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Antón Castro
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UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

A PLENO SOL. El ilustrador y dibujante turiasonense, nacido en 1903 y muerto en 1978, fue uno de los grandes cronistas gráficos de la escena y de la farándula, desde las páginas de HERALDO y luego de ‘ABC’ y otros medios.

 

 

Ugalde o el arte de la caricatura

 

FOTO. ARCHIVO EDUARDO LABORDA

El caricaturista, segundo por la izquierda, en un homenaje en Tarazona en 1957.

 

-AUTORRETRATO DE UGALDE

-Una de las viñetas teatrales: ‘Don Juan’, con Julita Martínez, Paco Valladares y Enriqueta Carballeira

 

 

Antón CASTRO

“Soy de Tarazona. ¡Cómo la recuerdo! Si algún año no puedo ir para las fiestas parece que me falta algo. Soy un enamorado de mi tierra. Y de mi Zaragoza, que también es mía. Allí pasé lo mejor de mi vida. A los diez años fui a estudiar el Bachillerato al colegio de San Francisco Javier de Tudela, y a los trece a Zaragoza (...) Al año siguiente marché a Guadalajara, a la Academia preparatoria para ingreso en Ingenieros, y allí empecé a coger los lápices, en un curso de dibujo de paisaje, con Parellada de profesor. No me gustaba el paisaje y me entretenía en hacer caricaturas”. Más o menos así, en 1955, le contaba Francisco Ugalde (Tarazona, 1903-Madrid, 1978) al periodista Marcial Buj de HERALDO la historia de su vida y de su nacimiento a las caricaturas y a la ilustración. Ugalde quiso estudiar comercio, ingeniería y compatibilizó su condición de soldado con las ciencias químicas. Le gustaban mucho la noche, las tertulias, vivir entre bambalinas y dibujar a aquellas actrices que venían al Teatro Principal. Antes había empezado a hacer sus primeras tentativas en ‘El Noticiero’ con gentes de Tarazona, Borja o Ágreda.

Un día conoció a Fernando Soteras Gimeno, ‘Mefisto’ (Zaragoza, 1886- El Escorial 1934), poeta y crítico taurino y teatral, y le dijo que él había hecho caricaturas de muchos paisanos; Mefisto le preguntó si quería que se publicasen en en un especial de fiestas con sus famosas ‘Coplas del día’. Y así pasó, a HERALDO, en 1925. Jesús Rubio Jiménez, quizá su mayor estudioso, escribe en ‘Retratos en blanco y negro. La caricatura de teatro en la prensa (1939-1965)’ (Centro de Documentación Teatral, 2008): “Colaboraciones como las fiestas del Pilar o el centenario de Goya también quedaron reflejadas por su lápiz”. Francisco Javier Veras Sanz, autor de ‘Cien años de ilustraciones en Heraldo de Aragón, 1895-1995’, decía que con el aniversario goyesco “se realizó una corrida de toros de la que Ugalde laboró una verdadera galería de asistentes: toreros, aristócratas, artistas y hasta algunos dibujantes como Xaudaró, Batolozzi y Fresno”.

En 1928, Ugalde empezó una serie, ‘Siluetas del Paseo’, que reflejaban su curiosidad, su agudeza de observador desde los porches de Independencia y su afición a la belleza femenina. Las expuso en el hotel Universo y allí debió verlas Juan Ignacio Luca de Tena. Le gustaron mucho y de inmediato le encargó algunos trabajos para su periódico, ‘ABC’. “A pesar de que me tiraba mucho Zaragoza, la ilusión de trabajar en la capital de España pudo más. Eran los años en los que uno sueña. En ‘ABC’ se me dispensó una acogida cariñosísima, como yo no podía imaginar”, confesó el dibujante. Allí trabajaba Fresno, por ejemplo, y con él en las páginas del diario conservador haría casi de todo. Era el período de fulgor de grandes viñetistas como Bagaría, Sirio, K-Hito, Bayo Marín, Manuel del Arco..., como recordaba Manuel García Guatas en ‘Publicidad artística en Zaragoza’ (Ibercaja, 1993).

