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Antón Castro

GABINO DIEGO, POR LUIS ALEGRE

 

GABINO DIEGO, UNO DE LOS GRANDES CÓMICOS ESPAÑOLES, SIGUE DE GIRA CON ‘UNA NOCHE CON GABINO (DIEZ AÑOS DESPUÉS)’,  SU DELIRANTE AUTOBIOGRAFÍA AHORA REINVENTADA.

 

Había una vez un circo

 

Por Luis ALEGRE. Heraldo de Aragón. Heraldo Domingo.

 

Leonor Watling improvisó una noche algo con lo que resulta sencillo identificarse: “En esta vida, cada uno es lo que fue en el patio del colegio”. Es una de las citas que más repito. Me parece una bonita manera de sintetizar muchas cosas relacionadas con lo más esencial de la personalidad y con la poderosa influencia de la infancia. Hay excepciones a lo que sugiere esa frase. Pero Gabino Diego no es una de ellas. Gabino ya era el más gracioso en el patio del colegio. Antes de los seis años Gabino ya hacía imitaciones descacharrantes de todo lo que se movía. Su madre fue su primera espectadora: se moría de risa al ver a su hijo imitando a su marido mientras leía el periódico. También imitaba a los maestros del colegio. Un día, un profesor uruguayo con intenso acento, mientras toda la clase se encanaba con la parodia de Gabino, le soltó: “Gabino, usté, pal circo”. El hombre lo clavó: Gabino tiene un circo dentro, con todas sus atracciones.

 

En la vida de Gabino las cosas fueron muy poco convencionales desde el principio. Cuando Gabino nació en Madrid, en 1966, hacía pocos años que su familia había venido de Cuba. Su madre Ana María nació en La Habana y su padre Gabino en Camaguey. Su madre era cubana de segunda generación y su padre era hijo de un indiano asturiano. Al ser expropiadas sus propiedades por el castrismo, su familia huyó de la isla y ya no volvió. Seguro que eso tiene que ver con la alergia que a Gabino le provocan todo tipo de totalitarismos.

 

Gabino fue uno de los peores de la clase. Sufría dislexia e iba de un colegio a otro: de algunos le expulsaban y de otros le “invitaban” a marcharse. De uno tuvo que salir porque descubrieron que lideraba el grupo de estudiantes que había sustraído el enunciado de los exámenes finales. Gabino vivía la época de los exámenes como un infierno. Aún hoy, cuando se acerca la primavera, no puede evitar un pinchazo al evocar las primaveras de su infancia llenas de exámenes por todas partes.

 

A Gabino enseguida le encantó viajar, incluso dando tumbos. Su padre trabajó durante un tiempo en Londres y allí iba a verle con su madre y hermanos. Su padre tenía un Seat 1500 con el que llevaba a su familia de un lugar a otro de Europa. En esos viajes Gabino aprendió inglés y descubrió a los hippies y a los músicos callejeros. La música fue una de sus primeras pasiones. Comenzó a tocar la guitarra y a cantar. Con 13 años actuaba en la puerta del Corte Inglés o en la estación del metro de Ópera, al lado de un vendedor de collares. Elvis Presley era su gran ídolo y cantaba sus canciones. La gente le echaba dinero. Su madre iba a verle con sus amigas y también le echaban dinero, ante la estupefacción de Gabino, que le rogaba a su madre que se fueran de allí cuanto antes.

 

A los 16 años, hace ahora 30, le llegó el típico momento crucial: el aire de Gabino recordaba tanto al de Fernando Fernán-Gómez adolescente que Jaime Chávarri, al verle en un cásting, sintió que era el Luisito de “Las bicicletas son para el verano”, la adaptación de la joya de Fernán-Gómez. En la noche del estreno de la película, Gabino evitó encontrarse a Fernán-Gómez, aterrorizado ante la posibilidad de que no aprobara su trabajo. “Las bicicletas son para el verano” fue un éxito pero Gabino recibió críticas feroces. Tiempo después, como un curioso modo de superar el trauma, Gabino haría algo insólito: memorizar muchas de esas críticas y recitarlas delante de los amigos, como un número cómico. Pero, en ese momento, se hundió en una crisis de autoestima, se convenció de que no servía para la actuación y decidió marcharse lo más lejos posible: a Australia. Allí conoció a un comunista español muy particular: el hombre vendía en ese país el “Mundo Obrero” y, - ojo, en el año 1985- aún hacía manifestaciones contra Franco. A Gabino siempre le han cautivado los seres al margen, aquellos que le hacen pensar que la vida puede ser un disparate excitante e inesperado.

