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Antón Castro

'LA PRUEBA' DE RAÚL ARIZA

'LA PRUEBA' DE RAÚL ARIZA

[El pasado viernes, en Los Portadores de Sueños, Raúl Ariza presentó su tercer libro: 'Glóbulos versos' (Talentura) en compañía de Luisa Miñana y Alfredo Moreno. He aquí un cuento y en poema del conjunto.]

 

LA PRUEBA DEL LABERINTO

 

De Raúl ARIZA. De 'Glóbulos versos'

 

 

No eran círculos concéntricos. Eso es lo que pensé al inicio, antes de percatarme de que cuanto más andaba más me iba alejando del punto al que debía dirigirme. Sobre un fondo verde encontrarás una frase escrita en letras doradas. Pronúnciala en voz alta. Ese era el objetivo, según la nota que encontré en mi mano al despertar, algo mareado, en medio de aquel océano siniestro. Fue un amargo amanecer, pues todo me daba vueltas, olía a algo sintético y, para colmo, estaba aquel incesante e insoportable ruido que me volvía loco. Lo primero que hice fue subirme sobre el peralte del camino -afilado como cuchilla de afeitar- y alzar la vista para ver si me orientaba. No fue sencillo mantener el equilibrio porque además aquel asfalto oscilaba inestable. A pesar de ello, a no demasiada distancia atiné a ver una planicie del color que indicaba la nota -verde, verde esperanza- y hacia allí traté de dirigirme cuando me puse a caminar en busca de un resquicio, un pasillo que comunicara los anillos hasta ayudarme a alcanzar el centro. Caminé sin descanso, como digo, hasta que descubrí que a más distancia recorrida más me separaba de mi propósito. Así que me detuve y me senté un instante en aquel bordillo cortante que parapetaba por ambos lados la estrecha senda por la que caminaba. Me tapé los oídos tratando de aislar mis ideas y me puse a pensar. Si no son círculos concéntricos -me dije-, lo que ocurre es que ando dentro de una espiral. Eso es, resolví emocionado. Estoy metido en una espiral y lo que he de hacer para salir de esta tortura no es más que, o bien caminar en sentido inverso, o bien atajar campo a través saltando murete tras murete en la dirección interesada. Y esto segundo es lo que hice, tras volver a encaramarme ubicándome de nuevo en el espacio. Teniendo en cuenta tanto la altura de aquellas aristas como su infinito número, a pesar de mi ánimo renovado es fácil entender el esfuerzo que me supuso la empresa. Fueron horas, muchas, las que anduve sometido a la fatiga y al ensordecedor sonido que todo lo envolvía, con lo que acabé con el alma y el cuerpo magullados. Me dolían las articulaciones, me estallaba la cabeza, me torcí un tobillo y me hice multitud de cortes en las manos, los muslos y las espinillas. Pero aun con todas las penalidades lo conseguí. Alcancé mi Arcadia al borde de la extenuación, sí, pero al final lo conseguí. Fue justo al llegar, tras desplomarme sobre el manto verde y romper a llorar como un niño, cuando caí en la cuenta del repentino silencio. Aquel atronador sonido que durante tantas horas de camino me había atormentado, cesó de golpe dando paso a un ligero rumor -quizá mecánico y pautado- que de algún modo me recordó las olas del mar. Arrullado y ya más calmado me incorporé como pude, recobré el resuello y me decidí a buscar el mensaje cifrado para salir cuanto antes de aquel infierno. En caracteres dorados de un tamaño tan grande que tuve que ir descifrándolos de uno en uno, primero una T, después una h, la tercera una e y así hasta el final, compuse el misterioso mensaje y resolví con ello el acertijo que me exigían para devolverme la libertad. The End, The Doors, dije en voz alta.

 

La prueba del laberinto

 

 

 

Es una canción inacabada,

inacabable

un bucle espeso

y pringoso,

una espiral en embudo,

con piso de débil

cristal alquitranado

 

Es una palabra

ilegible

indescifrable

el escalón más

alto,

una salida súbita

sin señales y, quizá,

algunas veces,

indeseada

 

 

*Un retrato de Adolphe de Meyer.

ANTONI ARISSA, GRAN ARTISTA

ANTONI ARISSA, GRAN ARTISTA

Antoni Arissa: el artista que vuelve a ver*

 

 

Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936.  Comisarios: Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat. PhotoEspaña. Fundación Telefónica de Madrid. Hasta finales de septiembre.

