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Antón Castro

BEGOÑA ORO Y FERNANDO SANCHO

BEGOÑA ORO Y FERNANDO SANCHO

BEGOÑA ORO Y FERNANDO SANCHO: ‘VENTA EL MAESTRO’

Recibo esta hermosa nota de Begoña Oro, escritora, editora y activadora cultural, así como columnista en ‘Heraldo Domingo’, que coordina Picos Laguna.

“He pensado que igual te gustaría conocer el nuevo proyecto en el que ando metida. En cualquier caso, a mí sí me encantaría que lo visitaras. Es un proyecto muy personal, aunque no es solo mío; lo es al 50% o menos. El resto es de mi vecino, el fotógrafo Fernando Sancho. Hacía tiempo que queríamos hacer algo juntos y ha salido esto. Te diría que es un revolcón entre fotografía y literatura, pero puede que solo sea, sencillamente, un escenario de la vida, y de la muerte, pero eso fue por casualidad, y sin querer. Bueno, puesta a robarte tiempo, prefiero no entretenerte con explicaciones e invitarte a que lo descubras tú mismo. No sé cómo se sentirá un gallego como tú en... la Venta El Maestro.”

http://ventadelmaestro.blogspot.com.es/

 

*La foto de Begoña Oro es de SM.

GOLDMAN EVOCA HOY A AURA ESTRADA

FRANCISCO GOLDMAN, HOY, A LAS 20 HORAS EN CÁLAMO

[Esta tarde, a las 20.00 horas, acompañaré con Paco Goyanes, Eduardo Rabasa, editor de Sexto Piso) y un montón de amigos a Francisco Goldman con motivo de la presentación de 'Di su nombre', la novela donde cuenta su historia de amor con la joven escritora mexicana Aura Estrada. Coloco aquí un pequeño fragmento de una nota sobre la novela para 'Heraldo']

 

Francisco Goldman, que también imparte clases de periodismo y de literatura, conoció en 2003 a una joven escritora mexicana, Aura Estrada (1977-2007), que tenía entonces alrededor de veinticinco años; poco después, se irían a vivir juntos, y se casarían en 2005, en una ceremonia pintoresca, llena de amigos, donde el vestido de la novia parecía relumbrar. Apenas dos años después, Francisco y Aura se fueron a las playas de Oaxaca, en Mazunte, y allí, cuando practicaban ‘bodysurfing’, se produjo un accidente terrible y al día siguiente Aura fallecía en un hospital de México D. F. En 2011, tras viajar al infierno y ser acusado por la familia de Aura de su muerte, Francisco Goldman publicó una impresionante libro sobre su duelo, la culpa, la memoria de la amada: ‘Say her name’. ‘Di su nombre’, que publica Sexto Piso con estupenda traducción de Roberto Frías.

 

 

Una biografía breve de Aura Estrada, tomada de aquí:

http://auraestradaprize.com/aboutaura_span.html

Aura Estrada nació el 24 de abril de 1977 en León, Guanajuato. Tenía cuatro años cuando se mudó con su madre a la ciudad de México. Ahí, Aura asistió a la escuela primaria en el Colegio Buckingham y a la secundaria en el Colegio Madrid. En la UNAM, estudió la licenciatura en letras inglesas, graduándose en el 2000, y recibió la maestría en literatura comparada en el 2003. Su tesis de maestría, Borges, inglés–sobre la influencia de William Hazlitt, Charles Lamb, and Robert Louis Stevenson sobre Jorge Luis Borges—fue publicada por la editorial Scripta, así como su siguiente ensayo Borges, prologuista.  También estudió en la Universidad de Texas en Austin del 1998-99, y con una beca de intercambio, en Brown University en el 2002. En el otoño del 2003 se matriculó en el programa de doctorado el Departamento de Español y Portugués con una beca de la fundación Fulbright.  

Aunque la carrera académica de Aura era prometedora, ella soñaba con ser escritora. Durante toda la secundaria y la carrera escribió poesía y cuentos que publicaba en periódicos universitarios y en revistas independientes. En el otoño del 2006, a pesar de la pesada carga académica del programa de doctorado, se matriculó en la maestría en creación literaria de Hunter College y comenzó a escribir en inglés.

