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Antón Castro

UNA FOTO DE VERNON MERRITT

UNA FOTO DE VERNON MERRITT

LA HERMOSA MUJER QUE AVANZA: VERNON MERRITT


El fotógrafo Vernon Merrit hizo un espléndido reportaje de las calle, los niños y de las mujeres neoyorquinos en el verano de 1969. Su foto más famosa es esta y está tomada en Nueva York. Publicaba en las revistas más importantes, como ‘Life’.

EUGENIA RICO: UN MICROCUENTO

EUGENIA RICO: UN MICROCUENTO

 

[La escritora y amiga Eugenia Rico me envía este cuento, este microrrelato. Las fotos son de Brooke Shaden.]

 

Hay un hombre que vive en mi casa cuando yo no estoy.

Encuentro colillas en los ceniceros, huellas de manos en la ventana, vaho en el espejo del baño.

Oigo sus pasos. Se alejan cada vez que abro la puerta.

He visto cabellos suyos en mi almohada.

A veces me deja mensajes.

No los entiendo.

Hay un hombre que vive en mi casa cuando yo no estoy.

Lo peor es que creo que soy yo. 

 

CALATAYUD: GOYA, MARILYN E ISASI

CALATAYUD: GOYA, MARILYN E ISASI

 

[Carlos Barboza Vargas ha publicado este texto en su página web con algunas de las fotos. Aquí solo puedo publicar una de 'El aire de un crimen', pero el artículo está completo.]

 

GOYA, MARILYN, Y  EL AIRE DE UN CRIMEN  

DE ISASI EN CALATAYUD

 

Por Carlos Barboza Vargas. Artista. 

 

El periodista Antón Castro colgó en facebook dos noticias, una sobre la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco, que se proyectaba en el UNED de Calatayud, con Marilyn Monroe como protagonista de la misma. En otra noticia ponía una foto del fotógrafo bilbilitano Carlos Moncín, donde aparece la actriz española Maribel Verdú, entrando en un coche. Esta foto correspondía al rodaje en Calatayud de la película “El aire de un crimen”, dirigida por Antonio Isasi Isasmendi. Mi relación con Calatayud está muy ligada con Teresa Grasa y es muy fluida. Primeramente porque su abuela Matilde Ciria provenía de la familia Ciria de Calatayud, tía del pintor surrealista Javier Ciria. Y de las familias Ibarra y Celorrio, extendiéndose nuestra amistad bilbilitana con Carlos Moncín, José Verón Gormaz, Manuel Micheto, Mariano Rubio, y los desaparecidos Agustín Sanmiguel y Pedro Montón Puerto. 

 

Entre los años 1985-86, la Diputación General de Aragón nos encargó la restauración de las pinturas murales de la Iglesia de San Juan El Real de Calatayud, recién atribuidas a Goya, que representan los Cuatro Padres de la Iglesia Latina, San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y San Ambrosio, inspiradores de sabiduría y transmisores de mayores conocimientos.  Después de trabajar todos los días, los 88 kilómetros de coche de Zaragoza a Calatayud, en una carretera en obras,  terminamos el trabajo a satisfacción en 1986.  Mientras tanto, el director de cine Antonio Isasi Isasmendi realizaba una serie para Televisión española, sobre la figura de Goya que dividió en tres episodios de la vida del genio: La Quinta el sordo, La familia de Carlos IV y Cayetana. Dicha serie se presentó en el desaparecido teatro Fleta, y fuimos Teresa y yo invitados con lo que pudimos conocer y saludar a los protagonistas de la serie, la actriz Maria Luisa Paredes y Enric Majó, así como al director Isasi.

 

En aquellos años íbamos frecuentemente a Calatayud, y un día que visitamos la Plaza de España encontramos que Antonio Isasi estaba rodando su película “El aire de un crimen”, en sus exteriores y como siempre llevamos una cámara de fotos, comencé a hacer fotos del acontecimiento y veo por notas de facebook de Antón Castro, que el estuvo allí y entrevistó a la débil actriz cuyo personaje es la parte mas trágica del drama, y Antón lo cuenta así: Se llamaba Maribel Chueca…y la entrevisté en Calatayud, y era una mujer frágil, parecía una mariposa a punto de huir o de volar….

A Emilio Lacambra, que actuó como chófer del autobús, también le trajeron recuerdos estas notas de Antón, y comenta sobre la actriz:….En aquella época era anoréxica y junto con Germán Cobos la cuidaban, sobre todo en las comidas…..

 

La película fue presentada al público en 1988 y estaba basada en una obra de Juan Benet, y como protagonistas principales estaban Francisco Rabal, Fernando Rey, Maribel Verdú, Germán Cobos, Miguel Rellán, y la aragonesa María José Moreno entre otros. Recibió premios en el festival de San Sebastián en 1988, que fue para Fernando Rey como mejor actor y en 1989 nominada en los Goyas como mejor guión adaptado. Mas tarde en el 2000 su director Isasi Isasmendi recibe el Goya de Honor. Ver blog Goya en el cine y la televisión…….