 

El viejo mercado de Les Encantes ha dado muchos frutos: alimenta las fotobiografías de Antonio Cardiel, ha inspirado un espléndido libro de José Carlos Cataño, ‘De rastros y encantes’, surte (o surtía) de libros de viejo, de cuadros y de objetos de chamarilería a curiosos, soñadores y buscadores de tesoros. Fue allí donde se vendió una parte del archivo de Antoni Arissa Asmarats (Barcelona, 1900-1980), fotos tamizadas por la sensibilidad, la variedad expresiva y la modernidad. Quien las compró debió de darse cuenta de inmediato de que allí había un fotógrafo lleno de talento, insólito para la época, más olvidado que desconocido, y se puso en contacto con el Museo de Arte Nacional de Cataluña. Por otra parte, el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña posee alrededor de dos mil obras de Arissa, que era impresor y tipógrafo en el negocio familiar en la calle Bruc de Barcelona.

La Fundación Telefónica ha ‘descubierto’ a magníficos profesionales: Luis Ramón Marín, Josep Brangulí y Virxilio Vieitez serían tres ejemplos perfectos. O incluso al argentino Horacio Coppola. Y ahora, en la programación de PhotoEspaña, hace lo propio con Arissa, cuya trayectoria han investigado los comisarios Rafael Levenfeld y Valerntín Vallhonrat. Se exponen en torno a 160 obras de un período no demasiado largo, entre 1922 y 1936, pero sí enormemente fecundo y variado. Antoni Arissa, fascinado por el auge de la fotografía, encuentra en las cámaras un artefacto que le permite desarrollar su sentido artístico, su búsqueda de la belleza y su pasión por el riesgo. Al principio, milita en el pictorialismo, que era el género de moda y el que solía concurrir a los salones fotográficos. Arissa fue galardonado en certámenes nacionales (Figueras y Gijón, entre otros) e internacionales. Curiosamente, en PhotoEspaña, en el Museo Romántico, también se exhibe a un gran fotógrafo pictorialista de Sabadell como Joan Vilatobà (1878-1954), premiado en la Exposición Hispano-Francesa de 1908 de Zaragoza.

Arissa, dentro de esa corriente tan en boga, hace un poco de todo: instantáneas rurales, alegorías de una supuesta Arcadia, retrata a sus hijas (Margarita y Angeleta era el nombre de dos de ellas) en interiores que ha trabajado como un decorado con atmósferas de cuentos de hadas, pero también se asoma al puerto e incluso capta la ciudad con una asombrosa plasticidad, como sucede con esa serie de Barcelona, matizada de reflejos, donde parece anticiparse al propio Catalá-Roca o a las visiones límpidas de Josef Sudek.

Poco a poco, el fotógrafo evoluciona hacia la abstracción. Hombre informado, se ve una segunda época influenciada por los ecos de la nueva fotografía europea, en la línea de Alexander Rodchenko (cuyo eco es visible en sus picados y contrapicados, en los ángulos inesperados, en la búsqueda de una nueva posición del fotógrafo), de Moholy-Nagy y los artistas de la Bauhaus, de la nueva objetividad alemana. En su última etapa, Arissa, que había sido objeto de un número monográfico de la revista ‘Art de la Llum’ en 1935, se transformó en un fotógrafo obsesionado por la pureza formal, la depuración estilística y el diálogo con el diseño gráfico, las letras y los signos. Pese a esa apuesta más bien constructivista, a esa inclinación tan sutil y perfeccionista, Antoni Arissa siempre pareció dispuesto a mirar el exterior y atrapar nuevas formas de arte y de vida: en las calles, en su casa, en los jardines o en los muelles. A veces no es fácil saber con exactitud en qué momento realizó una foto, por la amplia horquilla de datación, pero eso tampoco es tan determinante ante alguien que posee mirada, arquitectura de la composición, caligrafía del contraluz y una vocación artística espectacular. Tan humana o humanista como conceptual.

Tras la Guerra Civil abandonó la foto y se centró en su oficio.

 *Este texto apareció a doble página en el suplemento 'Culturas' de 'La Vanguardia'.

