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Antón Castro

LA ALMUNIA ERÓTICA

CUENTOS DE DOMINGO / Antón Castro

 

La Almunia erótica

 

“Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”, dijo Jorge Luis Borges. Esta frase define a los miembros del Club de Lectura de La Almunia de Doña Godina. Llevan una veintena de años leyendo: eligen autores, los desmenuzan, los asimilan, los acogen... Y así, con indecible naturalidad, han llenado su existencia de ficciones, de personajes, de escritores, de poemas. No se entendería esta huerta infinita sin el Club de Lectura. Decir La Almunia es decir cine, evocar a Florián Rey y Adolfo Aznar y anudarse a las Jornadas de Cine, que han puesto en pie José María Pemán y su equipo. Decir La Almunia es evocar a Rafael Martínez, violinista y director de orquesta, recordar a su hermana Guadalupe y ‘La Magallonera’ y elogiar el piano de Alfonso Latorre. Decir La Almunia es evocar el campo, el trabajo, la emigración, aludir a la pasión por la cultura. Decir La Almunia es pensar en el Club de Lectura, que ha sorprendido a tantos escritores, como le ocurrió a Agustín Sánchez Vidal. Y es pensar también en los vínculos entre poesía y cine y en esa noche especial, mágica, donde las metáforas y el ingenio se mezclan con el deseo, la exaltación de la carne, la belleza de las citas de amantes. El viernes, mientras Brasil y Colombia dirimían su suerte, se organizó el IX recital de poesía erótica: se oyeron las voces –cada vez más inspiradas y hondas- de los componentes del grupo; por ejemplo, Pilar Blanco leyó un texto que le había mandado un poeta chileno: más que un poema erótico fue una defensa volcánica de la mujer en la alta noche. Se oyeron a poetas y narradores, a rapsodas y actores (Luis Felipe Alegre provocó carcajadas con un texto de un fauno en el convento de Samaniego) e incluso hubo fragmentos al modo de ‘El club de la comedia’. El público estaba feliz: disfrutaba del humor, de la picardía, de la fogosidad, de la hermosura del lenguaje, del apetito sensual. Vivir con los sentidos abiertos es más excitante. Vivir es aprender a vivir y a querer, vivir es alimentarse a diario de las palabras necesarias. Allí han encontrado una de las mejores fórmulas: el amor a la poesía.

 

*Retrato de Romy Schneider tomado de aquí.

 

IGNACIO GARCÍA-VALIÑO: ADIÓS A UN PROSISTA VERSÁTIL Y LIBRE

Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968-Marbella, 2014) ha muerto muy lejos de casa, a orillas del mar, en Marbella, donde había buscado sosiego para sus dos hijos, para su mujer Nieves y para él. Llevaba casi una década trabajando en lo que más le apasionaba, después de la literatura: la enseñanza, la orientación psico-pedagógica, la complejidad de los niños y adolescentes que tanto le fascinaban y le perturbaban. De algún modo, los caracteres difíciles y sombríos, el mal y sus orígenes, y la vulnerabilidad de las relaciones humanas eran sus temas. Como dice Ignacio Martínez de Pisón era un autor que "escribía novelas de suspense psicológico".

Eso le sucedió casi desde sus primeros textos: con ’La caja de música’ (IFC, 1993. Premio Isabel de Portugal) hurgaba en su dolorida memoria y hallaba algo de lo que no pudo desembarazarse nunca: la autoridad despiadada del colegio religioso del Opus Dei*, donde estudió, y la huella de los jesuitas. García-Valiño, quizá algo retraído, sufrió acoso escolar, fue golpeado por uno de esos matones del aula que, además, finge ser buena persona. Ese universo de dolor y extrañamiento ya estaba en ese libro de relatos y estaría, de formas diferentes, en ’Querido Caín’ (Plaza & Janés. Finalista del Premio de Novela ’Ciudad de Torrevieja’, 2006), quizá su novela más famosa, llevada al cine, o en su última narración, ’El ruido del mundo’ (Plaza & Janés, 2014), donde le concede el protagonismo a una psicóloga que vivió situaciones extremadas: duras en su maternidad y en su profesión.