 

Una llamada de teléfono le hizo volver de Australia: Fernán-Gómez, alguien decisivo también para él, quería que fuera Carlitos, el “zangolotino” de “El viaje a ninguna parte”. Gabino se empapó de Fernando y realizó un trabajo que marcaría su carrera: nadie volvió a dudar de su talento. Gabino fue desde entonces una presencia muy frecuente en el cine español más destacado: “Amanece que no es poco”, “Ay, Carmela”, “El rey pasmado”, “Belle Époque”, “Los peores años de nuestra vida”, “El amor perjudica seriamente la salud”, o “Torrente 2”. Ese momento de Cuco, el lacayo yonkie de Torrente, cuando dice “Franco ha muerto” –refiriéndose al perro del detective- se lo recuerdan todo el rato.

 

Conocí a Gabino en diciembre de 1986, en la noche del estreno en Madrid de “El año de las luces”, la película de Fernando Trueba. Me lo reencontré en Zaragoza cuando vino a presentar “El rey pasmado” y compartí en Portugal el increíble rodaje de “Belle Époque”. Para dar una idea de cómo evolucionó nuestra relación, durante años, cuando iba a Madrid, su casa era mía y él, si venía a Zaragoza, mi casa era suya. Vi, casi nada más nacer, a su hija Sara, otro vendaval: a los ocho años se puso imitar a Borges al verle en un documental de la tele y ahora quiere ser actriz. El circo nunca desaparece de Gabino y sus obsesiones tampoco. Uno de sus mayores placeres consiste en concretar sus obsesiones en algo creativo: su obsesión por la música le convirtió en un gran erudito y en productor musical y su obsesión por la fotografía le ha hecho tener una de las mejores colecciones de España.

 

Hacia 1999 comenzó a rumiar otra obsesión: montar un monólogo teatral que, a partir de la recreación de su propia vida, le permitiera actuar, imitar, rendir tributos a personas fundamentales para él, tocar la guitarra, cantar, resucitar a Elvis y, básicamente, hacer llorar de risa. Antón Castro y yo fuimos testigos de cómo le surgió a Gabino la chispa de ese espectáculo: en una charla que compartimos en Alcorisa, Gabino percibió que el público se entregaba totalmente a la gracia del relato de su vida. Luego, en su casa de Madrid, seguí la creación cotidiana del espectáculo: cada mañana Gabino ensayaba los números delante de mí y el subidón me duraba ya todo el día. En 2003 Gabino estrenó el resultado de su obsesión: “Una noche con Gabino”. Ahora, diez años después, vuelve a recorrer España con el espectáculo madurado, enriquecido, matizado. Durante estas fiestas del Pilar, en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, Gabino, dentro de más de 50 personajes, saldrá al escenario con su obsesión de siempre: hacer feliz a la gente, como hacía en el patio del colegio.

 

BEN CLARK: ALGUNOS POEMAS

[Hace algo más de un par de semanas conocí en Formentor aljoven poeta Ben Clark. Ingenioso, simpático, con un gran sentido del humor. Le pedí unos poemas y aquí están. Las fotos pertenecen al archivo Shorpy.]

Ben Clark nació en Ibiza en 1984. Poeta y traductor, ha recibido distintos reconocimientos entre los que destacan el XXI Premio de Poesía Hiperión, ex aequo con David Leo García, por su libro Los hijos de los hijos de la ira, y el IV Premio de Poesía Joven RNE por el libro Mantener la cadena de frío, escrito con Andrés Catalán. Ha sido becario de creación literaria en la Fundación Antonio Gala (2004-2005); en The Hawthornden Castle International Retreat for Writers, (Escocia); y en The Château de Lavigny International Writers’ Residence (Suiza). Ha traducido los Poemas de amor de Anne Sexton, la Poesía Completa de Edward Thomas y el último libro de George Saunders, Diez de diciembre (Alfabia, 2013).

Blog personal: www.delversoyloadverso.com

 

Libros destacables:

 

  • Hijos de la bonanza (2006 -2012) (Antología en e-book. Precio 1 euro)

 

http://www.sigueleyendo.es/products-page/poesia-2/hijos-de-la-bonanza-2006-2012/

 

 

  • Basura (Editorial Delirio, 2011)

 

Es el libro que más me gusta, pequeñito, más o menos conseguible.

 

QUIERO QUE ME DEVUELVAN MI BASURA 

Quiero que me devuelvan mi basura.
La rechacé en un tiempo muy distinto:
yo no sabía entonces –no explicaron–
que pronto embargarían cada cuenta,
que sólo los residuos eran nuestros.

 

de Basura.