SENDER Y BILLY EL NIÑO

SENDER Y BILLY EL  NIÑO

[A PLENO SOL. La editorial Contraseña recupera una novela del Oeste y de aventuras del autor de Chalamera: ‘El bandido adolescente’, la historia del legendario forajido que fue asesinado, a los 21 años, por el sheriff Pat Garrett. Aquí, el novelista le encuentra parentescos hispánicos.]

 

 

Billy el Niño, según Sender

 

SENDER. ARCHIVO FAMILIAR SENDER

El escritor Ramón J. Sender, uno de los grandes narradores de posguerra.

Uno de los retratos más conocidos de Billy el Niño.

-Ramón Sender, según Luis Grañena.

 

Antón CASTRO

Ramón José Sender (1901-1982) es, con Galdós y Baroja, uno de los más grandes novelistas españoles del siglo XX. Poseía el don del contador de historias y también la diversidad de asuntos del fabulador que narra hasta el fin de la noche. Fernando Savater dice que “es el gran narrador español de la posguerra, el más puro y sólido, el más sobrio, el más intenso, el más dramático también, entendiendo el drama ante todo como conflicto ético en determinadas circunstancias históricas”. Por eso escribió de casi todo: de su vida y su infancia, de la guerra civil española, de los conquistadores como Lope de Aguirre, de Cervantes, del cantonalismo, de un error judicial absurdo y cruel como ‘El lugar de un hombre’, que inspiró a Pilar Miró su película ‘El crimen de Cuenca’; escribió de los paisajes y recuerdos de su Aragón de la niñez y juventud. También lo sedujo William H. Bonney (1859-1881), que ha pasado a la historia como Billy the Kid o Billy el Niño. Le dedicó una hermosa novela de aventuras en el Oeste que incluye una novedad: Billy y su mundo son muchos más hispánicos de lo habitual y el antihéroe incluso habla un castellano, contaminado de términos y expresiones mexicanas: ‘El bandido adolescente’.

Sender, con un estilo fluido y eficaz, detallista y veloz, con justas descripciones, acaba construyendo una bonita novela, llena de reflexiones, de frases, de filosofía, de escenarios, de acción y de personajes. Aquí la filosofía no está solo en la sabiduría del ranchero inglés John Tunstall, ni en la condición de poeta de Pat Garrett, que será quien mate al joven, sino en la mente y en el lenguaje de Billy. Se le oye decir: “El que pone limpiamente su vida en la aventura, ese no es ladrón, sino guerrillero o conquistador”. O “al cobarde su pánico lo castiga”. Ramón José Sender vivió varios años en México y experimentó una curiosa sensación: en siete lugares diferentes (otros dicen que en seis) le enseñaron la calavera del bandido. La auténtica, matizaban. En la novela lo cuenta en el texto y en unas infrecuentes pero jugosas notas de pie de página.

‘El bandido adolescente’ se publicó en 1965 en Destino, se reeditó corregida en 1969, y hace pocos meses la rescataba el sello zaragozano Contraseña con prólogo de Fernando Savater e ilustración de portada de Alberto Gamón. Ya hemos dicho que este Billy el Niño es algo diferente: Sender mezcla la realidad y el mito. Hijo de padres irlandeses (la madre “era una rubia céltica y dulce”), a Billy de pequeño le gustaba jugar a los indios y Sender dice que “se advertían en los once años del muchacho algunas cualidades de franqueza, lealtad y virilidad que en la mayoría de los hombres suelen aparecer más tarde (...) Su rostro tenía líneas delicadas y sugería más bien un carácter apocado”. Todo lo contrario. Un hombre insultó a su madre cuando él apenas tenía doce años y estuvo a punto de no contarlo. Era ambiguo en las pasiones, a pesar de que amó a Melba, mitad mestiza y mitad alemana. Le apasionaban los caballos: “Galopaba el Kid por aquellas llanuras grises como un indio bravo. Se sentía ya a salvo porque el caballo era bueno y respondía gustoso a la espuela”, escribe Sender. Otro matiz más: “Infausta circunstancia: Billy The Kid tenía el mismo tipo de belleza equívoca que tuvo Oscar Wilder y aproximadamente la misma edad. Era tres años más joven”.

