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Antón Castro

MARTÍN CASARIEGO, PREMIO CAFÉ GIJÓN

Esta mañana se ha hecho público el fallo del Premio de novela Café Gijón 2014, dotado con 20.000 €, resultando ganadora El juego sigue sin mí de Martín Casariego.

El jurado -compuesto por Mercedes Monmany, Antonio Colinas, José María Guelbenzu, Marcos Giralt Torrente y Rosa Regás, en calidad de presidenta, y actuando como secretaria Patricia Menéndez Benavente - ha querido destacar "la fluidez con la que el autor maneja esta historia de aprendizaje que se establece entre dos jóvenes de hoy día. Ambos crean una relación que se resuelve en una tensión dramática perfectamente desarrollada y de final abierto".

El autor, que ha estado presente en la rueda de prensa, ha agradecido a todos los asistentes el premio y ha avanzado la trama de la novela: El narrador, al que podemos llamar Ismael, un joven de catorce años, va mal en los estudios. Sus padres contratan a Rai, cuatro años mayor que él y tan admirado como atormentado, para darle clases particulares. Tras una primera sesión poco productiva, establecen un pacto: el alumno estudiará por su cuenta y el profesor le hablará de libros, de películas, de música, de la vida. Y le va contando, por partes, la historia de Samuel, un joven que se citó por carta con su ex novia, con la amenaza de que si no se presentaba se suicidaría. (Nota de Siruela).

MARGA CLARK: TRES POEMAS

MARGA CLARK: TRES POEMAS

’OLVIDADA DE MÍ’: TRES POEMAS DE MARGA CLARK
[Marga Clark es una estupenda fotógrafa y un meticulosa poeta. Acaba de publicar ’Olvidada de mí’ y ha tenido la cortesía de enviarme tres poemas. El libro se presentará en Madrid próximamente en compañía de Ángel Guinda. Marga, que debe su nombre a su tía Marga Gil Röesset, aquella escultora y pintora que se suicidó por amor a Juan Ramón Jiménez, y le dedicó una hermoso libro: ’Amarga luz’. La crónica de una revelación, de una sensibilidad, de un destino trágico.]

*
La noche en que te perdí
vislumbré a la muerte 

su mano helada
estranguló tu indefensa 
y aún tibia garganta
y se precipitó 
por la puerta entreabierta
de tu alma.

Aún pienso en la muerte
la tenía tan cerca
al alcance de mi mano
pero se escapó sigilosa
dejando su hálito derramado
en tus sábanas de anémonas
manchadas.

Aún pienso en la muerte
tan grave
tan solemne
tan perversa

tan bella 
en su transparencia.

Me mintió la muerte
me prometió vida
a cambio de dolor

y ahora
cuando ya he borrado
con mi llanto 
tu imagen tatuada en mi mente
cuando intento recordar
tu nombre
y tu armonía
sólo pienso en ella

la muerte

la infame
la seductora
la furtiva
la que nos sorprendió 
en la noche
la que nos abandonó
en lo más blanco del día.

Hoy la muerte me cogió desprevenida
se deslizó por mi boca entreabierta
buscando mi hálito exhausto.

Me escondí en mi sueño
de cigarras y abedules
en un vano intento por eludir
mi destino

pero ella me ofreció sus brazos
azabaches
y me oprimió en su gélido
regazo.

Atisbé por un instante
su magnética espesura
y sucumbí en mi sueño. 

Cómo iba a rechazarte 
Oh muerte!

Cómo iba a despertar 
sin tu infalible consuelo
sin tu abnegado silencio
sin tu constante desvelo. 

Hoy la muerte me acogió 
en mi sueño.

Me abandoné hace tiempo
dejé a un lado mi cuerpo
y seguí hacia adelante.
Me perdí.

Siguiendo el canto blanco de la escarcha 
me perdí.

Ahora sigo en mi búsqueda 
me sobrecoge
la inquietante quietud que me rodea 

el silencio que tiembla en la penumbra.

Me olvidé de mí hace tiempo
renuncié a mi cuerpo
me despojé de su piel
de su entraña
lo devolví a la tierra
su raíz
lo abandoné a la intemperie

pero prosigo en mi búsqueda.

Del poemario: Olvidada de mí
www.margaclark.com



*Una de las fotos de Marga Clark. Un trabajo muy personal.

