyen canciones, bandas sonoras que se deslíen en una atmósfera de fábula y cine, se oyen palabras con hondura, picardía y ritmo, cuentos, microrrelatos, confidencias, rapsodas que buscan los mejores poemas, poetas que estrenan sus versos. Se viaja alrededor del amor, del deseo y del sexo, sugerido y explícito. En las palabras, libres, no exentas de humor, de sutileza o de trazos gruesos, hay exaltación del desnudo y de la intimidad. El sexo es un manantial y una onda expansiva. Se invita a tocarse, a desnudarse, a viajar con los sentidos; se describen evocaciones de un instante, recuerdos de un amor perdido, cánticos de plenitud. Y eso lo disfrutan gentes de distintas edades, ideología y condición social. Hubo momentos de un silencio excepcional (cuando Luisa Miñana recitó a ‘A un muchacho andaluz’ de Cernuda o José María Pemán leyó ‘El silbo de la llaga perfecta’ de Miguel Hernández), de carcajadas imparables (cuando Luis Trébol, Joaquín Berges y Cristina Giménez interpretaron piezas cómicas), de identificación constante o de emoción, como cuando Agustín Sánchez Vidal subió al escenario a recibir el premio Godina de las Letras y recordó cuánto le emociona el Club de Lectura de La Almunia, que pone en pie, año tras año, su visión de la lírica, de la música, del arte, de la convivencia, de la libertad corporal. Y el cántico de la naturaleza a través de las frutas, los vinos y la gastronomía. Muchos jamás habían oído con tal desparpajo un lenguaje que ayuda a normalizar, a entender, a soñar, a fabular: antes que nada, antes incluso que ese instante de fusión y abandono en/con el otro,  el amor y el sexo son las alas de la fantasía, la primera piel del escalofrío. Fue una noche inolvidable que desafía a la trasnochada ‘ley mordaza’.

 

*Este texto se publicaba el domingo en Heraldo de Aragón.

TRES POEMAS DE PABLO GARCÍA CASADO

TRES POEMAS DE PABLO GARCÍA CASADO

PABLO GARCÍA CASADO & DAVID ALAN HARVEY

Pablo García Casado (Córdoba, 1972) publica ‘García’ (Visor. Madrid, 2015. 51 páginas), libro de poemas en prosa del que se dice que “es la realidad cotidiana, el día a día, lo que de verdad importa: los hijos, los padres, las relaciones de pareja, la memoria familiar. Pero ‘García’ es también una mirada poética sobre la política, las relaciones de poder y la propia identidad española. Todo ello desde un lenguaje civil y contemporáneo”. Selecciono dos poemas y un fragmento. Las fotografías son David Alan Harvey, un gran fotógrafo norteamericano que nació en San Francisco en 1944 y que reside y trabaja en Nueva York. Ha viajado alrededor del mundo y ha hecho numerosos trabajos en varios países, entre ellos en Brasil. Esas son las fotos más veraniegas.

 

VERSUS

Lo has dejado por escrito. Has purgado tu ansiedad con un puñado de palabras. Las mismas que aún no puedo expresar. Las mismas que un día llegaré a comprender. Ese día voy a odiarte. Por el amor que te tengo. El infalible, el puro, el que nada pide a cambio.

 

GARCÍA

Tres vocales, tres consonantes. Un apellido en un mar de estadística, vaciado por el uso y las generaciones. La única certeza que dejaré a mis hijos. Un documento sin título.

 

 

III (‘TURN)

Hay un tiempo ara todo, bajo el cielo, un tiempo para cada cosa. Y el tiempo es ahora, y es aquí. He de encontrar un relato, una certeza. No quiero una rendición sin condiciones. Quiero decirle a mis hijos, “aquí tenéis la mañana, es toda vuestra, sin duda os pertenece”.

 

*La foto es de Dominique Issermann.