Para esas mismas fechas yo estaba exponiendo en la Escuela de Artes Aplicadas la muestra Recordando a Marilyn, la cual vio el fotógrafo Carlos Moncín y me propuso que hiciera una exposición similar en la Casa de la Cultura dependiente del Ayuntamiento de Calatayud, y el 7 de septiembre de 1988 se inauguró la exposición que se componía de pinturas, dibujos, collages, fotocopias, fotos y cajas, relacionando la figura de Marilyn con Calatayud, en alguno de los fotomontajes aparece la actriz en sus calles y con Goya, como homenaje a este gran pintor que también pintó a artistas de teatro como el bellísimo cuadro de La Tirana que se encuentra en la Academia de San Fernando de Madrid. El catálogo esta acompañado con textos de Angel Azpeitia, Flavia Cassagranda, Juan Domínguez Lasierra, Giovanni Mariacher y Ana María Navales. También está ilustrado con fotos de Luis Esteban Municio y Javier García del Olmo. Mas tarde, parte de esta exposición se expuso en Madrid en la sala Antonio Palacios de la Comunidad, patrocinada por la Embajada de Costa Rica con el nombre de Cine Barboza en marzo de 1990. En la revista Anticuaria nº 56, de 1988, en un reportaje Un altar de Marilyn en Hoyo de pinares, el crítico de arte Fernando Fontela escribe lo siguiente:  …De los artistas que han dejado una versión personal de M.M. entre los que quiero destacar al español Pepe González, autor de una carpeta de dibujos editada por Norma (1980), reeditados en Italia por la revista “1984 “ y al costarricense Carlos Barboza, pintor de labios y ojos de Marilyn,-ha hecho una exquisita selección Robert G. Taylor de “ Marilyn in art” (Londres, 1984), donde se reproducen a color cien dibujos o pinturas que son otras tantas versiones realistas, idealizadas o hasta fantasmagóricas- caso de Andy Warhol- del mito de Marilyn, pues todas ellas son producidas  a partir de la fecha de la desaparición de ésta, es decir, a raíz de su trágico final.

 

Carlos Barboza Vargas

 

 

GOYA Y SU NIETO MARIANITO GOYA

HISTORIA DE TRES LIENZOS DE GOYA A SU NIETO MARIANO GOYA

 

[El retrato de Mariano Goya, que habría realizado Francisco de Goya en 1827, fue subastado ayer por Sotheby’s en Nueva York pero no ha podido ser vendido. Sobre él, como sobre él de 1813-1815 pesan “las dudas fundadas” del Prado acerca de su atribución]

 

Francisco de Goya (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) siempre tuvo una gran debilidad por su nieto Marianito, hijo de Javier Goya y de Gumersinda Goicoechea, que nació en 1806 y falleció en 1874. Lo retrató, según se ha considerado siempre, en tres ocasiones: hacia 1810, cuando contaba entre cuatro años (una estudiosa como Jesusa Vega cree que en realidad era más pequeño, de apenas tres años); entre 1813-1815, en uno de los cuadros que durante mucho tiempo se consideró “una de las obras más genuinas del artista”, y en 1827, en su último viaje a Madrid, cuando había rebasado los 80 años.

Ese cuadro salió ayer a subasta en Nueva York en la galería Sotheby’s, con un precio de partida que rondaba los cinco millones de euros pero no se vendió. Curiosamente, dentro esa rueda de atribuciones y desatribuciones en la que se ha sumergido el Museo del Prado en los últimos años, a través de la conservadora de la pintura del siglo XVIII Manuela B. Mena, la Pinacoteca Nacional solo ve como «seguro» el primero como original del pintor aragonés.

Con declaraciones e informes más o menos explícitas, los dos han sido descartados: el ‘Mariano Goya’ de 1813-1815 lleva una inscripción, «Goya a su nieto», y pertenece al Duque de Alburquerque, que lo tuvo en depósito en El Prado durante dieciocho años; el Museo lo expuso y lo prestó para algunas exposiciones específicas. Distintos expertos lo defendieron como una de las obras más logradas de Goya, sobre todo en el campo del retrato infantil. Por ejemplo, el profesor zaragozano Julián Gállego dijo: «Se trata, en mi opinión, de uno de los retratos infantiles más hermosos de toda la pintura europea (…) No puede ser sino de Goya, en su mejor momento». Lafuente Ferrari dijo que en ese cuadro «Goya puso lo mejor de sí mismo» y otro experto como Nigel Glendinning aseguraba que «es un retrato de familia. Íntimo, espontáneo y personal. Hay rasgos muy típicos del estilo de Goya en esta obra».

El entonces Director del Museo del Prado Alfonso Pérez Sánchez logró que se le considerase BIC (Bien de Interés Cultural) y promovió su adquisición. Hacia 1993, cuando el Prado recibió un importante legado, se hizo una oferta formal por él de algo más de cuatro millones de euros. Manuela B. Mena dijo entonces que tenía  «dudas muy fundadas» de que fuese de Goya. Se paró el proceso de compra, en medio de la perplejidad y de la sorpresa de sus dueños y de los propios consejeros del Prado, y con la ambigüedad del propio Pérez Sánchez, que había cambiado de postura.

Ante ese estado de cosas, el nuevo director, Felipe Garín le pidió a Mena un informe minucioso; lo entregó tres años después, en julio de 1996, y constaba de algo más de una veintena de folios, donde cuestionaba «la procedencia, el soporte y su inscripción, la composición y la técnica» del lienzo.

