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Antón Castro

JOSE GIRL: ARTE DEL RETRATO

JOSE GIRL: ARTE DEL RETRATO

Estuve ayer en la sala Bantierra –fui con la historiadora del arte, Marisa Grau Tello, autora de un libro de pintura mural que ha publicado Rolde. Se presenta el día 17 en el Museo Pablo Gargallo- a ver la exposición ‘Misfits’ de Jose Girl, fotógrafa de Zaragoza que reside en Los Ángeles; es desde hace algunos años la compañera de Enrique Bunbury.

Son diez fotos, de gran fuerza expresiva, que abordan personajes de la música y de cierta marginalidad. Jose Girl posee una técnica incuestionable, sabe mirar, es intensa, y se ve claramente que le interesan algunos de los grandes maestros de la fotografía norteamericana: Irving Penn (sobre todo en ‘Der Sanmann’) y Richard Avedon, especialmente, vean ‘El Pichiti’, y también Diane Arbus: como a ella, le atraen esos personajes desubicados, entre solitarios y dramáticos, captados de repente incluso con un brutal golpe de flash. El ejemplo más claro es ‘Princesa’.

Jose Girl experimenta diversas vías, siempre con la expresividad por bandera: le apasionan los rostros y sus matices, las texturas, las arrugas. Y quizá, como señala Silvia Grijalba en el prólogo a su catálogo, siente afinidad con cineastas como Jim Jarmusch, David Cronenberg, y con escritores como Raymond Carver. Una obra como ‘Gitana Susana’ me ha hecho recordar a un fotógrafo aragonés fallecido hace algunos años: Javier Inés, al que lo más probable es que Jose no haya conocido. O quizá sí. Eso nunca se sabe.

Esta foto es 'Mátame'. La muestra ‘Misfits’ está inscrita en la programación de ‘Out of Mind’. Se merece una visita. Es una muestra con personalidad, con sensibilidad y una incuestionable maestría.

UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

UGALDE: LA MAESTRÍA DEL RETRATO

A PLENO SOL. El ilustrador y dibujante turiasonense, nacido en 1903 y muerto en 1978, fue uno de los grandes cronistas gráficos de la escena y de la farándula, desde las páginas de HERALDO y luego de ‘ABC’ y otros medios.

 

 

Ugalde o el arte de la caricatura

 

FOTO. ARCHIVO EDUARDO LABORDA

El caricaturista, segundo por la izquierda, en un homenaje en Tarazona en 1957.

 

-AUTORRETRATO DE UGALDE

-Una de las viñetas teatrales: ‘Don Juan’, con Julita Martínez, Paco Valladares y Enriqueta Carballeira

 

 

Antón CASTRO

“Soy de Tarazona. ¡Cómo la recuerdo! Si algún año no puedo ir para las fiestas parece que me falta algo. Soy un enamorado de mi tierra. Y de mi Zaragoza, que también es mía. Allí pasé lo mejor de mi vida. A los diez años fui a estudiar el Bachillerato al colegio de San Francisco Javier de Tudela, y a los trece a Zaragoza (...) Al año siguiente marché a Guadalajara, a la Academia preparatoria para ingreso en Ingenieros, y allí empecé a coger los lápices, en un curso de dibujo de paisaje, con Parellada de profesor. No me gustaba el paisaje y me entretenía en hacer caricaturas”. Más o menos así, en 1955, le contaba Francisco Ugalde (Tarazona, 1903-Madrid, 1978) al periodista Marcial Buj de HERALDO la historia de su vida y de su nacimiento a las caricaturas y a la ilustración. Ugalde quiso estudiar comercio, ingeniería y compatibilizó su condición de soldado con las ciencias químicas. Le gustaban mucho la noche, las tertulias, vivir entre bambalinas y dibujar a aquellas actrices que venían al Teatro Principal. Antes había empezado a hacer sus primeras tentativas en ‘El Noticiero’ con gentes de Tarazona, Borja o Ágreda.

