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Antón Castro

DAVID TRUEBA EN ESTADO DE GRACIA

 

David Trueba siempre me ha parecido algo más que un cineasta o un escritor, algo más que un guionista o un estupendo articulista: es alguien que tiene una mirada singular, una forma de ver el mundo muy libre. Alguien que piensa y siente sin complejos, hasta el fondo, hasta quemarse allá donde hierven las contradicciones. Siempre se ha definido como un joven viejo, alguien que aprendía de Julio Alejandro, de Rafael Azcona, de su hermano Fernando, de García Sánchez. Ahora es un hombre en plenitud que se reconoce en los jóvenes.

Acaba de estrenarse su película ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’, una pieza rebosante de sensibilidad, de ingenio, chispeante y contenida a la vez, una exaltación de la vida, del conocimiento, de la ternura y de esos viajes o de esas aventuras de las que uno no sale indemne. ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ es una película con embeleso. Como un oasis. La historia de un profesor de inglés que quiere conocer a John Lennon, que rueda en Almería, y en ese viaje cuenta con dos compañeros inesperados: una joven embarazada y un chico que acaba de irse de casa. Ambos están acosados por la incertidumbre y el miedo. Todo está bellamente administrado a lo largo de un guión medido, tocado aquí y allá de golpes de humor, de plasticidad, de una ternura inefable. Y especialmente de cine. Cine vital. Cine como la existencia. Cine donde hablan los guiños, el paisaje, los movimientos de cámara, los ojos, los suavísimos gestos, los objetos y los papeles y las pintadas de las paredes. Hacía tiempo que no me daba tanta pena que se terminara la película: no perdemos la sonrisa o la risa ni por un instante.

Es cine no tanto feliz como cine en pos de la felicidad. La película cuenta la España de entonces, cuenta los sueños de entonces, cuenta un método para aprender inglés, y habla de soledades, de melancolía, de complicidad constante con los de abajo, y habla del nacimiento del deseo, de la amistad. El reparto está maravilloso (Javier Cámara, Francesc Colomer, Natalia de Molina, Ramon Fontseré...), ese coche Seat 850 se transforma en un personaje más y a la vez la película habla de sentimientos, de emociones, de ese instante decisivo donde crecemos de súbito en apenas 48 horas. David Trueba siempre fue un cineasta seguro, audaz, más allá del éxito, y aquí rueda y cuenta en estado de gracia.

Intervienen dos 'actores' aragoneses en un cameo: Pepe Melero, que hace de locutor, al modo de José Luis Barcelona, e Ismael Grasa, que es aquí un 'Ginecólogo perverso' y todo un icono, de secundarios, de David Trueba.

LA MINA Y LA MUERTE. PLÁCIDO DÍEZ


[Plácido Díez acaba de vivir una de esas circunstancias desagradables y durísimas: después de 17 años en Radio Zaragoza-Cadena Ser se ha visto obligado al adiós. Pese a ello, su compromiso con la actualidad y la información le ha llevado a seguir ahí, al pie del cañón, contando lo que pasa, esclareciendo el dolor y las claves de lo que sucede. Anoche me mandaba este artículo. Es un placer publicarlo aquí en mi blog.]


EL MIEDO INNATO A LA MUERTE

Plácido Díez

Decía el alcalde de Pola de Gordón, Francisco Castañón, que “el miedo a la muerte es algo innato en el minero, eso genera solidaridad”. Quizá por eso llama la atención que en la capital de la comarca de Gordón, con menos de cuatro mil habitantes, existan dos tanatorios. El viejo tanatorio en el centro del pueblo, cerca del río Bernesga y no lejos de la plaza del Ayuntamiento, y el nuevo en el polígono industrial, detrás de una gasolinera.
 
Como llama la atención la tristeza que, antes de la tragedia de ayer, ya se había apoderado de un municipio que en los veranos de los setenta era un hervidero de vida y de marcha discotequera, siempre lo asocio a la música de “la pequeña chica 74 es una mujer y es una niña, y a mí me va….”, y que ya contaba con una enorme piscina de agua gélida con trampolín.

En la Montaña central leonesa, camino de Asturias, por encima de los mil metros de altitud, coexisten la belleza y la magia de la naturaleza, de las peñas, de los riscos, del encajonamiento, con el dolor y el sufrimiento enraizado históricamente con la Revolución de Asturias, con la guerra civil y la durísima represión posterior, y simbolizado en funerales en pleno siglo XXI en los que algunas mujeres aún cubren sus rostros con velos negros y en los cementerios de profundos panteones, integrados en la montaña, camino de hayedos mágicos como el de Ciñera de Gordón, el faedo, en la ruta hacia las cuevas de Valporquero.
 
Son detalles que percibe el visitante que, hace tres semanas, regresó a la tierra de su padre para despedir a una de las hermanas que aún quedaban vivas. Visitante que lo primero que se sorprende es con las grandes esquelas colocadas en lugares estratégicos con el nombre de todos los hermanos de aquellas familias numerosas de principios del siglo XX. Los fallecidos, como su padre, Lucas, con una crucecita negra entre paréntesis.
 