Mena contó, además, con el apoyo inmediato de Juliet Wilson-Bureau, que por entonces organizaba con ella la muestra ‘El capricho y la invención’. Afirmó también que el retrato del niño, con la partitura de música, no era de Goya. El nuevo Duque de Albuquerque Ioannes Osorio (el anterior, Beltrán de Osorio, falleció en 1994) lo retiró del Prado y lo dejó en la caja fuerte de un banco. Algún tiempo después, casi una década, en 2003, la Academia de Bellas Artes de San Fernando se propuso adquirirlo y ofreció 600.000 euros, según contaba el domingo el diario ABC en una exhaustiva información. La Academia contaba con el apoyo de informes y escritos muy favorables de Sánchez Cantón, Gassier, Jeannine Baticle, Jesusa Vega o los ya citados Lafuente Ferrari, Gállego o Glendinning. Entonces el ducado rehusó la operación. Y ahora el cuadro se encuentra en el limbo. Es un cuadro BIC y sin embargo dicen que no es de Goya. No puede salir de España. Eso sí, los propietarios del lienzo no han recibido el informe de Manuela B. Mena ni tampoco una carta formal que niegue la autoría de Goya.

Algún tiempo después, Manuela Mena deslizaría otra descorazonadora observación en el catálogo de la exposición ‘Goya en tiempos de guerra’ de 2008. Allí sostiene que el primer retrato, el de 1810, que pertenece al marqués de Larios, «es el único retrato seguro que se conoce de Mariano Goya». Lo cual también arrojaba algunas dudas sobre la puja de ayer. El cuadro ‘Mariano Goya’ (1827) que subastó Sotheby’s, y que perteneció al coleccionista griego George Embiricos (lo adquirió en 1954), tampoco sería del pintor aragonés, aunque hubiera escrito el artista: «Goya a su nieto en 1827 a los 81 años de edad». Al respecto, por ahora, no existe un informe exhaustivo o conocido que explique por qué este lienzo de 52 x 41 -que representa a un joven elegante y apuesto, de aspecto romántico que tiene una cicatriz en la mejilla- no lo pintó Goya.

La vida fue generosa con el nieto más amado de Goya, pero parece que Mariano Goya no supo aprovechar todas las oportunidades que le había dado la suerte. Su abuelo hizo un duro y último viaje para retratarlo, y murió poco después. Tras diversos negocios de minas y de bancas, intentó adquirir un título nobiliario, el de marqués del Espinar, y se casó dos veces. Se caracterizó por la frivolidad, la inconsciencia y el despilfarro. Ahora, tanto años después de muerto, Marianito Goya “debe” remontar otra incómoda disyuntiva: ¿quién podría haber pintado esos dos cuadros que siempre habíamos pensado, con aparente fundamento, que eran de Goya, su abuelo tan amado?

 

AGNES DAROCA ILUSTRA A POE

AGNES DAROCA ILUSTRA A POE

La artista y diseñadora gráfica presenta una exposición sobre ‘La caída de la Casa Usher’ en la Universidad de San Jorge

 

 

Agnes Daroca (Zaragoza, 1978) vive un gran momento de creatividad en el campo de la ilustración y el diseño gráfico. Comparte con Susana Villacama el estudio Dos Cuartos y la editorial Los Imaginantes. Es autora de ‘El niño cabeza cubito de hielo’ (2012), un cuento fantástico; ha ilustrado un poemario de boxeo de Pedro Flores, ‘El último gancho de Kid Fracaso’ (2012), y hace pocas semanas presentaba el libro de artista ‘Lupanar de Greenwich’, donde ilustra unos textos sobre personajes literarios, entre ninfas pecaminosas y sueños femeninos (Morelia, Alicia, Lolita...), que ha recreado el poeta y cantautor Ángel Petisme.

A la vez, en medio de nuevos proyectos y talleres, ha inaugurado una exposición en la Universidad San Jorge alrededor de ‘La caída de la Casa Usher’ de Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore 1849), uno de sus mejores cuentos: de terror, de atmósferas inquietantes, de incesto más o menos sugerido, de reclusión morbosa. El texto, el preferido con ‘Ligeia’ del autor, fue publicado en 1839 y narra la visita de un amigo de infancia a dos hermanos que viven aislados: Roderick y Lady Madeleine, víctima de una misteriosa enfermedad que la llevará a la muerte.

Explica la artista: “Entrar en el mundo de Poe no es fácil, hay una oscuridad más profunda que el negro. Es una oscuridad psicológica que te enreda mucho más. ‘La caída de la casa Usher’ tiene esa parte del interior de las personas que hace que tengas que adentrarte en ellas para conseguir que la ilustración no se quede en una representación básica del relato. Adentrarte supone, incluso, cambiar de registro en tu propia forma de ilustrar”.

Hacer eso, cambiar de registrado, experimentar, buscar un estilo nuevo, “es algo que me encanta. Trato cada relato y cada escena como un proyecto único con los materiales, trazos y colores que le corresponden”. Realizar un trabajo así conlleva acercarse a un material sensible, donde conviven la fragilidad, el miedo y lo inefable, lo que no es fácil expresarse con palabras, aunque Poe fuese un narrador y poeta que sabía acercarse como pocos a la enfermedad y a la muerte. Agnes Daroca define así este cuento: “El cuento me sugiere algo así: la tristeza, la que come desde el corazón y mata en vida. La unión de hermanos para morir juntos y hacer que su propia tumba muera. Esa tristeza que puede hacer que todo lo reflejado en un lago sea cierto y se hunda cuando todo muere”.