A los 14 años empezó a delinquir, fue salteador de caminos, y mató a 21 hombres, aunque hay quien dice que fueron alguno más. Se hizo amigo del ranchero John Tunstall, frecuentaba sus fiestas y un día le comentó “que no había matado nunca sino en defensa propia”. Sabía qué significaba el término ‘gentleman’, “un hombre que nunca juega sucio”, como el propio Tunstall. La idea tiene una cierta prolongación en su sentido de solidaridad. Decía: “matarse entre amigos requiere cierta limpieza”. Por esa misma idea de fraternidad entre delincuentes será vengado por Jesse Evans: “lo encontró [a Garrett] en despoblado y le voló la cabeza”.

Billy aún iba más allá. Así se confesaba con Pat Garrett, el hombre que iba a asesinarlo: “Matar a un hombre no es ofenderlo. La muerte la lleva todo el mundo en la sangre desde que nace. Lo único que hacemos es adelantarle la fecha a nuestro enemigo para impedir que él haga lo mismo con uno. Eso es. Yo soy hombre de amistades, Pat”. Ramón José Sender se inspiró en las memorias del propio Garrett, ‘The Autentic Life of Billy the Kid’, para lograr esta modélica novela del Oeste, como señala Fernando Savater.

 

EL ANECDOTARIO

Letras de cine. Estados Unidos ha tenido grandes forajidos como Jesse y Frank James, Dillinger, Bonnie & Clyde, etc. Pero pocos suscitaron tanta atención como la historia de este joven, al que Borges incluye en su ‘Historia universal de la infamia’. El cine, por citar algunos títulos incuestionables, le ha dedicado diversas películas: ‘Billy the Kid’ de King Vidor, ‘Pat Garrett y Billy the Kid’ de Sam Peckinpah, a la que le pondría música Bob Dylan, o ‘El zurdo’ de Arthur Penn, donde Paul Newman hace un papel estremecedor y nihilista de aquel joven precipitado.

La última bala. Así cuenta Sender el impacto definitivo: “Un poco avergonzado Garrett de haber matado al Kid a mansalva, insistía en que Billy había disparado también y anduvieron por la habitación buscando el impacto sin hallarlo. La cápsula quemada en el revólver del Kid estaba fría y por el olor se veía también que no había sido disparada recientemente”.

 

NICANOR PARRA Y SUN AXELSSON

NICANOR PARRA Y SUN AXELSSON

El pasado 5 de septiembre el poeta chileno Nicano Parra, el antipoeta por excelencia, cumplió cien años, vivo y coleando, con esa memoria prodigiosa, tan pródiga en andanzas, palabras y amores. La vida sentimental de Parra es más intensa, si cabe, que su lírica. Amó a muchas mujeres y lo hizo de manera tumultuosa, con heridas de sangre, pasión y odio. Amó, y a menudo en relaciones disparejas, a Nuri Toca, Ana Troncoso, Inga Palmer, Stella Díaz Varín, Rosa Muñoz, Ana María Molinare (ella, tan estilosa, acabó suicidándose) o Andrea Lodeiro. He dejado al margen una de sus grandes amores: la sueca Sun Axelsson (1935-2011), presentada en los cuadernos poéticos de Tarazona por Francisco Uriz y luego, en Zaragoza, en Libros del Innombrable, por Marina Torres, que tradujo su poemario ‘Arena’. Sun hizo muchas cosas: escribió poesía, teatro, novela, memorias, fue crítica de cine. En 1959, cuando era estudiante, conoció a Nicanor Parra, 21 años mayor que ella. Se encendió el volcán: ella, en aquellos días, lo mantuvo, lo acogió en su cuarto de estudiante y vivieron unos meses inolvidables. Diría después que Nicanor Parra era “un profesor estricto” y “un amante dulce”; también le reconocería cierta condición de genio y en  su libro ‘La estación de la noche’ lo calificaría de “increíble, celoso y brusco”. Nicanor Parra se marchó a Chile, donde lo esperaba su esposa, la sueca Inga Palmer, y le mandó a Sun muchas cartas de amor y de ardor. Al final, rendida a la explosividad del deseo, la joven partió hacia el país y apareció por Las Cruces donde vivía el poeta. Inga se había enterado del ‘affaire’ y le hizo la vida un poco más amarga; él acogió de malos modos a su joven amante y la encerró en una casa, en un claro caso de “absorción posesiva”. Cuando estaba muy enferma, sería Violeta Parra –que se suicidaría por desamor y por cierta sensación de fracaso- quien la trasladaría a un hospital. Allí se sanó Sun. Tradujo a poetas chilenos, entre ellos a Neruda, y regresó a Suecia. A veces, recordaba cuando a ella y a Nicanor les animaba el placer de vivir y recordaba que, pese a todo, ella no se oponía ni se había opuesto al Nobel para Parra.

