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Antón Castro

GONZÁLEZ SAINZ EN PORTADORES

GONZÁLEZ SAINZ EN PORTADORES

J. Á. GONZÁLEZ SAINZ HOY EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

Esta tarde, a las 20.00 horas, en Los Portadores de Sueños, José Ángel González Sainz presentará su nuevo libro: 'El viento en las hojas' (Anagrama), compuesto por siete cuentos que exploran algunos de los temas esenciales de la vida: el deseo, la libertad del amor, el mal, la vejez, la belleza, el miedo. José Ángel, soriano que pasó algunos instantes en Zaragoza en su adolescencia, ha residido en Barcelona, en Venecia y ahora lo hace en Trieste; es un escritor meticuloso, preciso y poético, que busca la trascendencia, la filosofía y la perfección en una litratura muy elaborada, llena de talento, de hondura y de intensidad. El escritor, autor de novelas como 'El mundo exasperado' y 'Ojos que no ven', conversará con el escritor y crítico literario Julio José Ordovás.


ANAGRAMA EXPLICA ASÍ EL LIBRO: 

El sonido del viento que acaricia las hojas es el ritornelo que recorre estos relatos de González Sainz. Y susurra acerca de la vida y la muerte, del inexorable paso del tiempo o el ajuste de las cuentas de una vida, pero también de la sensualidad de los cuerpos y el enigma del deseo. El motivo sonoro puede acompañar el lento caminar de dos ancianos que se enfrentan a la crueldad de un joven de insultante belleza, o asemejarse al siseo de la puerta giratoria de un viejo café, donde unos niños entran y salen, un hombre observa y descifra la secreta belleza de una mujer, y otro anuncia su próxima muerte a sus amigos de toda la vida. O asociarse al goce de una niña que sopla pompas de jabón en el pretil de un puente e ignora a su madre que la mira con los ojos del miedo... Otras veces, lo que trae el viento que agita el follaje es la seductora sonrisa de una vendedora de helados, los vericuetos de la vida conyugal, el sabor a limón del amor. O la inasible imagen de una mujer detrás de un escaparate ante el que uno de los narradores pasa obsesivamente cada día para verla, para contemplar ese cuerpo no sabe si escultórico o quitahípos o quitaaliento. Y para mirar a los que la miran. «Nos precipitamos», reflexiona uno de los narradores del libro, «al abismo de las imágenes y los relatos.» Y es allí donde mirar, imaginar, desear y, cómo no, contar, establecen una fecunda relación, donde el enigmático susurro de hojas y palabras se convierte en ese murmullo –¿indescifrable?– en el que reverbera el misterio de nuestra condición. Literatura para leer lentamente, para saborear y meditar, para prestar atención desde lo que se dice a lo que se vive y viceversa, literatura para acompañar nuestras vidas con la vida de nuestras palabras hasta allí donde unas y otras declinan, callan.

 

*La foto del escritor y traductor de Claudio Magris es de la agencia EFE.

JUANJO FLORES: UN CUENTO

JUANJO FLORES: UN CUENTO

[El escritor Juan José Flores, narrador en corto y en largo, me envía algunos relatos breves. Hoy publicamos este, ’El traje del diablo’, inquietante y lleno de sorpresas. La foto es Txema Yeste, un gran fotógrafo de moda y del mundo femenino.]

 

--EL TRAJE DEL DIABLO--

 

Por Juan José FLORES

 

   Otra vez tengo que hacer algo terrible, Lola, y necesito ese traje, ya sabes cuál. Te lo reservo en este instante, dame preferencia, por los viejos tiempos. Pagaré un anticipo generoso por el alquiler y también por los inevitables  arreglos que tendrás que hacerle. No creo que aún me valga como antes, han pasado muchos años desde la última vez, ya no soy tan joven, y además he engordado, te haces cargo. Así que ponte a la tarea, Lola: descoser y volver a coser. Sácalo de donde lo tengas, del fondo oscuro del guardarropía, donde sin duda lo ocultas y tratas siempre de perderlo entre tantos otros trajes vulgares, para así fingir que nada sabes de él, que en realidad no lo posees, que no es cierto que el diablo en persona te lo dejó una noche, en prenda de lo que no quieres acordarte. Ya ves, yo no creí volver a precisarlo. Todos decimos lo mismo: <>, pero luego... De nuevo me urge ese traje, Lola, ¡ay Lola! Por lo que más quieras, consigue que me sirva de nuevo y yo aparezca impecable ante mi destino. Lo importante es que no me tire de la sisa cuando haga lo que tengo que hacer. No te prometo devolverlo impoluto, bien sabes que eso no es posible. Deberás eliminar luego las huellas de lo que con él se hizo, cuando menos disimularlas: la arruga, el posible desgarro, la mancha inclemente, rastros inevitables y míseros, sombras del infortunio.  Sabes que te pagaré lo que me pidas. ¡Ay, Lola! Esta vez será la última, lo prometo.        