Agnes Daroca emprende ese viaje a la oscuridad en busca de la luz a través de la imaginación y la intensidad cromática, y por todo ello esta exposición es algo muy especial para la ilustradora:Ha sido maravilloso y agotador este proyecto. Cuando terminas con satisfacción es que algo anda bien, el relato ha sido entendido y vivido”. Edgar Allan Poe ha sido pintado, ilustrado y llevado a los tebeos o al cine en un sinfín de ocasiones. Próximamente la obra de Agnes será publicada por El Ángel Caído ediciones. Las ilustraciones permanecerán en el Espacio en blanco hasta el quince de febrero.

 

 

RUSIDAH BADAWI: FOTOS DEL ALMA

RUSIDAH BADAWI: FOTOS DEL ALMA

RUSIDAH BADAWI, LA FOTÓGRAFA SIN BRAZOS:

UN REPORTAJE DE DIEGO ZAPATERO EN HERALDO.ES

[Puede seguirse aquí al completo: una historia emocionante y maravillosa:

http://blogs.heraldo.es/anillo-de-fuego/2013/01/31/rusidah-la-satisfaccion-de-lograr-un-sueno/]

 

Texto y fotos de Diego Zapatero.

“Siguiendo las convicciones más honestas y manteniéndose firme, haciendo del optimismo una realidad, superándose día a día como proyecto de vida; cambiando, mejorando; porque el simple deseo no basta. No es suficiente imaginar, porque toda persona es capaz de conquistar lo que quiere, sabiendo que hay algo que nunca desaparecerá: la satisfacción de lograr un sueño”.

Rusidah Badawi, indonesia, de 45 años de edad, madre, perdió sus dos brazos en un trágico accidente cuando era sólo una niña, viéndose obligada a aceptar el hecho de que debería prescindir de sus manos el resto de sus días. Este incidente cambió su vida y en ella nació su pasión por la fotografía.

Rusidah siguió luchando cuando todo parecía perdido, decidiéndose a crear su propio destino. Tras concluir su escuela secundaria, ingresó en un centro de rehabilitación profesional para personas discapacitadas en la ciudad de Solo, donde tomó clases de costura y fotografía. Gracias a los cursos, ella persiguió su sueño, el de convertirse en fotógrafa. En la actualidad, trabaja fotodocumentando eventos y es dueña de un pequeño estudio.

 

La fotógrafa reconoce que si no hubiera perdido sus antebrazos, su vida podría haber sido muy diferente. Su marido espera que su esposa pueda inspirar a otras personas con discapacidad para no renunciar a vivir la vida al máximo. “Espero que las actividades de mi mujer sean un ejemplo, y motiven a los demás, a los que están en la misma condición que ella, a no ser pesimistas “, dijo Suradi.

 

 “Me cuesta cinco veces más esfuerzo hacer lo que la gente normal hace, pero no voy a renunciar a alcanzar mis metas y seguiré trabajando duro. Quiero mostrar a la gente que los discapacitados pueden hacer algo”, dijo la fotógrafa.

 

 “Rusidah Badawi desafía a la vida en sí misma, escalando una cima a la que no se llega superando a los demás, sino superándose a ella misma”.

 

SUSANA SANCHO: PINTURA Y VIDA

SUSANA SANCHO: PINTURA Y VIDA

“Me gustan las ciudades y las pinto”

 

Susana Sancho expone sus ‘Paisajes urbanos’ en la sala Barbasán-CAI, pintura figurativa, narrativa y llena de color

 

 

 

Susana Sancho realiza una pintura figurativa, de carácter eminentemente urbano. Expone en la sala Barbasán-CAI una colección de sus cuadros llenos de vida y de energía, muy narrativos, de seres humanos e instantáneas que fijan el tiempo y los distintos modos de vida de la ciudad. De una ciudad que se parece a Zaragoza. La muestra se titula ‘Paisajes urbanos’, y recoge tres series: ‘Fútbol callejero’, ‘Terrazas’ y ‘Paisaje urbano’. La pintora, licenciada en Económicas y Empresariales, explica aquí, casi a modo de estética, su trabajo, su forma de entender la creación, su relación con el espacio y con la luz. La muestra permanecerá abierta hasta el 16 de febrero.

 

 

¿Cómo pinta?

Plasmo lo que me llama la atención, no es algo premeditado. Por ejemplo, llevo varios años que cuando llega el invierno (solamente en el invierno) me llaman mucho la atención los paisajes urbanos al atardecer, en el ocaso del día, cuando empiezan a surgir las luces y se adueñan de todo.



 

¿Por qué hace siempre ciudades?

En principio, pinto lo que me rodea, no busco la inspiración en temas lejanos, idílicos ni exóticos. Yo soy muy urbanita. Vivo en una ciudad. Me gustan las ciudades. No es que no me guste el campo o los pueblos, pero yo no pertenezco a ellos.


¿Qué relación existe entre el paisaje urbano y los seres humanos en su obra?

