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Antón Castro

CANO, CANITO: UNA ENTREVISTA

CANO, CANITO: UNA ENTREVISTA

 

Francisco Cano ‘Canito’ es el testigo más anciano de los toros. Es como el oráculo de la fiesta: lo ha visto casi todo y ha estado en todas partes. La fama se la debe a un hecho inolvidable, coronado por la leyenda y el drama: la muerte de Manolete en Linares el 28 de agosto de 1947, Cano captó casi 200 fotos de la cogida mortal del hombre que todos idolatraban y que vivía una intensa historia de amor con Lupe Sino, estorbada por la terquedad de doña Angustias, la madre del matador. El respeto que genera se lo debe a que lleva  desde 1943, es decir, 66 años ininterrumpidos, tomando fotos, de plaza en plaza, buscando el escorzo ideal, el volatín airoso, el movimiento perfecto con el que se dibuja una verónica inolvidable. Puesto a acumular cifras, Cano podría decir: “He hecho más de 60 veces los sanfermines, he cazado con Gary Cooper, Ernest Hemingway y con Orson Welles. Me he emborrachado varias veces con con Ava Gardner, la mujer más hermosa que he visto nunca. He vendido una foto de Manolete por más de 300 euros y José Tomás me dijo que una de ellas era la mejor foto que había visto nunca de los toros”.

-Se ha dicho muchas veces señor Cano: su vida parece una novela…

-Algo de ello habrá, sí.

-Por ejemplo, usted empezó de boxeador, ¿no?

-No exactamente, pero estuve a punto de debutar. Todo empezó por una pelea. Un día iba con un amigo mío, muy alto, y de repente me vi metido en una pelea con un tipo muy grande. Estábamos en el interior de un portal. Mi amigo me dejó solo y el otro me dio una buena paliza; si yo le daba una leche, él me daba veintiuna. Fue tremendo. Se ensañó a gusto.

-¿Qué pasó luego?

-Un día iba por la calle de mi ciudad, Alicante, con un amigo y vi al joven que me había dado una paliza. Le pregunté a mi compañero si lo conocía. Me dijo: “¿No me digas que no lo conoces? Es un famoso campeón de boxeo”. Me quedé de piedra, claro. Y decidí irme al boxing, al gimnasio, donde él se entrenaba. Entré, vi al encargado y le dije que quería cruzarme guantes con él. El hombre me preguntó si había boxeado alguna vez. Le contestó que no, y me dijo si me había vuelto loco. Le dije que quería hacer boxeo. Al cabo de quince días o así, empecé a entrenarme con él. Peleaba muy bien y era hasta amable conmigo. Cuando se confiaba, yo le soltaba un buen golpe, un duro golpe que le hacía daño. Mucho daño. Recuerdo que me miraba con sorpresa y me advertía. Casi siempre se contenía. Un día le dije: “¿No sabes quién soy?”

-O sea, que usted se estaba vengando, así como quien no quiere la cosa, de aquella paliza en el portal.

-Sí. Le di más de doscientos golpes poco a poco, a lo largo de los días. Doscientos golpes contundentes. Yo creo que serían doscientos. Él me dijo que no me había visto antes, y yo le pregunté si recordaba él día que le había dado una paliza a un chaval menudo en el portal. “Ah, cabrón, cabrón, eras tú”. Se enfadó mucho, quizá me soltase algún mamporro, pero al poco tiempo nos hicimos grandes amigos y me enseñó a pelear. ¿Sabe una cosa?

-Diga, Cano…

-Yo creo que todo el mundo debería saber boxear y defenderse. Yo tengo ahora un nieto y quiero aprenda. Solo me he peleado de veras dos veces en la vida, y gracias a lo que había aprendido en el gimnasio me deshice de dos tipos que me sacaban una cabeza.

-Sospecho, por lo que dice, que no se dedicó al pugilismo…

-Espere, espere. Yo tenía el sueño de convertirme en boxeador. Le dije a mi padre, que era el responsable de un balneario, que me marchaba a Barcelona. Un poco cabreado, me dijo: “Si te vas a Barcelona no vuelvas aquí si no es con el título de campeón nacional de boxeo”. Hablaba en serio.

¿Y usted se rajó?

-Me dio miedo. Yo era poquita cosa. No llegué a debutar.

-Dejó el boxeo. ¿Cuándo aparecieron los toros en su vida?

-De inmediato. A mí padre le gustaba mucho el toreo y había lidiado un poco. Ya le dije que era el encargado de un balneario que se metía un poco en el mar. Un día, un novillo se escapó y se metió en el mar. Literalmente. Como se lo digo. Y yo me metí en el agua y logré sacar al animal. Lo saqué y lo toreé en una especie de explanada que había en el balneario. Vinieron cinco o seis mozos para llevárselo en un camión, y en cuanto me vieron empezaron a animarme: “Sigue, torero, sigue”. Y venga: “Sigue, torero, sigue”, hasta que lo cogieron, lo subieron al camión y supongo que lo matarían. Pero ahí empezó algo especial…

-¿Descubrió el toreo, no?

-Exactamente. Luego hubo otros muchos lances. Como novillero llegué a participar en 39 corridas. Y fue Marcial Lalanda quien me dio mi carné profesional de torero.

-¿Torero o novillero?

-Un momento: un novillero es un torero. Solo cambia la edad y el peso del animal, pero hay que lidiarlo. A mí cualquier persona que se pone delante de un toro me merece mucho respeto. Se juega la vida. Cuando llegó la Guerra Civil, yo ya tenía algo de fama y hube de torear en Alicante por los soldados del Frente Popular, en concreto para los comunistas, y para los anarquistas de la FAI en Orihuela, pero no llegué a tomar la alternativa. Me perjudicó el parón del conflicto.

-¿Qué sucedió luego?

-Algo que fue muy determinante. Los comunistas me metieron en un convoy para Madrid, estaba malherido, el toro me había partido el escroto, y logré escaparme para no ir al frente. Después de eso me refugié tres años en las calle Ventura de la Vega, 21, en Madrid. Me acogió en su casa el químico Gonzalo Guerra Banderas. Yo había llegado herido y él fue muy generoso conmigo. Me salvó la vida porque ya le digo que yo llegué herido a Madrid. Me enseñó de todo: aprendí a hacer perfumes y jabones, y otras muchas cosas. Fueron tres años maravillosos. Decidí que no iba a ser torero.

-¿Cómo se hizo fotógrafo?

-Por puro azar y gracias a él. Le gustaban mucho las fotos y ya realizaba instantáneas en color. Yo no sabía nada de fotografía. Sin embargo, llegamos a construir una máquina entre los dos con algunos materiales que encontramos en el rastro. La rediseñamos, la soldamos, le pusimos un objetivo y, ¡hala!, vamos a hacer fotos. Fue él también quien me enseñó a trabajar en el laboratorio. El primer reportaje que hice fue a un torero peruano, Alejandro Montani, ‘el Sol del Perú’. Le hice unas veinticinco docenas de tomas y cobraba a dos pesetas la docena.

-¿Qué tal la experiencia?

-Estupenda. Eso debió ser en 1943, más o menos. Me pasaba algo muy curioso: en primer lugar había sido torero de 39 corridas y mucha gente me conocía. Además, y eso me benefició mucho, conocía el secreto de los lances, sabía cómo iba a ponerse el torero, cómo iba a entrar a matar. Sabía cuándo era el momento más importante de una corrida para disparar y eso me benefició mucho. No es por chulearme, pero pronto me hice el amo. Después de aquella primera cámara, compré una Kodak Brownie por 21 pesetas, luego tuve mi primera Leica, que era una cámara maravillosa, y a partir de ahí todo fue coser y cantar.

-He leído que usted ha sido muy mujeriego…

-Bueno, no tanto. Me casé varias veces: mi primera mujer se murió joven y me dejó cuatro hijos; luego una valenciana me dio dos hijos más. No todo fue fácil.

-¿Por qué lo dice’

-Porque hubo un momento que la Falange quiso quitarme el carné. Uno al que yo había ayudado mucho me denunció diciendo que yo no era profesional. Y durante una corrida vino alguien, falangista, sin duda, a quitarme la máquina. Les dije: “Me tienen que matar antes”. Tuve que ir al sindicato y allí estaba, al frente, Camilo José Cela, que se portó muy mal conmigo. Fue realmente maleducado. ¡Que Dios lo tenga allá lejos! Al final todo se arregló.

-¿Cómo vivía el mundo de la fiesta?