 

ECO, MADRILEÑO, DE FÉLIX ROMEO

ECO, MADRILEÑO, DE FÉLIX ROMEO

UNA CASA CON MÚSICA DE BATTIATO

 

 

Durante algunos años, cuando iba a Madrid a ver exposiciones o a realizar entrevistas para ‘ABC’ o para ‘El Periódico de Aragón’, siempre dormía en casa de Félix. En su casa de la plaza de España: en un piso modesto y con vistas donde se sentía especialmente cómodo. Yo dormía en un sofá-cama de colchón delgado, rodeado de libros, y oía respirar a Félix en la habitación de al lado. Leía hasta deshora. Tenía la casa tapizada de libros: libros nuevos que acababan de mandarle, libros viejos tocados por el oro sucio del tiempo, revistas. En el baño había una montaña de tebeos de todas las estéticas y de todos los temas, incluidos los eróticos. A Félix parecía interesarle todo: los arquitectos madrileños, los escritores menores del 27, la vida en la Residencia de Estudiantes de Pepín Bello, Luis Buñuel, Sánchez Ventura, o de la pianista Pilar Bayona, que siempre fue uno de sus mitos. Había encontrado un folleto insólito de Goya, un manuscrito vinculado a los reyes de Aragón, un libro dedicado, una colección de revistas de poesía de época, había encontrado el poemario ‘La voz apasionada’ de Julio Alejandro Castro, ilustrado por Timoteo Pérez Rubio y fechado en 1931, nada menos. En cuanto salías a la calle con él, y era la época en que le gustaba comer en restaurantes italianos, siempre te presentaba a alguien en la cuesta de Moyano o en sus librerías secretas: “Esto te interesará: es de bandoleros”. Apenas parábamos en casa, entonces trabajaba en ‘La Mandrágora’ y sus amigos más constantes eran Pepa Bueno y Chimi, José Antonio Labordeta, los Trueba, el núcleo aragonés de Madrid, entre ellos Luis Alegre que codirigía con Concha García Campoy ‘La gran ilusión’. De vuelta intentabas curiosear todo lo posible en su mundo en desorden. Él siempre iba por delante. Trabajaba en cualquier parte y sin notas, aunque alguna vez le he visto algún cuaderno y dibujos de arte bruto de monigotes que parecían los de Javier Tomeo, a quien mimaba como mimaba a José Antonio Labordeta. Había otra cosa que me gustaba mucho de su casa: su aparato de música y sus discos de Portugal y su órbita: Mariza, Mísia, Cesária Évora, Carlos do Carmo, Amalia Rodrigues. Le hacía rabiosamente feliz Franco Battiato y especialmente una canción ‘Yo quiero verte danzar’. Y también ‘Nómadas’. Ponía un disco y cuando se iba de casa lo dejaba sonando. “Así la casa también se pone algo más contenta y, además, espanta a los ladrones. Piensan que hay alguien dentro”, decía, mientras giraba la llave.

 

*Esta foto de Félix es de Daniel Mordzinski. Me la envió poco después de la muerte del amigo imprescindible de tanta y tanta gente. AC

 