Se sorprende menos con el delicioso cocido leonés que come con sus acompañantes en el “Mesón Miguel” y con los pósters y el ambiente mayoritariamente madridista. Desde niños, aprenden a convivir con el trabajo duro, con la épica del viaje al centro de la tierra, de la hulla que se extrae a más de seiscientos metros de profundidad, y también con la muerte que propaga el “enemigo silencioso”, el grisú, el gas metano que antes se detectaba con el jilguero enjaulado y que ahora se detecta con medidores, y se combate con ventilación y máscaras, pero que aún así continúa haciendo estragos llevándose de golpe siete vidas de entre 35 y 45 años de una actividad que se extingue lentamente –de los 51.000 mineros del carbón de hace 30 años se ha pasado a poco más de cinco mil- pero que es el principal medio de vida y la gran seña de identidad de la Montaña Central leonesa. La de Llombera de Gordón es la mayor tragedia de la minería española durante los últimos 18 años.
 
Paradojas de la vida, el pozo en el que fallecieron asfixiados los siete jóvenes se denomina “Emilio del Valle”, el empresario leonés que en 1942 compró la “Hullera Vasco-Leonesa” a los empresarios bilbaínos que la habían fundado en 1893 y que habían impulsado un ferrocarril desde La Robla hasta Bilbao para alimentar la siderurgia vasca. Paradojas de la vida, muy cerca de estas tierras de sufrimiento, dignidad y gentes curtidas en la lucha y en las emociones más primarias, nació el hombre más rico de España y uno de los más ricos del mundo, Amancio Ortega, natural de Busdongo.

Los contrastes y las sorpresas de un medio de largos y fríos inviernos, de truchas en el Bernesga, y de simbolismos como el de la bandeja en el salón de plenos de Pola con una vela, que representaba la luz de los jóvenes prematuramente fallecidos, y una rosa roja simbolizando la sangre derramada, los efectos devastadores del grisú. Mañana, funeral en Santa Lucía a las once de la mañana y desde hoy siete días de luto oficial en Pola y muchos más en la comarca de Gordón, en sus diecisiete núcleos de población, porque los fallecidos pasarán a formar parte de la memoria histórica, que pasa de generación en generación, de una actividad en la que el miedo a la muerte es algo innato. Un riesgo mucho más auténtico, a años luz del que sienten los especuladores financieros y las grandes fortunas que juegan en el casino de la economía mundial pulsando teclas en la red.

 

*He tomado la foto de aquí:

http://media.lavozdegalicia.es/scale.php?i=/default/2013/10/28/00121382980022342312622/Foto/efe_20131028_170335322.jpg&w=465px

ROSA LENTINI: UN POEMA

Rosa Lentini es poeta y editora de Igitur. Acaba de publicar en Bartleby el poemario ‘Tuvimos’, que es un viaje a su propia memoria, al humus del recuerdo, a esos instantes, a veces impresionistas, que se han fijado en la sensibilidad a lo largo del tiempo. Es un libro muy personal, nada anecdótico y a la vez basado en lo que se retiene, en el azar, en la luz del pretérito que brille de nuevo, es un poemario sobre el amor, el tiempo, los libros, la música, el recuerdo del padre, el colegio, casi un mapa de alegorías de lo que ella fue algún día y de lo que sigue siendo. Este es el primer poema del libro.

 

LA  BOCA DE MAHALIA JACKSON

He encontrado mi pasado

escondido en una partícula de saliva

escapada de la boca de Mahalia Jackson

            cuando cantaba:

“This is my faith, this is my light”.

 

Y eran una fe una luz,

antes de que ellos pensaran

tener hijos o hacerles daño,

            antes de que pudieran tenerse

el uno contra el otro.

 

He salido rápido

como un corredor de fondo

acelerando la entrada del parque

            levitando casi a la altura del lago

a grandes zancadas ardientes en la avenida,

            bajo las copas de los árboles en flor,

antes del primer baño juntos,

cuando al otro lado de las alambradas

que ribeteaban el camino, a la espalda

            de los carcomidos bancos de madera listada,

            él salía de entre los setos, el cabello revuelto

y las rodillas arañadas, en las manos

un balón de color calabaza

            y ella intercambiaba con una amiga cromos

            y cotilleos envileciendo en el musgo

            sus cortas calzas de niña.

 

Mi fe      mi luz: una gota de saliva

pasa por el tracto humano

            donde el pasado es engullido.

 

Llamadas y loros como soportes de un juego,

mi fe en su oscuridad,

            ceremonias de un canto de ranas

para atraer a la pareja, y lo que no fue

lo que no llegó a definirse,

como un tallo que crece

            bajo la luz modélica.