DANIEL GASCÓN: LA REALIDAD Y EL DESEO

DANIEL GASCÓN: LA REALIDAD Y EL DESEO

Daniel Gascón, editor y responsable de la edición española de 'Letras Libres', que dirige Enrique Krauze, reflexiona sobre la política española a la luz de los primeros gestos, y algunas paradojas, de los nuevos gobernantes

http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/la-realidad-y-el-deseo

 

LA REALIDAD Y EL DESEO

Por Daniel Gascón

Todo es más sencillo desde la distancia. Un puñado de octogenarios de sexo masculino, célibes y teóricamente vírgenes llevan siglos dictaminando cómo debe vivir su sexualidad el resto de la población: su falta de experiencia no parece angustiarles mucho. Como todo el mundo, yo sé lo que hay que hacer para solucionar la crisis griega y hallar las responsabilidades me parece bastante sencillo. En cambio, en mi trabajo, que consiste básicamente en poner y quitar comas, encuentro dudas, obstáculos y ambigüedades, me parece que mi criterio es erróneo y me meto en dilemas que no sé resolver.

En la política española estamos viendo algo parecido entre algunos de los recién llegados al poder. Seguidores literales de la definición de Fernando Savater que postula que “ética es lo que les falta a los otros”, entre sus intenciones estaba la remoralización de la política, un propósito que adornaban con metáforas higiénicas. Era inquietante: no sé si hay muchas cosas peores que la falta de moral, pero el exceso de moral es una de ellas, y la mayoría de las aberraciones no las comete gente resuelta a hacer el mal sino convencida de hacer el bien. Por eso el encontronazo con la realidad tiene algo positivo.

Un par de días después de que Manuela Carmena se convirtiera en alcaldesa de Madrid, el concejal de cultura Guillermo Zapata tuvo que abandonar su puesto por haber publicado años antes unos tuits ofensivos hacia las víctimas del terrorismo, del Holocausto y de la violencia sexual. Resultaba difícil cuadrar los chistes sobre víctimas de genocidio con la idea de una política inclusiva y “decente”. Pero los defensores de Zapata advirtieron que había que situar esas frases en su contexto, que era el debate sobre los límites del humor, y hubo paladines especialmente imaginativos que lo presentaron como un caso de libertad de expresión. Algunos de quienes argumentaban que había que leer los tuits en su contexto fueron menos escrupulosos al desenterrar, seleccionar o promocionar declaraciones de sus adversarios, que no tenían ética y tampoco merecían contexto.

Pocos días después de ocupar su cargo, la alcaldesa de Madrid declaró que veía el programa electoral como “un conjunto de sugerencias”. Esas palabras, acompañadas de la renuncia a algunas de las propuestas estrella, como la de crear un banco público, resultaban llamativas: en estos años, algunos han defendido los “programas electorales vinculantes”. También suponían un reconocimiento de los límites de lo que se puede hacer.

Aunque una de las cosas que más se ha criticado de los partidos tradicionales es la falta de dimisiones cuando hay procesos judiciales abiertos, Ahora Madrid mantiene en su cargo a personas imputadas. Las penas que pide el fiscal contra Rita Maestre son excesivas y el proceso legal contra Guillermo Zapata es desproporcionado, pero la diferencia más clara entre estos imputados y los imputados de otro partido, y entre los argumentos para defenderlos y las razones para defender a los cargos de otro grupo político, es la formación a la que pertenecen.

Entre las candidaturas regeneracionistas se han producido contrataciones de familiares. Cuando se publicó que Ada Colau había contratado a su marido, la alcaldesa de Barcelona escribió un mensaje en Facebook donde explicaba que no era decisión suya, sino de la coordinadora de su plataforma política, Barcelona en Comú, y que no trabajaría para el ayuntamiento sino para el partido. Colau decía: “Adrià decidió dar el paso a pesar de que pasará a cobrar menos de lo que cobraba en la empresa privada, puesto que es un economista con alta cualificación y experiencia". Añadía:

Como se puede ver, no hay nada ilegal ni inmoral en esto. Lo que sería, y es injusto, es que una persona sea vetada o difamada por el mero hecho de ser mi compañero y padre de mi hijo. Los que llevan décadas saqueando el país a manos llenas, ahora se atreven a intentar lincharnos por reducir los sueldos de los cargos electos y renunciar a privilegios, cosa que les pone en evidencia. [Las cursivas son mías, la puntuación suya.]