Mientras estudiaba en Columbia también publicaba ensayos, reseñas, y cuentos cortos en revistas mexicanas y latinoamericanas tales como Letras Libres, DF, Gatopardo, la revista electrónica literaria Letralia, así como la antología El gringo a través del espejo; también publicó un cuento y un ensayo en la revista Wordswithoutborders.org. En inglés, publicó reseñas en Bookforum y The Boston Review. En el 2009 la editorial mexicana independiente Almadía publicará una colección de escritos de Aura.

En Hunter College estudió con Peter Carey y Colum McCann, y comenzó a escribir una novela en inglés que quería corregir y completar en español. Ahí, contó con una beca Hertog para ser asistente de investigación de la premio Nobel de literatura Toni Morrison.

El 20 de agosto del 2005 Aura y Francisco Goldman se casaron en Atotonilco, México, en Guanajuato. Sus amigos vinieron de todo el mundo a la boda. El 24 de julio del 2007, mientras estaba de vacaciones con Francisco y su prima y amiga cercana Fabiola Rébora en Mazunte, una playa en la costa de Pacífico, Aura sufrió un funesto accidente en las olas. Murió al día siguiente en un hospital de la ciudad de México.

 

*Las fotos están tomadas de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-ed14388b78f1ebc9a965d6297c97c98f.jpg

 

CÉSAR IBÁÑEZ PARÍS: UN POEMA

CÉSAR IBÁÑEZ PARÍS: UN POEMA

[César Ibáñez París es narrador y poeta. Nació en Zaragoza en 1963 y vive Soria desde 1990. El otro día en Calayatud leyó varios poemas de su libro ‘Desvelos’, publicado en castellano y portugués. Uno de sus textos era este, ‘España’. Tras oírlo, la gente rompió a aplaudir. La foto es de Cristina García Rodero.]

 

 

ESPAÑA

De niño me dijeron
que tu tierra reseca, agosto puro,
escondía en su entraña
manaderos de sangre,
sangre para el fulgor y la osadía.
Me dijeron que el tiempo no mellaba
las armas de tu historia,
los filos de tus huellas,
las quillas de tus barcos
(que son de mar y nunca de madera,
cuando lamen las olas hacia el final del mundo
y cuando vuelven a su sitio exacto,
hechas alma de sal o hechas ceniza).
Me dijeron también que la locura
de tus febriles héroes
era hermosa, pictórica, sagrada
(siempre Dios de su parte y de su pólvora)
y que al final el viento sopla siempre
para que ondeen las banderas rotas.
Me contaron también que estabas hecha
de espíritus y espinas,
de garrotazos y éxtasis,
de grandeza y orgullo desmedido,
y que no era difícil entenderte
mirando el Escorial y luego los colores
que, aun velados, iluminan el Prado.

Me mintieron, lo sé desde hace tiempo
(y también me mintió, con qué arrebato,
quien, ya de adolescente, me explicaba
que eres proa de Europa preñadamente en punta).
Nos mintieron, lo sé y es cuento viejo.

Pero ahora que tantos usureros
te dan la espalda como a trasto inútil,
ahora que o te venden o te escupen,
yo quiero entresacar de las mentiras
una humilde verdad:
que aquí cabemos todos.
Y cuando digo aquí
quiero decir en esta poca tierra
que mis manos sostienen,
en la lluvia que a ratos nos fecunda,
en el aire que llega hasta la sangre
y en las páginas vivas del Quijote.
Y cuando digo todos
quiero decir erguidamente todos.

ARTISTAS DE MONSTRUOS EN EL ECAD

David Vela, Ángel Laín y CSViñuales, en una foto de Vicente Almazán.

 

ARTE

El lenguaje de las bestias

 

Cuatro artistas - David Vela, Óscar Sanmartín Vargas, CSViñuales y Ángel Laín- interpretan el bestiario fantástico en ‘Portentos, Ostentos, Monstruos y Prodigios’ en Espacio Adolfo Domínguez

 

 

Sin hacer mucho ruido y en un lugar muy especial, con alusión a las murallas y a las piedras antiguas de la ciudad, en Puerta Cinegia existe un Espacio Cultural Adolfo Domínguez muy activo y constante en su programación artística. Desde hace unos días se expone una muestra colectiva que combina diversos formatos y técnicas de artistas muy distintos - David Vela, Óscar Sanmartín Vargas, CSViñuales y Ángel Laín- que han trabajado sobre ‘Portentos, Ostentos, Monstruos y Prodigios’, obras inspiradas en las ‘Etimologías’ de Isidoro de Sevilla, quien escribió: “El portento no se realiza en contra de la naturaleza conocida. Y se conocen con el nombre de portentos, ostentos, monstruos y prodigios, porque anuncian (portendere), manifiestan (ostendere), muestran (mostrare) y predicen (praedicare) algo futuro”.