 

*Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-5284a7e19109ed42deb4d16a0df3a69d.jpg

EMILIO CASANOVA, EN LA FILMOTECA

EMILIO CASANOVA, EN LA FILMOTECA

 LA FILMOTECA DE ZARAGOZA PROYECTARÁ


LA OBRA DE EMILIO CASANOVA


[Una espléndida noticia: la Filmoteca de Zaragoza, que dirige Leandro Martínez, va a proyectar en cuatro sesiones en noviembre la obra cinematográfica, en vídeo y en formato de televisión de Emilio Casanova, que ha trabajado sobre muchos temas: Ramón Acín, Francisco de Goya, Julio Alejandro, Pablo Gargallo, los Pirineos o sus preciosas ’Estampas’ de tres minutos que emitió Aragón Televisión. Un justo y merecido reconocimiento a un trabajador incansable que ahora, entre otras cosas, coordina y actualiza la página web de la Fundación Ramón y Katia Acín.]
Aquí puede verse la estampa de Julio Alejandro:
http://www.youtube.com/watch?v=MJ5_EGwh-3I
Emilio Casanova en Filmoteca de Zaragoza
 
Sesión 1. Noviembre 8 y 9. Cuatro artistas y cuatro lenguajes.
90’
Sauragramas 26’
Julio Alejandro. Un mar de letras. 24’
Pablo Gargallo. Un mechón de rebeldía. 14’40”
Alfredo Gaudes. Coser y cantar. 23’
 
Sesión 2. Noviembre 15 y 16.
 Le Piano magique. La magia de Chomón 80’
Le piano magique. Jordi Sabatés recrea a Segundo de Chomón.
 
Sesión 3. Noviembre 22 y 23.
Sólo Goya 82’
Goya Pintar hasta perder la cabeza 61’
Goya. El cazador de sombras 14’
Tristes presentimientos 7’
 
Sesión 4. Noviembre 29 y 30.

De fotos, cromos y otros álbumes 80-90’
El Pirineo Revelado 51’37”
Estampas, infraleves y otros por concretar y medir 30’
 
 
Descripción de sesiones
 
Sesión 1.
“Sauragramas”
Programa sobre la obra del pintor Antonio Saura.
26 minutos. BETACAM-SP
© Emilio Casanova, 1.991
Con la colaboración de las Diputaciones de Huesca, Teruel y Zaragoza
. I Premio Documental III Festival de Vídeo de Canarias 1992
.  Seleccionado 3ème BIENNALE INTERNATIONALE DU FILM SUR L’ART.
MNAM Centre Georges Pompidou. París mayo 1992.
. Programa seleccionado por RTVE. PRIXITALIA

(International Competition for Radio and Television Programmes)
 
Pablo Gargallo, un mechón de rebeldía
Diversos audiovisuales para su proyección en las salas del Museo Pablo Gargallo de Zaragoza. 15’
Vídeo digital HD 16:9. © Museo Pablo Gargallo, 2008
 
Julio Alejandro. Un mar de letras
Vídeo digital, 24’. Pal 4:3
Semblanza de Julio Alejandro, escritor y guionista de cine –autor de guiones para Luis Buñuel como Tristana, Viridiana, Nazarín y otras- con entrevistas con Rafael Azcona, Asunción Balaguer, José Luis García Sánchez o Manuel Vicent entre otros.
Audiovisual realizado para la proyección homenaje a J.A. en su centenario Festival Cine de Huesca, 2006
-Premio Documental SCIFE 2006-
© Emilio Casanova, 2006
 
Alfredo Gaudes Munárriz. Coser y cantar
Vídeo digital. 13’. Pal 4:3
El talento de un residente en el Albergue Municipal de Zaragoza
2007
 
 
 
Sesión 2
Le piano magique. Jordi Sabatés recrea a Segundo de Chomón
DVD PAL 16:9
16 films de Segundo de Chomón recreados musicalmente por Jordi Sabatés más diversos materiales audiovisuales.
© Instituo Buñuel/SGAE, 2010
 
 
SESIÓN 3
 
“Goya. Pintar hasta perder la cabeza”
Video ópera, 60 minutos
DIGITAL D-1 Y BETACAM SP
©  Emilio Casanova, 1995
Con la colaboración de Canal Plus España
 
Goya. El cazador de sombras
Vídeo digital HD 16:9 para proyección en salas de Museo 14’
© Museo de Zaragoza, 2007
Tristes presentimientos
Vídeo digital Pal 16:9.
Remontaje de los Desastres de la Guerra con Música de Joaquín Pardinilla
© Emilio Casanova, 2013
 
SESIÓN 4.
El Pirineo revelado
Vídeo digital HD 1920:1080 p. 60’
Documental para televisión sobre el pirineísmo centrado en cuatro fotógrafos: Lucien Briet, Bertrand de Lassus (sus fotógrafos Juan de Parada y Maurice Meys), Juli Soler i Santaló y Ricardo Compairé
© Aragón Televisión – Emilio Casanova 2011 con la colaboración de Diputación de Huesca.
 