Habrá más ejemplos de lo que José Antonio Montano ha denominado narcisismo ideológico, que prefiere la autosatisfacción sentimental a la evaluación de los problemas. En mi ciudad, cuyo nuevo alcalde se presentó por la plataforma Zaragoza en Común, el nuevo gobierno municipal ha decidido unir la concejalía de cultura con la de economía, lo que muestra una distinción con respecto a administraciones previas: de las anteriores sabíamos que despreciaban la cultura, de la actual sabemos que también desdeña la economía. La corporación ha colgado una bandera griega en el ayuntamiento de la localidad, probablemente porque la virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa. Algunos de los errores que han cometido los nuevos gobiernos se han producido en los campos en los que los impulsores de Podemos son expertos: eso produce cierta intranquilidad. Cometerán otros en otras áreas; esperemos que no sean irreparables.

La aparición de nuevos partidos es positiva, y demuestra que la democracia española es fuerte y flexible. Que haya nuevas formaciones de alcance nacional puede permitir una renovación de ideas y el desarrollo de una cultura de la transacción y el pacto que ha sido más común a nivel autonómico que estatal. Esa cultura de la concesión, el realismo y el acuerdo debería debilitar las tentaciones mesiánicas de algunos de los recién llegados. Como me decía un amigo, entretanto y mientras chocan con los obstáculos de la política cotidiana, podemos ver en directo cómo descubren su propio cinismo. Mi apuesta es que aprenderán a convivir con él.

 *La foto corresponde a Ada Colau, en el día de su investidura.

RAFAEL GUILLÉN: UN POEMA DE AMOR

RAFAEL GUILLÉN: UN POEMA DE AMOR

[El poeta Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura en 1994 y autor de ‘Pronuncio amor’, entre otros poemarios, publica en Visor ‘Balada en tres tiempos para saxofón y frases coloquiales’, un libro de exaltación y de incertidumbre amorosas que nace de la pasión y de los viajes, y explora la complejidad de los sentimientos: la plenitud, la pérdida, la desesperación, la modulación sostenida de la amada. Copio aquí un breve poema. La ilustración es de Louise Dahl-Wolfe. Una gran fotógrafa; la modelo es Elizabeth ‘Liz’ Gibbons y la foto está tomada en Cuba en 1941.]

 

DEBERÍAS saber que esto que tiene forma

y consistencia y brillo de diamante,

es porque tú, al mirarlo, le das forma

y consistencia de diamante. Y deberías

saber que yo no existo

si no me miras y me creas

mirándome. Y que también te creo yo

cuando te miro junto a mí. Y que este amor

está recién creado siempre, sostenido

en un inexistente pedestal y ardiendo

en una llamarada eterna, que será eterna

mientras me mires y te mire.

ELÍAS MORO: SOBRE CRISTINA GRANDE

ELÍAS MORO: SOBRE CRISTINA GRANDE

Orquídeas y calabazas

Elías Moro Cuéllar


Ignoro, como tantas otras cosas, si las flores de calabaza se utilizan en la elaboración de perfumes o son apenas el germen necesario para perpetuar la especie de la sabrosa cucurbitácea a la que nombran. En todo caso, y aunque solo fuera por esto último, su existencia estaría más que justificada. Si además sirven para dar título a este hermoso ramillete de artículos literarios que Cristina Grande ha ido sembrando entre las primaveras que van de 2010 a 2014 en las páginas de “Heraldo de Aragón”, solo puede significar que estamos ante una joya para los ojos y los sentidos.

Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962) es dueña de una voz literaria tan personal y delicada como un encaje de bolillos; voz con la que indaga de manera sutilísima en los asuntos más cotidianos y evanescentes dotándolos, a ojos del lector atento y afortunado, de una insospechada trascendencia, de un ánima distinta y mejor. Voz y sensibilidad las de Cristina de las que ya dio muestras más que notables en libros como Agua quieta, Lo breve o Tejidos y novedades, en los volúmenes de relatos La novia parapente o Dirección noche y en la espléndida novela Naturaleza infiel.