David Vela es un ilustrador, pintor y humorista gráfico, galardonado en distintos certámenes y vinculado a la obra de Ramón Gómez de la Serna, al que ha ilustrado en varias ocasiones, tanto sus greguerías, como sus bestiarios o sus sirenas. Aquí presenta varias series de témperas: una interpretación de ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, en una de las piezas sustituye el tradicional caballo por la bicicleta; un conjunto de figuras (la sirena, el cíclope, la esfinge...) o el apartado ‘El fin del mundo’, más épico. El trabajo de David Vela está caracterizado por la presencia de figuras, un gran sentido del color y de la composición, la huella narrativa y el uso de la ironía y el humor, a menudo auténticamente humor negro. Destaca su aproximación al universo de la guerra, donde se percibe el silencio, la desolación y las huellas de la barbarie. Cierra su apartado con un espectacular ‘Juego de la Oca’.

Óscar Sanmartín Vargas, ilustrador y diseñador, es el alma gráfica del sello Tropo editores, pero además hace composiciones escultóricas muy originales, como se ve aquí en dos de sus dioramas: uno de ellos evoca el mundo del circo y otro el universo latino, como ocurre en esa inscripción SPQR que era el emblema de las legiones romanas, cuya traducción sería «Senado y Pueblo Romano». Además, Sanmartín expone algunos de sus dibujos, que tiene algo de secuencias narrativas, de esos monstruos con extrañas cabezas que evocan un mundo intemporal, de inquietud y sombra, y los bestiarios fabulosos y decrépitos del grabador José Hernández.

CSViñuales es diseñadora gráfica y una pintora muy expresiva que trabaja, muy especialmente, los paisajes tempestuosos y enérgicos. Aquí son casi todos marinas, pero no marinas amables o suaves, sino más bien violentas. Bajo el oleaje o la oscilación de las mareas, en ocasiones, parecen asomar criaturas terribles o no tan terribles, peces informes, peces sugeridos, saurios. Monstruos. Y entre sus animales, en uno de los cuadros más vigorosos, parece intuirse un toro que se desmelena.

Ángel Laín, pintor y escultor y experto en maquillaje, combina el dibujo con las esculturas y con la instalación. Por ejemplo, es muy atractivo ese montaje de un tarot sobre arpillera distribuido sobre una columna y resuelto con dibujos muy originales, emparentados con esas deslumbrantes esculturas móviles de figuras y símbolos que cuelgan del techo como pájaros gigantescos. Impacta la instalación ‘Troceadora’, o guillotina, y la videoinstalación ‘Holocausto vegetal’, de aroma apocalíptico.

La exposición es muy sugerente y variada. Fluctúa entre la imaginación, la fantasía, el horror y la deformación. Y por supuesto no es ajena a la inquietud ni a la belleza. Es la primera muestra del año. El Espacio Cultural Adolfo Domínguez (ECAD) es un lugar acogedor y evocador, y cuenta con la coordinación del poeta y pintor Eugenio Mateo, quien, día a día, ensancha sus propuestas y da cabida a todo: a pintura, escultura, fotografía, grabado, o ahora a esta colectiva tan llena de matices.

 

 

Óscar Sanmartín Vargas por Vicente Almazán.

 

‘Portentos, Ostentos, Monstruos y Prodigios’. David Vela, CSViñules, Óscar Sanmartín y Ángel Laín. Espacio Cultural Adolfo Domínguez (ECAD). Hasta el tres de febrero. [Las fotos de David Vela, 'El Juego de la Oca', y el Tarot de Ángel Laín, las he tomado del blog del librepensador.com.]