-Bien. Me sentía a mi aire. Feliz. Frecuentaba la casa de los Bienvenida, de los Dominguín, de los Ordóñez. Si digo que crecí y que aprendí mucho con ellos no miento. Estuve muchas horas en su compañía. En realidad, por eso fui a Linares.

¿Por qué fue?

-Porque iba mucho con los Dominguín, boxeé alguna vez con Domingo Dominguín. Y pasé por su casa para cobrarle unas fotos a Luis Miguel Dominguín. Me dio largas y largas, y de repente me dijo que lo acompañase a una corrida importante a Linares. Que le hiciera un reportaje, y que al final me pagaría todo. Y eso hice. Luego pasó lo que pasó: murió Manolete, y yo estaba allí con mi cámara y muy cerca de él cuando marchó al otro mundo.

-Usted habla a menudo de otros amigos: Gary Cooper, Hemingway, Orson Welles.

-Los conocí a todos, y fui de caza con ellos varias veces. Eran simpáticos, muy simpáticos. Orsons Welles, además, era un tipo genial, se veía que era muy inteligente y que tenía una gran personalidad. ¡Qué le voy a decir de Ava Gardner! Era maravillosa, la mujer más bella del mundo. Como una diosa. Nunca he visto nada igual. Nos emborrachamos a menudo y también venía de cacería. Como era así, desprendida, también me besaba, pero nada más.

-¿Cuáles son sus mejores fotos?

Las que se escapan siempre son las mejores. No tengo duda. Es como si huyesen para que las soñaras luego.

-¿Cuál es el secreto de su longevidad?

No lo sé. Hay un médico que es muy amigo mío que siempre me dice lo mismo: el secreto de Cano es que ha follado mucho y que ha comido poco. Y es cierto, sí. He hecho mucho el amor, he gozado mucho, muchísimo. La mejor gimnasia que existe es la de la cama.

 

 

LA GOTA DE SANGRE DEL TORERO DE MÁS AIRE

La esposa de Francisco Cano, 'Canito', lo reclama una y otra vez. Están a punto de sortearse los toros para la corrida del pasado viernes en la Misericordia. Y ella, probablemente, habrá oído y leído una y mil veces la historia de la cogida de Manolete. Ese reportaje que guardó celosamente y que empezó a mostrar a principios de los años 70. Se exhibió en Zaragoza, en una muestra organizada por la Diputación de Zaragoza, y durante muchos años fue uno de los tesoros del Museo Taurino de Enrique Asín -su gran amigo y su gran anfitrión en muchas tardes de fiesta-, en Blas y Ubide 12+1.

Como si fuera un showman, Cano coge la grabadora y le habla: le cuenta que en Linares, en agosto de 1947, toreaban Manolete, Gitanillo de Triana y Dominguín. Dice: "Manolete andaba preocupado, parecía tener la cabeza en otro sitio. Su madre no aceptaba a su amante Lupe Sino y eso le desconcertaba. No era un buen día para él. Entró a matar a la suerte contraria y el toro le empitonó el muslo con rabia. Al abrir las piernas empezó a sangrar en abundancia. Era impresionante".

Cano tiró muchas fotos, intuyó lo que ni siquiera se atrevía a pensar, intuyó la tragedia, y colaboró en la enfermería. Cuando lo dejaron sobre la cama, se cayó al suelo porque no estaba bien puesta. Le hicieron dos transfusiones, pero no sirvió de nada. "Poco después se moría el torero que más me ha gustado nunca. Aún le hice más fotos, tumbado, con y sin pañuelo. Comprobé que la sangre había traspasado el colchón y caía gota a gota. Era mi ídolo y creo que nunca he visto un diestro que lo superase". Poco después, Lupe Sino lo llamó y le dijo que quería comprarle las fotos. No se las vendió. En Madrid todo el mundo lo esperaba. Aquel reportaje iba a ser el estandarte de su fama y un recuerdo imborrable. Cano suele decir que lloró como un niño la muerte de Manolete.

 *Esta entrevista se publicó en el Pilar de 2009. La recupero ahora cuando Cano ha sido objeto de un homenaje y camina, lleno de vitalidad, hacia los 101 años.

MIGUEL PARDEZA, UN DIÁLOGO

30 AÑOS DE ’LA QUINTA DEL BUITRE’

[Ayer compré el último número de la revista ‘Panenka’, que dedica un monográfico a los 30 años de la Quinta del Buitre: Butragueño, Rafael Martín Vázquez, Míchel, Sanchís y Miguel Pardeza, que hizo su carrera, tan exitosa en el Real Zaragoza. Conversé con Pardeza en el Estadio Bernabéu y de ahí salió esta entrevista. En el número, por ajustes de maquetación, han suprimido la parte final de análisis del equipo y de los jugadores. Aquí está la versión más completa.]

 

ENTREVISTA CON MIGUEL PARDEZA

Miguel Pardeza (La Palma de Condado, Huelva, 1965) fue integrante de ‘La Quinta del Buitre’, jugó en el Real Madrid, fue cinco veces internacional absoluto y estuvo en el Mundial de 1990. Triunfó en el Real Zaragoza, donde obtuvo dos Copas del Rey (1986 y 1994) y una Recopa, en París, el 10 de mayo de 1995. Gracias a una llamada de Jorge Valdano, ingresó en el cuadro técnico del club blanco. Antes de nada, como si pidiera disculpas, Miguel se confiesa “hiperactivo, distraído, alguien a quien le cuesta concentrarse, alguien que pierde la cabeza por los libros”; acaba de trasladar a Madrid sus 15.000 volúmenes. La literatura es una pasión y una necesidad. De vez en cuando, como si fuera un pensador del balompié, suelta pequeños aforismos o conclusiones que ha ido sacando a medida que ha repasado su carrera.

-¿Hubo un entrenador o alguien especial que le marcase?

-Hay dos personas claves en aquella época. Uno era Sánchez, que era como un prohombre organizador de los torneos de mi pueblo, y el otro sería el entrenador de un equipo formado un poco espontáneamente con el que conseguimos llegar a aquel programa que se llamaba Torneo de TVE, que presentaba Daniel Vindel. Se llamaba Martínez. Fue un ex jugador que estuvo en la cantera del Sevilla probando suerte.

-¿Por qué le marcó tanto Martínez?

-Porque simbolizaba parte del sueño que uno tenía cuando estaba en el pueblo. Era de La Palma, había tenido su oportunidad, no había logrado prosperar, pero él tenía un talento innato para jugar. Hablamos ya del año 78 o 79. Recuerdo que conducía un Seat 127 que hoy lo llamaríamos ‘maqueado’ porque tenía tapacubos especiales, el volante forrado. Martínez fumaba Winston. Para los niños de trece o catorce años era un moderno un poco hortera que lo representaba todo.

-¿Qué consejos le daba?

-Él me dio uno de los consejos que yo nunca he olvidado. En un partido en el que me había puesto de extremo y no había tocado muchas pelotas, me cabreé. Él me lo notó y me dijo: “Más vale hacer poco, pero hacerlo bien y que sea trascendente, que intervenir muchas veces sin conseguir nada”. Es verdad que, al fin y al cabo, el fútbol consiste en una depuración de tu propio juego o estilo. Consiste en afinar mucho tu instinto selectivo porque es evidente que este es un juego de equipo, la dinámica tiene que ser colectiva, y resolver todo solo está al alcance de muy pocos. Incluso esos necesitan del aparato colectivo.

-¿Quién le descubrió para el Real Madrid?

-Torneo fue un punto de inflexión porque era una ventana. Me dieron el trofeo al mejor jugador. Cuando acabó hicieron una ‘selección española’ de los chicos que habíamos jugado, y yo fui capitán de esa selección. Luego me llamaron para venir al Real Madrid a través de los ojeadores que el club tenía distribuidos por toda España. En agosto de 1979 me vine para Madrid. Los ojeadores siguen existiendo. Nosotros tenemos 27 distribuidos en toda España.

-¿Qué pasó?

Vine asustado, porque hay que situarse en el año 1979. A las nuevas generaciones les costará creer que no había autovía de Madrid a Andalucía, que no había AVE, que los vuelos de avión eran muy escasos, que venir desde mi pueblo costaba no menos de diez a once horas. Era un chico de pueblo, del sur de España, y la capital te impresiona. Lo primero que recuerdo fue el hostal Ideal; el nombre parecía una pura ironía... Era un hostal donde en ese momento el Real Madrid tenía alojados a los chicos que veníamos de fuera a jugar en categorías inferiores. Finalmente me quedé en el infantil A, y ahí conocí a Manolo Sanchís, por ejemplo. Tenía mi misma edad, jugaba de extremo derecho y ya empezamos a entrenar en la Ciudad Deportiva, que estaba entonces en La Castellana. Estudiaba, entrenaba y jugaba. En el fútbol todo iba bien: en ese primer año me subieron a un juvenil ya, y al año siguiente me subieron directamente al juvenil A.  Era un salto grande.