 

Nacho García-Valiño era un escritor de variados registros. Un escritor con oficio, capaz de documentarse hasta el último detalle, sin prisa. Y eso se ve, sobre todo, en sus dos novelas históricas: ’Urías y el rey David’ (Debate, 1997), toda una sorpresa por la frescura, el punto de vista y el dominio del contexto, y ’Las dos muertes de Sócrates’ (Alfaguara, 2003), donde mezcla a dos célebres mujeres con los sofistas y el gran pensador en una novela que tiene algo de narración policial en la Grecia clásica. Guillermo Fatás, uno de sus primeros editores, recuerda cuántole gustó la novela ’Urías y el rey David’: "De repente, desvelaba su faceta más elaborada y refinada, como hizo en su estupenda novela sobre Urías, el general neohitita de David a quien este envía a la muerte para arrebatarle a Betsabé: de esa progenie impura nacería el Mesías cristiano. En sus manos, este manido asunto bíblico cuajó en un libro rico, trabado, ambicioso, inesperado y bien escrito".

 

Fue finalista del premio Nadal de 1998 con ’La caricia del escorpión’, una de sus novelas de exploración psicológica en el universo de la pareja. De la gira del Nadal, que hizo con Lucía Etxeberría, derivó un diario más bien agrio que nunca quiso publicar. Más tarde, en el sello Destino, publicaría ’Lo demás es silencio’ en 1999. A partir de 2006 pasó a Plaza & Janés con ’Querido Caín’, una novela que indaga en los orígenes de la maldad en un niño que esclaviza a sus padres; eso se mezcla con una romántica historia del pasado. Apasionado por la ciencia, publicaría ’El corazón de la materia’ (Plaza & Janés, 2008), donde analiza la difícil relación de lo científico y la irracional mediante un viaje y una muerte inesperada. Su último libro, tan reciente, es ’El ruido del mundo’ (Plaza & Janés, 2014). Escribió literatura infantil, hizo manuales como ’Educar a la pantera’ (Debate, 2010), confeccionó guiones de cine y le encantaba dar conferencias y debatir sobre la educación. Adoraba a Marguerite Yourcenar o a Manuel Mújica Láinez.

 

Se ha ido demasiado joven a consecuencia de un tumor cerebral, del que se creía curado. Una de sus mejores amigas era la escritora Ángela Vallvey, que decía ayer: "Nacho era de esos hombres que a mí me gustan, de los que me alegran el corazón". Ahora alegrará a muchos otros corazones y lectores de inexploradas regiones de la ficción en el más allá.

 

*Ignacio García-Valiño lo ha contado en entrevistas y en su propio blog. Aquí: 

 

De una entrevista con Ignacio García-Valiño, publicada en la edición digital de El Cultural de El Mundo:
P.- Trata la problemática del llamado bullying, que la protagonista, Isabel, ha sufrido de niña y que es un trauma que la persigue. Tengo entendido que usted sufrió violencia escolar. ¿Cómo se manifiesta en su literatura?
R.- En mi caso, aquello fue algo muy horrible que sufrí al más alto nivel que puedas imaginar. El bullying no estaba especificado entonces: no había manuales para combatirlo ni protocolos en los colegios. Yo iba a una escuela del Opus Dei, en Zaragoza, y eso hizo que la situación se camuflara aún más entre los profesores, que veían lo que ocurría pero lo obviaban. Padecí un gran acoso durante años y, en vista de que fue a más y a más, me tuvieron que cambiar de colegio. Aquello marcó completamente mi forma de ser.
http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/6346/Ignacio_Garcia%E2%80%93Valino

2. Del blog de García Valiño: En el colegio Montearagón de Zaragoza, del Opus, donde yo estudié (maldita la gracia) me explicaron que la teoría de la evolución había que creérsela, porque no se podía interpretar la Biblia de modo literal, pero que esta teoría no estaba reñida con el intervencionismo divino, sólo que la mano de Dios era demasiado sutil para ser percibida por la ciencia.
 http://ignaciogarcia-valino.blogspot.com.es/2009/04/lo-que-heredan-nuestros-hijos.html

 

 

*Este artículo fue colgado ayer en Heraldo.es

 

 

NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE

NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / Crónica Cultural

 

Noche más allá de la noche

 