PEPE MELERO, HOY EN MADRID

‘ESCRITORES Y ESCRITURAS’ DE PEPE MELERO,

HOY EN MADRID, EN LA LIBRERÍA ALBERTI

Esta tarde, en la librería Alberti de Madrid (Tutor 57), José Luis Melero presentará su libro ‘Escritores y escrituras’ (Xordica) en compañía del escritor Jesús Marchamalo. Pepe Melero estará muy bien acompañado de muchos de sus amigos y admiradores madrileños y de algunos que vienen desde más lejos como el entusiasta Elías Moro Cuéllar, que hará el viaje desde Mérida. Dice Pepe acerca del libro:  “En esto de la literatura apenas he hecho otra cosas que tratar de dar voz a los que no la tienen, devolver el rostro a los desfigurados y resucitar cadáveres. De tanto lidiar con fantasmas me temo que voy a acabar convirtiéndome en uno de ellos”. ‘Escritores y escrituras’, que ha sido elogiado por muchos autores y críticos- recoge 119 artículos que aparecen todos los jueves en ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. Podría considerarse la segunda parte de ‘La vida de los libros’, o más bien una continuación de ese proyecto.

GIL NOVALES Y HUESCA

GIL NOVALES Y HUESCA

[Ramón Gil Novales acaba de ser nombrado Hijo Predilecto de Huesca. Leyó esta declaración de amor a la ciudad de su memoria, que me envía muy afectuosamente Amparo Martí.]

 

Yo nací en Huesca en una calle a medio hacer. Cabestany era un apéndice lateral del rey de los paseos de entonces: el Paseo de la Estación que descendía espacioso, poco frecuentado, salvo por parejas de enamorados que se encaminaban hacia la soledad del Banco Azul, apenas turbado por el pitido de alguna locomotora en maniobras o por la corneta del cuartel al atardecer,  esplendoroso en su mediodía, con sus bancos de piedra y su cortina vegetal. Yo lo retengo como la cima de libertad en mi infancia.

De ahí partía la calle Cabestany, modesta desde su inicio: un almacén de maderas frontero a un viejo caserón de dudosa armonía. Después corría un tramo con trazo propio hasta que el racimo de casas lo detenía una inmensa huerta que lo dejaba con olor a fruta en la desierta plaza de Santa Clara. Desierta a excepción de finales de noviembre cuando envuelta en gasas de neblina se aposentaba la feria de ganado y todo era chalaneo, apretón de manos y trasiego de billetera a fajos. Terminaba la jornada en el decaído Teatro Odeón, a rebosar de ganaderos que seguían con asombrada atención alguna inevitable obra de don Jacinto Benavente.

Terca, tozudamente, toda mi obra está poblada de ecos oscenses y ya desde muy temprano, en ficción madrugadora, aparece un personaje que en un atardecer de mayo se adentró para siempre en la antigua y diminuta ciudad, agazapada en un llano, al pie de la sierra, con sus calles polvorientas y su población de hortelanos, comerciantes y empleados, con su universidad de fundación y nombre romanos, con su ensimismamiento, lejanía y solera.

De esos ecos hay uno que me dejó largo pesar: la Guerra Civil. De repente, la muerte en su faceta más desgarrada, la población azuzada por el pánico, su voluntad en andrajos. Y a la salida de la infancia, el Bachillerato en el Instituto “Ramón y Cajal”. He recorrido los anchos pasillos de la Normal, ahora acallado el alboroto de los desafíos con pelota de trapo, pero con la misma claridad de esa luz de puñado tan oscense. Y por supuesto, rostros, voces y gestos renacidos en recoleta procesión. Guardo como mayúscula novedad de aquella etapa el magisterio de unos pocos profesores que nos reveló, en prudente entendimiento, un mundo en libertad, cívico y fraterno, que aventuró un porvenir risueño en esos inciertos días.

Mientras tanto, frente  a la monotonía provinciana, el ritual del paseo con los amigos, los tanteos sentimentales, el cine como válvula de escape, las primeras lecturas, las clases particulares en verano, en concreto la de latín, que sitúo como pretexto de este párrafo:

“Por ese lado la ciudad se deja caer en un desgobierno de callecitas, costanillas y plazuelas, amparadas en la noche por algunas bombillas que semejan ahorcados. En planos sucesivos trepan a pequeños brincos hasta la gran plaza, donde una catedral gótica, de campanario desmochado, abre el ojo de su gran reloj”.