 

*La ilustración es de Carreño.

UN POEMA INÉDITO DE J. A. LABORDETA

UN POEMA INÉDITO DE J. A. LABORDETA

Antonio Pérez Lasheras es uno de los grandes estudiosos de José Antonio Labordeta. Preparó la edición de su lírica completa y trabaja ahora en la edición de su cancionero. Anoche, en Casa Emilio, un grupo de amigos, como todos los años, recordamos al cantautor, político, periodista, profesor, y tantas y tantas cosas más. Todos los años hay una sorpresa: este año se oyeron sus canciones, incluso algunas que no se han grabado en álbum, y Félix González y Eva Cosculluela de Los Portadores de Sueños han publicado, en La Volandera, el poema ‘Volveremos a vernos en otoño’; Félix, además, le ha hecho un retrato. Pérez Lasheras trajo la versión recitada de Labordeta. He aquí el texto:

 

VOLVEREMOS A VERNOS EN OTOÑO

 

Volveremos a vernos en otoño,

cuando los árboles inviten al sosiego

y en los ojos de tantos desolados muchachos y muchachas

crezca la longitud del horizonte.

 

Nos veremos de nuevo frente al mar

o ante la soledad interminable de este horizonte al que llamamos Monegros

y sobre el que rebusca la infancia tuya y mía abandonadas.

 

Nos veremos en el cruce orbital de dos caminos

o en el tremendo varadero de las naves aquellas que llevaron a

Colón más allá del oeste.

 

Nos veremos de nuevo cuando la eternidad sea tan solo un

paisaje cubierto de claveles

surgiendo de la tierra herida

por la mano suavísima de un adolescente.

 

*La caricatura es de Luis Grañena.

'AMADA CORTESANA': MICROCUENTO DE JUAN JOSÉ FLORES

'AMADA CORTESANA': MICROCUENTO DE JUAN JOSÉ FLORES

ADORADA CORTESANA

 

Por Juan JOSÉ FLORES*

 

La joven amante aguarda al rey con impaciencia. Un mes dura ya la separación, desde que él partiera de improviso, para alejarse de la corte y vivir como un eremita, maldiciendo su destino. La distancia no ha hecho sino encumbrar el recuerdo, acrecentar el amor. <>, le habían advertido otras cortesanas, antes de que ella le conociera y se enamorara. ¡Cómo ha echado de menos las caricias de la primera noche! Sin embargo, corren extraños rumores sobre el rey. Dicen que ha enloquecido por culpa de un dios, que no quiere ver a nadie, que se ha vuelto huraño y rehúye por igual a los sirvientes y a los consejeros más leales. Nadie consigue acercarse a él. No obstante, parece que le han convencido para que vuelva, para que de nuevo ocupe el trono que había aborrecido. Hoy ha regresado por fin a palacio y la cortesana se ha ocultado en la alcoba real para esperarle. Se lanzará a sus brazos sin que él pueda impedirlo, le entregará su cuerpo dorado para rescatarle de su nefasta locura. Ya se oyen sus pasos, ya se entreabre la puerta, que de pronto resplandece ante los ojos de la muchacha, como tocada por la magia. << ¡Oh Midas! --exclama la joven-- ¡Mi amado rey Midas! No anhelo tu trono ni tu oro, sino tu amor. Abrázame y hazme sentir eterna. >> 

 

*Jean Léon Gérôme: ’La subasta de esclavos’ (1884).

*Juan José Flores (Barcelona en 1955) es licenciado en Biología por la Universidad Central de Barcelona. Ha publicado las novelas Como un ángel herido (1997), En el umbral (2002) y Todas las primaveras (Alfaguara, 2005) o ’El corazón del héroe’, así como un libro de cuentos, Vida de perro (2007); este libro, aparecido en el sello Menoscuarto, fue finalista del Premio Setenil de cuentos.