Trabajo paisajes urbanos. Me gusta que intervengan personas, hasta el punto en que llegan a convertirse en protagonistas de la obra. De ahí que yo los trate como ‘paisajes humanos’. Paisajes humanos sobre personas en un día cualquiera de su vida: esperando el autobús, en un bar, sentados en una terraza, paseando el perro...
Igual que a muchas personas les encanta observar la naturaleza, para mí las personas en su entorno de la ciudad me parece algo fascinante. Son hombres, mujeres y niños en los que cada uno de nosotros nos reflejamos: en aquel gesto, en la manera de caminar, en el café que nos tomamos en una terraza, ese partido de fútbol que juegan nuestros hijos o que, quizás, jugamos nosotros cuando éramos niños... Todos estos anónimos personajes transformarán luego, de alguna manera,  al espectador en el protagonista de la obra.
 
¿Cuál es su método de trabajo?

Suelo llevar una cámara fotográfica en el bolso y cuando algo me llama la atención (por su luz, por la situación, por su composición, por lo que sea....) le hago alguna fotografía. Luego, si la fotografía me gusta y me parece que ha recogido bien el momento, parto de ella para empezar el cuadro. A partir de ahí, ya manda el cuadro y hasta donde él diga. A veces me dicen que me examino demasiado en cada cuadro.

 

¿Por qué se lo dicen?

Tengo mi propia liturgia a la hora de terminarlo. Tiene que gustarme cada parte y además, cada parte tiene que contribuir al conjunto, tiene que funcionar. Si no, no está acabado. Antes de darlo por terminado me gusta ponerlo en un sitio transitado de mi casa. La vista se posa un segundo cuando paso por ahí. En unos días ya sabes si te gusta y está acabado o no.


¿Qué le pide a una obra?

Para mí un cuadro tiene que darte unos microsegundos de felicidad y bienestar cuando posas un segundo la vista en él. Tiene que ser sugerente. Esa es mi concepción del arte o de ‘mi arte’.

*La primera foto de Susana con su hijo me la mandó ella; la segunda es de Vicente Almazán.

LA NUEVA NOVELA DE S. VILA-SANJUÁN

Estaba en el aire de Sergio Vila-Sanjuán

PREMIO NADAL DE NOVELA 2013

 

[Sale a la calle el doce de febrero de 2013]

 


La novela de un país que despierta

Una gran historia de amor, dinero e intriga, con el telón de fondo del éxito nacional de un programa de radio, y protagonizada por un personaje femenino inolvidable.

Una mujer de la alta sociedad, muy bella y muy desgraciada. Un publicitario embarcado en un programa radiofónico que busca a personas desaparecidas. Un magnate con buenos contactos políticos dispuesto a consolidar su imperio. Un joven del Norte que rastrea sus orígenes. En la Barcelona de 1960, las trayectorias de todos ellos se cruzan iluminando ambientes contrapuestos.

Estaba en el aire es una historia de sentimientos y búsqueda personal, de periodismo e intrigas empresariales, que transcurre en un momento histórico poco abordado por la narrativa actual. Un momento en el que España empezaba a salir de la negrura de postguerra para convertirse en una sociedad de consumo, animada por promociones televisivas y elegantes fiestas veraniegas a la luz de la luna, como las que frecuentan los protagonistas de esta novela.

Sergio Vila-Sanjuán confirma con esta obra, distinguida con el Premio Nadal de Novela 2013, el talento narrativo que descubrimos en su debut literario, Una heredera de Barcelona.

El autor

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) estudió Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona (1974-1979) y participó en el Taller Literario que dirigía en Sitges José Donoso. Posteriormente fue becario Fulbright en la Universidad de Boston, donde estudió con el sociólogo Peter L. Berger.

Desde 1977 se dedica al periodismo cultural. Fue jefe de cultura de El Correo Catalán, redactor-jefe de El Noticiero Universal y desde 1987 trabaja en La Vanguardia, donde actualmente es coordinador del suplemento Cultura/s. Especialista en temas literarios y en el mundo del libro, ha estudiado la historia de la edición española en Pasando página. Autores y editores en la España democrática (Destino, 2003) y distintos aspectos del mundo del libro internacional en El síndrome de Frankfurt (RBA, 2007) y Código best seller (Temas de Hoy, 2011).

Reunió el grueso de sus trabajos publicados en prensa en Crónicas culturales (DeBolsillo, 2004). Y dirigió junto a Sergi Doria Paseos por la Barcelona literaria (Grup62/Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2005).

Fue comisario del Año del Libro y la Lectura de Barcelona 2005,  supervisando un programa de más de mil actividades desde el que creó la Semana de Novela Negra de la ciudad y el festival literario infantil Món Llibre. En el 2012 ha dirigido el ciclo de conferencias del Tricentenario de la Biblioteca Nacional de España, El libro como universo.

También ha trabajado de forma regular sobre pintura figurativa contemporánea. Autor de la primera monografía dedicada a Miquel Barceló (Barceló, Àmbit, 1984) , fue comisario de las exposiciones Realismo de vanguardia (1997) y Realismo en Cataluña (1999).