 

--El traje del diablo 2--

 

 

    Ha sido un acierto echarme un rato la gabardina por los hombros, para ocultar el traje. Es mejor que no me muestre mucho así vestido, antes de que llegue a mi destino. Sé bien que no valdrían disimulos si me cruzara con algún conocido, que sin duda amagaría el saludo al verme de esta guisa, desviaría la mirada en el instante justo, con buenos reflejos, si se lo permitiera el asombro o el temor; hasta puede que ese testigo involuntario fingiese un súbito cambio de rumbo con el que alejarse de mí a toda prisa. Qué liviano es el traje, parece una segunda piel, tela de gran calidad, estupenda hechura que facilita los movimientos, cualquier movimiento; nada parece imposible con él. Cómo cubre y disfraza la vergüenza original de saberse desnudo; de pronto, desnudo y exiliado. Se diría que hasta se pudiera engañar al ángel de la flamígera espada, y así cruzar sin daño el umbral que custodia, tan admirable y terrible es este traje. Pero no conviene tentar la suerte hasta ese extremo.

 

 

 

---El traje del diablo 3--

 

   Una eternidad me parece el tiempo transcurrido desde que, a precio de oro, alquilé este traje maldito, que tan liviano parece siempre al vestirlo y luego acaba pesando como un ropón inclemente. Siento ahora que las costuras se deshilachan, que los arreglos que a medida me hicieron se desbaratan a cada paso que doy, a cada gesto. El traje extraña de pronto mi cuerpo y yo desespero por afianzarme en este laberinto de descosidos, incluso de desgarrones, por los que se escapa mi ausencia. Con un afán desmedido he rebuscado en los bolsillos, por ver si algo de lo que ahí olvidaron  otros antes que yo pudiera ser una señal, pero todo cuanto he hallado en ellos era mío y sólo mío. En los servicios de un bar he tratado de refrescarme la frente y no he logrado reconocerme en el espejo. Un desconocido vestía el traje atroz que el diablo tejió. En el último instante, me ha asaltado la tentación de despojarme de él antes de tiempo, de lanzarlo al río de aguas oscuras desde este puente solitario, y entregarme  desnudo e indefenso a mi destino, vestido de paraíso, pero ya era tarde para eso, demasiado tarde, el tiempo casi se ha cumplido.

 

--El traje del diablo 4—

 

  Aquí tienes el traje odiado, Lola, te lo devuelvo y abomino de lo que con él hice, lo admito. ¿Por  qué no lo destruyes? ¿Qué contrato nefasto te liga con quien lo tejió para que lo custodies con tanta lealtad y esmero? Verás en qué triste estado  lo traigo esta vez, peor de lo que pudieras imaginar. Cada vez es peor. Casi como los harapos de un pordiosero te lo entrego, la saya raída de un peregrino, y ya siento la piel fría como un rencor antiguo. Ahora te tocará recomponerlo, Lola. No te envidio: zurcir las huellas del dolor, de la desesperación y la culpa que rasgaron el fino paño, y eliminar después la mugre violenta que dejó un cuerpo al que se le trastocó el claro entendimiento al enfrentarse con su destino. El bulto mezquino y arrebujado de un sudario parecería que te devuelvo. Olvida mi nombre, Lola, una vez más. Cuando pase frente a tu tienda, también yo fingiré que no te conozco ¿Hasta cuándo, Lola, hasta cuándo? Lo que más me perturba es no recordar para qué quería yo el maldito traje del diablo.

 

*Juan José Flores (Barcelona en 1955) es licenciado en Biología por la Universidad Central de Barcelona. Ha publicado las novelas Como un ángel herido (1997), En el umbral (2002) y Todas las primaveras (Alfaguara, 2005) o ’El corazón del héroe’, así como un libro de cuentos, Vida de perro (2007); este libro, aparecido en el sello Menoscuarto, fue finalista del Premio Setenil de cuentos.

'BUSCANDO A DEBRA WINGER'

'BUSCANDO A DEBRA WINGER'

Una de mis actrices favoritas de los últimos años es Debra Winger. Participó en muchas películas: 'La fuerza del cariño', 'Oficial y caballero', 'El cielo protector', 'Tierras de penumbras', etc. Le he dedicado esta composición: 

 

BUSCANDO A DEBRA WINGER

 

Perdí la cabeza por ti,

antes, mucho antes de ‘Tierras de penumbra’.

Mucho antes de que fueras poeta

y una criatura mortal frente a la noche.

No sabría decir por qué. La luz de tu sonrisa,

tu picardía, tu fuerza, la manera en que bebías

la claridad del mundo en cada abrazo.