-¿Cómo era usted entonces como jugador?

-Muy impaciente. Era ansioso, tenía la equivocada convicción de que tenía que resolverlo yo todo. Técnicamente era rápido, intuitivo. Lo que siempre me contrariaba era el orden táctico, tener que jugar por un espacio determinado. Me gustaba ir a mi aire, moverme con libertad. Con la edad aprendí algunas lecciones y me hice más humilde.

-¿Qué pasó en juveniles?

-Ahí empecé a encontrarme a Míchel, luego coincidí con Martín Vázquez, llegó Ochotorena también, el central Francis. Aquel año quedamos campeones en la Copa del Rey, jugamos contra el Atlético de Bilbao y le ganamos 2-1. Y luego al año siguiente hice la pretemporada con el Castilla. La verdad es que yo acorté muchísimo los plazos. Ese año jugaba con el Castilla y con los juveniles. Con el Real Madrid debuté en diciembre de 1983: siete minutos contra el Español. Tenía 18 años.

-Con el Castilla fueron campeones de Segunda División.

-Fue en la temporada 1983-1984 y ahí estábamos los cinco. Ahí se forjó ‘La Quinta del Buitre’. Míchel, Sanchís, que llevaban años aquí; Martín Vázquez, que entró algo más tarde. Acababa de entrar Butragueño...

-¿Cómo era ese Castilla?

-A mí me gusta hacer sociología. La conformación del grupo fue un poco por generación espontánea. El famoso artículo de Julio César Iglesias coronó a cinco, pero hubo mucha gente de calidad que se quedó por el camino... Todos encarnábamos unos valores. Lo que pasaba es ‘La Quinta del Buitre’ cobró una cierta dimensión porque el Madrid estaba pasando una época difícil, quizá hacía tiempo que no salían jugadores de cierta brillantez, el equipo no terminaba de funcionar en aquel momento... Todo hay que situarlo en el momento político de España, que vivía la resaca del franquismo y de alguna manera era un país que se estaba reinventando y que daba un grito de esperanza hacia el futuro. Nuestra generación se convirtió en una referencia dentro del mundo del deporte. En una referencia de cambio. Como pudo ser “la movida madrileña” u otros movimientos culturales o sociológicos. Creo que los fenómenos no pueden explicarse solo desde dentro sino también desde fuera.

-¿Qué consejos les daban, cómo se jugaba en el Real Madrid?

-No había un programa heredado de una cultura determinada. Lo que sí había era la transmisión de unos valores que percibías de inmediato: el Real Madrid era un equipo que aspiraba a ganarlo todo, era un equipo humilde, sacrificado, que intentaba ser solidario. Nunca se rendía. El entrenador, Amancio, estaba muy encima de nosotros. Nos pulía defectos. Aunque yo creo que el mayor aprendizaje lo hace uno solo: por atención, por concentración; se aprende de los propios errores.

-Vamos con ese Castilla de ‘La Quinta del Buitre’. ¿Que tenía de especial en su fútbol?

Había un Castilla anterior, maravilloso, que llegó a la final de la Copa del Rey ante el Madrid; ya fue un gran antecedente. Recuerdo que éramos una panda de tíos jóvenes, muy entusiastas, con una idea parecida de jugar. El fútbol, al fin y al cabo, es una forma de lenguaje. Y soy de la opinión de que en un equipo cuantos más jugadores hablen el mismo idioma mejor. Todos sentíamos el fútbol de la misma manera, lo veíamos igual, sabíamos cuándo había que soltar la pelota a la primera o a la segunda, cuándo había que regatear, cómo nos desmarcábamos cada uno. Teníamos una intuición comprensiva del deporte muy parecida. Y eso te facilita la tarea y es un motivo de satisfacción porque a mucha gente se le olvida que esto no deja de ser un juego al fin y al cabo. Y que el disfrute tiene mucha relación con la obtención de los éxitos. Un equipo que sufre no digo que no sea capaz de vencer, pero seguramente va a transmitir mucho menos que uno que disfruta. Disfrutar no es una idea banal o frívola: es una manera de hacer bien tu trabajo y eso te reporta la felicidad. ‘La Quinta del Buitre’ cambió la mirada del espectador español. Me gusta relacionar su eclosión con el fracaso de la selección española en el Mundial de 1982. España había dado muchos tumbos siempre fascinada por el equipo de moda, había carecido de personalidad y de proyecto. Y ‘La Quinta’ trajo una nueva perspectiva. A mí también me gusta pensar que ‘La Quinta del Buitre’, a la que luego sucedería el Barcelona de Cruyff, es un antecedente directo del fútbol brillante de ahora.

-El Madrid de ‘La Quinta’, en esta línea que usted dice, hacía un fútbol estético, preciosista, divertido, era imaginativo...

-Desde luego. Butragueño era capaz de parar el tiempo. Eso era un milagro. Pocos jugadores eran capaces de pisar el área y dejar a la gente con la boca abierta: a ver qué iba a hacer, qué se le iba a ocurrir. Generalmente cuando más te acercas a la portería más prisa tienes, y Butragueño era lo contrario. Cuando más se acercaba al área, menos prisa tenía. Y eso dejaba a la gente perpleja: buscaba soluciones nuevas e inesperadas a la jugada de ataque.

-Había otra cosa curiosa: el juego que hacían Hugo Sánchez y él, tan complementarios...

-Hugo Sánchez era muy inteligente. Los dos eran muy inteligentes: Hugo, más rematador, menos elaborador, pero sabía cómo y en qué momento iba a terminar la jugada. Esa es una virtud de un gran goleador. Es un poco como Raúl. Raúl quizá haya sido el jugador más inteligente que ha pisado un campo de juego. Tenía la línea del desarrollo de la jugada en la cabeza. Llevaba siempre un segundo adelante con respecto a los demás. Es como si en un espacio oscuro tú tuvieras unas gafas que te permiten ver en la oscuridad. Aunque la gente no se lo crea, el juego muchas veces está enmarañado, ofuscado, entre tinieblas. El juego puede ser un espacio oscuro y tienes que ir buscando espacios llenos de luz. Y hay gente que va por delante, con la intuición, con un sexto sentido, con un talento especial. Raúl es el principal representante de esa escuela de jugadores. Un futbolista que ilumina el túnel del juego. Y Hugo Sánchez, claro, que tenía un gran remate con las dos piernas.

-Usted estaba en ‘La Quinta del Buitre’, pero es el único que no ha llegado a triunfar o a consolidarse en el Real Madrid. ¿Cómo lo vivía, le dolía?

-Al principio sí, claro. Yo había estado con Di Stefano prácticamente un año entero, luego por composición de la plantilla se pensó que debía estar un año más en el Castilla. Al año siguiente el equipo se había conformado... Se me planteó la posibilidad de quedarme o de irme cedido al Real Zaragoza en la campaña 1985-1986. Y eso fue lo que elegí. Me encontré con un equipo fabuloso: hicimos un año extraordinario, fuimos cuartos en la Liga y ganamos la final de la Copa del Rey al Barcelona. Entonces el Zaragoza venía de una tradición de grandes jugadores y plantillas, quería jugar bien al fútbol. Para irse fuera del Real Madrid si había atractivo en ese momento era el Real Zaragoza. Volví a Madrid para la temporada 86-87 y me encontré con el equipo todavía más consolidado, con gente joven, con mucho talento. Se estaba forjando el que iba a ser un ciclo irrepetible de hegemonía absoluta en el fútbol español.

-Usted llegó a ganar una Liga, ¿no?

-Sí, la del 1986-1987, y bueno estuve aquí ese año, participé en 26 o 27 partidos, los titulares arriba eran Butragueño y Hugo Sánchez. Nadie quería que me marchara, pero por mi temperamento y por la ansiedad me planteé irme. Yo quería jugar. Comprendí que solo había un periodo para jugar al fútbol y hay que aprovecharlo. Sobre todo quería jugar. En Zaragoza había sido feliz, me habían tratado muy bien y decidí comprometerme con el club de una manera más firme.

-Y estuvo muchos años...

-Yo tuve suerte. Cogí una época extraordinaria del club. Se llegó a hacer una plantilla muy competitiva, con jugadores de grandísimo talento. El Zaragoza jugó muy bien al fútbol y consiguió llegar a tres finales seguidas, dos de Copa y una Recopa. Yo fui internacional absoluto en el Zaragoza, conseguí meterme en la lista del Mundial del 90, así que me considero un afortunado.