En el año 2010 publicó su primera novela, Una heredera de Barcelona (Editorial Destino), en la que recrea las vivencias de su abuelo, periodista y abogado, en los conflictivos años 20. Traducida al catalán, al inglés y al polaco, sus derechos han sido adquiridos para una miniserie televisiva. En enero de 2013 gana el Premio Nadal con su segunda novela, Estaba en el aire.

Han dicho de Una heredera de Barcelona

«Una poderosa crónica novelística de la Barcelona de los años 20 que nos permite vivir sus entresijos y desvelar sus claves. Con el ojo clínico del periodista y la visión narrativa del novelista, Sergio Vila-Sanjuán ha conseguido crear una lectura irresistible que explora una ciudad fascinante.» Carlos Ruiz Zafón

«Una heredera de Barcelona se encuadra, con pleno derecho, en el marco de la novela, los libros de historia y las memorias escritas sobre la convulsa Europa del primer tercio del siglo XX. Sergio Vila-Sanjuán traza un retrato impecable, fotografiado en tonos sepia, de la Barcelona elegante, pistolera y turbulenta de los años veinte. Esta novela nos conduce de la mano en un recorrido minucioso por esa ciudad, sacudida por el final de un mundo que agoniza y el rumor de la tormenta que iba a desgarrar a España y a Europa una década más tarde.» Arturo Pérez-Reverte

***

«Una verdadera caja de sorpresas, con una trama tan absorbente como compleja.» J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia

«Por el buen desarrollo de la intriga con cierto glamour, gustará a quienes se detengan en una trama urdida con sólido andamiaje constructivo, y agradará igualmente a quienes vayan más  e intente responder a la pregunta: ¿por qué no se hizo caso a tiempo a quienes avisaron a la vez contra la injusticia social y la violencia? Es motivo de celebración que se vaya abriendo paso un estilo inteligente y culto de novela de intriga histórica.» José María Pozuelo Yvancos, ABCD

«Una novela con gancho. Personajes seductores, trama de intriga superpuesta al momento histórico y Barcelona como escenario con descripciones didácticas sobre algunos de sus lugares más emblemáticos son los ingredientes mezclados con precisión de viejo barman en esta novela apta para lectores de toda edad y condición.» Antonio G. Iturbe, Qué Leer

«Una novela de época francamente lograda y llena de nervio narrativo. Crea unos caracteres humanos impecablemente creíbles. Se lee de un tirón y con esa sensación de que las buenas ficciones pueden hacer más atractiva la verdad histórica.» J. Ernesto Ayala-Dip, Babelia, El País

«Una excelente novela de línea clara, sin manierismo autoral. Fresca, contemporánea, no maniquea y para el gran público. Barcelona ya tiene otra novela de que presumir.» Carlos Zanón, Avui

«Vila-Sanjuán equilibra la dimensión plural de la realidad de esa época, la crítica social que realiza con elegante ironía y la historia narrativa que arranca al estilo de las viejas novelas de detectives. Una historia policíaca y moral que recorre el retrato impresionista de la sociedad mientras de fondo suena la música del Titanic representada por el naufragio de la aristocracia y la alta burguesía.» Guillermo Busutil, Mercurio

«Con el endiablado ritmo de una novela detectivesca y a medio camino entre la sátira social que cultivaron Edith Wharton y Evelyn Waugh (con sus detalladas descripciones de vestuarios y banquetes) y la crónica histórica, Una heredera de Barcelona reconstruye el espíritu monárquico de buena parte de la sociedad catalana de la época.» Laura Fernández, El Mundo

«Un paseo suculento por  una Barcelona que ya no existe (o casi) pero que dio origen a esta ciudad que es a la vez hoy realidad y leyenda. Recomiendo mucho el libro a aquellos que amen esta ciudad y quieran ver su historia de la mano de alguien que la conoce y la quiere.» Juan Cruz, Bitácora en ELPAIS.com

«Trata de las familias monárquicas barcelonesas, gentes que hasta ahora han sido poco noveladas pese a que son las que ofrecen más argumentos literarios. Pero aquí, quizás por el franquismo, siempre ha podido más la boina que el sombrero. O sea que se agradece y valora una novela, basada en hechos y personajes reales, que además de hablarnos de anarquistas, comunistas, pistoleros, industriales, espirititistas, vegetarianos, militares y del tranvía de San Andrés, más conocido como la guillotina, nos habla de las fiestas de alta sociedad en el Ritz o en el Laberinto de Horta y de sus principales protagonistas.» Arturo San Agustín, El Periódico

«Vila-Sanjuán levanta de la tumba a los personajes que poblaron la Barcelona de los años veinte, colocando a su abuelo como espectador de cuantos acontecimientos convirtieron aquella ciudad un tanto gatopardesca y esquizoide (anarquistas-monárquicos; burgueses-canallas; herederas-peones) en el laboratorio de las grandes tensiones que habrían de provocar la Guerra Civil española.» Álvaro Colomer, Tendències, El Mundo

La obra

«En este inicio de los años sesenta, los sábados por la noche Barcelona arde.»

En palabras de Sergio Vila-Sanjuán



«Estaba en el aire tiene su origen en las historias de empresa y de vida social barcelonesa que escuchaba en casa durante mi infancia y adolescencia. Al reconstruir algunas de ellas, el punto de partida ha quedado a menudo tan lejano que hizo necesaria una amplia intervención de la fantasía sobre su ya muy difuminada realidad. Pero otras tienen una base muy concreta.