Tras la Guerra Civil reanudó su colaboración y se especializó en lo que más le gustaba: “estrenos, pruebas privadas de cine y ensayos teatrales de madrugada. Casi nadie se escapaba de su lápiz: además de trabajar en ‘ABC’ también lo hacía en ‘Blanco y negro, en el semanario de espectáculos ‘Dígame’, el periódico deportivo ‘Marca’, en el diario ‘Pueblo’ y en la Agencia Logos. Por lo regular, según confesaba, hacía entre cinco y seis caricaturas al día. Colaboró en 1927 en ‘La novela de viaje aragonesa’ y volvería a hacerlo en otras publicaciones como el famoso ‘Almanaque del Café Castilla’ de 1944, que tanto solía frecuentar, o la Biblioteca Teatral, dirigida por Benjamín Bentura, que conserva el pintor y coleccionista Eduardo Laborda; ahí realizaba la portada a color y diversas escenas de interior. Por su intensa actividad recibiría en 1951 el Premio Rodríguez Santamaría al mejor caricaturista español del año.

Algún tiempo después, en 1957, sería objeto de un homenaje en Tarazona. Marcial Buj hizo su elogio y él reveló entonces que había hecho más de 70.000 caricaturas. María Fernanda Ladrón de Guevara y Celia Gámez fueron dos de las estrellas a las que más retrató; pero también captó a Valle-Inclán, Fernando Fernán-Gómez, Irene López de Heredia, Ismael Merlo, Carmen de Lirio, Guillermo Marín, la pianista Pilar Bayona... Cientos, miles de artistas de la escena y la farándula.

En otra entrevista en HERALDO le decía a Bernardo Bayona en enero de 1956 que “todos tienen su caricatura. A unos se les ve antes que a otros. De un modelo que no tenga ningún defecto físico, se puede conseguir una buenísima caricatura. Lo que sucede es que cuando una caricatura se nos niega, acostumbramos a decir: perdone; pero usted no tiene caricatura, con lo que el interesado se queda tan contento. Y es que muchas veces las caricaturas se empeñan en no parecerse a los originales”. No le gustaba que posasen para él: prefería memorizar el gesto de sus personajes y dibujarlos luego. Se jubiló en 1977, justo un año antes de su muerte. Sus compañeros de ‘ABC’ quisieron regalarle una moderna silla de ruedas, porque andaba con dificultad, a la sombra de su segunda esposa Isabel Martínez (antes estuvo casado con una actriz cómica que murió joven), pero se les adelantó El Fénix Mutuo, tal como se recuerda en un suelto de ese mismo año. La necrológica de ABC lo retrataba como “un hombre bueno, cordial, afectuoso y servicial con todos”. Años más tarde, junto a otros humoristas, fue objeto de un homenaje por parte del periódico y en un texto certero y sin firma se resumía la búsqueda de la esencialidad que caracterizó a Ugalde, toda una poética general del caricaturista: “Debe tener una doble visión que traspase la superficie de un rostro humano y cale hasta su más honda y verdadera expresión”.

 

EL ANECDOTARIO

La maleta del artista. Jesús Rubio Jiménez, durante su investigación de la trayectoria de Francisco Ugalde, vio una maleta llena de originales del artista. Su hermana Carmen Ugalde -según la sobrina del caricaturista, Soledad Domínguez- le ofreció ese legado “varias veces y durante varios años” al ayuntamiento de Tarazona. El periodista cultural Mariano García, que siguió con atención el asunto en su ‘Tinta de Hemeroteca’ de HERALDO, contó el 27 de junio de 2009: “Como el ofrecimiento de la familia cayó una y otra vez en saco roto, su sobrina quiso resolver la cuestión del legado y ofreció los dibujos al Museo de Arte Contemporáneo de Madrid que, como es lógico y natural, los aceptó de buen grado. Así que la institución con sede en el Cuartel del Conde Duque acaba de recibir -la donación se formalizó el pasado mes de noviembre- 1.206 caricaturas de Ugalde, ocho bocetos de otros artistas y una carpeta con recortes de prensa y fotografías del turiasonense”.

 

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