'DAKOTA': TEATRO DE LAS ESQUINAS

'DAKOTA': TEATRO DE LAS ESQUINAS

’DAKOTA’: RISAS CON INTENCIÓN EN EL TEATRO DE LAS ESQUINAS
Anoche estuve en el Teatro de las Esquinas donde el Teatro del Temple celebra sus primeros veinte años. Es una compañía fundamental de la escena aragonesa y nacional desde entonces con montajes galardonados por aquí y por allá: Goya, Picasso y Dora Maar, Lorca, Buñuel y Dalí, etc. Se representaba la obra ‘Dakota’ (se despide hoy domingo a las 19.00) de Jordi Galcerán, una pieza en clave de comedia onírica, que habla, como quien no quiere la cosa, de algunos de los conflictos contemporáneos y de un médico estomatólogo de compleja y paranoica personalidad, al que encarna con mucho oficio, con cuidados registros, Joaquín Murillo, cada vez más sólido en escena. Cada vez más sabio: un veterano joven. 
La obra está escrita con sabiduría escénica, con perfecta carpintería teatral, como se decía antaño: con equilibrio, simetría, un humor desternillante y un cierto sentido de la adivinación o la profecía. Y una idea de circularidad, en la que todo ha sido sopesado, circularidad que incorpora algunas fugas surrealistas, como la del Príncipe de Viana y el trovador Guillermo y su amada, por citar una. 
A Murillo, lo acompañan tres estupendos actores: Francisco Fraguas, asiduo del Temple -encarnó a Lorca, por ejemplo-, que resuelve con mucho oficio e ironía su trabajo (ese Guardia Civil tan previsor que es consciente de que en el fondo se acerca a la sátira de costumbres); Yolanda Blanco, que no tiene un papel fácil como esposa del médico que desearía tener un hijo y ya de paso un poco más de sexo, pero del que da cuenta con solvencia y equilibrio. El tercer intérprete en discordia, determinante, es Luis Rabanaque, que encarna a un vendedor de prótesis dentales. El suyo es un papel lleno de matices: Luis, con esa voz tan personal, realiza un muy buen trabajo. Inclinado a la expresividad cuando es necesario, vibrante, humorístico, divertido casi siempre. La obra la dirige Carlos Martín, que sabe lo que se trae entre manos y ha sabido moldear la función, dotarla de un ritmo que no desfallece y afinar la dirección de actores, para que el público se lo pase bien, sonría sin parar y no tenga demasiadas ganas de marcharse a casa, como recuerda Francisco Fraguas. 
Si la felicidad del teatro también se mide por las risas y por la entrega del público, este es un montaje plenamente feliz.

 

*En la foto, que pertenece al archivo del Teatro del Temple, el reparto al completo: Yolanda Blanco, Francisco Fraguas y Luis Rabanaque; en primer término, Joaquín Murillo. La función se despide esta tarde a las 19.00.


G. ALQUÉZAR: 'DEL AMOR DESESPERADO'

G. ALQUÉZAR: 'DEL AMOR DESESPERADO'

[Cuatro amigos, Gerardo Alquézar, Jorge Gay, José Manuel Pérez Latorre y ángel Artal compartieron muchas horas con José Antonio Labordeta durante su enfermedad. Primero en el 'Salón Habana' del estudio del arquitecto, luego en su propia casa. Por ello, como se decía, en el post anterior, le han dedicado un libro a los cuatro años de su muerto. Si antes publicaba el texto de Ángel Artal, ahora publico uno de los poemas tan elaborados de Gerardo Alquézar. Un estupendo y guadianesco poeta. He aquí el texto 'Del amor desesperado'.]

 

DEL AMOR DESESPERADO

 

Texto: Gerardo Alquézar

 

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.

Así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto

y el canto de ustedes que es el mismo canto,

y el canto de todos, que es mi propio canto.

Violeta Parra

(Gracias a la vida)

 

Me estoy quedando sin ti

igual que en la noche el cielo

cuando el alba lo destruye

viniendo con su lucero

para convertir los sueños

en días que se perdieron.

José Antonio Labordeta

(Me estoy quedando sin ti)

 

Tengo en el pecho una jaula,

en la jaula dentro un pájaro,

el pájaro lleva dentro del pecho

un niño cantando

en una jaula

lo que yo canto.

Amancio Prada

(La jaula)

 

A José Antonio Labordeta

«Su espejo es la memoria donde ardía.»

 

1

Allí donde juguetea la luz de los sentidos cobran vida las pasiones.

 

2

LAMENTO DEL PRISIONERO

Sabes, amor, comprendo que no todo sea eterno como mis ansias

de amarte, y sin embargo… ¡Ay! Si pudiera encontrarte otra vez

en los lugares de siempre, a la hora de siempre, yo que muero tras

las rejas de esta prisión.

 

3

EL AZAR DE LAS CARTAS

No otra cosa eres, amor, que el fracaso de mi vida.

 

4

25 de junio

No pudiste sospechar que, dentro de aquella caja con la que me

regalabas la memoria, se verían presas de su vacío las voces heridas de mi yo absoluto.

 

5

He caído en tantos errores que apenas me reconozco

en el desengaño.

 

6

la señal de duelo

El engaño trae consigo soledad. ¡Quebranto y torpe soledad!

Cruel alegoría de esa libertad que se nos escapa

 

7

cuando la vida imita al arte

(El arte de la traición)

La del desierto dañado es una historia de amor y traición.

Y la condena a la libertad del dolor y la tristeza.