Editorial Delirio, 2011

 

 

CAMPUS

 

Algo funciona bien en este campus.
Es la hierba.
No son los cuerpos tersos, tan perdidos
en la mañana obtusa del deseo.
No son estas palabras; no es el agua
de esta fuente maltrecha y ponzoñosa.

Es la hierba.

Crece sin esperanza y crece verde,
constante, compasiva.
Y hay veces que se eleva
y viaja entre carpetas y entre apuntes estériles
de asignaturas muertas. Es la hierba.
Dolorosa y paciente. Su embajada y su lecho.
La hierba verde y triste.
Oda a la juventud recién cortada.

 

 

de La mezcla confusa.

UP José Hierro, 2011

 

 

NEVERA VACÍA 

 

El ahorro es un lujo.
F. SCOTT FITZGERALD


Nuestra nevera nunca estuvo llena.
Se congelaba, hacía ruidos raros
como diciendo «mira, no me usáis,
vendedme a alguien del barrio, no será muy difícil»
–todo esto, claro está, en un lenguaje
propio de las neveras;
un idioma sintético, volátil,
una lengua compleja, cargada de freón–.
Con todo éramos pobres para poder tener
la nevera vacía,
debíamos llenarla de algún modo.
Fue mi mujer quien dio la idea de los libros.

 

Andrés Catalán & Ben Clark
Mantener la cadena de frío 
Pre-textos, 2012

 

POEMAS DE ESTELA PUYUELO

Estela Puyuelo, periodista y escritora, ha iniciado su carrera literaria con fuerza. Hoy tiene la gentileza de enviarme algunos poemas. Aquí están. Mil gracias. Estela. Las fotos son de Anne Brigman.

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

Estela PUYUELO

 

 

 

CARTONES CANÍBALES

¡Cuidado con las cajas vacías,

esas perfectamente bronceadas que hablan de fragilidad!

Observa los entornados párpados de sus ojos esquivos

en su letargo de digestión lenta

que evitan mirar de frente y mostrar su interior.

Despliegan su cuerpo ahora tridimensional,

abren la boca y devoran la inutilidad del mundo.

Tienen hambre de ropa vieja, desfasada, incómoda o inconveniente,

de vestidos de novia.

Se alimentan de aparatos aniquilados por la era tecnológica y

tragan con ansia viejas cajitas

que fueron úteros fértiles garantizados

siempre a la espera de mejorar el parto.

Pero su manjar predilecto, presa fácil,

son los manuales de instrucciones,

ingenuos, ignorados, impotentes

como docentes sin autoridad.

Amordaza esas cajas con cinta adhesiva,

cierra sus fauces hambrientas

antes de que te engullan

una tarde de aburrimiento, soledad o angustia.

Para mí ya es tarde.

La caja marrón estira sus solapas,

me estrangula con su garganta áspera,

deposita mi cuerpo en el interior de su estómago

y se cierra tras un raspazo.

Antes de ser digerido,

vislumbro entre las rendijas

las palabras que se grabarán en mi epitafio:

“¡Otra caja al trastero!”.

 

LA NOCHE ÚLTIMA

En la noche última los relojes acechan con ojos brillantes de lobos hambrientos,

los semáforos escupen luces naranjas en las aceras húmedas

y las palabras huyen calle abajo como jóvenes a punto de ser violadas.

 

En la noche última las motos son fieras en celo que rugen roncas del deseo,

los bares quedan presos tras las rejas metálicas de la culpabilidad

y los borrachos caminan despacio maldiciendo la libertad condicional que los lleva a casa.

 

En la noche última el silencio devora el cuerpo muerto de la ciudad,

la prensa yace en la antesala de los comercios entre dolores de un parto yermo

y las gasolineras amamantan zombis errantes sin derecho a dormir.

 

En la noche última no existe el mañana,

las promesas están caducadas,

y ningún amigo puede esparcir las cenizas

de esperanzas calcinadas.

No hay proyectos que estimulen la longevidad,

los recuerdos se miran en el espejo por última vez

y los fantasmas agitan las sábanas de la eternidad.

 

En la noche última, la primera luz imagina el amanecer

con la inocencia de una niña seducida por un don Juan

y tropieza al ascender el edificio inexpugnable del día.

 

Muerta ya la noche última la blanca tela que me cubre me permite espiar el barrio

que despierta sobrecogido por el asesinato de una mujer en un portal.

 

MI CASA

Levanté mi casa con el esfuerzo de un insecto que intuye el invierno.

Amueblé las habitaciones de experiencias.

Las pinté de cordura.

Monté armarios en el salón para almacenar los sueños

y guardé la locura en el canapé del dormitorio.