En cada una de las 98 columnas que conforman estas Flores de calabaza, asuntos tan aparentemente banales como mirar un escaparate o ponerse, o no, un disfraz, son transformados, por obra y gracia del talento de escritora de Cristina Grande, en una pieza literaria de primer orden. Leer uno solo, o un ramillete de ellos, de estos artículos al día puede darle sentido a una jornada que hasta entonces era rutinaria y anodina. Esa, entre otras, es una de las virtudes de la buena literatura cuando está en manos de quien sabe compartirla con los demás. Pocos son los escritores que consiguen tal comunión con ese lector desconocido que somos todos y que nos hemos acercado, golosos y esperanzados, a oler, palpar, degustar -preparando esta nota me he enterado de que las flores de calabaza se pueden cocinar- algunas páginas con el apetito de quien sabe que lo va a saciar de manera amable y gustosa.

Crucigramas y caricias, el mal de Alzheimer y los siluros del Ebro, el escaparate una mercería y los olivos de una heredad, almendras y libros, fantasmas y pasodobles, un vestido de terciopelo negro y una vieja lámpara de seis brazos en la casa familiar,las tías del pueblo y la bisabuela ausente, un polígono industrial y el mes de abril… caminan de la mano en estas piezas breves -como cuentas de un collar para lucirlo al pecho, como escamas de memoria en el mar del pensamiento…- , pero no por ello menos fascinantes, que podemos encontrar entre las páginas de este hermoso volumen. En una muy bella edición, por cierto, del joven sello Anorak.

Desde su escritorio, en cada una de esas páginas -una suerte de banco de semillas de recuerdos contra el silencio y el olvido- Cristina Grande va plantando pepitas de palabras que esperarán el tiempo que haga falta a su lector propicio para germinar en belleza en manos de los afortunados que abran este libro cada vez que su voluntad lo estime. La cosecha, a la vista está para quien sepa verla, es espléndida como pocas.

Algunos botánicos afirman que las orquídeas son las flores más hermosas; acaso estén en lo cierto, doctores tiene la iglesia. Pero si además de científicos fueran lectores y tuvieran la fortuna de acercarse a este libro, después de leerlo a buen seguro convendrían en que estas Flores de calabaza, no les van a la zaga en belleza y armonía a las ya citadas.

Para acabar, decir que me hubiera gustado que esta humilde reseña estuviese, siquiera mínimamente, a la altura de estas maravillosas columnas que la autora nos viene regalando a lo largo de los años. Pero eso es casi imposible. Haceos el favor de leer Flores de calabaza. No todos los días puede uno hacerse un regalo como este.

 

'Flores de calabaza'. Cristina Grande. Anorak. Zaragoza, 2015. 206 páginas.

*Este texto aparecía este jueves en 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.

 

GUILLERMO BUSUTIL ESCRIBE DE 'LA LEÑA DE LA CULTURA'

Cuaderno de mano

LA LEÑA DE LA CULTURA

Guillermo Busutil*  28.06.2015 | 10:32

Publicado hoy en ’La Opinión de Málaga’.

La cultura es el árbol de mi vida. Sus raíces son el origen de mi curiosidad y la base sobre la que he levantado mi forma de ser en la realidad y en el mundo. Sus ramas significan las diferentes disciplinas que me permiten desarrollar mi trabajo y entrelazar sus posibilidades. Y su copa es la atalaya desde la que volar lejos y más alto, el nido al que regresar las heridas de las alas, y la necesidad de pensar al abrigo del viento frío. Mi cultura es el olivo mediterráneo con su antigua filosofía del viaje, de la resistencia y del ungüento de la vida. La fuerza vital y de carácter para afrontar las inclemencias las aprehendí del pino. Y del cerezo, la enseñanza de las flores del amor y sus frutos. El álamo, la haya, el roble, el fresno. Todos los árboles en pie son los ejes de mi mundo. El himno de la naturaleza humana en la que creo. Por eso no me gustan los leñadores. En mitad de los bosques, sus hachas son el presagio de una muerte por la espalda. El golpe seco para abatir la fuerza erguida y, en su derrota, acometer la hazaña de convertir su tala en un festín liberador al que muchos se unen.