-¿Por qué no triunfó el equipo de ‘La Quinta del Buitre’ en Europa?

-Yo creo que eso lo explica la mala suerte, en un principio. Hubo momentos en que se pudo llegar a la final de la Copa de Europa como mínimo, especialmente en aquella semifinal contra el PSV, el Madrid fue claramente superior... Para ganar se necesita también tener algo de suerte; luego, cuando salió de ese proceso de mala fortuna, se encontró con el Milan de Arrigo Sacchi, que era un equipo excepcional, casi inimitable, que revolucionó el fútbol por el juego de conjunto y por sus individualidades. Entre esas dos cosas se explica esa decepción. Pero fíjese si era grande aquel equipo que sin ese título estelar se sigue hablando de él como uno de los grandes momentos del Real Madrid y del fútbol español.

-Una sospecha, ¿era un equipo un poco frágil?

-No. Se ha quedado esa sensación porque cuando un equipo se queda a las puertas del triunfo en Europa, o con algo por decir, se habla de frustración o aparecen las conjeturas más amargas. Ese equipo ‘frágil’ ganó cinco Ligas seguidas. Se dice pronto.

Háganos, por favor, un retrato de sus compañeros. ¿Butragueño?

Era un tipo de una creatividad inmensa. Con un desparpajo insólito. Butragueño vino virgen de tácticas, consignas y trabas al Real Madrid, vino tarde, con casi 19 años, y esa falta de bagaje académico le permitió desarrollar su talento de una manera muy natural.

-¿Rafael Martín Vázquez?

-Era un portento de facultades físicas y técnicas. Con una elegancia y una plasticidad fuera de lo común.  Tenía un tren inferior fortísimo que le permitía no solo jugar, sino hacer cambios de ritmo, tenía salida con las dos piernas, y le permitía quitarse a los contrarios con gran facilidad. Poseía un juego de cintura extraordinario.

-¿Míchel?

-Es el jugador más fino que yo he conocido. Toda la técnica que se pueda concentrar en un jugador creo que la tenía Míchel. No era especialmente rápido pero tenía una habilidad enorme para buscarse ángulos para sus centros medidos...

-¿Sanchís?

-Era un tío motorizado. Lo hacía todo bien. Con una personalidad impresionante. Empezó de extremo. Era un todo terreno. Lo que más me gustaba de él era la salida de balón que tenía, poseía una gran potencia en las piernas. Se anticipaba bien.

-¿Y usted? ¿Cómo fue Miguel Pardeza?

-Si al principio era explosivo, veloz, ansioso; luego sufrí dos lesiones, una de menisco y una de osteopatía de pubis, perdí velocidad... Y fui perdiendo volumen o presencia de juego. A mí me costó comprender que el fútbol al final también son números. No solo es el puro recreo del juego, no solo es dejarte llevar por tu instinto y tu imaginación. A mí me gustaba abarcar más campo que el que debía, y los años te van reconvirtiendo. Me hice un jugador más sensato. Más definitivo, en cierto modo.

 

*Las dos primeras fotos son del archivo Marca; la del Real Zaragoza del blog ’20 minutos’.

 

ADIÓS A MANOLO EL DEL BONANZA

ADIÓS A MANOLO EL DEL BONANZA

Ha muerto Manolo, ‘el tabernero galáctico’ del Bonanza*

 

Manuel García Maya, pintor y agitador cultural desde el otro lado de la barra, fallecía la noche del jueves a consecuencia de un infarto

 

 

ANTÓN CASTRO

Anoche, durante los rumores de fiesta que tanto le gustan, fallecía Manuel García Maya (Morata de Jalón, 1942), Manolo el del Bonanza, a consecuencia de un infarto. Uno de sus amigos, el pintor Eduardo Laborda, dice que “el Bonanza ha sido uno de los grandes cafés literarios y culturales de Zaragoza. Allí se cocían muchas cosas, se gestaban proyectos, se conversaba, se discutía. Manolo, con su especial personalidad, nos acogía a todos y exponía a muchos artistas”. Eduardo Laborda, que le dedicó un cortometraje en los años 80 al Bonanza, estaba conmovido. “Nanuk, la productora de Javier Estella y José Manuel Fandós, le dedicó en 2011 una película conmovedora y dramática: ‘Manuel García Maya. Desde el otro lado de la barra’. Había una escena donde la muerte llamaba al siguiente. Hoy me ha parecido que era algo premonitorio”.

Manolo llegó a Zaragoza en 1957 y trabajó en Casa Amadico, en El Tubo, luego en el Náutico y  posteriormente en el Fiesta. Fueron su escuela de aprendizaje. Entre 1965 y 1967 trabajó en Mallorca en servicios de hostelería para el turismo y se casó por entonces con María Pilar del Cacho, Marisa. Soñaba con un local propio y al fin en 1973 logró abrir, en la calle Refugio 4, el Bonanza, que iba a convertirse en un templo laico de artistas, escritores, navegantes de la noche y quizá de solitarios. Mariano Viejo ha recordado: “Un día mi amigo Alejandro Molina me dijo: bajo mi casa un loco ha abierto un bar. Hay que ir, y fuimos, y entonces todo comenzó. Comenzó la alegría, el sueño no soñado, la libertad. Qué canción tan bella, justo allí en un lugar oscuro pero con luz, la luz que en aquel tiempo era difícil de ver”.

Esa luz empezaba en la personalidad de Manuel García Maya. Manolo. Era un espíritu libre, excesivo, iconoclasta y apasionado, al que le interesaba la cultura. Javier Barreiro dice que “no era un intelectual sino un trabajador”. Cuidaba los sonidos del local –con Mompou, con Mahler, con Schöenberg, con Erik Satie, con Bach, con Wagner-, hablaba de arte, tres de sus artistas favoritos eran Jackson Pollock, De Kooning y Vincent Van Gogh, y hablaba constantemente de Nietzsche, de Bataille, de Cioran, de Schopenhauer, de Kafka o de Fernando Pessoa. Y de muchos otros: él se alimentaba de sus clientes y los clientes se alimentaban de su ironía, de su humor y de su capacidad para crear un espacio de rebeldías. Solía decir: “Los clientes te mejoran y te empeoran”.

Por allí pasaron distintas generaciones de artistas, a los citados Alejandro Molina y Mariano Viejo hay que sumar a Ángel Aransay, Joaquín Alcón y Ángel Maturén; luego llegarían Eduardo Laborda e Iris Lázaro, gentes del teatro como Luis Felipe Alegre, Dionisio Sánchez y los actores del Grifo y Paco Ortega, fotógrafos como Andrés Ferrer. La lista es realmente interminable: resulta muy difícil encontrar un lugar que aglutinase a tantos creadores, a tanta gente que soñaba con un país nuevo. La bandera de la República ondeaba entre pósters y fotos de mujeres exuberantes. Ángel Guinda se casó allí en segundas nupcias y tenía su tertulia de jóvenes poetas, capitaneada por Alfredo Saldaña y Manuel Forega (que editaría el libro ‘El Bonanza’ de Manuel Lampre, 1992. Más tarde, en nuevas hornadas, por allí aparecerían Pepe Cerdá y Juan Sotomayor, que expondrían en el bar. Las tertulias aún siguen al orden del día.

Uno de los estudiosos de Manolo, Manuel Pérez-Lizano, ha recordado que allí se hicieron alrededor de 500 exposiciones que él solía denominar “pintura entre amigos”. Por lo regular, Manolo solía reservar un mes al año para exhibir sus dibujos, sus collages, sus cuadros.

Jesús Lou, realizador de vídeo y asiduo del Bonanza, le dedicó el CD-Rom ‘Obra y zozobra. Manuel García Maya’ (2000). Dijo: “Manolo es el placer de tomarse unas copas con él, escucharle, reír sus chistes guarros y no tan guarros, leer sus cuadernos, ver sus cuadros, hablar de la muerte y también de la vida, recordar los gloriosos años 80”. Como artista empezó a exponer en 1985 en Filosofía y Letras, expuso en el Espejo, en la Fundación Maturén, y su muestra más completa fue en el Torreón Fortea en 2008. Se le preparó un completo catálogo en el que escriben por extenso Javier Barreiro y Manuel Pérez-Lizano y muchos de sus amigos le retratan y le evocan como lo que fue: “el tabernero galáctico”, como lo definió Andrés Ferrer. Ángel Guinda confesó: “Manolo nos cuidó tanto (y dejó que no nos descuidáramos) que aún sobrevivimos”.

 

*Este texto ha aparecido en Heraldo.es. En la foto de Andrés Ferrer, Manolo con Tico Tico.