Un día conoció a Fernando Soteras Gimeno, ‘Mefisto’ (Zaragoza, 1886- El Escorial 1934), poeta y crítico taurino y teatral, y le dijo que él había hecho caricaturas de muchos paisanos; Mefisto le preguntó si quería que se publicasen en en un especial de fiestas con sus famosas ‘Coplas del día’. Y así pasó, a HERALDO, en 1925. Jesús Rubio Jiménez, quizá su mayor estudioso, escribe en ‘Retratos en blanco y negro. La caricatura de teatro en la prensa (1939-1965)’ (Centro de Documentación Teatral, 2008): “Colaboraciones como las fiestas del Pilar o el centenario de Goya también quedaron reflejadas por su lápiz”. Francisco Javier Veras Sanz, autor de ‘Cien años de ilustraciones en Heraldo de Aragón, 1895-1995’, decía que con el aniversario goyesco “se realizó una corrida de toros de la que Ugalde laboró una verdadera galería de asistentes: toreros, aristócratas, artistas y hasta algunos dibujantes como Xaudaró, Batolozzi y Fresno”.

En 1928, Ugalde empezó una serie, ‘Siluetas del Paseo’, que reflejaban su curiosidad, su agudeza de observador desde los porches de Independencia y su afición a la belleza femenina. Las expuso en el hotel Universo y allí debió verlas Juan Ignacio Luca de Tena. Le gustaron mucho y de inmediato le encargó algunos trabajos para su periódico, ‘ABC’. “A pesar de que me tiraba mucho Zaragoza, la ilusión de trabajar en la capital de España pudo más. Eran los años en los que uno sueña. En ‘ABC’ se me dispensó una acogida cariñosísima, como yo no podía imaginar”, confesó el dibujante. Allí trabajaba Fresno, por ejemplo, y con él en las páginas del diario conservador haría casi de todo. Era el período de fulgor de grandes viñetistas como Bagaría, Sirio, K-Hito, Bayo Marín, Manuel del Arco..., como recordaba Manuel García Guatas en ‘Publicidad artística en Zaragoza’ (Ibercaja, 1993).

Tras la Guerra Civil reanudó su colaboración y se especializó en lo que más le gustaba: “estrenos, pruebas privadas de cine y ensayos teatrales de madrugada. Casi nadie se escapaba de su lápiz: además de trabajar en ‘ABC’ también lo hacía en ‘Blanco y negro, en el semanario de espectáculos ‘Dígame’, el periódico deportivo ‘Marca’, en el diario ‘Pueblo’ y en la Agencia Logos. Por lo regular, según confesaba, hacía entre cinco y seis caricaturas al día. Colaboró en 1927 en ‘La novela de viaje aragonesa’ y volvería a hacerlo en otras publicaciones como el famoso ‘Almanaque del Café Castilla’ de 1944, que tanto solía frecuentar, o la Biblioteca Teatral, dirigida por Benjamín Bentura, que conserva el pintor y coleccionista Eduardo Laborda; ahí realizaba la portada a color y diversas escenas de interior. Por su intensa actividad recibiría en 1951 el Premio Rodríguez Santamaría al mejor caricaturista español del año.

Algún tiempo después, en 1957, sería objeto de un homenaje en Tarazona. Marcial Buj hizo su elogio y él reveló entonces que había hecho más de 70.000 caricaturas. María Fernanda Ladrón de Guevara y Celia Gámez fueron dos de las estrellas a las que más retrató; pero también captó a Valle-Inclán, Fernando Fernán-Gómez, Irene López de Heredia, Ismael Merlo, Carmen de Lirio, Guillermo Marín, la pianista Pilar Bayona... Cientos, miles de artistas de la escena y la farándula.