Llené la despensa de sopas de letras

y el baño de nostalgias marinas de una caracola ambulante

y de jabones de tomillo y albahaca.

Planté flores en el jardín de la lluvia

para no olvidarme de regarlas.

Y arranqué las puertas para conocer el viento.

Si alguien sopla no derribará mi casa.

 

 

ABIERTO EL CIELO

Buscando un paisaje distinto.

Sin maletas, ni rumbo, ni mapas.

Sin billete de vuelta a casa.

El cielo se abre.

Solo estoy yo.

Sin plan de aterrizaje.

Desde aquí,

desde cualquier lugar,

volaré con fuerza

hasta quedar suspendida

en ningún sitio.

 

 

ORNITOFOBIA

Pájaros de suaves alas te atormentan con su vuelo.

Solo quieres que se vayan pero, hambrientos,

buscan las migas de pan que echaste en el suelo

olvidando que rozarían tu pelo al aterrizar.

Y sigues comiendo.

Y ellos nunca se van.

 

¿PRINCESA EN APUROS?    

La princesa en apuros corre el pestillo

ya no teme más fieras que su castillo.

Con un arma sin filo marcha a la guerra

los príncipes valientes firman la tregua.

No consiente que nadie escale sus trenzas,

ni hacerse la dormida, ni ir de bella.

Ya no compra manzanas sin conocerlas,

a los lobos persigue si hay luna llena,

los guisantes le sirven de adormidera,

y a las doce en punto se desmelena.

Desde que la princesa en apuros se hizo guerrera

hay sapos encantados que un beso esperan.

 

Por todo ello…

 

Si me ves en apuros no me defiendas

que pretendes librarme y me encadenas.

Si me ves solitaria no me acompañes

que si te echo de menos corro a buscarte.

Si me ves silenciosa no hables por mí

que en palabras ajenas jamás viví.

Si me ves llorar no me consueles

que las penas son agua que adentro duele.

Y si me ves dormida no me desveles

¡que una vez despierta hay sueños que mueren!

 

 

*Las fotos las he tomado de aquí:

-https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-d44cfff5403bb27e3e426ef81e61345f.jpg

-https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-40e248b0ac68650faeb0046cb71f1a09.jpg

-https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-b17b7c428cb43ea92956912cb7615c94.jpg

-

-https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-3bc1afde0d8370819f673b9ee505136e.jpg

 

ADIÓS A ÁNGELES SANTOS TORROELLA

Ángeles Santos avanzaba hacia los 102 años cuando falleció el pasado miércoles en Pozuelo, en la casa de su hijo Julián Grau Santos. Nació en Portbou en 1911. Hija de funcionario de aduanas, se formó en Valladolid con Cellino Perotti y deslumbró con su arte a creadores tan distintos como Francisco Pino, los hermanos Cossío, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna y García Lorca, que se quedaba fascinado ante sus lienzos. En 1929 firmó sus dos obras maestras: ‘Tertulia’ y ‘Un mundo’, uno de los cuadros más enigmáticos y bellos, con sus sombras y atormentadas figuras, de la pintura española de vanguardia. Ambas piezas están en el Museo Reina Sofía. Aquí está... Ángeles Santos se casó en 1936 con Emili Grau Sala; él se fue al exilio algún tiempo después y vivió en Francia otras vidas, otros amores. Regresó en los años 60 y reanudaron su convivencia y su amor en París, más sereno. Ángeles Santos, Angelita para Lorca y Juan Ramón, había vivido con sus padres y al parecer vivió en Canfranc y en Huesca un tiempo. En Canfranc, en 1937, nació su hijo el artista Julián Grau Santos.

JOAQUÍN COSTA DESDE EL SIGLO XXI

 

JOAQUÍN COSTA: UNA VISIÓN PLURAL DESDE EL SIGLO XXI

Acabo de descubrir que la monografía que coordinó Rafael Bardají sobre Joaquín Costa, en la que participamos escritores, historiadores y periodistas, puede encontrarse aquí.

http://www.heraldo.es/uploads/documentos/documentos_librojoaqucosta_a5e8b514.pdf

 

 

*Hace algún tiempo publiqué este texto en 'Heraldo' y en mi blog.

JOAQUÍN COSTA O EL ALBAÑIL

QUE DESCUBRIÓ LA BICICLETA EN PARÍS

Joaquín Costa (Monzón, 1846-Graus, 1911) era un hombre impredecible, dotado de una curiosidad insaciable y de una infinita voluntad de saber. Y eso le llevó a ser el introductor de la bicicleta en España. O, como mínimo, uno de sus principales precursores. Costa era curioso, inteligente y trabajador. En 1867 cumplió uno de sus primeros sueños: gracias a la intercesión del cacique oscense Manuel Camo, que lo recomendó, acudió a la Exposición Universal de París como uno de los doce «artesanos discípulos observadores» invitados por el Gobierno de España; fue como albañil con 25 pesetas para el viaje y 150 para toda la estancia.