DOMINGO, 29 de junio

La Noche en Blanco, que se ha prolongado durante más de cinco horas, arroja cifras extraordinarias: han participado en ella más de 100.000 personas. Tiene algo de noche transgresora, de noche más allá de la noche, como diría Antonio Colinas: resulta romántico oír música a deshoras, conversar al lado de Kikí de Montparnasse de Pablo Gargallo, ver exposiciones después de las doce, pasear entre las columnas que soñó Ricardo Magdalena en el Paraninfo con los cuadros de María Luisa de la Riva, descubrir los recodos y la elegancia de líneas del CaixaForum: algunos disfrutaron de modo especial de ese microespacio para Pablo Palazuelo y Chillida o con la pieza audiovisual ‘Maltrato’ de Javier Peñafiel, arte reflexivo que viene a decir que los males de la pareja, y quizá del mundo, no brotan en un instante de ira, sino que se arrastran: el deterioro avanza por acumulación.

 

LUNES, 1 de julio

Candaya es una editorial que se afirma en España y en Latinoamérica. Tiene los ojos abiertos a nuestro país y a sus jóvenes autores y mantiene antenas en Latinoamérica: ahí están, entre otros, Sergio Chejfec o Ednodio Quintero, un poco aragonés también: fue amigo de Philip West y adora a Goya y Buñuel. Candaya ha publicado recientemente a Miguel Serrano, de nuevo, y pronto publicará a Ángel Gracia. Presentaba en La Pantera Rossa una novela especial e inquietante, todo un torbellino de literatura de un joven y poderoso escritor: Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, 1981). Se trata de ‘Anatomía de la memoria’ donde reconstruye la historia de un poeta, Juan Pablo Orígenes, que participó en la revuelta universitaria del grupo Los Enfermos, que quería subvertir la vida mexicana e instaurar un mundo nuevo. Así como suena.

Cuarenta años después, a un periodista, Estiarte Salomón, le encargan que escriba la historia de Orígenes y de los hechos. Acude a él y a mucha más gente y acaba haciendo un libro torrencial, toda una exhibición de lenguaje, de puntos de vista, de tensión narrativa, de libertad de creación. Es uno de esos libros que exigen esfuerzo, una ambiciosa novela de un narrador-poeta que se reconoce en Fernando del Paso, en James Joyce, en Clarice Lispector, repleta de personajes. En el fondo, es un libro sobre la  violencia y la memoria disuelta en un arsenal de voces que parecen de otro mundo, del sueño.

 

MARTES, 2 de julio

María José Hernández es una cantante exquisita, de hermoso timbre, delicada, personalísima. Acaba de publicar un nuevo álbum: ‘Las uvas dulces’, con canciones de José Antonio Labordeta. La intérprete y compositora, autora de varios discos de factura poética, se fija en el Labordeta más íntimo (y “poético, humano, emotivo y emocionante”, dice María José), en el que creó las mejores imágenes plásticas, y hace su versión de doce temas, e incorpora su último poema. La producción es de Gonzalo Lasheras, fue grabado en el Laboratorio Audiovisual de Zaragoza por Carlos Estella, y cuenta con la participación musical de Sergio Marqueta, Daniel Escolano, JulioCalvo y Joaquín Pardinilla. Entre los temas, cantados con la suavidad de las gargantas indelebles, destaca ‘Mar de amor’. Labordeta se lo oyó en vida y decía, medio en serio, medio en broma, que “María José ha mejorado mi versión”. El disco se presenta el jueves diez en el Teatro Principal.

 

MIÉRCOLES, 2 de julio

Con portada de Pilar Tena, ‘Rolde’ (148-150) publica un número triple. Hay mucho que leer en 128 páginas: ‘El siglo de oro de Saraqusta’ de Javier Peña; ‘Relojes y relojeros en el Aragón Medieval’ de Cristina Pérez; ‘Jerónimo de Blancas’ de Eduardo Martín, ‘Sebastián Banzo Urrea. Primer alcalde de la II República’ de Héctor Vicente; algunos recuerdos de Desideri Lombarte a cargo de Nacho López Susín y Carlos Serrano; Fico Ruiz recuerda a Antonio Gavín y el payaso Marcelino; publica sus poemas Enrique Cebrián, con fotos de María Lanuza, y un cuento Marina Pérez Heredia, ilustrado por David Guirao. Y, entre otros asuntos, Vicky Calavia entrevista a Luis Alegre, que le dice: “... aquí viven muchos de mis seres queridos; aquí siempre quiero volver cuando no estoy. Zaragoza es la ciudad más alegre y más confortable para vivir que conozco”.