 
Infraleves
Vídeo digital varios formatos
Diversos miniprogramas sobre poesía visual con piezas de Marcel Duchamp, haikus japoneses (Bashoo, Sogui, Sokan, Issa.), Octavio Paz, Benedetti, Tablada, Ramón Gómez de la Serna, Pinturas de Velázquez, Vermeer, etc.
(En proceso de producción) ©Emilio Casanova 2013


*La foto de Emilio Casanova es de Lara Albuixech.
 

 

CARLOS CASTÁN DEBUTA EN LA NOVELA

CARLOS CASTÁN DEBUTA EN LA NOVELA

Carlos Castán debuta en la novela

 

Tras cuatro libros de cuentos, el escritor presenta ‘La mala luz’ (Destino), una narración sobre el miedo, la amistad, la obsesión y el crimen

 

[Este texto apareció ayer en ’Heraldo.es]

“Sin lugar a dudas, ‘La mala luz’ es una historia que tiene mucho de recuento, de mirada retrospectiva y a veces amarga sobre lo que uno es o cree haber sido. La muerte –su cercanía, su inminencia- es un buen disparadero para este tipo de reflexiones: a qué distancia estoy de quien quise ser, en qué momento se torció el camino, qué dirían de mí los investigadores y qué diría de mí quien pudiese asomarse de verdad al corazón. Y cuestiones como por qué episodios azarosos y banales se quedan para siempre en lo que sería la película de una vida al tiempo que una masa enorme de millones de acontecimientos, seres y horas se ve absorbida por el olvido”, explica Carlos Castán (Barcelona, 1960), que acaba de publicar su primera novela, tras varios volúmenes de relatos, elogiados por doquier: ‘Frío de vivir’, ‘Museo de la soledad’, ‘Sólo lo de lo perdido’ o ‘Polvo en el neón’, que era un cuento largo y un viaje por la Ruta 66, con fotografías de Dominique Leyva.

‘La mala luz’ cuenta la historia de un hombre, separado y con la sensación de que ha fracasado en la vida, que tiene un gran amigo: Jacobo. Ambos han poseen vidas bastantes paralelas: les apasionan los libros, la música, el arte, las bellas mujeres, y tienden a desmadejar el hilo de la memoria para conocerse mejor y quizá por el puro placer de recordar. Los dos se acaban de mudar a Zaragoza. Y no solo eso: Jacobo y el narrador habitan en un mundo atormentado y tienen la sensación de que “ando muriendo esta noche” o de que habitan “una muerte propia”. Explica el novelista: “Son viejos amigos. Han compartido lecturas y miles de horas de conversación y confidencias. Además, sus vidas han discurrido de forma más o menos paralela y su momento vital, por tanto, sobre el papel no difiere mucho”. Aunque la novela es introspectiva, psicológica y tal vez neorromántica, bastante avanzada la trama ocurre algo que le da un carácter de novela negra, por decirlo así: Jacobo ha sido asesinado en su propia casa. Y ahí aparece el tercer personaje clave: Nadia. No se puede ni se debe desvelar más.

Carlos Castán ha escrito una novela personalísima sobre el dolor, la culpa y la identidad, sobre la relación entre padres e hijos, sobre la melancolía de existir. Y también sobre los amores perdidos y recobrados en el recuerdo. Concluye el narrador, que se ha instalado en Zaragoza tras muchos años de residencia y de clases en Huesca: “Hay un verso del poeta Paul Celan que funciona un poco como lema del libro, ‘estábamos muertos y podíamos respirar’. Creo que, en parte, es un libro sobre la pervivencia de lo que se ha ido, la forma que tienen las cosas de no marcharse del todo: el rastro, las huellas, los vestigios que quedan de lo que ya no está”. No solo Celan está presente en el libro, sino la espiral de evocaciones y de sensaciones de Proust o el mundo, las pasiones y los libros de Marguerite Duras. Quizá otra frase del narrador resuma el espíritu del libro, esa expansión de lo íntimo hacia lo universal y lo histórico: “Toda vida humana encierra en sí misma la historia de su siglo”.

 

‘La mala luz’. Carlos Castán. Destino: Colección Áncora y Delfín. Barcelona, 2013. 227 páginas. [La presentación tuvo lugar ayer viernes, 25 de octubre, en Los Portadores de Sueños. Con la editora Silvia Sesé y el escritor y periodista Sergio del Molino. Esta foto es de Lydia Solans, de su serie 'El guapo de la foto'.]

UNO Y CERO CON TERESA GARBÍ

UNO Y CERO CON TERESA GARBÍ

Nace el sello editorial Uno y Cero Ediciones, en cuya fundación participa una buena amiga, una estupenda escritora como Teresa Tarbí. He aquí el dossier de intenciones y primeros títulos que me envía otro de los fundadores: Emilio Ruiz.

 

 

Uno y Cero Ediciones es una editorial de autores, comprometida con la cultura española y con una actitud política que propicie su regeneración.

 

Concebimos Uno y Cero como una plataforma cultural. No se trata sólo de un negocio. Hemos optado por unos precios mínimos con el fin de ayudar a los posibles lectores a afrontar la crisis.