En otra entrevista en HERALDO le decía a Bernardo Bayona en enero de 1956 que “todos tienen su caricatura. A unos se les ve antes que a otros. De un modelo que no tenga ningún defecto físico, se puede conseguir una buenísima caricatura. Lo que sucede es que cuando una caricatura se nos niega, acostumbramos a decir: perdone; pero usted no tiene caricatura, con lo que el interesado se queda tan contento. Y es que muchas veces las caricaturas se empeñan en no parecerse a los originales”. No le gustaba que posasen para él: prefería memorizar el gesto de sus personajes y dibujarlos luego. Se jubiló en 1977, justo un año antes de su muerte. Sus compañeros de ‘ABC’ quisieron regalarle una moderna silla de ruedas, porque andaba con dificultad, a la sombra de su segunda esposa Isabel Martínez (antes estuvo casado con una actriz cómica que murió joven), pero se les adelantó El Fénix Mutuo, tal como se recuerda en un suelto de ese mismo año. La necrológica de ABC lo retrataba como “un hombre bueno, cordial, afectuoso y servicial con todos”. Años más tarde, junto a otros humoristas, fue objeto de un homenaje por parte del periódico y en un texto certero y sin firma se resumía la búsqueda de la esencialidad que caracterizó a Ugalde, toda una poética general del caricaturista: “Debe tener una doble visión que traspase la superficie de un rostro humano y cale hasta su más honda y verdadera expresión”.

 

EL ANECDOTARIO

La maleta del artista. Jesús Rubio Jiménez, durante su investigación de la trayectoria de Francisco Ugalde, vio una maleta llena de originales del artista. Su hermana Carmen Ugalde -según la sobrina del caricaturista, Soledad Domínguez- le ofreció ese legado “varias veces y durante varios años” al ayuntamiento de Tarazona. El periodista cultural Mariano García, que siguió con atención el asunto en su ‘Tinta de Hemeroteca’ de HERALDO, contó el 27 de junio de 2009: “Como el ofrecimiento de la familia cayó una y otra vez en saco roto, su sobrina quiso resolver la cuestión del legado y ofreció los dibujos al Museo de Arte Contemporáneo de Madrid que, como es lógico y natural, los aceptó de buen grado. Así que la institución con sede en el Cuartel del Conde Duque acaba de recibir -la donación se formalizó el pasado mes de noviembre- 1.206 caricaturas de Ugalde, ocho bocetos de otros artistas y una carpeta con recortes de prensa y fotografías del turiasonense”.

 

JULI CARO, EL BAROJA MÁS SABIO

A PLENO SOL. Académico de la Lengua y Premio Príncipe de Asturias, fue uno de los grandes antropólogos del siglo XX en España. Le apasionaron tantos los mitos nacionales y los problemas de España como los de Navarra y el País Vasco. Fue el sobrino preferido de Pío Baroja y un sabio apasionado por casi todo.]

  

Julio Caro, el Baroja más sabio

 

“La figura de Julio Caro Baroja es enorme, lo mismo que la cantidad de ciencia y conocimiento que constituyen su reserva”, dijo a mediados de lo años 80 el poeta y director de la RAE Dámaso Alonso del polígrafo vasco, del que se cumplen en noviembre cien años de su nacimiento. Decir Julio Caro Baroja (Madrid, 1914-Vera de Bidasoa, Navrra, 1995) es invocar, de entrada, a un sabio, a un antropólogo esencial, a un historiador, a un pintor y dibujante, a un etnógrafo y a un bibliófilo que amaba a Homero, a Tólstoi y los libros de viajes. Decir Julio Caro Baroja es enfrentarse a un Baroja y lo que eso significa: la casa de Itzea en Vera de Bidasoa, vivienda de cuatro plantas de 336 metros cuadrados que adquirió Pío Baroja en 1912 y que tiene mas de 30.000 volúmenes, un museo de objetos populares y una valiosa pinacoteca; decir los Baroja es invocar uno de los libros más hermosos de Caro Baroja, ‘Los Baroja’, publicado en 1972 y reeditado en 1986, la crónica minuciosa de una familia apasionante en la que se cuentan marinos, editores e impresores (como su padre Rafael Caro Raggio), artistas (como su tío Ricardo Baroja), cineastas (como su hermano Pío Caro Baroja que llegó a dirigir ‘El mayorazgo de Labraz’ para TVE) y escritores como Carmen Baroja, madre del antropólogo, y Pío Baroja, el gran escritor que perteneció a la Generación del 98.