 

8

Encerrado en la rabia y en el desprecio, comprendí que eso

era la derrota.

 

9

Lúcida, pero descarnada y cínica, es la respuesta del resentimiento.

 

10

Ni aun el dolor pervive hoy en mí como presencia tuya.

 

11

Pronto no tendrás ya nombre ni rostro; serás un pájaro

de mostaza y canela.

 

12

El amor, o la displicencia de la costumbre. Tempus irreparabile

fugit, o el vértigo de la rutina.

 

13

DE UN VIEJO CALENDARIO DE PARED

No cabe la felicidad

sino en la embriaguez

de un recuerdo

que se diluye con el atardecer.

 

14

Solía creer que era yo quien, en mis manos, tenía el devenir

de mi universo mahleriano.

 

15

SEREMOS NÓMADAS

Al tornar de los años, y me refiero a un apretado puñado de

ellos, he comprendido que la mitad de nuestra vida encarna una

existencia que no mostramos a nadie: una vida secreta, acomodada

a la zozobra y las vacilaciones. Algo tan inabordable y a desmano

de la plusvalía y la costumbre que, si se conociese, dañaría el afecto

y la autoridad que un día se nos dispensó.

 

16

He ido lentamente colmándome de secretos que he tenido

que renunciar a descubrir.

 

17

El desaliento de ser nadie para nadie o no ser.

 

18

PEREGRINO DEL OTRO LADO DEL ESPEJO

¡Adiós, mi melancólico amigo, como tantos otros, esperaste

demasiado y el tiempo se mostró más hábil que todos vosotros!

(Pero tal vez, al traspasar el umbral contiguo, también él volviera a

ser como había sido, no hermoso —porque nunca lo fuera— aunque

sí turbadoramente tierno.)

 

 

19

Mientras no fue importante el tiempo, no lo fueron los

recuerdos.

 

20

UNA CANCIÓN DESCREÍDA

Aquello que no pudimos dejar de ser, eso somos.

 

COROLARIO PARA UNA CANCIÓN DESESPERADA

Aunque me hubieras preguntado, vida mía, por el jardín

del Edén, no habría sabido responderte.

(El verano que celebra la luz y la vida

se ha hecho silencio

y apenas se oye ya el eco de sus pasos)

 

y

UN POEMA DE AMOR

Lo que de mí queda es el mundo.

 

*Labordeta. Caricatura de Cano.

ÁNGEL ARTAL: 'LA BIBLIOTECA DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA'

ÁNGEL ARTAL: 'LA BIBLIOTECA DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA'

[En el libro ‘Salón Habana’, ese homenaje que José Manuel Pérez Latorre, Gerardo Alquézar, Ángel Artal y Jorge Gay rinden a José Antonio Labordeta, ángel Artal, bibliófilo y cardiólogo, escribe este texto sobre la biblioteca del político, poeta y cantautor.]

 

Por Ángel ARTAL BURRIEL

En su biblioteca se congregan tanto una buena parte de los libros de su hermano Miguel como todos los suyos propios. Distribuida materialmente entre Zaragoza y Villanúa (Huesca), la biblioteca alberga algo más de 5.000 obras de literatura, entre las cuales la poesía ocupa un lugar harto preferente. José Antonio Labordeta no pertenecía al exquisito club de los bibliófilos; su relación con los libros venía originada por su amor a la cultura, al conocimiento, a la historia de la lectura y al trabajo derivado de su predisposición creadora y de su quehacer profesional. Cabría calificársele, primordialmente, como un lector; un lector al que no le fascinaba nada de cuanto atañe al mundo de la bibliofilia.

Al igual que Borges, lo único que le preocupaba era no ser un lector ecuánime o, en el peor de los casos, un sensible y agradecido lector. Al final de sus días, me contaba cómo iba recordando aquellos libros cuya lectura significó una verdadera dicha para él.