 

Estamos dispuestos a emprender esta aventura que nos lleva a cambiar el mundo del papel por el formato digital. Ofrecemos nuestros libros en formatos EPUB, AZW3 (Kindle ) y PDF para que se adapten a los gustos y necesidades de cada lector.

 

Vivimos malos tiempos y queremos contribuir a que la lectura, y la libertad que conlleva, no decrezcan. Al contrario: el mundo digital nos abre nuevas posibilidades, sin fronteras, sin necesidad de contar con distribución ni almacenaje.

 

En Uno y Cero Ediciones nos centramos en el ámbito de la cultura española y tratamos de dar voz a jóvenes autores/as y a aquellas personas que hayan tenido dificultad en publicar y tengan una obra de calidad. Además de interesarnos textos inéditos, buscamos preservar obras que hoy en día sean inencontrables en papel.

 

Contamos con seis colecciones:

 

En Narrativa salimos con un texto inédito de Juan Gil-Albert, Un arte de vivir. Hemos querido publicar a un autor de la generación del 27, relevante por su compromiso y por su calidad literaria, como ejemplo de lo que nos interesa en Uno y Cero Ediciones.

 

Un arte de vivir recoge textos similares a los que Juan Gil-Albert llamó Cantos rodados y publicó como Breviarium Vitae, de 1947 hasta 1980.

En Poesía salimos con Mi primer bikini, de Elena Medel y Estancia de Sergio Gaspar, dos textos significativos de la poesía española actual, del fondo de DVD Ediciones, que tanto ha hecho por la Literatura española en estos últimos años.

 

En Ensayo publicamos España contra el Estado, de Ángel López García-Molins, premio Anagrama, con El rumor de los desarraigados. Afronta en su texto la situación crítica que soporta España en el momento presente y aboga por un cambio radical en la estructura del estado.

 

Sirva de ejemplo España contra el Estado de cuál va a ser nuestra política de publicaciones en Ensayo: en sucesivas entregas ofreceremos un diagnóstico científico y objetivo de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta nuestro país. Próximamente publicaremos un ensayo sobre la lengua común y las lenguas minoritarias, y posteriormente otros títulos sobre balanzas fiscales y sobre la situación política en España.

 

En la colección de Cómic sale Wáluk, de Ana Miralles y Emilio Ruiz --la historia de un oso polar que interesará a mayores y pequeños por su compromiso con el medio ambiente y la ecología-- y un ensayo de Jesús García, Yexus, sobre Sergio Toppi.  Pretendemos integrar el mundo del cómic dentro de la literatura y el ensayo. El Cómic debe alcanzar en España el nivel que tiene en Francia o en otros países y no debe ser un ghetto aparte.

 

La colección Académica pretende llenar los huecos que han dejado las grandes editoriales filológicas, ya desaparecidas. Porque consideramos que el mundo de las Humanidades es fundamental para la vida, lucharemos para que ocupe el lugar que le corresponde.

 

La colección Chicos/as se destina a los nuevos lectores, nuestro futuro, y somos conscientes de que ha de ser una colección muy cuidada. En breve publicaremos el primer volumen de una serie, ilustrada por Ana Miralles.

 

MAS INFORMACIÓN: www.unoyceroediciones.com

 

ELOY TIZÓN, UN DIÁLOGO

ELOY TIZÓN, UN DIÁLOGO

 

Eloy Tizón (Madrid, 1964) es un estupendo cuentista, un narrador personal. Autor de libros como ‘Velocidad de los jardines’, uno de esos libros de relatos inolvidables, publica ahora ‘Técnicas de iluminación’, en el sello Páginas de Espuma. Lo presenta esta tarde, a las 20.00, en Cálamo, en compañía de su editor Juan Casamayor y de la escritora y profesora Patricia Esteban Erlés. Hoy publico un amplio resumen de esta entrevista en ‘Heraldo’.

Eloy Tizón es un escritor parsimonioso, no sé si reflexivo. ¿Cómo nacen tus libros? ¿Cómo nace un libro como Técnicas de iluminación?

Nace con mucha paciencia y mucho tesón, eso seguro. El libro es fruto de un trabajo bastante prolongado en el tiempo, durante el cual he ido probando, añadiendo, descartando, hasta llegar al resultado que considero mejor.

 –¿Por qué has elegido ese texto como título? Es un homenaje a ‘El Mago de Oz’, es un cuento sobre los sueños y la vida al otro lado del espejo, un cuento de alguien que espera...

El título del libro, en mi opinión, refleja los dos registros que manejamos cuando escribimos: el lado técnico, artesanal, de la escritura, junto a otro registro de deslumbramiento, instintivo, solar, como queramos llamarlo. Ambos son imprescindibles, pero necesitamos aprender a equilibrarlos, que en lugar de anularse entre sí se potencien.

 

–A veces tus personajes parecen solitarios, excluidos, gente desubicada. Andan y andan... ¿Somos así, son así tus criaturas? 

