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Antón Castro

PECKER Y 'COMERCIAL': UN DIÁLOGO

ENTREVISTA. Raúl Usieto (Huesca, 1973) es Pecker. Reside en Nueno, Huesca, y publica un nuevo álbum: ‘Comercial’ (Warner Music), que tiene lo que le gusta: variedad musical, ritmo, frescura, embrujo y amor a la vida.

 

“El amor es infinito y mueve el mundo”

 

 ¿Qué pasa por su cabeza cuando prepara un disco, qué busca?

En realidad no suelo escribir discos sino canciones. Entiendo que hay gente que piensa en un concepto y comienza a desarrollar un montón de canciones alrededor de él para concluirlas en un álbum. Tal vez por eso se me considere un autor muy ecléctico, porque cada tema para mí es un mundo independiente. A veces surge de una sensación o estado anímico, otras me lo sugiere el libro o película que me acompaña, en alguna ocasión las noticias me dan una idea y muchas otras simplemente aparece en mi cabeza una frase que me gusta y ella me lleva a más.

¿Quiere ser ‘Comercial’ su disco más comercial, o el más indie, el más festivo?

Si un producto es o no “comercial” lo decide el público con su acción de elegir. Lo que ocurre es que además, el término está unido directamente a una idea de género en contraposición con esa cosa llamada ‘indie’ (que también se puede leer como un estilo musical o como una manera de trabajar). Desde luego que mi modo es el más ‘indie’, pero mi sonido es pop entendido de un modo muy amplio. Y llamar a mi nuevo trabajo ‘Comercial’ es sobre todo una provocación.

Hay un tema dominante: eso que llamaríamos la introspección. ¿Qué conflicto tiene de identidad, dicho sea con algo de humor?

Conmigo mismo tengo muchos conflictos, pero mejor me los callo no vaya a ser que exteriorizándolos los solucione y me quede vacío para poder seguir escribiendo. Hace casi 20 años hice mi primera exposición de fotografía en Valencia y se tituló ‘Mirada introspectiva’. Eran autorretratos tratados con mucho humor e ironía. Desde entonces arrastro esa necesidad de entenderme.

Dice que se multiplica por mil y a la vez proclama sus errores... ¿En qué se ha equivocado?

Multiplicarse por mil da fuerza y seguridad en uno mismo en esos momentos difíciles o delicados. La vida es un reto continuo y a veces cuesta enfrentarse a según qué cosas, porque uno es lo que intenta ser, pero también aquello que no ha podido escoger. Y por supuesto me equivoco, como todo el mundo, en muchas cosas, pero ya se sabe que de los errores se aprende.

¿Es ‘Todas esas cosas’ su mejor autorretrato?

Todas las canciones de algún modo son autorretratos, aunque quizá en ésta me haya sincerado más de lo habitual. Normalmente prefiero que las canciones queden libres de las connotaciones del autor y sean interpretadas por quien las escucha, pero ahí voy. Soy piscis y, no sé si tiene que ver o no, tengo al menos dos caras; tampoco diría que una es buena y otra es mala, simplemente las tengo. Reparto besos y en ocasiones tiro bombas y simplemente lo advierto para que no haya sorpresas.

¿En qué cree que debe ser más radical? Cito otra canción.

Creo que tengo un carácter poco combativo y suelo echar en falta la radicalidad en general en cualquier cosa. Me gustaría poder ser más borde, a veces, más claro y directo. Peco de cordial aunque no se merezca.

Se manifiesta contra la banalidad. ¿También lo hace contra la corrupción y la manipulación?

El primer single de mi nuevo disco se llama ‘No (Todo lo que no)’ y es precisamente un canto contra las manipulaciones políticas y sociales de los poderosos de la tele, solo que está dibujado metafóricamente como casi una relación de pareja.

¿De cuántas formas puede cantar Pecker al amor?

El amor es infinito. El amor mueve el mundo. El amor a tu pareja, a tu hijo, a tu familia, a tus amigos, a las buenas historias, a la naturaleza, al dinero, a los placeres de la vida, a la vida, a la música, a uno mismo, a un concepto x, a un dios, a un ídolo. Eso sí, entendido el amor como sí mismo y su contrario, el odio. Allí se esconden en realidad todos los temas.

¿Cuál es para usted el sueño: el amor o la vida?

La felicidad de encontrar el amor en la vida. Ese es el sueño perfecto que debería tener cualquiera. No querría despertar de un buen sueño. De las pequeñas imperfecciones que hacen que lo perfecto sea genial. De ser feliz con lo que hago en compañía de María y Lucas, mi mujer y mi hijo...

El disco, como todos los tuyos, tiene melodías frescas y pegadizas, bonitos estribillos, invita a bailar, tiene textos sorprendentes y ágiles... ¿Cómo se plantea todo esto?

Muchas gracias. Me lo planteo desde el egoísmo. Lo primero de todo es que lo que hago me tiene que gustar a mí; lo normal. Y después viene ese lado del “qué les parecerá a los demás”. Me gusta hacer disfrutar a la gente, quizá es “mi sintomática afición por agradar” e intento que las canciones estén llenas de optimismo aunque la historia que cuente sea grave.