El joven de poco más de 20 años vivió nueve meses en la capital del Sena: según señala George Cheyne en ’Joaquín Costa, el gran desconocido’ (Ariel, 2011) salió de Madrid el primero de marzo y regresó a España a finales de noviembre. Costa escribiría en 1868 en su ’Diarios’: «El año de 1867 ha sido el año del despertar de mi entendimiento (?). En Francia he concluido de aprender lo que son grandes obras y grandes empresas; he aprendido lo que son y lo que saben los franceses; he visto emperadores y he alternado con sabios; he ’conocido’ a los españoles y hablado con extranjeros de todas las naciones». Cheyne cita a Ramiro de Maeztu, que afirma que este viaje a Francia le llevó a trabajar «como un cíclope desde 1867 a 1898», porque «le reveló la distancia en riqueza y en cultura que separaba nuestra patria del mundo europeo».

Un hiperactivo en París

Joaquín Costa añadía detalles sobre las escasas horas que dormía, sus dolencias y el afán de hallar el afecto y la compañía de una mujer. Pensaba en Pilar, su novia altoaragonesa, a quien le había comprado unos pendientes, y evocaba «un dulce recuerdo de mi amor puro». Allí hizo muchas cosas: leyó, frecuentó conferencias, asistió a cursos de mecánica aplicada, agricultura, química, ingeniería rural, coleccionó semillas y habló con especialistas de casi todo.

Pero quizá uno de sus grandes descubrimientos en su estancia parisina fue que en la Exposición Universal de 1867 vio las nuevas transformaciones de la bicicleta. Buen dibujante, se dice que sacó un papel de fumar y que copió el aparato que había creado Ernest Michaux en 1860, la primera bicicleta a pedales, la ’michaulina’. Nada más regresar, en 1868, en la imprenta Arizón, publicó las ’Ideas apuntadas en la Exposición Universal de 1867 para España y para Huesca’.

Agustín Sánchez Vidal, estudioso de la obra literaria de Costa, dice: «La noticia del diseño del velocípedo (antecedente de la bicicleta), que Costa envió a unos amigos oscenses, la recoge Vicente Cajal, en su libro ’Un oscense’ (Imprenta Provincial, Huesca, 1967). Según él, la primera bicicleta de España, con el nombre de ’velocífero’, la habría construido el mecánico oscense Mariano Catalán, basándose en el diseño que Costa había hecho sobre un papel de fumar, tomándolo del natural en la exposición parisina». En este extremo han coincidido diversos especialistas y estudiosos oscenses: Julio Brioso, Luis Gracia Vicién, Juan Carlos Ara (que prepara la edición de sus ’Diarios’), Bizén d’o Río... El propio José Antonio Llanas, ex alcalde de la ciudad de Huesca y erudito local, escribiría en un artículo publicado en ’Nueva España’ de Huesca en 1978 que el padre de un costista célebre como ’Silvio Kossti’, llamado Francisco Bescós, manejó uno de estos velocípedos, con el que arrolló a un peatón oscense de nombre ’el Miñón’», en el Paseo de la Estación, causándole la muerte. Añade Sánchez Vidal: «La víctima está enterrada en el antiguo cementerio de ’Las Mártires’ de Huesca, y en la lápida pone: Tomás Félix ’El Miñón’. Pepín y Antonio Bello contaban que su padre y Silvio Kossti (el seudónimo era un homenaje a Costa: su verdadero nombre era Manuel Bescós Almudévar) habían fabricado una bicicleta con el diseño de Costa». El experto en ciclismo Ángel Giner afirma que Huesca es la pionera en la construcción de bicicletas en España, a raíz del dibujo de Joaquín Costa, y ha precisado que el mecánico «y herrador» Mariano Catalán, con sus hermanos Nicomedes y José, reprodujo tres bicicletas «y fueron una gran novedad».

Una excursión histórica

La estudiosa María José Calvo Salillas, en su texto ’El Círculo oscense y el modernismo. La historia de un siglo’, registra una curiosa anécdota: cita a Gregorio Barrio Crespo, secretario oficial de ayuntamiento y compañero de aventuras de Mariano Catalán, y dice que ambos emprendieron una expedición ciclista «histórica» el 20 de marzo de 1868: «A las cuatro de la madrugada parten hacia Zaragoza en la primera excursión de un velocípedo registrada, siendo despedidos por su amigo y futuro cuñado Domingo del Cacho. Los excursionistas llegan hasta la plaza de Santa Engracia, regresando a las cinco de la tarde».