JORGE GAY EXPONE EN BARCELONA

JORGE GAY EXPONE EN BARCELONA

EL CORAZÓN DE LA FIESTA / 2

 

Jorge Gay. Pintor

 

“Pintar es andar hacia la luz

y Zaragoza tiene una luz cegadora”

 

“Poner una bomba en el Pilar es una barbaridad”

 

“Del Pilar me gusta todo,

me sigue gustando todo”

 

“Recuerdo el pregón de Labordeta:

fue muy emocionante su entrega”

 

 

Jorge Gay (Zaragoza, 1950) es pintor y un enamorado de Zaragoza, de la que es Hijo Predilecto. Este jueves inaugura en la sala Dalmau de Barcelona la muestra ‘La intimidad de los volcanes’.

-¿Qué significa el Pilar para usted? ¿Ha marcado su pintura en algún modo?

Más que las fiestas, a mí me ha influido la ciudad en sí, alguno de sus barrios, su luz, su atmósfera, la pasarela, el río… Alguien dijo que la fiesta que fue nuestra niñez es lo que nos hace eternos.

 

 

-¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Me gusta en la calle una cierta alegría compartida y me alejan de ella las aglomeraciones desbordadas.

 

 

-Expone en la sala Dalmau de  Barcelona a partir del jueves.

Esta exposición es una defensa de la pintura como medio expresivo. Todo el mundo se empeña en anunciar que la pintura ha muerto y yo me empeño en lo contrario. La he titulado ‘La intimidad de los volcanes’, y está dedicada a todos cuantos a lo largo del tiempo emprendieron un largo viaje para ir al encuentro de algo, al encuentro de un gesto que volviera a encender nuestras miradas.

 

-¿Cuáles son las intenciones de ‘La intimidad de los volcanes’?

Pretende relatar la crónica, el pulso de los días de todos cuantos, músicos, poetas, pintores…, salieron un día a la búsqueda de ese algo, llevando su interior cargado de pasado pero soñando siempre que lo harían futuro. Está dedicada  a todos aquellos que pensaban que la belleza reside en los ojos que la contemplan y se sintieron capaces de encontrarla y redefinirla de nuevo con el deseo de afirmar que más allá del cansancio, más allá de nuestros agotados ojos del corazón, la pintura sigue viva y sirve todavía como gesto expresivo: una respuesta más al misterio del universo. Pintar es andar hacia la luz, la luz que habita en la intimidad de los volcanes.

 

Utiliza óleo y dibujo. ¿Qué es lo que se pinta al óleo y qué a lápiz o carbón?

Dibujar es la idea, discernir, elegir con elegancia entre el revoltijo de realidad. Es el conocimiento de la armonía interna de las cosas. Dibujar es llevar la escala del mundo en el corazón. Saber poner lo que falta y sobre todo no añadir a lo que sobra. Lo que se sabe sentir, se sabe decir. Pintar es construir todo eso con color. La pintura se acerca a la realidad entresacando los hilos que la tejen y con ella levanta el andamio donde sujetar el anhelo que se sueña. La pintura no es una manera de mirar: la pintura construye. Lo importante no son los medios ni los soportes que emplees, lo importante es saber emocionar con ellos. Lo que distingue es el talento.

 

 

-¿Tiene sentido poner una bomba en el Pilar?

Es una barbaridad.

 

 

¿A qué recuerdos están asociados estos días?

En la niñez, al circo, a las ferias, a la compañía luminosa de los padres y como dato menos luminoso al hecho de que empezaba el colegio y no acababa hasta navidades. Ahora disfruto las fiestas en discreta medida aunque siempre me alegra mucho la alegría de la gente.

 

 

¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?

Me gusta todo, me sigue gustando todo. Estoy siempre dispuesto al asombro y al encantamiento. El directo me fascina: la música, sean de Berlín o la más humilde banda de pueblo, el teatro, la danza.  Acudir a ver fragmentos de todo tipo en las calles: los gigantes, actuaciones en las plazas, un trozo de ofrenda, alguna madrugada en las ferias,  los fuegos…

 

 

¿Y su lugar predilecto?

En este momento las riberas del Ebro es de las mejores cosas que le ha ocurrido a la ciudad.

 

 

¿Cuál es su debilidad gastronómica, su menú predilecto?  ¿Qué locales le gusta frecuentar?

Me quedaría con un plato razonablemente contundente para estas fiestas: me gustan las migas esponjadas, bien hechas y con uva. Un lugar que creo recuperado, maravilloso y diferente  es el Plata, muy recomendable para todos pero sobre todo para los visitantes porque no quedan lugares así. Aunque tratan de emularlo les falta el encanto y el sabor que tiene este café único.

 

 

¿Qué le sugiere la Ofrenda?

Fue muy importante la nueva teatralización del espacio que hizo el añorado Bigas Luna. Dicho eso, a mí la ofrenda me sugiere color, a la que añadiría música, más música de grupos folclóricos, bandas, etc.

 

 

 

¿Cómo se vive el Pilar desde el arte?

Siempre ha sido estas fiestas un momento para subir el listón en oferta cultural, espero que a pesar de todas las extrañas y rarísimas  crisis a las que nos están sometiendo, no deje de ser así. Este año la que sobresale es la que se dedica al maestro Santiago Lagunas en Palacio de Sástago. Por otro lado siempre me parece modélica la programación y el nivel del Auditorio.

 

 

¿Qué nos recomendaría para estos días, qué libro, qué disco, qué serie de televisión...?

Discos: ‘La hora roja’ de Joaquín Pardinilla.  ‘Blue Jeans’ de Bigott.

‘Jasmine’ de Keith Jarrett y Charlie Haden. Libros: ‘El día de mañana’ de Ignacio Martínez de Pisón y un clásico de siempre que han reeditado ‘Antología de Spoon River’ de Edgar Lee Masters. De televisión un programa que me gusta es ‘Oregón TV’.

 

 

 

¿Qué ocurre entre la jota y usted?

Es muy difícil proteger aquello que no se ama. Me parece perfecto su recuperación y su lugar. Pero me parece desmedida  su utilización actual. Como dice el refrán puede haber amores que matan.

 

 

¿Recuerda algún pregón especial?

Sin duda alguna fue el de José Antonio Labordeta con toda la Plaza del Pilar cantando. Fue muy emocionante su entrega, pues en ese momento ya estaba muy herido.

 

¿Cuáles serían las dos o tres mejores anécdotas que ha vivido?

Por encima de todas ellas, el día  que me nombraron hijo predilecto de la ciudad. Fue muy potente y emotivo para mí. Y la exposición retrospectiva que hice en la Lonja ‘La ciudad, el amor y los sueños’, rodeado de amigos y del calor de muchísima gente. Hay otro momento menos solemne pero no menos hirviente. Una noche, a mitad de los 80, decidimos ir al Oasis, cuando todavía era sala de fiestas. Estaba a reventar y no quedaban más que dos o tres plazas casi debajo del escenario en primerísima línea. Las reinas del espectáculo eran Regina dos Santos y La Maña. Tan cerca estábamos que la Maña se fijó en mí (no por mi galanura sino porque llevaba una camisa a rayas de colores muy vistosa) que le sirvió para fijar su mirada y emplearme como  hilo conductor de toda su actuación. No me dejó vivir en dos horas. El premio final era hacerse una foto con ella en el escenario tocándole las tetas entre los gritos y la algarabía encendida de toda la sala. Guardo la foto.

 

 

¿Quién ha sido el gran personaje de sus Pilares?

Paco Camino fue un torero que en mi niñez admiré muchísimo y me emocionaba mucho verle torear. Lo recuerdo una tarde pasando a mi lado con su traje de alpaca azul grisáceo yendo a visitar al maestro Benito Simón, autor de su pasodoble.

 

 

¿Cómo ve, cómo le emociona Zaragoza?

Hay muchas Zaragozas, pero la que yo amo es la que me anima a pintar, la de la luz cegadora, la que se enorgullece de sí para ofrecerse, la sabia, la que supo sumar las tres culturas, la que no se aletarga ni adormece y a la que le cae la noche solo para ser cobijo de amantes y no refugio artero de la imbecilidad, la intolerancia y la incultura.