Y tras los pasos de su admirado Borges, mientras su pensamiento le iba conduciendo por los caminos del recuerdo, fue esbozando su biblioteca ideal —disparatada las más de las veces—, pero muy personal y a todas luces conmovedora. Cuando, cada domingo de estos últimos años, los dos nos dirigíamos a la tertulia que manteníamos en el despacho de José Manuel Pérez Latorre —que Gerardo Alquézar o Jorge Gay, o quizá el propio José Manuel, habían bautizado con el nombre de Salón Habana, en razón a la lámpara que iluminaba la habitación que, naturalmente, procedía de la capital cubana—, Labordeta iba desgranando historias de sus lecturas y de los libros que le fueron acompañando a lo largo de su vida; entre los que la literatura sudamericana ocupaba, sin duda, un lugar preferencial, con Juan Rulfo y su Pedro Páramo a la cabeza de todos ellos, cuya lectura recomendara años atrás a sus alumnos de bachillerato en Teruel; sin olvidar a Borges, García Márquez, Múgica Laínez, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Miguel Ángel Asturias, César Vallejo y otros varios de los que me hablaba sin parar. En estas conversaciones dominicales mi relación con José Antonio se fue estrechando más y más, y en recuerdo de las mismas acuden a mi mente los versos de Rosendo Tello: «Recuerdas José Antonio/ aquellas horas locas de exaltaciones íntimas…»

Luego, en el último año, y debido a su precario estado de salud, esas impagables tardes dominicales las trasladamos a su casa y, allí, proseguimos y prolongamos nuestras confidencias, al tiempo que le escuchábamos evocar, con aquella sonrisa tan labordetiana que tantas cosas insinuaba, viejos recuerdos del pasado: «En mi casa había oleadas de libros y yo saqueaba las estanterías de la biblioteca de mi hermano Miguel para encontrar libros y autores que serían importantes en mi formación: Sartre (Las moscas), Thomas Mann (La montaña mágica), John Steinbeck (Las uvas de la ira), Freud, Jung, Pepe Hierro, Celaya, Blas de Otero, Cervantes, Beckett, Aldecoa, Hermann Hesse, Paul Verlaine y tantos otros».

Igual que sabía que su amigo Pepe Melero era un confeso admirador de Andrés Trapiello y no dudó en pedirle que le trajera el último de sus diarios, acabado de salir de prensas por aquellos día, y que no temía seguir las recomendaciones de Félix Romeo con respecto a los libros de Herta Muller; no le importaba tampoco, más bien al contrario, deshacerse de un libro con el que pudiera hacer feliz a un amigo. Buena prueba de ello lo constituyen los manuscritos de sus obras que se encuentran diseminados en las bibliotecas de grandes bibliófilos y fetichistas del libro. Hace poco tiempo descubrí, en una librería de ocasión, la primera edición de Paradiso, la novela mediante la que José Lezama Lima, a través de José Cemí, su protagonista, nos da una visión de la vida cultural y social de Cuba. Ejemplar que llevaba la firma de José Antonio Labordeta. Sin duda lo prestó a un amigo y nunca le fue devuelto. Hoy está a buen recaudo en la biblioteca de su gran amigo Pepe Melero. Es el discurrir de la vida de los libros. Y, sin duda, el de las personas.

 

*Esta caricatura la realizó Luis Grañena.

JOSE GIRL: ARTE DEL RETRATO

JOSE GIRL: ARTE DEL RETRATO

Estuve ayer en la sala Bantierra –fui con la historiadora del arte, Marisa Grau Tello, autora de un libro de pintura mural que ha publicado Rolde. Se presenta el día 17 en el Museo Pablo Gargallo- a ver la exposición ‘Misfits’ de Jose Girl, fotógrafa de Zaragoza que reside en Los Ángeles; es desde hace algunos años la compañera de Enrique Bunbury.

Son diez fotos, de gran fuerza expresiva, que abordan personajes de la música y de cierta marginalidad. Jose Girl posee una técnica incuestionable, sabe mirar, es intensa, y se ve claramente que le interesan algunos de los grandes maestros de la fotografía norteamericana: Irving Penn (sobre todo en ‘Der Sanmann’) y Richard Avedon, especialmente, vean ‘El Pichiti’, y también Diane Arbus: como a ella, le atraen esos personajes desubicados, entre solitarios y dramáticos, captados de repente incluso con un brutal golpe de flash. El ejemplo más claro es ‘Princesa’.

Jose Girl experimenta diversas vías, siempre con la expresividad por bandera: le apasionan los rostros y sus matices, las texturas, las arrugas. Y quizá, como señala Silvia Grijalba en el prólogo a su catálogo, siente afinidad con cineastas como Jim Jarmusch, David Cronenberg, y con escritores como Raymond Carver. Una obra como ‘Gitana Susana’ me ha hecho recordar a un fotógrafo aragonés fallecido hace algunos años: Javier Inés, al que lo más probable es que Jose no haya conocido. O quizá sí. Eso nunca se sabe.