 

JUEVES, 3 de julio

Jesús Rubio, ese profesor infatigable que trabaja sobre mil asuntos, publica dos libros casi simultáneos sobre los Bécquer: ha sido un activo protagonista en el rescate de ‘El talismán. Una zarzuela inédita de Bécquer’, que publica Visor Libros. Con él intervienen Manuel Márquez de la Plata, Víctor Infantes, Juan José Jiménez, Miguel Ángel Lama y Amy Liakopoulos. Se trata de una pieza de 1859, con música de Joaquín Espín, padre de Julia Espín, una de las primeras enamoradas del vate sevillano, y el libreto –de Bécquer y su amigo Luis García Luna- “vendría a confirmar las visitas asiduas del poeta al salón musical de los Espín, la relación con la joven y sus años iniciales en el teatro”.

 

VIERNES, 4 de julio

Día de poesía. Antonio Orihuela visita Zaragoza con ‘Esperar sentado. Poesía completa’ (La Baragaña. 862 páginas) y actúa hoy en La Pantera Rossa y mañana en La Casa de Zitas. Es un poeta social y libertario, que nació en Moguer en 1965, en el pueblo de Juan Ramón Jiménez, a quien considera un poeta comprometido. “El propio Juan Ramón Jiménez decía que entre 1936 y 1950 había escrito más de política que de poesía”. Orihuela cita un libro extraordinario como ‘Guerra en España’ o ‘Platero y yo’.

“Se celebra año el centenario de ese libro. Cuando se publicó la versión completa, en 1917, en Moguer desató la polémica y críticas airadas. Juan Ramón fue insultado. La burguesía se sintió atacada”, dice. Confiesa cuánto le deslumbró Jaime Gil de Biedma y sostiene que la crisis ha llegado para quedarse: “No es un acto pasajero. La sociedad se ha transformado y estamos en un tiempo nuevo y desolador, en un tiempo de mudanza. El estado del bienestar pertenece a otro tiempo”.

En La Almunia de Doña Godina se celebraba su XI Festival de Poesía Erótica, que organiza el Club de Lectura en colaboración con el ayuntamiento. Es una noche de amor a la palabra, a la pasión y a la picardía. Suenan muchas voces, cada vez más hermosas y timbradas, y hay instantes de intensa emoción. La Almunia, tierra de cine, de pedagogía y de literatura, ha consolidado este encuentro. Se oyeron poemas de Rilke, Cernuda, Samaniego, Gloria Fuertes, Fernando Sarría, Gonzalo Rojas, Miguel Ángel Yusta, Carmen Aliaga, Oliverio Girondo. Al final, fruta y repostería.

 

SÁBADO, 5 de julio

Mientras asistía a un homenaje, en el Teatro Principal, a la pintora Aurora Charlo, esencialmente acuarelista y viajera en pos de un paisaje o una ciudad, recibí una terrible noticia, de la que ya me había alertado Encarna Samitier: la muerte de Ignacio García-Valiño (Zaragoza, 1968-Marbella, 2014), a consecuencia de un tumor cerebral. Es un escritor versátil, de libros inesperados, meticuloso, que trabajaba sin prisa y con conciencia de ser un solitario al que le entusiasmaban los misterios del aula. Uno de sus temas capitales era la compleja psicología de los seres humanos, especialmente en la infancia. Le preocupaban las raíces el mal, el origen de la violencia, como se ve en novelas como ‘Querido Caín’ (2006) o ‘El ruido del mundo’ (2014) o en el ensayo ‘Atrapar a la pantera’ (2010). Se movía muy bien en una novela intensa que avanzaba siguiendo las reglas de la intriga psicológica. También escribió dos hermosas novelas históricas: ‘Urías y el rey David’ (1997), de asunto bíblico, y ‘Las dos muertes de Sócrates’ (2003). Era un buen escritor, con mucha personalidad y oficio, un apasionado de la amistad y de la enseñanza. 

 

-1. La foto de Kikí de Montparnasse la tomo de aquí:

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-2. La foto de Nacho García-Valiño es de aquí: 

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-3. La imagen inicial es de Pilar Tena, autora de la portada de 'Rolde' y de unas páginas dedicadas a su arte.