Dejé Huesca sin saber que la historia de un hombre es un largo rodeo alrededor de su casa, como está escrito. He vuelto, siempre he vuelto en busca de manantial inspirador, de asidero contra la ventisca de los años. Huesca se me hizo mayor a zancadas, por  decenios, hasta que de pronto se mostró entera; había roto el asedio hortelano –aún perdura el olor a albahaca- y con el aporte demográfico de la comarca se había consolidado como ciudad abierta, suficiente en todo lo nuevo. Quedan retazos de campo en el parque municipal y siseo de pinos en la ermita de San Jorge para alborozo y sosiego.

Ahora la veo risueña, cordial, parlanchina en sus aceras, con ese humor que roza el absurdo y un punto entre curiosa y coqueta. El viento de la sierra con sus sabores, la luz azulada del cosido de los montes, el esplendoroso incendio de sus atardeceres, la hoya de fronteras sin líneas, cópula de cielo y tierra ocre, son incitaciones para la sensibilidad de quien ha crecido al costado de tanta excelencia.

Por último quiero agradecer hondamente a esta corporación, a quienes me eligieron y a quienes me votaron,  la nominación de Hijo Predilecto de Huesca, honor que me emparenta todavía más con mis viejas raíces. Agradezco así mismo este acto que depara un íntimo tú a tú con la memoria de mi ciudad.

Ramón Gil Novales, 22 de Enero de 2013

Esta foto tan sugerente es del maestro de fotos y retratos Pedro Etura.

'POLVO EN EL NEÓN': CASTÁN Y LEYVA

[Adolfo López Chocarro, librero y apasionado de las nuevas tecnologías, un gran lector, comenta la novela de carretera, más bien relato largo, de Carlos Castán, ilustrado con fotos de Dominique Leyva. He aquí aquí su reseña, que me acaba de mandar el editor y narrador Óscar Sipán.]

 

 

Polvo en el neón

['Polvo en el neón'. Carlos Castán. Fotografías de Dominique Leyva. Tropo. Huesca, 2012.]

 

ADOLFO LÓPEZ CHOCARRO. Librería Zubieta, de San Sebastián.

 

El movimiento no es sinónimo de acción, la vida puede ser una cinta estática, ratas de laboratorio en experimentos olvidados. Pero el engañarse, la sensación de huida, y aquí tenemos un clásico: el viaje y su mística. "Conducir por cualquier carretera sin excesivas ganas de llegar a puerto puede ser en sí todo un destino". Ya tenemos la puerta abierta, primera frase y Quinn y Jessica, marido adúltero y amante, un coche disparado adelantando camiones, un motel. No hace falta ni apuntar los futuros escenarios de esa América profunda, y tanto. Y desde aquí el despliegue, como atrapar una vida y meterla en la batidora abierta, y ver saltar la sangre y la inmundicia por toda la habitación, solo hay que saber esperar para ver lo repleto que está el vacío.

Apoyado en una no siempre potente, pero si alejada de mitificaciones, obra fotográfica de Dominique Leyva, Castán, sin ternuras de arranque, sin perfecciones estilísticas ni grandes diálogos, pero con una bella melancolía lírica en las descripciones de esta prosa limpia, se va a dedicar pacientemente a buscar un equilibrio entre la dureza de estos personajes perdidos o anhelantes, y la sensibilidad que irá cuajando poco a poco el texto en torno a la soledad, los trenes que se pierden, el vacío eterno, nuestras incoherencias, egoísmos y brutalidades, pero sobre todo el amor y sus aledaños, de su tenencia y ausencia, del significado de la fidelidad y la traición. Sí, esta carretera está hecha de soledad y amor, del yo y el otro y el camino, de la irremediable sensación de la imposibilidad de ser, estar o padecer. Pero no, no será una frialdad carveriana, de golpe seco. Como dice Antón Castro, Castán "nos deja doloridos", porque nos va moliendo poco a poco, y de pronto uno se encuentra repleto de sentimientos sangrantes ajenos como propios, enternecido, tirado en "una casilla vacía, el rincón más hueco del mundo" pensando que todo "habría sido perfecto sino fuese por el puto amor que todo lo acaba ensuciando con su ternura" y encadenándonos a "toda esa confusión de proyectos, facturas y violines" en que acaba todo.