Aquellos croquis de Joaquín Costa iban a recorrer kilómetros de realidad y de leyenda. Eso sí, Huesca contó con el Club Velocipedista Oscense al menos desde 1889, presidido por Juan Antonio Palá, y en 1896 empezó a editarse la revista ’El pedal’, que publicó la correspondencia de Costa con los ciclistas de Huesca y Barbastro.

 

*Costa visto por Pablo Calahorra. Vista del palacio de la Exposición Universal de París de 1867 y la bicicleta de Michaux.

RAMÓN ACÍN FANLO: UNA ENTREVISTA

RAMÓN ACÍN FANLO: UNA ENTREVISTA

ENTREVISTA. Ramón Acín Fanlo (Piedrafita de Jaca, Huesca, 1962), escritor y profesor y fundador de ‘Invitación a la lectura’ publica un nuevo libro de relatos: ‘Abrir la puerta’ (Traspiés, Granada 2013). Aquí reflexiona sobre su trayectoria.

 

“Escribir es una necesidad

o una enfermedad divertida”

 

En esta treintena de años ha publicado muchos libros: diarios, novelas, cuentos... ¿Dónde se siente más cómodo?

Para mi escribir es un intento de dar forma a las ideas que pululan por mi cabeza. Escribir es una necesidad o una enfermedad divertida que me ayuda a explicarme y a reconocer -o conocer- todo cuanto me rodea. Desde ese punto de vista cualquiera de los territorios en los que me he movido me agradan o, para ser exactos, me sirven. De todos modos, donde mayor comodidad siento es en el campo de relato corto y del micro-relato, a pesar de su enorme dificultad.

¿Cómo nació este libro, ‘Abrir la puerta’ (Traspiés)?

A mí la obras me surgen de repente. Como fogonazos. No soy un creador de plano que todo lo planifica antes del ejercicio de la escritura, sino que soy de brújula: surge la idea y me hundo en ella. Y ‘Abrir la puerta’ surge de un fogonazo así. ¿Qué pasa cuando uno abre una puerta y fisgonea sin que le vean?

Sí, ¿qué pasa?

Que ver e imaginar se funden. Como se funde la realidad objetiva de lo que ve y la realidad subjetiva de lo que piensa sobre lo que ve. No es un juego de palabras, es una realidad. Y eso es lo que me propuse: fusionarlas. Por otra parte la dicotomía realidad/ ficción es algo muy viejo en literatura, insuperable desde el maestro Cervantes. Este es el origen de un total de catorce relatos que luego, por causa de la autocensura personal, quedaron reducidos a los once de ‘Abrir la puerta’, un libro que en aragonés se definiría con el verbo “cucutiar” pues creo que tiene mucho de fisgoneo y de voyeur .

¿Cómo podríamos definir a estos personajes: atrabiliarios, excéntricos, soñadores, raros sin más?

Siempre he tenido una enorme tendencia por los personajes marginales, por  los antihéroes, por  la gente que no es de orden. Y en ‘Abrir la puerta’ reincido. Tal vez se deba a mi impericia por no saber abordar lo plano. De todas formas, mi primer libro de relatos se tituló, con retranca irónica, claro, ‘Manual de héroes’. Creo de verdad que cuando se sale de lo establecido, de lo convencional, del orden… la realidad se hace más visible, más evidente.

¿Cómo aborda la realidad?

Lo cotidiano es como una anteojera que sólo permite mirar de forma unidireccional. Me gustan las aristas, los recovecos, los ángulos muertos. De ahí lo atrabiliario, excéntrico y soñador de mis personajes. La distorsión (Valle-Inclán fue el maestro) es la clave. Distorsión física, mental y espiritual, claro. Formalmente, me interesa el juego de las cajitas dentro de las cajitas, de las historias dentro de la historia es evidente. Busco un continuo cambiar el rumbo de la historia o ensancharla lo máximo mediante el uso de un material mínimo.

¿Tenía en la cabeza libros de Borges, Marcel Schwob, Pierre Michon, o el Carlos Casares de ‘Los oscuros sueños de Clío’?

Claro, siempre he creído que los escritores son hijos de las lecturas que han conformado su humus personal y creativo. O como me dijo Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias, somos hijos de quienes nos precedieron. Y todos los autores que cita han sido y siguen siendo, con la mayoría de sus libros, básicos para mí. Lo difícil es alcanzar la cima que ellos alcanzaron. Pero sí, están ahí al fondo como lo están los mitos, mis neuras, los temas que siempre me han atraído o la visión personal sobre esta sociedad que, cada vez, está más encanallada.  