Por lo general, los personajes inquietos, los que buscan, los que no se conforman y están solos, perdidos y sin brújula, son más atractivos desde el punto de vista literario. No son personajes de una pieza, sino que ofrecen numerosos ángulos: tienen luces y sombras, momentos de éxtasis y flaquezas, complejidades y contradicciones. Todos tenemos mucho de eso, me parece. Yo, al menos, me reconozco bastante en ellos.

 –Este es un libro sobre la luz. Y sin embargo, alguien confiesa: “Todos somos viudos de nuestra propia sombra”. ¿Qué quieres decir?

Es evidente que un libro titulado Técnicas de iluminación, tiene que mirar también a la sombra. Trata de nuestra parte luminosa y de nuestra parte oscura. De los contrastes tan brutales que ofrece la vida. La felicidad y la tristeza. Esos chispazos de humor absurdo que a veces brotan solos en medio de la tragedia, aunque no queramos, y esos otros zarpazos de pena que pueden sobrevenirnos de golpe, sin saber por qué, en medio de una fiesta, rodeados de alegría. Un personaje del libro se lo pregunta: ¿quiénes somos?

—Hay un cuento entre estremecedor y anodino en apariencia que hace pensar en Buzzatti, en Jacobs y ‘La pata de mono’, en Stevenson. Hablo de ‘Ciudad dormitorio’. ¿Cómo nace ese cuento y qué querías abordar ahí?  

Ese relato nace de un sueño. O mejor dicho: se aclara con un sueño. Aunque pueda sonar paradójico, sucedió así. Llevaba tiempo escribiendo algo sobre los suburbios de las grandes ciudades y los trenes de cercanías. Eran páginas de tanteo, sin tener demasiado claro qué quería contar, como suele sucederme con frecuencia. Entonces una noche soñé que yo estaba en el trabajo y mi jefe me convocaba a su despacho. Allí me hacía entrega con mucho secretismo de un paquete con algo dentro, que se movía. Me ordenaba que no lo abriera y que lo hiciera desaparecer cuanto antes, sin explicarme el motivo.

Una vez despierto, uní ambas líneas narrativas, combinando el «naturalismo» de las afueras (que yo conocía bien, por haberlo vivido de primera mano) con esa sensación de amenaza difusa del sueño, del que procuré conservar su atmósfera.

Me alegra que te guste. A mí lo que más me interesa es que sea un relato que comienza en un registro «realista» y poco a poco se desliza hacia un territorio fantasmagórico, mucho más inquietante. Aspiro a escribir historias que empiezan siendo una cosa y terminan siendo otra.

 

–En este cuento, hablas de Luna Park, y hace pensar en Buenos Aires. En otros hablas de Nueva York, de Berlín, de otras ciudades y de ámbitos inhóspitos. ¿En qué medida son importantes o determinantes para ti los lugares?

Lo que me interesa no es tanto dónde transcurren los relatos (en qué «localizaciones» concretas), sino qué les sucede a los personajes. Es cierto que a veces aparecen lugares reales, como Boston o Estocolmo, pero lo hacen de manera bastante estilizada, casi oblicua, huyendo de toda monumentalidad de guía turística. Otras veces mezclo adrede varios emplazamientos: una ciudad grande que no se nombra (podría ser Madrid), pero con el mar cerca. Eso le da una imprecisión sugerente. Por lo general, me basta con transmitir una atmósfera determinada; todas las grandes ciudades se parecen algo entre sí, de modo que basta con saber que la acción transcurre en una ciudad grande o mediana o pequeña. El cine y la televisión han universalizado tanto todo, que con una pincelada leve ya es más que suficiente.

 

–Me ha impresionado mucho ‘Los horarios cambiados’. ¿Con quién vivimos: con la maleta, con la manías de los otros, con la tensión soterrada?

Muchas gracias. Yo creo que convivimos con todo eso. Con el equipaje propio y el ajeno. Con las ganas de amar y el miedo a amar. Con nuestras dudas y las de la pareja. En un hemisferio que a veces coincide con el del otro y a veces no. En resumen: con los horarios cambiados.

–En ese relato hablas mucho de la escritura y del acto de escribir. Coméntame esta frase: “Uno inventa pasiones en una página porque las ha vivido antes o porque quiere vivirlas o para no tener que vivirlas”. ¿Es casi tu poética o una poética general?

Para mí, esos son los tres motores principales que nos llevan a escribir: dejar constancia de algo que nos ha sucedido, o que nos gustaría que nos sucediese, o que no deseamos que nos suceda por nada del mundo, porque nos produce pánico y escribirlo es una forma de exorcizarlo, de mantenerlo lejos. Esto puede aplicarse a mí, pero creo que también a los demás.

–¿Cómo entiendes el cuento?