Y sin embargo allá, al final del camino, en la derrota nuestra de cada día, seguimos esperando esa llamada, esa imposible llamada telefónica que nos salve, a pesar de haberla traicionado tantas y tantas veces respondiéndola, porque seguimos sin tener absolutamente ni idea de qué hacer con nuestra vida en derrumbe.

Maldito Carlos Castán, este artefacto duele.

http://www.graniteandrainbow.com/wp-content/uploads/2013/01/GR22.pdf

MIGUEL MENA: ESPAÑA 1982

MIGUEL MENA: ESPAÑA 1982

La violenta España de Naranjito

 

Miguel Mena publica la novela ‘Todas las miradas del mundo’, que transcurre en 1982, entre el terrorismo, el fútbol y la colza [La foto es de Vicente Almazán]

 

 

Miguel Mena (Madrid, 1959) había creado al inspector Luis Mainar en su novela ‘Días sin tregua’ (Destino, 2008). Allí, aquel hombre borrascoso y contradictorio, con cicatrices como marido y como padre de una niña discapacitada, tenía la misión de resolver el secuestro de Enrique Castro González, ‘Quini’. Ahora, tras la publicación de la novela juvenil, ‘Alerta Bécquer’ (Alba, 2010), Miguel Mena publica ‘Todas las miradas del mundo’ (Suma de Letras), otra narración con su inspector madrileño Luis Mainar, al que reclaman en Málaga porque se ha producido una desaparición en la delegación neozelandesa de la selección de fútbol que juega en Málaga.

Se celebra en Mundial de España de 1982, el Mundial de Naranjito y ocurren otras muchas cosas: la violencia casi indiscriminada de la ETA y de los restos del fascismo emparentado con el franquismo, la tensión de la Guerra Fría y la terrible tragedia de la colza. Todo ello lo desmenuza el escritor a través de un puñado de historias que se entreveran y que avanzan con nitidez: unos jóvenes fascistas dispuestos a quemar vehículos, un disidente soviético que participa de una conspiración bien orquestada, unos quinquis de poca monta, tres terroristas que están dispuestos a disparar un tiro en la nuca o hacer saltar por los aires lo que haga falta mientras por las noches leen las frases de Che Guevara, que abogan por la necesidad del odio. Al fondo, también está la contaminación por aceite de colza, que afecta a la hija del comisario Navas, profesora en Soria.

Esas historias se van engarzando con transparencia y un ritmo tan cadencioso como inapelable: Miguel Mena, partidario de una literatura popular, compone una narración muy sólida, de atmósfera negra, de denuncia y con algunos atisbos románticos, en la que cobra una especial importancia Julia o Julie, una mujer de Salamanca que se casó en Nueva Zelanda y que hace de traductora de la delegación. Quizá sea el personaje más prometedor y luminoso, el más cómplice del investigador, que asiste a varios choques por exigencias de su trabajo.

El escritor y locutor –que está a punto de celebrar sus treinta años trabajando en Radio Zaragoza-Cadena Ser, en programa musicales, luego en ‘Estudio de Guardia’ y ahora a ‘A vivir Aragón’- se documenta con exhaustividad, capta numerosos detalles inadvertidos, y aquí se rastrea un historia coral y una modesta memoria de un mundo con muchos conflictos. Dentro de este friso de agitación está el Campeonato del Mundo, sus aficionados revoltosos y otras muchas expectativas: en Málaga jugaba el gran Brasil de Zico y Sócrates, que sería eliminado por la Italia de Rossi y Bruno Conti, Rusia, Escocia y Nueva Zelanda.

‘Todas las miradas del mundo’ está dedicado a Félix Romeo, “maestro, amigo y hermano”, que leyó el manuscrito y le hizo, cómo no, apostillas y sugerencias. De argumento realista, que transcurre en distintos lugares, la novela huele a verdad y a escalofrío con ese latido amargo del terrorismo. Más que amargo, terrible, insoportable. Miguel Mena siempre cuenta cuánto le impactó el libro ‘Vidas rotas’ del aragonés Rogelio Alonso, una crónica minuciosa de todos los crímenes de ETA. A veces, muchas veces, ni en la vida, ni en el amor ni en la amistad “gana el que juega más bonito”. Entonces y ahora había demasiada gente dispuesta a sembrar las diversas suertes de la desdicha.

 

Todas las miradas del mundo. Miguel Mena. Suma de Letras. Madrid, 2013. 314 páginas.