Hacer leña del árbol caído. Que hipócrita creatividad la del hombre cuando se trata de convertir las mezquindades de sus comportamientos y las coartadas de sus supersticiones en refranes didácticos con los que disfrazar la culpa y la ignorancia. Un buen ejemplo es la sentencia que atañe a lo que sucede cuando alguien pierde su autoridad o queda sin protección y enseguida los demás aprovechan para atestar un afilado golpe más, esperando que la suma sea definitiva. Una de las cobardías habituales del ser humano al que le vale cualquier excusa para ajustar cuentas. Sucede todos los días. No hace falta que sean las idus de marzo para que cada jornada un César sea acuchillado por los que en vida ocultaron sus envidias, los chantajes sin beneficio, la falta de criterio que rige sus ambiciones, sus fobias y sus juicios.

La penúltima víctima, el último árbol de mi ciudad, ha sido un escritor. Durante once años, Alfredo Taján ha gestionado el Instituto Municipal del Libro. Presentaciones de libros, ciclos de poesía y literatura, exquisitas ediciones como El Violín de Ingres, coediciones con editoriales como Alianza, Páginas de Espuma, Fundación Lara, reivindicaciones de figuras con un pasado vinculado a Málaga como Hemingway, Cocteau, Bowles, y el fomento de la lectura en institutos de la ciudad. Autores como Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Rafael Argullol, Jorge Herralde, Juan Manuel de Prada, Cristina Peri Rossi e Ignacio Vidal Folch entre otros, junto a emergentes como Sara Mesa o Remedios Zafra, habrán gustado más a unos y menos a otros, pero la calidad y actualidad de la mayoría es incuestionable. Todos ellos, además de los premios de novela y ensayo, han contribuido a posicionar Málaga en el panorama cultural nacional como capital del libro y de la palabra. Una labor realizada con un presupuesto ajustado y una demostrada pluralidad ideológica y de corrientes literarias poco habitual en la politización institucional.

A lo largo de estos años, PSOE e IU han reclamado en ocasiones la desaparición de este centro. La izquierda que abandera el valor de la cultura, aunque casi nunca ha asistido a sus eventos en torno a la literatura. Tampoco lo ha hecho Juan Cassá, el concejal de Ciudadanos que ha exigido la extinción del Instituto Municipal del Libro a cambio de favorecer la continuidad del gobierno del alcalde De La Torre. Su perfil profesional es casi una página en blanco en cuanto a la memoria política de Málaga, a la brillantez de su trayectoria en un sector laboral concreto, a su formación o conocimientos en política, y se desconoce si prefiere los best sellers, la narrativa de autor o que la literatura se oferte en un Outlet. Sólo se sabe que, con cuatro años de residencia en la ciudad, ha sido la llave maestra del gobierno municipal, y que prefiere la cultura de las peñas y del folclore. La demanda que, según su trabajo de campo o sus asesores, prefieren los turistas en lugar de la que brindan el Museo Picasso, el Pompidou o el Museo Ruso. Su jaque mate lo avalan algunos periodistas culturales, tampoco frecuentes entre el público habitual del IML, porque opinan que la gestión de Taján no ha trascendido lo residual en la vida cultural y consideran falta de imaginación sus actividades en torno a lo literario. Como si los escritores tuviésemos que hacer performances, propuestas pirotécnicas o contracultura del pasado disfrazada de modernidad en lugar de sentarnos a hablar, a debatir y a fabular con la palabra. No sería extraño que también se pidiese pronto la extinción de los anticuados escritores, cuya idoneidad de existir carece de sentido público e interés social. Es lamentable que siempre se pida la cabeza de la cultura para ahorrar en presupuesto, que se la decapite con tan frágil resistencia, y que se le dispare desde dentro para parecer más puristas o revolucionarios.

Hay que agradecer a Juan Cassá que su primer gesto haya sido el de la valentía de cargarse la palabra, ese espacio desde el que pensar el mundo y su lenguajes, en lugar de usar su hacha contra otros taifas y harenes muchos más gravosos a las arcas, y de los que se desconoce su contribución a la ciudad. Ya sabemos la cultura de Ciudadanos. Más de uno atribuirá mis argumentos a mi amistad con el director del IML, de lo cual no tengo por qué defenderme, mientras otros ocultan sus razones personales, económicas o de otra índole CO2 para celebrar su desaparición, subscribirla o dejar caer sus máscaras para unirse a la fiesta con sus hachas. Sin embargo, mi principal reivindicación es señalar el valor de la palabra que nos inmuniza contra la incultura y nos permite entender, dialogar, traspasar el tiempo, soñar futuros, extraer y aportar magia a la vida.