 

*La foto, en el estudio de Jorge Gay, la realizó Carlos Pérez Morales, autor de una espléndida serie sobre el pintor. www.carlosperezmorales.com

 

 

 

ALBERTO JODRA MARCOS: UN DIÁLOGO

EL CORAZÓN DE LA FIESTA / 4

 

 

ALBERTO JODRA MARCOS. Escritor

 

“Me dejo atrapar por la alegría de todos”

 

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Alberto Jodra Marcos (Zaragoza, 1971), nació y creció en el Barrio de las Delicias. Es Licenciado en Filosofía y Letras y escritor. Trabaja en cooperación internacional. Mañana presenta su primera novela, ‘El aroma de la pólvora’ (Edhasa / Castalia. Premio Tiflos), de textura barroca y sabor a odiseas marinas, próxima al mundo poético de Alejo Carpentier o Álvaro Mutis. [Esta entrevista aparecía ayer en Heraldo.es. Hoy, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, presenta su novela.

-“Pase, por favor, y siéntese junto al fuego”. Así arranca su novela ‘El aroma de la pólvora’. ¿Qué quería contar?

Es una historia de nostalgias por las glorias pasadas y de duelo por los errores cometidos, así que convenía un disfraz de narrativa oral. El propio título alude al recuerdo de algo que ya no está presente pero que lo impregna todo.

 

 

-Dos hombres juegan al ajedrez en un palacio y de repente llega una mujer, Venecia, bellísima. ¡Eso sí que parece una fiesta! ¿Suceden esas cosas en la vida real?

Yo quiero pensar que sí, la vida está llena de momentos sublimes, pero hay que tener la habilidad de reconocerlos a tiempo y disfrutarlos en vivo para después recordarlos como merecen.

 

 

-¿Qué supone para usted esta novela, publicada en Edhasa, que ha ganado el Premio Tiflos?

Desde el plano personal es una recompensa enorme a la emoción de soñar y narrar una historia, especialmente cuando lo haces robándole el tiempo a otras muchas cosas. Desde el punto de vista literario, lo cierto es que aún no lo sé. Espero que alimente al menos cierta expectación y me sirva para abrir nuevas puertas con el siguiente libro.

 

 

-La presenta mañana miércoles, durante las fiestas del Pilar.

Así es, aprovechando que la ciudad tiene la piel más sensible a la cultura y a los sueños. Yo resido en Colombia, y puestos a buscar una fecha para regresar y presentar el libro, no hay mejor que esta, que me permite además disfrutar de lo que la ciudad quiera ofrecerme.

 

 

-¿Existe alguna razón para poner una bomba en la Basílica del Pilar?

No hay razones para poner una bomba en ninguna parte, siempre hay otros caminos para hacerse oír.

 

-¿Qué significa el Pilar para usted?

Alguien dijo alguna vez que la única y verdadera patria es la infancia, y estoy de acuerdo. Las fiestas del Pilar son patrimonio íntimo de mi infancia y de los años vertiginosos de la juventud,  y volver a ellas es como reverdecer gran parte de esa memoria. Es un gusto además ver como la gente de Zaragoza se entrega a lo que ofrezca la calle, por más que la climatología no siempre acompañe.

 

-¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Me gusta esa disposición de ánimo por comerse la ciudad, por enamorarse del primero que pase y reírse en compañía. Lo peor es que también se acaba, y después toca apretar los dientes y sobrevivir al invierno.  

 

¿A qué recuerdos están asociados estos días?

Tengo un recuerdo muy nítido del vértigo atrayente que me producían los Cabezudos, una mezcla intensa de terror y de fascinación magnética que me dejaba paralizado. Quería huir de ellos, pero al tiempo quería seguir allí, tentando al peligro. De los años de juventud tengo recuerdos mucho más deformados, consecuencia sin duda de los excesos etílicos que vivíamos en las calles Zumalacárregui y Moncasi. La memoria está llena de anécdotas, pero en algunos casos me temo que no distingo bien entre ficción y realidad. 

 

¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?

Cuando era adolescente me encantaban los conciertos de Interpeñas, había una sensación de pertenencia a algo cuando asistías a un concierto de aquellos grupos que escuchabas en los bares el resto del año. Ahora me dejo atrapar por la alegría de todos.

 

Si tuviera que explicarle a un foráneo las claves de las fiestas, ¿qué le diría?

Mi consejo siempre es que se dejen llevar por lo que la calle ofrece, que no se asusten si llueve, hace frío o sopla un viento del demonio, que la brújula se vuelva loca y cada cual aterrice donde encuentre pista libre.  Las fiestas no siguen un guión concreto, sino que se escribe al capricho de zaragozanos y visitantes. 

 

¿Son estas fiestas tiempo de tapeo, de buena gastronomía?

No hay nada que me emocione tanto como hacer un recorrido de taberna en taberna, bebiendo vino y dejándome seducir por un mostrador de tapas. La zona del Tubo es de visita obligada, y si alguien tiene que buscarme estos días, que empiece por allí. 

 

¿Qué le sugiere la Ofrenda?

No pertenezco al colectivo de zaragozanos que disfruta las fiestas en torno a los actos religiosos o a la ofrenda en sí.  La respeto como patrimonio cultural de la ciudad, y siempre emociona ver la plaza del Pilar abarrotada de gente y de flores, pero no he participado nunca. Las fiestas del Pilar ofrecen oportunidades a todo tipo de espíritu lúdico y de sensibilidades, y ahí reside su grandeza. 

 

Has situado tu libro en un pueblo pesquero. ¿Le parece que Zaragoza es una ciudad literaria?

Por supuesto, Zaragoza tiene una historia y un encanto que puede rivalizar con cualquier otro escenario. De hecho estoy trabajando en una nueva novela que transcurre en buena parte durante los años 20 en la ciudad, cuando la vida ciudadana se ve sacudida tanto por los avatares del progreso industrial como por la respuesta anarquista a la desigualdad social. Hay infinidad de temas para escoger, como corresponde a una ciudad que tiene una identidad tan marcada como cruce de caminos. 

 

 

¿Qué nos recomendaría para estos días, qué libro, qué serie de televisión...?

En cuanto a libros, me gustó mucho la novela de Jesus Carrasco, ‘Intemperie’, un libro breve pero contundente, ideal para una tarde de lluvia o un vuelo transoceánico. ¿Series? Soy seguidor de unas cuantas, destacaría ‘Boardwalk Empire’ por la cuidadosa puesta en escena y el trabajo de Steve Buscemi.

 

 

¿Qué tal se lleva con la jota?

Pues sinceramente no nos llevamos mucho, la verdad. Mi madre se empeñó en llevarme a unas clases cuando era un crio, pero no pasé del punta tacón, un dos tres.  

 

¿Recuerda algún pregón especial, algún pregonero?

Recuerdo un pregón de Víctor Fernández, creo que fue después de ganar la Recopa, y entonces sentíamos que el Real Zaragoza era el mejor equipo del mundo. Las cosas han cambiado un poco desde entonces, ¿no?

 

¿Quién ha sido el gran personaje de tus Pilares?

No sabría decir un personaje en concreto. Si recuerdo con especial nostalgia un concierto de Barricada en el antiguo matadero de Miguel Servet, fue memorable. No me preguntes que año, entonces las fechas no importaban. 

 

¿Qué le parece el cartel de este año?

Me gusta, atrae la mirada y llama la atención, lo que es sin duda el propósito principal de un cartel de fiestas. Una apuesta sugerente y rompedora respecto a otros años.  

 

*He tomado la foto de Alberto Jodra de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-2042643f4beca213c9d3b4c3cd0770e9.jpg

 

 

RAFAEL NAVARRO: UN DIÁLOGO...

[Rafael Navarro Galarraga acaba de ganar el Premio Aragón-Goya 2013. En 2004, con motivo de otro nacional, le hice esta entrevista. Hemos conversado muchas veces, pero esta entrevista explica muchas cosas del artista.]

 

Foto de Carlos Moncín. De Heraldo de Aragón.

Fotografía / Rafael Navarro (Zaragoza, 1940) acaba de recibir el Premio Nacional de la Confederación Española de Fotografía. Se trata de uno de los grandes fotógrafos de Aragón, cuya obra está recogida en varios libros como “Dípticos”, “Las formas del cuerpo” o “Rafael Navarro” de La Fábrica / Caja Madrid, 2002.

 

“Soy un fotógrafo lírico que habla sin utilizar

palabras desde el arte de la sugerencia”

 

 

-No seré nada original. ¿Le perturba, le emociona o le enorgullece este Premio Nacional de la Confederación Española de Fotografía?

-Todo a la vez. Es un reconocimiento de los clubes de fotógrafos amateurs, que dicho así suena un poco peyorativo, pero en realidad son los auténticos enamorados de la fotografía, aquéllos que practican la fotografía porque la aman. No he pertenecido demasiado a ese mundo, aunque sí debo reconocer que la Sociedad Fotográfica de Zaragoza me ayudó mucho. Crecí en ella, la presidí durante algún tiempo y luego decidí dejar el cargo porque soy partidario de ceder el paso a las nuevas generaciones… Además, no iba en esa línea.