XAVI AYÉN Y LOS AÑOS DEL BOOM

Xavi Ayén (Barcelona, 1969), autor de ‘Rebeldía de Nobel’ con el fotógrafo Kim Manresa y brillante periodista de ‘La Vanguardia’, ha publicado en RBA un libro extraordinario, lleno de historias, de datos, de personajes, de voces, de pasión por la literatura: ‘Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo’ (RBA), Premio Gaziel, que arranca en 1967, cuando García Márquez, tras el gran éxito de ‘Cien años de soledad’, llega a Barcelona, en un modesto Seat con su familia. Cito tres pasajes que definen algunos aspectos del libro y de los personajes (hay muchos: por ejemplo, Rómulo Gallegos vivió en Barcelona e intrigaba para obtener el Nobel, era tan desaforadamente generoso en sus regalos que hizo desconfiar a la Academia Sueca):

-1. Dice Xavi Ayén en las primeras páginas,  tras contar el puñetazo de Vargas Llosa a Gabriel García Márquez: “El boom, aunque algunos nieguen su existencia, no es cualquier cosa, sino muchas. Una amalgama apasionada y vital en la que todo se mezcla: es un estallido de buena literatura, un círculo cerrado de profundas amistades, un fenómeno internacional de multiplicación de lectores, una comunidad de intereses e ideales, un fecundo debate político y literario, salpicado de dramas personales y de destellos de alegría y felicidad. Como toda historia humana sostenida en el tiempo, estuvo salpicada de rencores, enfermedades físicas y psíquicas, amores y muertes, resacas y llantos. Fue lo más importante que le sucedió a la literatura en español del siglo XX y transformó nuestra sensibilidad en algo más rico y profundo”.

            A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentando en el ojo de Gabo”.

-2. Félix de Azúa cuenta: “[...] la primera vez que lo vi [a García Márquez] fue en su casa de República Argentina. Fui a llevarle unas galeradas, creo. Llamé el timbre y me abrió con su mono de trabajo, fue muy amable, vi que tenía puesto el ‘Concierto para orquesta’ de Bartók, se lo comenté, me dijo: ‘Es mi compositor favorito’. ‘También el mío’, respondí, y en aquel momento nos hicimos íntimos amigos musicales”.

-3... Esther Tusquets rememora: “Pasábamos fines de semana enteros en Perpiñán, y no dormíamos, preferíamos hablar y hablar todo el rato. Con Jorge Herralde vimos todo el cine de arte y ensayo de la época. También volvíamos con las maletas llenas de vajillas Duralex y ejemplares de ‘Play boy’ y ‘Ruedo ibérico’. Yo iba con el doctor Javier Lentini: sus padres eran amigos de los míos, del club de bridge. Salíamos a las cinco de la mañana en un 600. Y nos veíamos cuatro o seis películas al día. En París también íbamos locos viendo películas japonesas sin subtítulos”.

 

Aquí puede leerse la información de EFE sobre el libro.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20140602/54408604262/ayen-el-boom-se-acabo-porque-sus-dos-protagonistas-dejaron-de-hablarse.html

 

-La foto de Xavi Ayén es de Lisbeth Salas de 'La Vanguardia'. La de Gabo es de aquí:

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DI MARÍA, EL COLOSO IMPERFECTO

REGATE EN EL AIRE

 

Di María, el coloso imperfecto

 

Los favoritos están ganando por pura extenuación del rival. Ni siquiera por currículo, por veteranía o por ganas. Vencen en la prórroga, en la tanda de penaltis, en los denominados minutos de la basura y casi siempre cuentan con alguna ayuda extra: a veces la arbitral (el arbitraje es malo y casi siempre favorece a los grandes), a veces la inmensa suerte de los viejos campeones, como le ha sucedido a Brasil, a Alemania, a Francia y ayer a Argentina, esa selección tan abonada a los milagros de la fe como al mal juego. Y vencen por cansancio.

Lionel Messi era la gran esperanza argentina. Y parecía que todo había sido concebido y construido para él, para su brillo, incluso le han dado la capitanía a alguien que tiene escasa madera de líder. Es difícil hallar a un futbolista menos dotado para esa función –Messi no resistiría la comparación con Rattin ni con Pasarella ni con Maradona, ni con el ‘jefecito’ Mascherano, todo pundonor-. Quizá le dieron una puñalada por la espalda cuando prescindieron del irregular y a veces artista y genial Banega, su antiguo socio, e incluso de Pastore, otra estrella argentina frustrada en su selección. Messi, a trancas y barrancas, con apariciones fugaces de calidad, con alguna que carrera engarzada de regates y algunos disparos, ha ido salvando a la albiceleste.