Talar la palabra significa desertizar el bosque de la cultura. Que poco me gustan los leñadores.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

ALOMA RODRÍGUEZ, EN CULTURAMAS

Aloma Rodríguez y su mundo, en Culturamas. Una entrevista de antaño.

http://www.culturamas.es/blog/2013/06/07/escribir-un-relato-es-como-correr-los-cien-metros-lisos-una-mala-salida-puede-arruinarlo-todo/

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

 


«Mis columnas son absolutamente autobiográficas, y por tanto pura ficción»

 

La narradora Cristina Grande presentaba hace unos días su nuevo libro: ‘Flores de calabaza’ (Anorak), en compañía de Miguel Mena: una selección de 98 textos aparecidos, entre 2010 y 2014, en la última de HERALDO

 

Antón Castro

Para muchos Cristina Grande (Lanaja, 1962) es uno de los grandes misterios de las letras españolas. Dejó tan buen sabor de boca con ‘Naturaleza infiel’ (RBA, 2008 y 2014) que son muchos los que la conminan para que vuelva a publicar una novela. Es la esperada. Mientras aquilata esa narración, a la que le da vueltas y más vueltas, publica una selección de sus columnas de HERALDO: ‘Flores de calabaza’, que puede leerse como una narración impresionista, familiar y fragmentaria. Es aficionada a los espejos y a las flores.

¿Qué dificultad y qué placer entraña escribir una columna semanal?

Una columna semanal es para mí una dulce esclavitud. Como tengo tendencia a la vagancia, me viene muy bien tener esa obligación. Cuando la envío suelo sentirme feliz porque escribir es un trabajo y una vocación.

¿Cómo se la plantea y cómo surge? ¿La va preparando a lo largo de la semana, toma notas...?

Siempre escribo mis columnas el domingo por la tarde, nunca antes. Quizás lleve un par de días rumiando una idea o una sensación. A veces tomo notas, pero raramente las utilizo. Me dejo llevar por una primera frase y puede que acabe escribiendo de algo que no había pensado previamente. La página en blanco, cuando solo es una, me pone muy contenta.

Paco Umbral decía que una columna se escribe con una o dos ideas, no más, y con un poco de hojarasca o de lenguaje, con estilo. ¿Cuál es su poética?

La mía es la poética de lo pequeño, a través de lo cual hablo siempre de los mismos temas: el paso del tiempo, el miedo a la muerte, el amor, la naturaleza, la amistad y la memoria.

Es una columnista atípica, casi siempre habla de usted y de su entorno y en primera persona. ¿Por qué ha elegido ese procedimiento?

No es una elección, en realidad. Es que no sé escribir de otra manera. Lo mío es un realismo subjetivo, según dijo alguien. A veces uso la segunda persona, que también soy yo misma. Así que podría decirse que tengo un punto de vista egocéntrico.

Al leer el libro -cuatro años de textos aquí en HERALDO, más de 200 páginas-, he tenido la sensación de que en sus columnas destila la novela que muchos esperamos de usted y que no tiene prisa en ofrecer. ¿Qué le parece?

Me parece que tiene razón. Voy destilando gota a gota y no tengo prisa por escribir esa novela. Una novela es algo que me da miedo abordar de frente, aunque está dentro de mí desde hace mucho tiempo.

¿Cuál es su relación con la familia? Con su sobrina, con sus tías, con su madre, a la que llama todos los días... ¿Qué aportan a sus columnas?

Pertenezco a una familia muy corta que tuvo épocas mejores. Me siento heredera de una forma de ver la vida y de estar en el mundo que quizás solo continúe con mi sobrina. Casi es para mí una misión conservar todo eso, y conservar tantos recuerdos y tantas historias familiares que deben de significar algo.