“Los Baroja hemos vivido de una manera anómala o no común, un poco aislados y con falta de acomodo a la vida social. Hay en todo esto un poco de…, bueno, de miedo social”, le confesaba Julio Caro Baroja a Baltasar Porcel para su ‘Retrato’ de la serie Galería de Grandes Contemporáneos de Círculo de Lectores (1987). El autor de ‘Memorias de un hombre de acción’ siempre se sintió muy cercano a su sobrino: habló con los antropólogos José Miguel Barandiarán y Telesforo Aranzadi para que trabajase con ellos en los veranos que pasaba en Vera de Moncayo, entre 1931 y 1936, y luego convenció a Walter Starkie, director de Instituto Británico en Madrid, para que le diese un  empleo; lo hizo y Julio Caro se convirtió en su secretario personal entre 1941 y 1946.

Aunque había nacido en Madrid en 1914, Vera de Bidasoa fue su paraíso. Le permitió acceder a la fabulosa biblioteca de su tío y, además, se convirtió en su mejor compañero. Julio Caro vivió la Guerra Civil en la casa familiar, tras aquel incidente terrible en el que Pío Baroja estuvo a punto de ser paseado por los requetés; el autor de ‘El árbol de la ciencia’ se fue a París y residió allí hasta que los nazis tomaron Francia; malvivió de sus colaboraciones con ‘La Nación’ de Buenos Aires. El joven Julio se doctoró en Historia Antigua en 1942 y empezó a publicar de inmediato: si a los 20 años debutó con ‘Tres estudios etnográficos relativos al País Vasco’, en 1941 aparecería ‘Algunos mitos españoles’, uno de sus temas preferidos, y en los años siguientes ‘Los pueblos ibéricos del Norte de la Península Ibérica (1943) y ‘La vida rural en Vera de Bidasoa’ (1944). Solía realizar dibujos del natural que enriquecían sus aportaciones. Lo dibujaba todo: aperos de labranza, la fachada de una casa, el retrato de un campesino en su labrantío o una escalera interior. Una selección de esa obra gráfica aparecería en 1979 con el título de ‘Cuadernos de campo’. Entre 1943 y 1953, además de trabajar con Walter Starkie, dirigió el Museo del Pueblo Español de Madrid. Recorría España de punta a punta e hizo de cicerone de un personaje como el estudioso George M. Foster que entre 1949 y 1950 recorrió 16.000 kilómetros con el objeto de analizar el eco de España en América.

Julio Caro Baroja vivió por entonces dos historias de amor con final desdichado. Se enamoró de una inglesa “muy graciosa y muy guapa” que trabajaba en el Instituto Británico: Caro Baroja confesó que le dio “unas calabazas rotundas”. Y también tuvo una novia formal madrileña pero su complicada vida familiar le acabó alejando de las pasiones y del deseo. “Yo soy de temperamento de animal de sangre fría, como de reptil”, diría.

En ese período, poco antes de la muerte de su tío, con quien vivía ya en solitario en un piso grande la calle Alarcón, el escritor le mostró un cajón de su armario de luna donde tenía un montón de dinero: “Habrá como 40.000 pesetas”, le dijo el escritor. Había 700.000 pesetas (alrededor de 4.000 euros de hoy), que les permitieron hacer algunas inversiones y vivir “holgadamente durante todo el tiempo de la enfermedad de mi tío”.