Messi, herido de ánimo y diezmado físicamente en el año irregular del Barcelona, está y no está, va y viene como un alma errante, escaso de carisma, abatido en algún lugar de su misteriosa cabeza. Corre menos de lo justo, no presiona, y de cuando en cuando agarra un balón y soluciona papeletas. Hay que resignarse a su capricho. Argentina es casi menos que nada: un equipo tedioso y lento, con jugadores fuera de forma, como Gonzalo Higuaín, con otros intrascendentes y con uno que lo incendia todo y lo hace en cualquier instante: Ángel María ‘Fideo’ Di María.

Parece atropellado y lo es. Parece a punto de desplomarse y se desploma, y se levanta y toma aire. Parece desgalichado y vulnerable, como si fuera a romperse. Parece autista o egoísta, y quizá lo sea en algún instante, pero es uno de esos jugadores incansables, que parecen tener tres pulmones y una determinación feroz. Es el jugador incansable, que revienta los minutos y los fatiga, es la encarnación de la voluntad, de la constancia, de la fiereza, es el maratoniano del fútbol. Siempre quiere el balón, siempre se atreve, y se atreve a casi todo: a realizar una penosa ‘rabona’, a centrar sin precisión con la derecha, a correr y correr y buscar la verticalidad o avanzar, como si dibujase escaleras o dientes de sierra, para conectar su disparo.

Ayer, en medio de la galbana argentina, el ‘Fideo’ Di María parecía un gladiador o un dios inagotable. Lo hizo todo, incluso perder balones, soltar alguna patada a destiempo, pero siempre estaba ahí. Su juego, puro ardor, fogosidad bajo un sol de justicia, contrastaba con el de otros compañeros: con la inmovilidad de Messi, con el juego académico de Gago, que siempre teme romper un plato o el vidrio del aire. El partido era tan malo, estaba Argentina tan vacía de ideas y de ritmo (¿dónde vas, Sabella, perplejo de ti?), que Leo cogió un balón, aceleró sus regates y le sirvió un pase favorable al flaquito. El hombre que habría corrido hasta el fin del mundo por la clasificación se percató de que era su gran ocasión y disparó.

Ese gol amortigua el deshonor, la impotencia y la inoperancia de su selección, tan protegida por el azar. Dicen que el Real Madrid se plantea venderlo: él, a fuerza de músculo, de entrega y pasión por el juego, ha respondido como los grandes. Con el partido de un coloso al que no le importa ser imperfecto.

 

EL AMOR DE DELON Y ROMY

Una historia de amor y fotogenia, de cine y de instantes inolvidables.

 

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PILAR HERNANDIS: UN POEMA

Un poema de PILAR HERNANDIS premiado en el concurso literario del Picarral.

 

 

GOTA A GOTA

 

Escucho su fluir gota a gota

y siento el teclear dilatado

 de un  piano que llora.

 

La vasija se llena de vida

y el agua clara se desparrama.

 

A borbotones hierve, se espuma,

riza sus rizos, baila entre riscos…

 

Como espectador omnisciente

 vigilo el cauce, bajo la sombra

 de un sediento roble.

 

Pilar Hernandis

 

*Tomo la foto de Romy Schneider de aquí: 

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CAPITANES DEL FÚTBOL

 

José Nasazzi Yarza.

“Ser capitán es un oficio distinto, un trabajo extra” sostiene Luis Villarejo, autor del libro ‘Capitanes’. Si vemos ahora el Mundial echamos en falta a esos capitanes que eran una referencia, que tomaban el mando en el campo y en el vestuario, y se echaban el equipo a la espalda ante cualquier adversidad. Uno de los grandes capitanes de todos los tiempos fue José Nasazzi Yarza, el central uruguayo que se proclamó campeón del mundo en 1930, y campeón olímpico en 1924 y 1928. Lo llamaban ‘el Mariscal’: era un portento físico, comparable al brasileño Domingos da Guia. Había trabajado de marmolista y más tarde en los casinos de Montevideo. Era viril y caballeroso, nunca destacó por su técnica, pero sí por su colocación, por su energía y por su ascendencia sobre sus compañeros. De esa época fue otro gran capitán: el francés Alex Villaplane, que sería fusilado en el fuerte de Montrouge por la resistencia francesa bajo los cargos de “asesinato, alta traición y connivencia con los nazis (en 1943, después de obtener la nacionalidad alemana, había sido nombrado teniente de las SS)”, tal como recuerda el cinéfilo y gran apasionado del fútbol Juan Tejero en su libro ‘Grandes momentos de los Mundiales de Fútbol, 1930-1974’ (T&B).