GONZÁLEZ SAINZ EN PORTADORES

GONZÁLEZ SAINZ EN PORTADORES

J. Á. GONZÁLEZ SAINZ HOY EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

Esta tarde, a las 20.00 horas, en Los Portadores de Sueños, José Ángel González Sainz presentará su nuevo libro: 'El viento en las hojas' (Anagrama), compuesto por siete cuentos que exploran algunos de los temas esenciales de la vida: el deseo, la libertad del amor, el mal, la vejez, la belleza, el miedo. José Ángel, soriano que pasó algunos instantes en Zaragoza en su adolescencia, ha residido en Barcelona, en Venecia y ahora lo hace en Trieste; es un escritor meticuloso, preciso y poético, que busca la trascendencia, la filosofía y la perfección en una litratura muy elaborada, llena de talento, de hondura y de intensidad. El escritor, autor de novelas como 'El mundo exasperado' y 'Ojos que no ven', conversará con el escritor y crítico literario Julio José Ordovás.


ANAGRAMA EXPLICA ASÍ EL LIBRO: 

El sonido del viento que acaricia las hojas es el ritornelo que recorre estos relatos de González Sainz. Y susurra acerca de la vida y la muerte, del inexorable paso del tiempo o el ajuste de las cuentas de una vida, pero también de la sensualidad de los cuerpos y el enigma del deseo. El motivo sonoro puede acompañar el lento caminar de dos ancianos que se enfrentan a la crueldad de un joven de insultante belleza, o asemejarse al siseo de la puerta giratoria de un viejo café, donde unos niños entran y salen, un hombre observa y descifra la secreta belleza de una mujer, y otro anuncia su próxima muerte a sus amigos de toda la vida. O asociarse al goce de una niña que sopla pompas de jabón en el pretil de un puente e ignora a su madre que la mira con los ojos del miedo... Otras veces, lo que trae el viento que agita el follaje es la seductora sonrisa de una vendedora de helados, los vericuetos de la vida conyugal, el sabor a limón del amor. O la inasible imagen de una mujer detrás de un escaparate ante el que uno de los narradores pasa obsesivamente cada día para verla, para contemplar ese cuerpo no sabe si escultórico o quitahípos o quitaaliento. Y para mirar a los que la miran. «Nos precipitamos», reflexiona uno de los narradores del libro, «al abismo de las imágenes y los relatos.» Y es allí donde mirar, imaginar, desear y, cómo no, contar, establecen una fecunda relación, donde el enigmático susurro de hojas y palabras se convierte en ese murmullo –¿indescifrable?– en el que reverbera el misterio de nuestra condición. Literatura para leer lentamente, para saborear y meditar, para prestar atención desde lo que se dice a lo que se vive y viceversa, literatura para acompañar nuestras vidas con la vida de nuestras palabras hasta allí donde unas y otras declinan, callan.

 

*La foto del escritor y traductor de Claudio Magris es de la agencia EFE.

JUANJO FLORES: UN CUENTO

JUANJO FLORES: UN CUENTO

[El escritor Juan José Flores, narrador en corto y en largo, me envía algunos relatos breves. Hoy publicamos este, ’El traje del diablo’, inquietante y lleno de sorpresas. La foto es Txema Yeste, un gran fotógrafo de moda y del mundo femenino.]

 

--EL TRAJE DEL DIABLO--

 

Por Juan José FLORES

 

   Otra vez tengo que hacer algo terrible, Lola, y necesito ese traje, ya sabes cuál. Te lo reservo en este instante, dame preferencia, por los viejos tiempos. Pagaré un anticipo generoso por el alquiler y también por los inevitables  arreglos que tendrás que hacerle. No creo que aún me valga como antes, han pasado muchos años desde la última vez, ya no soy tan joven, y además he engordado, te haces cargo. Así que ponte a la tarea, Lola: descoser y volver a coser. Sácalo de donde lo tengas, del fondo oscuro del guardarropía, donde sin duda lo ocultas y tratas siempre de perderlo entre tantos otros trajes vulgares, para así fingir que nada sabes de él, que en realidad no lo posees, que no es cierto que el diablo en persona te lo dejó una noche, en prenda de lo que no quieres acordarte. Ya ves, yo no creí volver a precisarlo. Todos decimos lo mismo: <>, pero luego... De nuevo me urge ese traje, Lola, ¡ay Lola! Por lo que más quieras, consigue que me sirva de nuevo y yo aparezca impecable ante mi destino. Lo importante es que no me tire de la sisa cuando haga lo que tengo que hacer. No te prometo devolverlo impoluto, bien sabes que eso no es posible. Deberás eliminar luego las huellas de lo que con él se hizo, cuando menos disimularlas: la arruga, el posible desgarro, la mancha inclemente, rastros inevitables y míseros, sombras del infortunio.  Sabes que te pagaré lo que me pidas. ¡Ay, Lola! Esta vez será la última, lo prometo.        