No tengo una teoría única, o una retícula fija que aplico por sistema. Más bien todo lo contrario. Todo varía de un texto a otro y voy improvisando. Escribir es una forma de explorar, de irse de casa, de salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos a probar cosas nuevas. Da algo de miedo, pero a la vez ese vértigo es lo que nos hace sentir vivos.

 –¿Quiénes son tus referencias, a quién te gusta releer?

Me gustan los autores capaces de alcanzar cierta profundidad emocional. Los que no se amilanan ni se quedan en la superficie de las cosas, en un realismo epidérmico, sino que tienen la valentía de bucear más allá de las apariencias visibles, para tocar un nervio más íntimo. Releo con asombro y placer a Djuna Barnes, a John Cheever, a Clarice Lispector y a muchos otros que trabajan en esas coordenadas. Y también sigo a autores jóvenes como Paul Viejo, Sara Mesa o Patricia Esteban Erlés, entre otros.

–¿Son buenos momentos para el cuento?

Desde el punto de vista de la creatividad, sí, son buenos tiempos. Acaban de salir dos antologías, en Salto de Página y Lengua de Trapo, que recopilan el trabajo de autores menores de treinta años, lo cual demuestra que la vitalidad del relato breve se mantiene e incrementa con las nuevas generaciones. Es algo que debe alegrarnos a todos. Todavía queda mucho por hacer. Hay cuento para rato.

*La primera foto es de Daniel Mordzinski; la segunda es de Páginas de Espuma.

JUAN MARQUÉS EVOCA A FÉLIX ROMEO

JUAN MARQUÉS EVOCA A FÉLIX ROMEO

[Juan Marqués, poeta, crítico, antólogo y agitador cultural aquí y allá con sus suaves maneras, recuerda a Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid 2011) a la luz de la edición de 'Por qué escribo' (Xordica, 2013), esas trescientas largas páginas de artículos de un escritor carismático, de personalidad compleja y múltiples sabidurías. Félix siempre se resistió a publicar en Xordica, una editorial de la que fue un consejero constante; Chusé Raúl Usón le ha publicado dos libros magníficos: 'Todos los besos del mundo', cuya edición preparó con Eva Puyó y 'Por qué escribo', que han seleccionada Eva Puyó e Ismael Grasa. Otra cosa curiosa: qué impactante resulta, cada vez más, la fotografía del Colectivo Anguila, Pedro Hernández e Iván Moreno.]

 

He aquí el artículo y el link.

[EL AUTORRETRATO INVOLUNTARIO DEL GRAN FÉLIX ROMEO]*

Por Juan MARQUÉS

 

http://sumacultural.unir.net/2013101010177/el-por-que-escribo-de-felix-romeo

Homenaje a “uno de los escritores más poderosos y singulares de su generación”

En octubre de 2012, cuando se cumplía el primer año tras la impactante y para muchos devastadora muerte de Félix Romeo, sus amigos Eva Puyó y Chusé Raúl Usón editaron bajo el título de Todos los besos del mundo (Xordica) una selección de sus cuentos dispersos. En mi opinión, la reunión de aquellas narraciones, rescatadas aquí y allá, era muy superior a las dos novelas que el autor publicó en vida, la en muchos sentidos pionera Dibujos animados (Mira Editores, 1994; Plaza y Janés, 1996, y Anagrama, 2001) y ese deliberado disparate titulado Discothèque (Anagrama, 2001), y se convertía así en su mejor libro de narrativa. Ahora, al cumplirse dos años sin Félix, sale a la luz Por qué escribo Zaragoza, Xordica, 2013), en el que la propia Eva Puyó e Ismael Grasa recogen una amplia y equilibradísima muestra de sus artículos, columnas y reseñas, de modo que este volumen vendría a completar una especie de trilogía de no ficción con sus otros dos libros, el ejemplar experimento Amarillo (Plot, 2008) y el ya póstumo pero completo reportaje Noche de los enamorados (Mondadori, 2012). Y de nuevo, aunque éstos sí fueron y siguen siendo títulos magníficos, envolventes, certeros, estremecedores, Por qué escribo no es en ningún sentido inferior a ellos, lo cual da que pensar: que sus libros mejores de sus dos principales líneas de escritura sean precisamente los que no quiso o pudo preparar él demuestra una cierta negligencia al gestionar sus propios asuntos que, desde luego, dice muchísimo a su favor.