-¿Cuál era su línea: la de fotógrafo-artista?

-Sí, la de artista plástico que se expresa mediante la fotografía. Pero empecé haciendo un poco de todo: tomé fotos del teatro y realicé reportajes del mundo del motor: coches y motos, algo que me gustaba mucho.

-Y de ahí, ya dio el salto hacia el cuerpo…

-Más que hacia el cuerpo, en concreto, hacia la fotografía de autor, que es el intento de crear una imagen o de fabricar un objeto artístico, lo más personal posible, a través del cual transmites tus emociones, tus sentimientos, tus ideas.

-Insisto, desde muy pronto el cuerpo humano se convirtió en su obsesión.

-Aunque le parezca mentira, eso no es exacto. El cuerpo humano ocupa el 50 % de mi trabajo de 30 años. Y el otro 50 % son paisajes, composiciones diferentes, texturas, volúmenes, luces y sombras. Es cierto, que con el cuerpo de mujer me siento muy cómodo: es el que más me gusta y es el vehículo que utilizo como elemento esencial para transmitir mis sensaciones.

-En su obra, siempre aparece rodeado de una pulsión estética inequívoca.

-Me gusta la belleza, el orden, la armonía, y a veces de manera natural tengo que luchar contra mi inclinación hacia todo eso. Tiendo a equilibrar los valores compositivos, y a veces mis fotos pierden frescura y pueden dar la sensación de que están manipuladas, o de que he intervenido en el positivo. Y no es así. Soy un maniático del orden, de la estética, resulto casi impertinente y eso se nota, pero me dejo guiar por la intuición… Soy de los que piensa que las fotos hay que hacerlas con la cámara. Luego, yo trabajo en la ampliadora y mi mujer,  Maite, colabora con los caldos. Podemos hacer ampliaciones de hasta 50 x 60.

-También se ve que usted trabaja por ciclos que parecen repetirse. Por ejemplo, “Ellas”…

-Es cierto, trabajo dentro de una gran espiral, como la vida, y eso quiere decir que vuelvo a pasar por lugares similares. Y a veces, sí, puede dar esa sensación de que me repito, pero eso no me preocupa. Intento ser sincero con mis emociones y no me preocupo en exceso de esa impresión. De todos modos, a lo largo de 30 años sólo he firmado 400 fotos, es decir, casi salgo a una por mes. En el fondo, es una producción lenta.

-Una de sus series más famosas son sus “Dípticos”.

-Es un trabajo que duró de 1978 a 1985. Son siete años, y sólo hice 69 fotos. No crea que hice muchas más, tal vez 40, que se quedaron fuera del proyecto. Las tiré con una cámara de placas de 13 x 18, y son fotos muy preparadas: de composición, de tema, de luz. La elaboración es tan costosa que cuando disparas, ya sabes que te van a servir. Yo usé los “Dípticos” de manera vertical, superponiendo dos tomas distintas y así creaba una nueva realidad, y también un nuevo contexto, algo que siempre me ha obsesionado.

-Hablemos de sus desnudos, uno de los géneros fotográficos por excelencia.

-En ellos, me preocupa mucho el control de la luz. La foto es luz. Sus efectos, sus sombras, sus texturas, siempre trato de sacar los poros, los pelillos, las rugosidades, el movimiento, y a veces se convierten en puros paisajes. Son desnudos, claro, pero también son otra cosa, formas que me emocionan y con las que intento trascender el hecho de que lo ve el espectador es un cuerpo. La voluptuosidad no sólo está en el cuerpo. Hace poco hice un viaje familiar a Túnez, y hubo un momento en que me marché solo con la cámara al desierto. Y vi curvas, texturas y formas de la arena que son igualmente voluptuosas o eróticas que un cuerpo. Igual sucede con las ondulaciones del agua. La propia forma es voluptuosa.

-¿Y esa carga erótica constante?

-Me gusta jugar con la ambigüedad: intento mezclar la abstracción con la evidencia porque es eso lo que más me interesa de la imagen. La mezcla de elementos y de puntos de vista es lo más sugerente. Creo que soy un fotógrafo lírico que habla sin utilizar palabras del arte de la sugerencia, y con la imagen busco un concepto más sutil y poético que la propia palabra.

-Es decir, abstracto, conceptual o lírico, lo que busca es la comunicación.

-Desde luego. La fotografía es mi lenguaje. Soy muy tímido y la foto ha sido una eficaz válvula de escape y de comunicación. De todos modos, no suelo aceptar ninguna foto de encargo con fecha fija. Padezco el pánico del creador. Recuerdo que el actor Carlos Lemos confesaba que en sus inicios tenía miedo, que se le pasaba sobre el escenario. Ya veterano, confesaba: “Ahora ya no tengo miedo, tengo terror”. Me sucede lo mismo. Te exiges cada vez más.

-Hablemos de sus fotógrafos de referencia. Por ejemplo, Manuel Álvarez Bravo.

-Me gusta mucho por su frescura y por su ternura. Lo conocí, tuvimos una relación breve y hacía el cariñoso esfuerzo de colocarme a su altura. Era maravilloso. Cambiamos uno de mis “Dípticos” por “La buena fama durmiendo”, aquella foto de una mujer tendida, con vendajes, con su pubis ofrecido al sol.

-¿Arnold Newman?

-Me interesa mucho. Es un maravilloso retratista, como Richard Avedon, como August Sander. Aunque yo no he hecho retratos porque no me he atrevido a profundizar en esa faceta. También me gusta mucho Man Ray, es difícil hacer algo y no encontrarte en algún momento con él, con su magisterio; y Edward Weston, o Harry Callaghan, por la limpidez de sus imágenes. Creo que en mi obra es visible una influencia de la fotografía oriental, especialmente la japonesa.

-Hablemos de política cultural.

-Qué le voy a decir. En Zaragoza y en Aragón estamos en precario. Zaragoza por no tener no tiene ni una Facultad de Bellas Artes. Y necesitamos un Museo de Arte Contemporáneo que tenga un buen departamento de fotografía que trabaje en la difusión, edición y promoción de los fotógrafos: de los clásicos, de los intermedios como nosotros o de los más jóvenes.

-¿Qué proyectos tiene nuestro fotógrafo más internacional, junto a Pedro Avellaned?

-Preparo una colección de fotos sobre el mar en la Costa de la Muerte, serán cinco o seis piezas de 2.5 metros de ancho por uno de alto. Y también preparo un proyecto sobre texturas metálicas. Actualmente estoy exponiendo en la muestra “Agua al desnudo” de la Fundación Canal en Madrid, en una colectiva con Juan Manuel Castro Prieto, Tony Catany, Joan Fontcuberta, Cristina García Rodero, Alberto García-Alix, David Jiménez, Chema Madoz, Isabel Muñoz, José Manuel Navia, Carlos Pérez Siquier y Jorge Rueda.

CONGRESO DEL LIBRO ELECTRÓNICO

El Congreso del Libro Electrónico abordará los temas de mayor interés para el sector editorial Barbastro será el lugar de encuentro de los especialistas del ebook los días 24 y 25 de octubre