El programa Rinomicina le busca. Barcelona llama a España se emitió entre otoño de 1960 y primavera de 1962 a través de la red de emisoras que se cita en esta novela. Enrique Rubio lo dirigía y presentaba, y mi padre, José Luis Vila-San-Juan, era el supervisor por parte de la empresa patrocinadora. Aunque muy inicialmente inspira-dos por ellos, los personajes de Luis Rupérez y Juan Ignacio Varela son, en su plasmación de este libro, figuras completamente imaginarias, como también los restantes protagonistas. En cuanto a los casos del programa, muchos son verídicos, pero otros han sufrido las transformaciones a que obliga el ejercicio de la ficción.»

Sergio Vila-Sanjuán, Premio Nadal de Novela 2013 por Estaba en el aire, rubrica una atrayente novela sobre un país que despertaba al mundo en la década de lo sesenta. Una ciudad que abría sus calles y avenidas a los 600 y sus hogares a los tocadiscos Königer, a las neveras Kelvinator y a los aspiradores Ruton. Una urbe en plena transformación, como sus habitantes, vibrantes y exaltados, que avanzaban hacia la libertad.


Un joven en busca de sus orígenes

Sin embargo, el crecimiento y el progreso siempre tienen un reverso tenebroso. La Barcelona de los años sesenta contaba con más de millón y medio de habitantes. Entre los años 1963 y 1964 llegaron a la ciudad casi 300.000 inmigrantes. Muchos de ellos, antes de lograr prosperar y asentarse en una ciudad en expansión, vivieron en medio de grandes bolsas de pobreza.

Un ejemplo de ello es el barraquismo del Somorrostro, un poblado alzado de la noche a la mañana en la playa de la Barceloneta. Este barrio desapareció en 1966, aunque durante mucho tiempo dio cobijo a muchos gitanos y a muchas familias desheredadas. Y también a uno de los protagonistas de Estaba en el aire: Antonio Luna, un joven cántabro recién llegado a la ciudad en busca de fortuna y de un todavía más noble propósito, recuperar a su familia perdida durante la Guerra Civil Español.

Antonio Luna fue evacuado a Suiza durante la contienda. Escapando junto a su familia durante un bombardeo, su madre logró resguardarlo en un camión, pero ni ella ni su otro hijo consiguieron subir al transporte. Esa fue la última vez que se vieron. Tras la guerra, Antonio pasó gran parte de su infancia en un hospicio de Santander. Mayor de edad, decidió probar suerte en la efervescente Ciudad Condal. Su llegada en tren, traumática –le robaron todo lo que tenía después de engañarlo vilmente- terminó con una extraña acogida en el poblado del Somorrostro, dónde recibió el cariño de los gitanos.

Mientras guardaba la esperanza de volver a encontrarse con los suyos -apenas unos vagos recuerdos de su infancia en la ciudad le otorgaban seguridad de sus orígenes y de su destino-, empezó a trabajar en Los Encantes, pero rápidamente encontró un próspero trabajo en la SEAT, uno de los principales símbolos del “desarrollismo” español. ¡Había llegado el 600! Antonio Luna se estrenó en la cadena de montaje, donde -aunque él jamás participó- empezaron a gestarse los gérmenes del sindicalismo más combativo de oposición al régimen, que seguía implacable, a pesar de la cierta apertura económica y social, en sus atributos políticos.

El destino de Antonio Luna iba a cambiar por completo, gracias al paso por ese gran entramado industrial capaz de fabricar 300 coches al día para dar salida a la gran demanda, la gran explosión de consumo de nuestro país; y también gracias a un programa de radio: Rinomicina le busca. España le llama.

Un programa de radio revolucionario

«Rinomicina, el mejor específico antigripal. Recuerden, queridos oyentes, ¡Rinomicina aspirado y al otro lado, resfriado!»

Antonio Luna decide pedir ayuda a uno de los programas de radio más populares de aquellos tiempos, que se encargaba de reconectar a familiares perdidos, amigos que se habían perdido la pista o a viejos compañeros de armas. Su historia, la de un niño separado de su madre, conmueve a los organizadores del programa, a los patrocinadores del mismo, y a toda España.


«Durante la guerra, un bombardeo me separó de mi madre y de mi hermano. Fui subido a un camión que arrancó dejando a mi familia atrás. No he vuelto a verles desde entonces. Fui trasladado a Francia con otros niños refugiados, de allí pasé a Suiza, y, al llegar la paz, me devolvieron a España. Nadie me reclamó. Me ingresaron en el Hospicio de Santander, donde me crié y de donde salí con dieciséis años. Mi nombre es Antonio Luna, y el de mi madre, Ana. Deseo, con toda mi alma, hallar a mis padres».



Para el personaje y la historia de Antonio Luna, Sergio Vila-Sanjuán se ha inspirado en casos reales del programa de Radio Nacional, emitido entre 1960 y 1962, Rinomicina le busca,. que ha reelaborado y novelado. En la novela, el presentador del programa es Luis Rupérez, un periodista de raza, el reportero de sucesos más conocido de Barcelona, pluriempleado en la revista Por qué...?, apasionado de su trabajo y enamorado de su profesión, que arranca en éxtasis cada vez que se sienta frente a un micrófono con un Celtas consumiéndose entre los dedos. Se trata de un «homo radiofonicus», como describe el autor.