Trabajador metódico y audaz, apasionado de la filosofía y de la historia de España, especialmente de los perseguidos, 1961 es un año clave en su producción: publicó ‘Los judíos en la España moderna y contemporánea’ y ‘Las brujas y su mundo’. Baltasar Porcel recuerda que siempre le atrajeron los mundos ocultos y acosados, así como la literatura popular y los oficios un tanto insólitos, de ahí volúmenes como ‘Vidas mágicas e inquisición’ (1967) o ‘El señor inquisidor y otras vidas por oficio’ (1968). Caro Baroja es autor de ‘Romances de ciego’ (1966), ‘Pliegos de cordel’ (1969), ‘Ensayo sobre literatura de cordel’ (1969) o ‘Teatro popular y magia’ (1974). Los temas vascos y navarros le interesaron desde muy joven (les dedicó alrededor de una veintena de títulos), casi tanto como las teorías antropológicas, la religión y el ateísmo, el folclore, las fiestas o el análisis “del carácter nacional” en toda su complejidad.

Tímido, reservado, de una curiosidad intelectual inagotable, publicó casi un centenar de libros sobre todas las épocas y analizó, con agudeza e intensidad, al hombre corriente y sus problemas más fieramente humanos.

 

El anecdotario

 

Viajes con su tío. Julio Caro Baroja fue un gran viajero. Discípulo de Hermann Trimborn y Hugo Obermaier, visitó numerosos países europeos (Italia fue su gran debilidad) y en el Sahara. En 1930, con su tío Pío Baroja, realizó un viaje por las tierras aragonesas: salieron de Morella y recorrieron el Bajo Aragón histórico y llegaron hasta Zaragoza; también estuvieron en el Maestrazgo. De esa ruta realizada en marzo de 1930 nacieron al menos dos novelas de su tío: ‘Los confidentes audaces’, que narra un trayecto que pasa por Peñarroya de Tastavíns e Híjar, y ‘La venta de Mirambel’, novela de misterio que le permitía hacer una visita a la historia y los mitos de Cantavieja, La Iglesuela, Mirambel, etc. De Mirambel dijo Baroja que “parece un animal muerto dentro de su concha”. 

 

 

-Tomo la primera foto de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-394107c4789e7e8a02053b22441eac19.jpg

-Tomo la segunda foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-ab14d2575fd3cd34297f60809d2ce5d5.jpg

 

EFC: ELOGIO DE PEPE BADA

EFC: ELOGIO DE PEPE BADA

[En el sello eCícero de Fernando García Mongay, Eloy Fernández Clemente publica el libro de artículo ’Ante Cataluña’. Su editor, muy gentilmente, me envía este texto sobre el exconsejero José Bada. Es un artículo reciente, de este 2014 que apareció en ’El Periódico de Aragón’, en el que trabajé desde 1990, su fundación, hasta 2001.]

 

ELOGIO DE PEPE BADA (2014)

 

Por Eloy FERNÁNDEZ CLEMENTE

 

Hace unas cuantas semanas me invitó Pepe Bada a acompañarle a su pueblo natal, Favara (ellos prefieren escribirlo en su lengua catalana), e intervenir en un encuentro de fondo religioso aunque profundamente humano, sobre “La crisis como reto global”…

Pensé al regreso… considerar si no se equivocaba una vez más esta sociedad aragonesa nuestra, todos nosotros (a los políticos habría ya que dejarles en su paz, estos y aquéllos, y no pedirles cosas que no les gustan, entienden, interesan), olvidando darle a José Ramón Bada la atención, respeto, cariño que merece, que le damos privada pero no públicamente.