Alrededor de 40 ponentes analizarán en el Congreso del Libro Electrónico, que se celebrará en Barbastro los días 24 y 25 de octubre, los principales retos a los que se enfrenta el sector editorial. El libro electrónico propicia un cambio en el ecosistema de la edición y hace que los profesionales precisen un foro donde puedan compartir experiencias y conocer de primera mano las experiencias e innovaciones que se están llevando a cabo.
En la primera mesa de debate del congreso, Entre dos tierras: inmersos en la transición, conducida por el escritor y traductor Daniel Gascón, Donatella Lanuzzi  (editora de Gallo Nero), Jorge Carrión (escritor) y Carlos García Santa Cecilia (periodista y escritor), serán los encargados de explicar cómo afrontan los profesionales la convivencia de la edición electrónica con la tradicional.
Roger Domingo, director editorial de los sellos de empresa de Planeta, será el encargado de moderar la conversación entre Ernest Folch (Ediciones B) y Luis Solano (Ediciones del Asteroide) sobre Fijación de precios, uno de los aspectos fundamentales para la industria editorial. Mientras los lectores consideran que deben ser mucho más baratos porque desaparecen casi en su totalidad los gastos de impresión y distribución, algunos editores mantienen que el sector editorial no se puede mantener con precios inferiores a 10 euros.
La popularización de la edición electrónica y las plataformas de distribución en Internet han favorecido que los autores publiquen directamente sus obras. Para algunos, estamos viviendo la edad de oro de la autoedición. Para muchos autores, la autoedición es el camino para conseguir que sus obras lleguen a los lectores. Juan Gómez Jurado, Gabriel Rodenas y Manel Loureiro serán los encargados de analizar el boom de la autoedición en ¿Autor o editor? La autoedición como alternativa.
En la era de las pantallas, el libro electrónico se convierte en un recurso imprescindible en las aulas.  El ebook irrumpe en un panorama de cambio donde las nuevas tecnologías transforman el proceso de enseñanza-aprendizaje y los nativos digitales comienzan a formar parte de todas las enseñanzas del sistema educativo en España. Por otra parte, como señala un reciente estudio sobre el ecosistema del libro electrónico universitario, publicado por UNED, “aunque los libros electrónicos no son completamente nuevos en el ámbito académico, la aparición de modelos de negocio y sistemas de publicación vinculados con innovaciones recientes han propiciado una reestructuración de los eslabones clásicos de la cadena de valor editorial”. Los encargados de analizar la situación de El ebook en las aulas serán Daniel Torres Mancera, director del CSEV (Centro Superior para la Enseñanza Virtual), Luis González Martín (director general adjunto de la Fundación Sánchez Ruipérez), Herminia Calero Egido (directora Editorial UNED) y Pedro Rújula (director de Prensas de la Universidad de Zaragoza). Carlos Gómez, director del Centro de la UNED de Barbastro, realizará la introducción y moderará la mesa de debate.
¿Qué estrategias siguen las editoriales para comunicarse con los lectores a través de Twitter y Facebook? Para analizar la Mercadotecnia editorial en las redes sociales, Jaime Armengol, director de El Periódico de Aragón, conversará con Carlos Yter (responsable desarrollo digital de Planetadelibros.com), Arantxa Mellado (Actualidad Editorial) e Iría Álvarez (responsable de desarrollo digital de Prisa Ediciones/Santillana).
Juan Manuel Cruz, presidente de CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, que reúne a más de 1.600 librerías en toda España; la escritora y analista digital Neus Arqués, y Miguel Aguilar, editor de Debate, intervendrán en la ponencia La nueva cadena de valor para el sector editorial, que moderará la periodista Paula Corroto (EnCubierta y ElDiario.es). La irrupción de los ebooks en el mercado editorial ha producido un proceso de transformación y ajuste en el que hoy está inmerso el sector. En esta ponencia, se analizarán esos cambios sustanciales y se intentará vislumbrar aquellos que están por llegar; desde la perspectiva de los diferentes actores de la cadena: los libreros, las editoriales y los escritores y creadores de contenido.
El día 25, la mesa de trabajo sobre Tecnología para la edición de libros electrónicos reunirá a creadores de ebooks como Pablo Barrio (editor de Ganso y Pulpo), Jaume Balmes (editor y grafista), Valentín Pérez (servicios editoriales y editor de Minobitia) y Emiliano Molina (Cuadratin, diseño editorial). Darío Pescador, consultor y blogger, realizará la introducción y conducirá el debate.
El periodista especializado en tecnología Albert Cuesta (Canal PDA, Diari Ara, La Vanguardia) realizará la introducción a El papel de las tabletas, donde Luis Collado (Google), Koro Castellano (Amazon) y Xavier Sola (Tagus, Casa del Libro) presentarán los últimos dispositivos de lectura. Hablarán sobre las innovaciones que se esperan en los próximos ‘readers’ y en las plataformas de distribución.
El escritor y periodista Antón Castro participará junto a Diego Moreno (editor de Nórdica), Jordi Pérez Colomé (periodista y escritor) y Manuel Vilas (escritor), en la tertulia sobre El futuro del libro.
Antes de la clausura, Javier Celaya (escritor, conferenciante y fundador de Dosdoce.com, un portal especializado en detectar y analizar tendencias relacionadas con el mundo de la comunicación y las nuevas tecnologías) impartirá la conferencia Visión 20/20: Tendencias digitales en el mundo del libro.
Inscripciones
Las inscripciones al congreso se pueden realizar a través de la página http://congresoebook.dphuesca.es. El precio de la inscripción es de 30 euros y tienen una reducción del 50% los desempleados, estudiantes universitarios y socios de la Asociación Provincial de Librerías de Huesca y de CEGAL.
Editoriales, escritores, nuevas empresas de edición, autoeditores, plataformas de venta de ebooks, correctores, traductores, fabricantes de dispositivos, emprendimientos innovadores para comercialización, librerías, bibliotecas y, especialmente, el mundo de la educación, son algunos de los públicos a los que se dirigirá el primer congreso nacional de ebooks que se realiza en España. Este foro propiciará especialmente el conocimiento personal y el contacto entre los profesionales del  sector.
El primer Congreso del Libro Electrónico se celebrará en Barbastro, Huesca, los días 24 y 25 de octubre. Organizado por la Diputación Provincial de Huesca, cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barbastro, la Asociación Provincial de Librerías de Huesca, la Universidad de Zaragoza, Viajes Barceló, Gran Hotel de Barbastro y Veintiocho Estudio Creativo, Casadellibro.es y UNE (Unión de Editoriales Universitarias Españolas).

Para ampliar información o concertar entrevistas: congresoebook@dph.es

 

*Fernando García Mongay, director del Congreso de Libro Electrónico.

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SINÉAD O'CONNOR EN ZARAGOZA

[Recibo este correo de Sergio Casado: “Te mando el artículo que apareció hoy en el fanzine SOYUZ sobre Sinéad O´Connor, por si quieres reproducirlo en tu blog a propósito del concierto de este miércoles en Zaragoza.
Va en documento adjunto. Y un video donde se plasma la categoría de la irlandesa: http://www.youtube.com/watch?v=9kMO97yA1xU
Un abrazo, Sergio Casado”. ]


Sinéad O´Connor, voz curativa


Por Sergio CASADO


 “El sistema golpea a las mujeres que alzan su voz”.
(Sinéad O´Connor)


De nuevo me pongo a buscar datos, información sobre lo que representa Sinéad O´Connor para mí, lo que significó. La irlandesa ladronzuela que se escapaba, que vagabundeaba por las calles escapando de un hogar que no lo era, tuvo la suerte de que un ángel de la guarda le regalara una guitarra, y su piel mutó de ladrozuela a camarera que además de serlo ya piensa en mutar de nuevo y convertirse en cantante por pubs y pequeños garitos.
 
Y Sinéad O´Connor, mientras, bebe de pop, reggae, standards, folk, rock, protesta, y cuando las cosas no funcionan, con sus auriculares, se da cuenta que escuchando música se calma, se encuentra mejor cuando sus terrores, sus fantasmas, la rodean y la maltratan. Poco a poco busca el propósito fundamental, ser una mujer libre, autodidacta, que duda de todo. La mujer libre se despelleja, de nuevo, muta continuamente, porque la vieja piel no le satisface, no la complace, no la completa. No le gusta lo que ve y lo denuncia y como odia las mentiras, los mentirosos la odian a ella.
 
Pero a veces la Irlanda sucia y esquzofrénica, la ataca con ferocidad y ella no puede con ello, y la música curativa, la suya propia, la que ella crea, y también la que escucha, no es suficiente para salvarla y los fantasmas la acercan al precipicio. Pero no consiguen, no consiguieron, en esas varias ocasiones, en que el Absurdo se manifestó abiertamente, arrojarla al precipicio y que desapareciera.
 
Siguió mutando en múltiples formas, la Sinéad feroz de “Troy”, la colaboradora constante con músicos de todos los ámbitos, la Sinéad mística, la Sinéad bisexual, la Sinéad de los standards en “Am I not your girl?”, la Sinéad poseída de “You made me the thief of your heart”, la Sinéad rasta y jamaicana o la Sinéad folkie de “Oro se do bheatha ´bhaile”: “ Esta canción refleja cómo recobra cada mujer su poder, tras haberlo perdido ante una fuerza invasora. Hace honor al espíritu guerrero, feminino y al derecho que tienen las mujeres de ser honestas y sinceras consigo mismas a pesar de lo que el mundo dictamina que deban ser”.
 
Sinéad seguirá mutando, recortará de nuevo el pelo o lo dejará largo, desvalida, enfadada, serena, rota, suicida, reconstruida, sufridora, compasiva, y la pequeña ladronzuela seguirá cambiando su piel hasta que ella misma desaparezca y sólo quede su música curativa.
 
Sinéad O´Connor actúa en Zaragoza el 9 de Octubre de 2013.

 

Tomo las fotos de aquí:

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