Me gustabas siempre: en cada diálogo,

en cada beso, en esa alegría incontenible

de estar a punto de irte para siempre a otra playa.

Pero cuando te vi en ‘El cielo protector’,

me sentí enfermo, poseído de amor.

Entendía, y no entendía, tu pasión por el desierto,

el helado rescoldo del plenilunio en la arena,

la muerte inesperada de un amor disipado.

Y luego, llegaste a aquel villorio,

a otra forma de prisión. Y a la violencia

del anhelo. Aún te veo: extraña y extranjera,

arrebatada y muda, mientras te acariciaban

y sorbían el sudor de tus muslos. Aún te veo:

lejana y sola contra la tiniebla y la escarcha.

Aún te veo: a horcajadas, a punto de estallar

como el torbellino de todos los deseos.

¿Recuerdas? Tú eras la piel del escalofrío.

 

Luego te esfumaste. A otro mundo,

a otras formas del olvido y del silencio.

Incluso salieron a buscarte. Querían, como yo,

saber de ti: buscaban a Debra Winger

y a las mujeres como tú que desaparecían de la pantalla.

Esa película perseguía a un fantasma,

una ninfa de antaño, vulnerable y sensual.

Ese rescate imposible enerva todos mis sentidos.

Cierro los ojos e imagino que estás ahí,

en el interior de la pantalla a punto de decirme:

“Ven. A veces solo en el cine se cumplen

los mejores sueños, peligrosamente juntos”.

 

*Este poema integra mi poemario 'Seducción', que publicaba esta reciente primavera Olifante, el sello de Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes. Esta foto de Debra Winger es de 1983 y está fecha en Los Angeles.

 

 

 

CLAUDE MONET: EL VERDE DE LA LUZ

CLAUDE MONET: EL VERDE DE LA LUZ

Claude Monet: la sutileza, el encanto y la búsqueda de la luz en una de sus espléndidas piezas: 'En los bosques de Giverny', 1887.

URSULA ANDRESS EN EL AGUA

URSULA ANDRESS EN EL AGUA

Un retrato de Ursula Andress, en bikini y en el agua.

CERRADO POR MELANCOLÍA

El escritor y editor Óscar Sipán, de Tropo Editores, me envía esta nota llena de emoción y de añoranza.

 

"Muchos años llevaba peleando José Luis Santalla en la librería Quijote de Ferrol: «Abrí con 23 años y me marcho con 70», explica. Anunció el cierre colocando en el escaparate un cartel, 'Cerrado por melancolía', y un libro del mismo título, editado por Tropo Editores".

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/ocioycultura/2014/09/08/aperturas-cierres-renovaciones-dinamizan-librerias-gallegas/0003_201409G8P27991.htm

FOTOCUENCA: LENA SERVAIN

FOTOCUENCA: LENA SERVAIN

[He tenido fallos con el sistema de Facebook. Ahora no puedo acceder: me ha hecho extraño de mí mismo, dice que soy otro. Por eso, en la medida en que pueda, los fotocuentos de Paco Cuenca aparecerán aquí.]

 

PACO CUENCA. FOTOCUENTO. LENA SERVAIN

Desde que regenta su propio puesto en el mercado de Binic, Lena Servain, valiéndose de mil tretas, se ha dado el gusto de no vender ni una prenda a la arisca Gaid, la frutera que no le fió cuando sus días eran tan largos y su despensa tan corta.

'LITIASIS' DE MANUEL FOREGA

'LITIASIS' DE MANUEL FOREGA

 

[Dentro de unos días, en el sello Pregunta que dirigen David Francisco y Reyes Guillén, se publica un intenso poemario en prosa de Manuel Forega:’Litiasis’, compuesto por catorce fragmentos. El autor me envía el fragmento cuarto a modo de avance editorial para el blog.]

 

'LITIASIS'. Fragmento IV

 

Por Manuel MARTÍNEZ FOREGA

 

De aire, de alas de materia invisible sustentadora, transmisora de trinos de oxígeno, nitrógeno y argón, porque es el canto espiritual materia desdicha por el lenguaje, por la lengua alquímica de los tropos. Por ese aire que desdibuja hasta borrarlo el nombre de los nombres, aunque guarda de las cuerdas vocales las emisiones, consonantes informes fugadas de las celosías que apresaron el canto de los pájaros; libres, sin embargo, en la voz de las alondras, libres en los palomares: mensajes sólo de voz que apenas puede ser escrita, inscrita si no es en otras formas: en las ruinas, en las yedras, en el reflejo especular del tiempo por el que se pasa de una a (u) otra forma. Por ese aire transita el ángel en su manera etérea, deseado, dicho, onírico, llamado o expulsado, figura a capricho reclamado, inmanente contingencia.

 

*La foto es Jean-Philippe Charbonnier.