¿Piensa que en las pequeñas cosas está el secreto de la vida y quizá de la ficción: una comida, un viaje en moto, tejer, comprarse una prenda o un vino, una cena de amigas...?

El secreto de la vida es que no hay secreto alguno más allá de esas pequeñas cosas que nombras. Yo trato de atrapar la belleza que hay en ellas.

«Yo creo en los fantasmas». Así arranca una columna. ¿Cuáles?

Creo que los muertos, algunos, seguirán con nosotros mientras los nombremos. A mí me hacen compañía, y también me incordian de vez en cuando. La ausencia de los seres queridos es tangible, real, con su propia fisicidad, porque ocupan su hueco importante en mi vida.

«Los recuerdos iban y venían en oleadas», dice en otro lugar. ¿Explicaría la frase una parte de ‘Flores de calabaza’?

Sí. La memoria, y el miedo a perderla, son temas que me obsesionan. Los recuerdos serían como hilos de colores con los que bordar algo bonito que permanezca, como los paños que bordaban mis bisabuelas y que luego mi madre hizo enmarcar.

Es un libro muy zaragozano, capitalino, y a la vez usted viaja mucho por la provincia: por Belchite, por Arándiga, por Calatayud. ¿Hay algo para usted que no sea materia literaria?

El viaje como símbolo del movimiento me inspira mucho. Moverme por mi propia ciudad es ya una forma de viajar. Y me encanta revisitar los lugares que conozco y superponer unos recuerdos sobre otros como en un milhojas.

El personaje más citado, tras su madre tal vez, es José Antonio Labordeta. ¿Qué ha significado en su vida?

Pienso mucho en él. Me transmitía una gran fe en el ser humano. Su compañía engrandecía a los que le rodeaban. «Hondura» sería la palabra que mejor lo podría definir. Lo echo mucho de menos y por eso es uno de mis muertos preferidos.

Uno de los textos más bellos del libro es ‘Escribir’. Arranca así: «No firmé ni un libro en la Feria de Madrid. La mañana era soleada, magnífica». ¿Es la paradoja uno de sus recursos?

Sí, sí. Me encanta la paradoja, que es como un espejo en el que ver la realidad con mayor claridad.

También es un libro lleno de flores y de paisajes, y se detiene con precisión en su nomenclatura. ¿Qué siente ante el espectáculo de la naturaleza, por qué le atrapa tanto?

Vengo del medio rural, de dos familias de boticarios además. La botánica me ha gustado desde niña. Y poder nombrar todo lo que veo es muy tranquilizante. También me interesa el lenguaje técnico, el mundo de las herramientas, el lenguaje médico... Pero tengo que reconocer que la naturaleza me emociona profundamente.

Cita muchos libros y escritores, pero con especial cariño a tres mujeres: Alice Munro, Anne Tyler y Natalia Ginzburg. ¿Qué les debe, lo sabe?

Son un ejemplo a seguir. Además de grandes escritoras, Alice Munro es un Premio Nobel reciente a la que seguía, las tres representan un modelo de mujer valiente, sensible y bella. Me habría encantado conocerlas y abrazarlas.

¿Qué tienen de ficción sus columnas?

Son absolutamente autobiográficas, y por tanto pura ficción.

 

 


la ficha

Flores de calabaza. Cristina Grande . Ediciones Anorak. Zaragoza, 2015. 210 páginas. [El volumen recoge 98 piezas que han aparecido en la columna de contraportada todos los martes, una columna muy seguida y elogiada por ellas y ellos.]

LAS FRASES

ESCRIBIR

«A veces uso la segunda persona, que también soy yo misma. Así que podría decirse que tengo un punto de vista egocéntrico»

LABORDETA«Pienso mucho en Labordeta. Me transmitía una gran fe en el ser humano. ‘Hondura’ sería la palabra que mejor lo podría definir»

LA PARADOJA«Me encanta la paradoja, que es como un espejo en el que ver la realidad con mayor claridad»

ARTE DE LA NOVELA«Una novela es algo que me da miedo abordar de frente, aunque está dentro de mí desde hace mucho tiempo»

 

*La foto es del Archivo de Heraldo de Aragón.