Esta foto es 'Mátame'. La muestra ‘Misfits’ está inscrita en la programación de ‘Out of Mind’. Se merece una visita. Es una muestra con personalidad, con sensibilidad y una incuestionable maestría.

UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

A PLENO SOL. El ilustrador y dibujante turiasonense, nacido en 1903 y muerto en 1978, fue uno de los grandes cronistas gráficos de la escena y de la farándula, desde las páginas de HERALDO y luego de ‘ABC’ y otros medios.

 

 

Ugalde o el arte de la caricatura

 

FOTO. ARCHIVO EDUARDO LABORDA

El caricaturista, segundo por la izquierda, en un homenaje en Tarazona en 1957.

 

-AUTORRETRATO DE UGALDE

-Una de las viñetas teatrales: ‘Don Juan’, con Julita Martínez, Paco Valladares y Enriqueta Carballeira

 

 

Antón CASTRO

“Soy de Tarazona. ¡Cómo la recuerdo! Si algún año no puedo ir para las fiestas parece que me falta algo. Soy un enamorado de mi tierra. Y de mi Zaragoza, que también es mía. Allí pasé lo mejor de mi vida. A los diez años fui a estudiar el Bachillerato al colegio de San Francisco Javier de Tudela, y a los trece a Zaragoza (...) Al año siguiente marché a Guadalajara, a la Academia preparatoria para ingreso en Ingenieros, y allí empecé a coger los lápices, en un curso de dibujo de paisaje, con Parellada de profesor. No me gustaba el paisaje y me entretenía en hacer caricaturas”. Más o menos así, en 1955, le contaba Francisco Ugalde (Tarazona, 1903-Madrid, 1978) al periodista Marcial Buj de HERALDO la historia de su vida y de su nacimiento a las caricaturas y a la ilustración. Ugalde quiso estudiar comercio, ingeniería y compatibilizó su condición de soldado con las ciencias químicas. Le gustaban mucho la noche, las tertulias, vivir entre bambalinas y dibujar a aquellas actrices que venían al Teatro Principal. Antes había empezado a hacer sus primeras tentativas en ‘El Noticiero’ con gentes de Tarazona, Borja o Ágreda.

Un día conoció a Fernando Soteras Gimeno, ‘Mefisto’ (Zaragoza, 1886- El Escorial 1934), poeta y crítico taurino y teatral, y le dijo que él había hecho caricaturas de muchos paisanos; Mefisto le preguntó si quería que se publicasen en en un especial de fiestas con sus famosas ‘Coplas del día’. Y así pasó, a HERALDO, en 1925. Jesús Rubio Jiménez, quizá su mayor estudioso, escribe en ‘Retratos en blanco y negro. La caricatura de teatro en la prensa (1939-1965)’ (Centro de Documentación Teatral, 2008): “Colaboraciones como las fiestas del Pilar o el centenario de Goya también quedaron reflejadas por su lápiz”. Francisco Javier Veras Sanz, autor de ‘Cien años de ilustraciones en Heraldo de Aragón, 1895-1995’, decía que con el aniversario goyesco “se realizó una corrida de toros de la que Ugalde laboró una verdadera galería de asistentes: toreros, aristócratas, artistas y hasta algunos dibujantes como Xaudaró, Batolozzi y Fresno”.

En 1928, Ugalde empezó una serie, ‘Siluetas del Paseo’, que reflejaban su curiosidad, su agudeza de observador desde los porches de Independencia y su afición a la belleza femenina. Las expuso en el hotel Universo y allí debió verlas Juan Ignacio Luca de Tena. Le gustaron mucho y de inmediato le encargó algunos trabajos para su periódico, ‘ABC’. “A pesar de que me tiraba mucho Zaragoza, la ilusión de trabajar en la capital de España pudo más. Eran los años en los que uno sueña. En ‘ABC’ se me dispensó una acogida cariñosísima, como yo no podía imaginar”, confesó el dibujante. Allí trabajaba Fresno, por ejemplo, y con él en las páginas del diario conservador haría casi de todo. Era el período de fulgor de grandes viñetistas como Bagaría, Sirio, K-Hito, Bayo Marín, Manuel del Arco..., como recordaba Manuel García Guatas en ‘Publicidad artística en Zaragoza’ (Ibercaja, 1993).