 

--El traje del diablo 2--

 

 

    Ha sido un acierto echarme un rato la gabardina por los hombros, para ocultar el traje. Es mejor que no me muestre mucho así vestido, antes de que llegue a mi destino. Sé bien que no valdrían disimulos si me cruzara con algún conocido, que sin duda amagaría el saludo al verme de esta guisa, desviaría la mirada en el instante justo, con buenos reflejos, si se lo permitiera el asombro o el temor; hasta puede que ese testigo involuntario fingiese un súbito cambio de rumbo con el que alejarse de mí a toda prisa. Qué liviano es el traje, parece una segunda piel, tela de gran calidad, estupenda hechura que facilita los movimientos, cualquier movimiento; nada parece imposible con él. Cómo cubre y disfraza la vergüenza original de saberse desnudo; de pronto, desnudo y exiliado. Se diría que hasta se pudiera engañar al ángel de la flamígera espada, y así cruzar sin daño el umbral que custodia, tan admirable y terrible es este traje. Pero no conviene tentar la suerte hasta ese extremo.

 

 

 

---El traje del diablo 3--

 

   Una eternidad me parece el tiempo transcurrido desde que, a precio de oro, alquilé este traje maldito, que tan liviano parece siempre al vestirlo y luego acaba pesando como un ropón inclemente. Siento ahora que las costuras se deshilachan, que los arreglos que a medida me hicieron se desbaratan a cada paso que doy, a cada gesto. El traje extraña de pronto mi cuerpo y yo desespero por afianzarme en este laberinto de descosidos, incluso de desgarrones, por los que se escapa mi ausencia. Con un afán desmedido he rebuscado en los bolsillos, por ver si algo de lo que ahí olvidaron  otros antes que yo pudiera ser una señal, pero todo cuanto he hallado en ellos era mío y sólo mío. En los servicios de un bar he tratado de refrescarme la frente y no he logrado reconocerme en el espejo. Un desconocido vestía el traje atroz que el diablo tejió. En el último instante, me ha asaltado la tentación de despojarme de él antes de tiempo, de lanzarlo al río de aguas oscuras desde este puente solitario, y entregarme  desnudo e indefenso a mi destino, vestido de paraíso, pero ya era tarde para eso, demasiado tarde, el tiempo casi se ha cumplido.

 

--El traje del diablo 4—

 

  Aquí tienes el traje odiado, Lola, te lo devuelvo y abomino de lo que con él hice, lo admito. ¿Por  qué no lo destruyes? ¿Qué contrato nefasto te liga con quien lo tejió para que lo custodies con tanta lealtad y esmero? Verás en qué triste estado  lo traigo esta vez, peor de lo que pudieras imaginar. Cada vez es peor. Casi como los harapos de un pordiosero te lo entrego, la saya raída de un peregrino, y ya siento la piel fría como un rencor antiguo. Ahora te tocará recomponerlo, Lola. No te envidio: zurcir las huellas del dolor, de la desesperación y la culpa que rasgaron el fino paño, y eliminar después la mugre violenta que dejó un cuerpo al que se le trastocó el claro entendimiento al enfrentarse con su destino. El bulto mezquino y arrebujado de un sudario parecería que te devuelvo. Olvida mi nombre, Lola, una vez más. Cuando pase frente a tu tienda, también yo fingiré que no te conozco ¿Hasta cuándo, Lola, hasta cuándo? Lo que más me perturba es no recordar para qué quería yo el maldito traje del diablo.

 

*Juan José Flores (Barcelona en 1955) es licenciado en Biología por la Universidad Central de Barcelona. Ha publicado las novelas Como un ángel herido (1997), En el umbral (2002) y Todas las primaveras (Alfaguara, 2005) o ’El corazón del héroe’, así como un libro de cuentos, Vida de perro (2007); este libro, aparecido en el sello Menoscuarto, fue finalista del Premio Setenil de cuentos.