Sin embargo, el gran modelo de líder fue Obdulio Varela, ‘el negro’ Varela, el caudillo de Uruguay que asestó el ‘maracanazo’ de 1950. Poco antes del choque, un directivo uruguayo bajó al vestuario y les dijo a sus jugadores que tuvieran la dignidad de perder por menos seis goles. “Por cuatro estaría bien”, dijo. Según una leyenda popular, Varela se dirigió a los compañeros y les mostró los periódicos deportivos brasileños que habían escrito en la portada: “Brasil, campeón”. El capitán orinó sobre ellos. Y ya en el túnel, cuando empezaban a atisbarse los casi 200.000 espectadores de Maracaná, dijo: “No piensen en toda esa gente, no miren para arriba. El partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada. Nunca pasó nada. ¡Los de afuera son de palo!”. En el descanso volvió a animar a los suyos: “No nos pueden ganar. Son japoneses”, gritó. Cuando marcó Friaça y se avecinaba la tormenta local, Varela enfrió el partido: reclamó un fuera de juego, solicitó traductor y volvió a arengar a los suyos. Schiaffino y Gigghia –aquel que diría luego: “Solo tres personas han podido enmudecer al Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo”- le dieron la vuelta al choque, y Uruguay obtuvo su segundo título.

Por la noche, Obdulio Varela se mezcló con los derrotados “La tristeza de la gente fue tal que terminé sentado en un bar bebiendo con ellos. Cuando me reconocieron, pensé que me iban a matar. Por suerte fue todo lo contrario, me felicitaron y nos quedamos bebiendo juntos”, confesó. Y quizá entonces, en un arrebato de sinceridad, les dijo: “Si volviéramos a jugar ese partido cien veces, lo perderíamos siempre”. En su país le regalaron un Ford, que le robaron en menos de una semana.

Los húngaros de 1954 tenían un capitán inolvidable: Ferenz Puskas, el jugador que dos años después, tras la invasión de su país en 1956, se vendría al Real Madrid y dejaba a su amigo de la infancia, el formidable medio centro Josef Boszik, para siempre. En la gran final con Alemania, Puskas jugó semilesionado y su carisma y la clase de sus compañeros sucumbieron ante el empuje, el entusiasmo y la clase de Fritz Walter, que “contagiaba a sus compañeros una sed de victoria que anunciaba el fútbol combativo de la Alemania de hoy”, según escribe Tejero. Walter tenía 34 años y era el imprescindible director de orquesta teutón, empeño que también asumía en los ‘diablos rojos’ del Kaiserlautern.

La selección inglesa de 1966, entrenada por Sir Alf Ramsey, tenía por capitán a Bobby Moore, el líbero del West Ham, probablemente uno de los defensas más elegantes de su tiempo. Beckenbuaer, el gran capitán de Alemania 1974 (reemplazaba a Uwe Seeler, que lo había sido en 1970), se fijó en él para convertirse en el jugador más elegante de la tierra y en el más decisivo desde la retaguardia. Moore poseía una técnica excelente y sosiego y sentido de la anticipación. En 1970 a Moore lo acusaron en Colombia de robar un brazalete de diamantes y esmeraldas cuando entró a una joyería, con Bobby Charlton, para comprarle un regalo a la mujer del centrocampista. Lo retuvieron cuatro días en la ciudad y cuando llegó a la concentración en México, Ramsey lo recibió con esta frase: “¿Cómo estás, hijo mío?”. El día que Inglaterra cayó, en Guadalajara, ante Brasil en un partido memorable, por 1-0, Pelé buscó a Moore para intercambiar su camiseta con él. Reconocía así a un gran rival, a un defensa inmejorable y a un gran capitán. Grandes capitanes también lo fueron Cruyff, Pasarela, Maradona, Deyna o Facchetti.

 

*Este artículo lo escribí con motivo del Mundial de Sudáfrica...

 

*La foto de Obdulio Varela la he tomado de aquí.

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