Tras la Guerra Civil reanudó su colaboración y se especializó en lo que más le gustaba: “estrenos, pruebas privadas de cine y ensayos teatrales de madrugada. Casi nadie se escapaba de su lápiz: además de trabajar en ‘ABC’ también lo hacía en ‘Blanco y negro, en el semanario de espectáculos ‘Dígame’, el periódico deportivo ‘Marca’, en el diario ‘Pueblo’ y en la Agencia Logos. Por lo regular, según confesaba, hacía entre cinco y seis caricaturas al día. Colaboró en 1927 en ‘La novela de viaje aragonesa’ y volvería a hacerlo en otras publicaciones como el famoso ‘Almanaque del Café Castilla’ de 1944, que tanto solía frecuentar, o la Biblioteca Teatral, dirigida por Benjamín Bentura, que conserva el pintor y coleccionista Eduardo Laborda; ahí realizaba la portada a color y diversas escenas de interior. Por su intensa actividad recibiría en 1951 el Premio Rodríguez Santamaría al mejor caricaturista español del año.

Algún tiempo después, en 1957, sería objeto de un homenaje en Tarazona. Marcial Buj hizo su elogio y él reveló entonces que había hecho más de 70.000 caricaturas. María Fernanda Ladrón de Guevara y Celia Gámez fueron dos de las estrellas a las que más retrató; pero también captó a Valle-Inclán, Fernando Fernán-Gómez, Irene López de Heredia, Ismael Merlo, Carmen de Lirio, Guillermo Marín, la pianista Pilar Bayona... Cientos, miles de artistas de la escena y la farándula.

En otra entrevista en HERALDO le decía a Bernardo Bayona en enero de 1956 que “todos tienen su caricatura. A unos se les ve antes que a otros. De un modelo que no tenga ningún defecto físico, se puede conseguir una buenísima caricatura. Lo que sucede es que cuando una caricatura se nos niega, acostumbramos a decir: perdone; pero usted no tiene caricatura, con lo que el interesado se queda tan contento. Y es que muchas veces las caricaturas se empeñan en no parecerse a los originales”. No le gustaba que posasen para él: prefería memorizar el gesto de sus personajes y dibujarlos luego. Se jubiló en 1977, justo un año antes de su muerte. Sus compañeros de ‘ABC’ quisieron regalarle una moderna silla de ruedas, porque andaba con dificultad, a la sombra de su segunda esposa Isabel Martínez (antes estuvo casado con una actriz cómica que murió joven), pero se les adelantó El Fénix Mutuo, tal como se recuerda en un suelto de ese mismo año. La necrológica de ABC lo retrataba como “un hombre bueno, cordial, afectuoso y servicial con todos”. Años más tarde, junto a otros humoristas, fue objeto de un homenaje por parte del periódico y en un texto certero y sin firma se resumía la búsqueda de la esencialidad que caracterizó a Ugalde, toda una poética general del caricaturista: “Debe tener una doble visión que traspase la superficie de un rostro humano y cale hasta su más honda y verdadera expresión”.

 

EL ANECDOTARIO

La maleta del artista. Jesús Rubio Jiménez, durante su investigación de la trayectoria de Francisco Ugalde, vio una maleta llena de originales del artista. Su hermana Carmen Ugalde -según la sobrina del caricaturista, Soledad Domínguez- le ofreció ese legado “varias veces y durante varios años” al ayuntamiento de Tarazona. El periodista cultural Mariano García, que siguió con atención el asunto en su ‘Tinta de Hemeroteca’ de HERALDO, contó el 27 de junio de 2009: “Como el ofrecimiento de la familia cayó una y otra vez en saco roto, su sobrina quiso resolver la cuestión del legado y ofreció los dibujos al Museo de Arte Contemporáneo de Madrid que, como es lógico y natural, los aceptó de buen grado. Así que la institución con sede en el Cuartel del Conde Duque acaba de recibir -la donación se formalizó el pasado mes de noviembre- 1.206 caricaturas de Ugalde, ocho bocetos de otros artistas y una carpeta con recortes de prensa y fotografías del turiasonense”.