He visto pocas personas tan profundamente religiosas, de un cristianismo que no juzga ni ataca, sino abraza; no impone sino interroga. Pepe, una de las mejores cabezas del muy selecto grupo de profesores del Seminario zaragozano en los sesenta, era doctor en Teología por la Universidad de Munich y licenciado en Filosofía por la de Valencia. Tan buena cabeza que pronto chocaría con la reacción nacional–católica que repudiaba el Vaticano II, con su revista Eucaristía, matraz del progresismo católico, a la que Cantero retiró autorización en 1975; cuando publicaba libros “para una enseñanza crítica de la Religión”, cuando se preguntaba con otros colegas sobre la izquierda aragonesa, concluyendo que muchos éramos, claro, de origen cristiano. Lo fue cuando, con otras muchas y generosas mentes (Miret, Laín, Aranguren, etc.) acudió a algunos encuentros del instituto Fe y secularizad.

Fue fundador del PSA, hacia el que atrajo a Reconstrucción socialista, su grupo político y sindical de origen cristiano. Tuvo actuaciones decisivas. Y cuando, tras largos debates que ayudó a formular, formó parte del PSOE unificador, fue consejero de Cultura y Educación en el Gobierno de Santiago Marraco (1983-1987), el primero autonómico salido de las urnas. Y sin apenas medios materiales ni humanos, supo concebir con altura lo que debería ser la Cultura en una comunidad autónoma como la nuestra.

Lo hizo suscribiendo un Convenio sobre el Patrimonio Histórico, Artístico y Documental de la Iglesia Católica en Aragón; comprendiendo la importancia de recuperar los papeles de Joaquín Costa y estudiarle a fondo; participando en estudios sobre el Conde de Aranda; logrando de los duques de Alba la cesión del archivo de Híjar-Aranda al Gobierno aragonés; auspiciando ediciones tan importantes como el Aragón, reino de Cristo, del P. Faci, o La restitución del cristianismo, de Server que tradujo Ángel Alcalá: ayudando, en crisis profunda, a morir con dignidad a la revista Andalán. Muchos no lo olvidamos. Y, como alguna vez bromeo con él, creo que le criticamos mucho más que a sus sucesores, que lo merecieron muchísimo más. Así era la izquierda: depresiva y autocrítica…

Muy en especial destacó defendiendo con leyes, actos, escritos, palabras, la lengua catalana hablada en Aragón, promoviendo la enseñanza también de las modalidades propias. Cuando al fin se constituyó el Consejo Superior de Lenguas de Aragón en 2010 fue su primer presidente como miembro de mayor edad (y yo añadiría mayor respeto y mérito). Ay, como vemos languidecer todo lo relativo a nuestras lenguas.

El Periódico de Aragón, 26 de marzo de 2014.

JORDI DOCE: 'ZONA DE DIVAGAR'

JORDI DOCE: 'ZONA DE DIVAGAR'

JORDI DOCE: DE ’ZONA DE DIVAGAR’ Y LA CREACIÓN


No tengo el gusto, aún, de conocer al poeta, traductor, ensayista y editor Jordi Doce (Gijón, 1967), pero sí soy un lector de su poesía, de sus diarios (me encantó y me encanta, ‘Perros en la playa’, La Oficina, 2011). Ahora, en Vaso Roto, cuya oficina española coordina, publica ‘Zona de divagar’, en la cuidada colección Cardinales, un libro de libros que “nace pura y llanamente del placer de leer”. El autor habla de poetas esencialmente, pero también de narradores (Cortázar, Houellebecq, Alejandro Rossi, autor de un memorable título, ‘Manual del distraído’, de Canetti), de músicos como Luis de Pablo, de series de televisión. Uno de los poetas más nombrados e interpretados es el premio Nobel Czeslaw Milosz (otro sería Tomas Tranströmer y su ’Visión de la memoria’), de quien dice esto: 
«Hay, desde luego, muchos otros Milosz: un sensualista que canta los placeres del arte y la buena comida, un erotómano que se autoincrepa, burlonamente, cuando ve pasar un cuerpo hermoso, un viajero atento, un aprendiz de eremita que celebra los instantes en que la naturaleza nos ilumina y nos consuela, el polemista que dialoga a través de las tradiciones poéticas de Allen Ginsberg o Robert Lowell, un barroco tardío que se complace en la alianza de ‘eros y thanatos’, “el baile de los esqueletos” que late bajo los cuerpos “arropados en sedas abundantes"».