Creo, en efecto, que en esta recopilación está el autor que más se parece a ese hombre que conocimos y disfrutamos, con el que tanto aprendimos y tanto nos enfadamos. Pocos libros habrá tan semejantes a su propio creador, pues estos textos le perfilan y retratan más nítidamente que cualquier otro, y expresan lo mejor (y, ocasionalmente, lo menos bueno) de su arrolladora e inolvidable personalidad. Aquí está su estupendo desorden, su imbatible generosidad, su hedonismo cívico, su pasión a veces temeraria, su lúcida incontinencia, sus infatigables obsesiones que a veces le fatigaban... Y, a pesar de que parece ironizar sobre ello en el artículo “Trópicos” (pp. 32-33), latía en él un evidente “peterpanismo” que se traducía, por una parte, en cierta tendencia a una inmadurez que en el fondo era muy consciente y combativa (ese artículo sobre las gominolas -“Chuches”: pp. 185-186-, ese amor por las cartoons que explícitamente articulaba Dibujos animados -pp. 30-31-...) y, por otra, en una colosal resistencia a desprenderse de su enorme y no sé si agobiante caudal de recuerdos infantiles y afectos de juventud, aunque en este libro se puede apreciar cómo con el tiempo supo encajar y aceptar mejor los cambios, las desapariciones, las pérdidas. E incluso, aunque su curiosidad y apetito fueron oceánicos hasta su último día, en varios de los textos finales llega a la precoz e hiperbólica mortificación de reconocerse “viejo” (ver, por ejemplo, el último párrafo de la página 213). Pero afrontaba ese cansancio y esa ocasional melancolía sin retroceder un centímetro en su sobrehumana capacidad de trabajo ni, sobre todo, renunciar a una pizca de su insuperable vocación para el placer y la amistad. “No me gustaría morir”, responde en el “Cuestionario Proust”(p. 224), y en otro sitio habla incluso de su “miedo a los hospitales” (p. 178), de modo que no creo que él, por muy curioso que fuera, hubiese llegado a suscribir la afirmación que lanza el inmortal personaje de J.M. Barrie al entender que también “morir será una aventura apasionante”.

Sea como sea, y a pesar de que en esta selección, sobre todo hacia el final, encontramos un buen número de artículos necrológicos (de Jesús Moncada, Sergio Algora, José Antonio Labordeta, Josefina Aldecoa, Gonzalo Rojas, Ernesto Sábato, Jorge Semprún, Antonio Lobo Diarte...) lo que más abunda, como corresponde al tratarse de Félix Romeo, es la celebración. Fundamentalmente de los libros, nuevos y viejos, y de los sitios donde más le gustó buscar y encontrar libros, viejos y nuevos. Pero también de la comida, de la música, de los tebeos, de las ciudades, de los paseos, del fútbol y, por encima de todo, de los amigos y de los amores, de las conversaciones (y de las polémicas, aunque asegura que “me gustaría dejar de discutir, como si mi cuerpo no pudiera funcionar sin una disputa diaria”: p. 179), de las libertades y de la buena suerte de vivir en democracia. Son muy conmovedores los artículos que dedica a su padre (pp. 123-126) y después a su madre (pp. 198-199) para felicitarles al cumplir respectivamente setenta años, y es también bonita su tenacidad a la hora de concebir y proponer proyectos e iniciativas para hacer de nuestra Zaragoza una ciudad mejor, versión a escala pequeña e inmediata de su anhelo, continuamente manifestado, de que todos los ciudadanos del planeta pudiesen disfrutar cuanto antes y sin reservas de los mismos derechos y las mismas alegrías que él respiraba a grandes bocanadas. Esta obsesión recurrente de sus últimos años le hizo incurrir en algunos errores y, aunque no hay duda de que es mejor ser injusto defendiendo el sentido común que tratando de justificar lo contrario, su vehemencia excesiva le jugó más de una mala pasada. Así, del mismo modo que él menciona varias veces a los escritores que conoció durante su año de beca en la Residencia de Estudiantes (Octavio Paz, Luis de Zulueta, Emilio Adolfo Westphalen, Tomás Segovia, Roberto Juarroz, Álvaro Mutis...: ver “Zarpas” -pp. 131-132- o “Chopos” -pp. 286-287-), me escuece un poco su alusión al escritor palestino Mahmud Darwish (p. 255), al que escuché y conocí en aquel mismo lugar, donde mantuvo una memorable conversación pública con el poeta canadiense Mark Strand. Su escritura no me llega demasiado pero era un hombre sensato y abierto, y su admiración y respeto por Occidente, así como su apuesta por la democracia, eran tan grandes y visibles como su inteligencia. Que desease un estado propio para su tierra natal no significa que desease ese estado que desea Hamas, y en esa batalla permanente de Félix Romeo contra el fanatismo es seguro que Darwish hubiese sido más un aliado que un obstáculo, aunque tampoco hay dudas de que hubieran discutido mucho.

En cualquier caso, esas opiniones contundentes, y aun los juicios más desafortunados, son imprescindibles a la hora de explicar quién fue el gran Félix Romeo, sobre todo cuando los editores han querido con razón que se siga explicando a sí mismo a través de sus escritos, sin ninguna nota al pie y sin explicaciones o intromisiones ajenas, como si se tratara de un autorretrato involuntario. Todo está en su sitio en este libro, pues todo lo que leemos en él reconstruye a “uno de los escritores más poderosos y singulares de su generación”, como bien dice la contracubierta, y a uno de los amigos más controvertidos, estimulantes, expansivos y carismáticos que vamos a tener nunca.

Juan Marqués

*Extraigo este titular de dos frases de Juan Marqués. Este libro dará mucho, mucho que hablar.