Vayamos con algunos relatos. Por ejemplo, esa Cioconda del Altoaragón que era cabaretera. ¿Cómo se le ocurrió?

Hay un poso de realidad basada en una historia que me contaron en el Sobrarbe (Huesca) y que podría ubicarse en los años treinta del siglo pasado. Una chica que va a Barcelona y acaba reinando en el cabaret. Una chica de doble vida, de doble fondo, de doble personalidad que, por ejemplo, disfruta de la vida y de la pintura, que vive lo cotidiano y navega por la historia. ‘La Gioconda’ de Da Vinci, con su doble fondo, me iba al pelo. 

¿Qué anecdotario hay detrás de la historia de los dos amantes de París y la torre Eiffel?

A veces, las noticias de los periódicos son auténticos relatos y novelas. Y ésta es una de ellas. No sucedió en París, pero sí que sucedió de verdad. La ubicación a orillas del Sena y con la Torre Eiffel al fondo es un homenaje literario a un paisaje universal que, en ‘Abrir la puerta’, comparte protagonismo con parajes oscenses desconocidos como Sobrepuerto o Monegros, pongamos por caso. Otra fusión necesaria: lo conocido universalmente junto a lo que también puede ser universal, porque la esencia de la vida y de la literatura va más allá del cosmopolitismo. Por eso, Aragón (además de rendirle homenaje) está tan presente.

En cierto modo, también es un libro de tipos aragoneses que emprenden una aventura en el extranjero, en lugares exóticos.

Sí, son casi siempre personajes aragoneses en diáspora. Algo que es muy propio de esta tierra como todo el mundo sabe, pues su despoblación y despoblados son más que evidentes. Pero, también, por ejemplo, es una tierra donde hubo una guerra que partió su territorio por la mitad y mandó mucha gente al exilio. Esa sensación de castigo, de movimiento obligado junto a la afición por la búsqueda de nuevos mundos o alicientes es histórica y está muy presente en los relatos.

Si tuviera que contarle a alguien que fue ‘Invitación a la lectura’, ¿qué le diría?

Una locura literaria compartida por medio millar de profesores, otros tantos escritores a la busca y captura de los lectores jóvenes para saber de la vida, conocerse y ser más libres. Una locura de muchos para muchos que alguien, sin más, mandó a la basura desde un despacho. Quizás sin saber por qué (o sabiéndolo muy bien). 

Siempre ha sido un divulgador entusiasta de las letras aragonesas... ¿Cuál sería su diagnóstico?

Creo que tienen un momento dulce. Hoy es un territorio literariamente fértil pese al encanallamiento de la sociedad. Aragón puede presumir de tener un buen puñado de escritores que, sin duda, alcanzarán el objetivo merecido por mal que pinten los tiempos. Hay nombres que están ahí, potentes, esperando el salto definitivo. 

 

*La foto de Ramón Acín es de José Miguel Marco, de Heraldo.

NOVELA NAVEGABLE DE PLOT 28

NOVELA NAVEGABLE DE PLOT 28

Plot 28, de aquellas aguas sucias… estas inundaciones

 [Javier Hernández me remite esta novedad de su macroproyecto Plot 28]

Una pionera “novela navegable” en ibook ambientada en Expo Agua (Zaragoza, 2008), metáfora del cóctel entre corrupción política e intereses económicos que nos ha llevado a la megacrisis actual.

  https://itunes.apple.com/es/book/plot-28-novela-navegable/id695638570?mt=11

 

Por Javier HERNÁNDEZ

 

¿Cómo contar la crisis que nos acucia, sus raíces, sus causantes, sus víctimas con rostro humano con una cibernarrativa del siglo XXI?: ese es el reto de la novela navegable Plot 28.

 

Nadie duda de que estamos en la crisis más acuciante de la Historia del capitalismo. Esta tiene causas globales, pero también locales. España vivió hasta 2008 un periodo de fiesta total donde el dispendio, la política espectáculo, la conjunción corrupta de intereses políticos y económicos estaban al orden del día. La novela navegable Plot 28 ahonda en esas causas “glocales”, poniendo de relieve las maquinaciones internacionales por el control del agua y las tierras, pero también las artimañas de los grupos locales de poder. El escenario es Expo Agua de Zaragoza, que cerró sus puertas el 15 de septiembre de 2008, el mismo día que se producía la quiebra de Lehman Brothers. En esa fecha comenzó nuestro descenso a los infiernos, al tiempo que los fastos de Ranillas quedaron como un ejemplo de la última hoguera de las vanidades de la España triunfante, el principio del fin del Régimen de la Transición. Todo ello se registra en una novela próxima al thriller, el género más propicio para escarbar en el estercolero… Todo comienza con la aparición del cadáver de Damián Forcés, un hortelano que se negaba a vender su parcela (la número 28) al Ayuntamiento… Emergerán así oscuros intereses y complots dando paso a un enfrentamiento entre los poderosos y un grupo de ciudadanos que todavía cree en la justicia (“los infanzones”)…