Por cierto, al glosar a Cortázar y la importancia del azar en su obra, recuerda uno de sus textos, ’Instrucciones.ejemplos sobre la forma de tener miedo". Dice Cortázar, casi a la manera de Borges: "En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere".

*La foto de Jordi Doce es de Ricardo Solís y apareció en ’La Nueva España’.

ELÍAS MORO: UN CUENTO DE BICIS

ELÍAS MORO: UN CUENTO DE BICIS

Para Antón Castro, que sigue siendo un niño grande
en la bicicleta de la literatura y los afectos.

Etapa reina
Por Elías MORO CUÉLLAR

Apenas tres míseros segundos nos separaban en la clasificación para el primer puesto de la general.
Vigilándonos por el rabillo del ojo, casi codo con codo dábamos las pedaladas con el ansia del sediento que tiene a la vista el oasis salvador.
En las rampas más duras del categoría especial, él demarró creyendo que yo desfallecería.
Respondí al ataque con elegancia y tranquilidad.
Y cuando le iba a pasar y dejarle clavado en la ascensión, con un crujido terrible que me puso los pelos de punta, se me salió la cadena de golpe.
Me pegué un costalazo de padre y muy señor mío.
Su sarcástica sonrisa y su cara de culpable lo decían todo cuando se volvió para mirarme.
Claro, que no le dio mucho tiempo a celebrar el triunfo.
Cuando llegué a la meta con la bici al hombro, sin poder contener la rabia le enrollé la cadena en el cuello y esprinté con ella todo lo que pude.
Se le puso la cara del color del maillot de la montaña.
*Con motivo de mi cumpleaños: Antón Castro. Santa Mariña de Lañas, Arteixo, 25 de agosto de 1959

JUAN BUFILL: CUATRO POEMAS

JUAN BUFILL: CUATRO POEMAS

El sello Vaso Roto, que dirige el traductor, poeta y crítico Jordi Doce, acaba de publicar ‘Antinaufragios’, un extenso poemario de Juan Bufill (Barcelona, 1955): periodista cultural, crítico de arte en las páginas de ‘La Vanguardia’, traductor, fotógrafo y poeta, entre otras cosas. El libro, dividido en cinco partes, es como un viaje interior y exterior en el que el autor refleja algunas de sus obsesiones: una concepción nada sentimental de la belleza, el cine más innovador, la música clásica de la India, el jazz de John Coltrane, la naturaleza, la lentitud y la calma, la búsqueda de imágenes y el juego de palabras, entre otros asuntos y características. Este es el segundo poemario de Buffil, antes había publicado en Península, en 1992, ‘Subespecies humanas’, y dice que todos los poemas están escritos en el siglo XXI. Agrega: “... quiero recordar con gratitud los nombres de tres escritores: María Zambrano, Giuseppe Ungaretti y Fernando Pessoa. Reconozco que no puedo imaginar cómo sería mi poesía si no los hubiera leído hace muchos años y releído más tarde”.

 

Selecciono aquí algunos de sus poemas:

 

LA BELLEZA

 

la belleza es una danza que no vemos

-no por entero o eterno-

es una fuga de la fuga

y en el encuentro un regreso

 

la belleza siempre fluye, gira o tiembla

es como un relámpago que alumbra

en lo exterior lo interior

 

es en lo no música la música

y allí el manantial del cantar

el sol de esa luz que hace templos

en cada fragmento o rincón

 

no existe fuera del sueño

del sentir y del deseo de vivir

y nunca nace sin muerte

ni tiene intensidad sin ese fondo

oculto fondo del ser

 