En este caso, «más allá del micrófono, le escuchan 30 millones de oyentes.  Rinomicina le busca. Barcelona llama a España está en el aire a las diez y media de la noche de todos los martes. Desde la redacción de la revista hermana Por qué...?, se atiende a todas las solicitudes de ayuda para la búsqueda de una persona, sin regatear esfuerzos ni medios para realizar los deseos de todos aquellos que sueñan con estrechar en sus brazos al ser querido que ya daban por perdido para siempre».

En un principio, tanto publicitarios como periodistas, se preguntaban «¿Qué porras tiene que ver un producto farmacéutico con un programa que busca personas desaparecidas?». Sin embargo, forman un binomio perfecto. Incluso, demoledor. Hasta que las autoridades del Régimen empiezan a sentirse incómodas con un programa que revolvía tanto el pasado, ya que centenares, por no decir, miles de personas, alzaron la voz para hablar de sus desaparecidos. Un caso que, en estas páginas, tiene en vilo al comisario Martínez, consumidor de westerns folletinescos y encargado de investigar la presencia del enemigo comunista entre las ondas radiofónicas.

El Madison Avenue barcelonés

La década de los sesenta en nuestro país: un despertar primaveral, en lo económico y social, después del largo invierno de la posguerra. No sólo a nivel industrial, sino también cultural e intelectual. Las universidades bullían politizadas, las calles se llenaban de minifaldas y las playas de turistas rubias y descocadas. Y la calle Tuset de Barcelona, se convertía en la Madison Avenue barcelonesa.

Aunque lejos de su anhelada avenida neoyorquina, el departamento de publicidad en el que trabaja Juan Ignacio tiene un ritmo febril, una atmósfera repleta de nicotina y testosterona y un éxito entre manos, la campaña del antigripal Rinomicina. Con un Lucky Strike en la mano, Juan Ignacio lidia con ambiciosos compañeros de trabajo, unos obsesionados con Dale Carnegie, otros avinagrados ante su reciente éxito: el patrocinio del antigripal en uno de los programas de más éxito de España.

Juan Ignacio es un hombre tranquilo, un buen trabajador, marido y padre. Estudió Derecho por consejo materno, pero no logró terminar la carrera. Como hijo de viuda se las arregló para saltarse el engorroso servicio militar y entro a trabajar en la Diputación de Barcelona. Aburrido y atorado por la burocracia franquista, rápidamente huyó a un emergente grupo industrial, encabezado por Casimiro Pladevall.

«Todo es posible, España se transforma, se trata únicamente de trabajar, trabajar, trabajar... Y, qué demonios, divertirse un poco. «El destino, a quien quiere le empuja, a quien no, le arrastra», decían los clásicos. Es momento de dejarse empujar.»

 


Por su parte, Casimiro Pladevall, dueño de la empresa que patrocina el programa, es un hombre hecho a sí mismo, un dueño y señor de su destino, y del de sus trabajadores. Tentado por inversiones especulativas en resorts de Florida que terminarán de forma inesperada, y por periodistas que buscan en él a un futuro editor con posibles, capacidad de acción y ganas de modernizar el panorama comunicativo español, Pladevall se convertirá en el engranaje de esta historia al establecer una relación con Tona Viladomiu.

«¿Que si conoce a Tona Viladomiu? La pregunta de Pladevall le ha hecho gracia. La mejor amiga de su mujer, a la que en los últimos tiempos habían tenido que sacar de varios líos. La bellísima y desgraciada Tona. ¿Qué tiene que ver con su jefe?»

Una mujer con el amargo don de la belleza

«La moral, y especialmente la moral conyugal es para la clase media. Los pobres no se la pueden permitir, y los ricos  la necesitamos.»

Tona Viladomiu es una mujer bella, inteligente... en un mal momento de su vida. Tras un matrimonio aparentemente perfecto, pero convertido en truculento y enfermizo, Tona se perdió. Porque su marido se había llevado lo que ella más amaba.

En el ambiente de los poderosos, de las familias de arriba de la Diagonal, Tona Viladomiu era una bala perdida al cuidado de Juan Ignacio y paciente mujer, Elena, amigos desde la juventud, veraneantes de Barets.

En estos ambientes, rugía una ciudad muy distinta de la de Somorrostro, de la de Antonio Luna. En esta urbe corre el champagne francés, las copas se llenan con ginebra, las mujeres se visten con modelos de Pertegaz y las noches se hacen eternas en El Cortijo, Rigat y otros cabarets de la zona alta. Las ambiciones son límpidas y los favores un intercambio de intereses.

«Ocurrió durante el verano. Primero fue en una fiesta, en el castillo de Santa Florentina, junto a Canet de Mar. Cerca de trescientos invitados cenando al aire libre. Coincidieron en la misma mesa. Aunque él físicamente no es gran cosa se le veía muy elegante, tan moreno en agudo contraste con su smoking blanco, y además estuvo simpatiquísimo y dominó la conversación del grupo. Iba solo, su mujer no le había acompañado»

 

*Esta es la nota promocional de Destino.