 

La novela Plot 28 se puede leer como un hipermedia navegable, permitiendo conectar desde el texto principal, a través de un solo toque, con otros textos ampliados, así como webs, blogs, música, imágenes, cómic, etc.: todos enriquecen la inmersión en una ficción que se parece demasiado a la realidad. Se narra desde una perspectiva crítica, independiente y comprometida en un momento en que la literatura no puede mantenerse al margen de lo que está ocurriendo, a la vez que tiene que amoldarse a los nuevos desafíos tecnológicos: <>, explican los autores.

 

Esta novela navegable forma parte de Plot 28, el primer universo transmedia del formato Ficción Total (www.ficciontotal.com), y se comercializa a través de App Store para iPads. En la citada aplicación se pueden encontrar también más textos ciberliterarios, documentales de creación, blogs, webs temáticas, redes sociales, cómics o música, etc. Todos estos productos son autónomos pero están conectados en la misma placenta de ficción y contribuyen unos con otros a resolver los enigmas del citado universo transmedia. Es este un proyecto totalmente independiente (no hay detrás ningún grupo editorial) que salió a la luz en febrero de 2013; fue ideado por Agustín Serra v.1 y Hernán Ruiz con el respaldo del ciberingeniero Alfonso del Barrio y un amplio equipo multidisciplinar.

 

La trama ficticia del universo Plot 28 se desenvuelve a partir de la investigación de la ciberperiodista Joana T. Silveira sobre los escritos de su amigo Jaime Miñana, ahora “autoexiliado en una isla ignota” y autor de la novela navegable, entro otros textos literarios. Todas las historias son ficticias, pero ¿no son más reales que realidad misma? Esa ambigua frontera entre la realidad y la ficción es otro de los motores creativos de ese microcosmos interconectado (www.plot28.com), donde también se pretende crear una comunidad rebelde y activista contra el Poder (el Satán contemporáneo en su dimensión alienante) en la que el misterioso Grupo 28 ya ha marcado el camino. La rebelión ciudadana también puede llegar desde aquí, por eso Plot 28, la novela navegable, va dirigido a un público muy amplio con la vocación de <thriller clásico, y dar acceso a los mayores a esta nueva forma de contar historias>>, concluyen Hernán Ruiz y Serra.

 

*Javier Hernández me envía esta nota sobre una novela del proyecto Plot 28. La ilustración es de Moratha.

MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN: AMOR, POLÍTICA Y ADOLESCENCIA

MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN: AMOR, POLÍTICA Y ADOLESCENCIA

 

MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN O LA NOVELA DEL ADOLESCENTE

Esta noche y esta mañana he leído una deliciosa novela, ‘Cuando el frío llegue al corazón’ (Anagrama). Breve, de una rara intensidad, una novela de iniciación que transcurre en la posguerra. Relata la historia de Ludivino, hijo de un veterinario  más bien desafecto al Estado, al que un día llevan a la cárcel. La novela, sencilla y eficaz, llena de silencios y elipsis, de evocación y de misterio, narra cómo el joven se traslada entonces a vivir con su tío Pelayo y su tía Eva Rosa, cómo va con sus amigos al Véspero en bicicleta y a la playa, cómo va a clases de griego con un personaje enigmático... Todo le sirve, todo le estimula, todo está interconectado. La novela, de un sobrio lirismo, funciona a la perfección: tiene algo de película contenida e inteligente donde importa tanto lo que no se dice como lo que se dice. Hay un clima de misterio y de dolor, de insurrección imperceptible... Algunos personajes son extraordinarios como el boxeador reciclado a fraile y profesor de griego, como el barbero Higinio, como Pelirrojo... Curiosamente Platón, como sucede en el libro de Javier Aguirre, ‘Platón y la poesía’ (Plaza & Valdés), está muy presente en la novela: es bonito comprobar cómo Ludi (Ludivino) y sus amigos perciben que los libros ayudan a entender la vida, las reacciones de los otros y los sentimientos. Por haber hay una preciosa y doble historia de amor vinculada a una palabra, o a una mujer: Falena. Esta foto de Adolfo Valente me ha hecho pensar en Falena y en un espacio de citas llamado el invernal...