 

LA PIEL

 

en el clima de la noche de verano

el cuerpo se abre al espacio

al aire húmedo y cálido

a la noche parecida a su interior

 

entonces los imanes de aguafuego

se reconocen espejos

sedientos de beber esa otra sed

de ser bebidos bebiendo

 

uniones por la piel

que siente vivo su sueño

y sabe tomar decisiones

durante el juego del cuerpo

 

ESCUCHANDO ‘NOCTURNOS’

[a F. Chopin y A. Rubinstein]

 

nada es verdadero sin amor

sin ese modo discreto

de alumbrar vida nueva

en cada encuentro con otro

de ser sol tenue entre ruinas

y propia luz en la noche

con el gesto del saber en la sonrisa

con el brillo del ser en la mirada

 

EL VERANO, JUGAR (O LA VIDA INMEDIATA)

[A Joan]

un padre con su hijo de tres años

en la risa de las olas

en la frescura del mar

 

*La foto es de Ed Clark. París.

PERTEGAZ: ARTE Y ARREBATO

PERTEGAZ: ARTE Y ARREBATO

El artista arrebatado

 

«Soy muy activo y todo lo que sea arte me arrebata», dijo en Manuel Pertegaz, ese artista que embellecía a la mujer. Él mismo confesó que en su pueblo turolense, Olba, le conmovía misteriosamente la misa de doce de los domingos porque las mujeres se vestían con sus mejores galas. Quizá ahí, en ese gesto cotidiano y ritual, intuyó su destino: querría diseñar trajes «pensando siempre en la mujer elegante». También declaró: «Soy bohemio. Odio el reloj. Me gusta trabajar, vivir de noche». Solía hacerlo, con música de Bach, impregnado de ideas. Ha sido detallista y refinado, ha buscado la perfección y la naturalidad; quizá por eso celebraba que Balenciaga confesase en una ocasión que no le interesase nadie de la moda salvo «un chico joven que trabaja en Barcelona y se llama Pertegaz». Antes, el gran maestro se había presentado en su casa; Manuel y su hermana probaron un traje y un abrigo ante él. De repente, le contaba Pertegaz a Margarita Rivière, «tanto en el traje como en el abrigo hizo unas marcas con una tiza para trazar un pinzado, un pinzado estupendo, que luego yo he repetido otras veces».

Pertegaz vistió a muchas señoras. Fueron su inspiración y con ellas quiso desarrollar su concepción de la hermosura y del glamur, basados en la intemporalidad, el equilibrio y la sencillez. Una de sus preferidas durante años fue Audrey Hepburn: encarnó para él la mujer cisne. «Era tan preciosa que la miraba y no me la creía. Tan joven, tan bien hecha... Sabía muy bien lo que le iba... Yo me dejé llevar... Tenía tanta calidad... Vestirla fue el delirio». Jackie Kennedy adquiría sus ropas en Chez Ninoz en Nueva York: se conocieron hacia 1954, cuando él hizo un viaje por Estados Unidos con el periodista y escritor Ángel Zúñiga, y luego ella vino a verlo a Madrid. Le hizo «uno de esos pequeños trajes negros que ella llevaba tan bien». Jackie Kennedy se ajustaba a una máxima del modisto: «La elegancia debe ser natural, lo contrario puede ser insolencia». Adoraba a Greta Garbo, «excelsa, enigmática, un icono, siempre sorprendía», pero no logró vestirla. Si lo hizo con Lilian Gish, a la que veía en Barcelona en el cine mudo y luego le encargó varios trajes. Igual que Cyd Charisse, la duquesa de Winsor, Deborah Kerr, Marisa Berenson y, entre otras muchas, Ava Gardner. «Qué guapa. Fue una clienta muy fiel, se vistió hasta que fue mayor. Tenía unos ojos rasgados, una sonrisa..., podía haber sido española. Flirteaba como nadie», decía.