¿Qué debe tener para usted una canción?

Debe tener gancho. Lo difícil es saber cómo conseguir ese gancho, puede llegar en forma de melodía adhesiva, de frase cautivadora, de un instrumento hipnótico que seduce o de un ritmo canalla que te invita a bailar. No se sabe. Y menos mal, porque sería aburrido que todas las canciones del mundo fueran increíbles, ¿no? Ya no tendría gracia, porque debe haber algo malo para apreciar como es debido algo bueno.

Hablemos de estilos...

El estilo me preocupa en su justa medida. Desde muy pequeño me ha gustado un abanico muy amplio de estilos musicales: el pop, el hip hop, el punk, el rock, la electrónica. Me pasa en muchas ocasiones que escucho algo y pienso “ostras, yo quiero hacer algo así”, quiero ser Beck, George Harrison, Adam Yautch (el recientemente fallecido MC de los Beastie Boys), el bajista de Standstill o la chica de The XX, quiero ser Tom Waits y Jim Jarmush, o Stuart Price de Les Rythmes Digitales. Por eso, cuando escribo canciones, a veces me voy más en una dirección y otras en su opuesta, y para eso estoy yo, para intentar unirlo todo en un mismo sonido, mi sonido.

¿Qué le debe a Los Beatles?

Les debo sobretodo la pasión por la melodía de la voz. Les debo esa importancia primordial de la canción por encima de la producción.

¿Qué relación tiene con su voz?

Con mi voz digamos que me apaño. No me considero cantante, sólo intento escribir buenas canciones y, de paso, voy yo y las canto.

¿Cómo se vive la música y la pertenencia a la industria desde Nueno?

De maravilla. Con internet ahora todo es muy fácil. Me siento directamente conectado con el mundo, con la industria, y sobre todo con la gente que disfruta escuchando mi música a través de las redes sociales. Es genial. Tengo el estudio aquí, grabo aquí y paseo por aquí. Y si me requieren en algún lugar, pues allá que voy. Ahora regreso de Casablanca...

¿Cuáles han sido los tres discos de 2012 que más le han gustado?

In our heads’ de Hot Chip. ‘O amor é uma religiao’ de Paulo Carvalho. Y ‘Coexist’ de The XX.

 *Esta entrevista con el cantante oscense se publicó ayer en Heraldo.es

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2013/01/22/amor_infinito_mueve_mundo_219388_308.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias#.UP_DVqFY4BA.facebook

UN CUENTO DE RAIMUNDO LOZANO

[Este próximo jueves 24, a las 19.30, en la Biblioteca de Aragón, Raimundo Lozano presenta su nuevo libro: ‘Historias de siempre’ (Corona del Sur, Málaga), en compañía de Fernando Gracia y Berta Lombán, que leerán algunos de estos cuentos, recuerdos, impresiones y retratos de amigos. Raimundo Lozano Vellosillo, soriano afincado en Zaragoza desde hace muchos años y enamorado de Galicia y de sus autores, ha publicado más de 50 libros de poesía, relato corto, recuerdos y cuentos infantiles, y ha estado muy vinculado a amigos como Fermín Otín Traid, Guillermo Gúdel, Rosa María Aranda, etc. Colabora asiduamente en ‘Heraldo de Soria’.]

 

He aquí uno de sus textos: ‘Baltasara’, el retrato de una comadrona.

 

BALTASARA

De ’Historias de siempre’. Raimundo LOZANO. Corona del Sur

 

        No pocos de los que vinieron a este mundo donde yo nací, antes o después ya duermen debajo de la tierra.

Excepto media docena que, como yo, dejó Torrubia de ser nuestra residencia.

        Inolvidable Baltasara, la tiá Baltasara, como solíamos llamarla. A las que eran de la familia se les llamaba tía, y tiá a las que no lo eran. Con la denominación de Don solo lo era el cura y el maestro, y señor al secretario.

        Baltasara era muy trabajadora, y honrada, o parecía serlo. Mujer imprescindible entonces, dado que no había en el pueblo médico ni farmacéutico, ni siquiera practicante. Ella era quien suplía estas carencias.

        No importaba que lloviese torrencialmente, o que cayesen aquellas nevadas que dificultaban el paso para ir de una casa a otra casa, a la iglesia a la fuente por agua. Vieja ya, como era, sin embargo nunca rebabla.

        No poseía título de enfermera, menos aún de comadrona, mas ella sabía perfectamente cómo ayudar a salir del vientre de su madre aquello que podía serniño o niña.

        Mi madre me tenía contado muchas veces como vine yo al mundo, a este mundo. De madrugada, un día de enero, con más de un metro de nieve helada, con veredas que había hecho algunos hombres para ir de una casa a la otra, a la iglesia, al abrevadero y a la fuente.

       Nunca  faltaba a los actos religiosos, algo beata que era. No hablaba mal de nadie, el odio y el rencor no iban con ella.

Solía rezar mucho, con frecuencia por lo bajo y por lo alto según exigiese la ceremonia. Y nunca pedía nada. Si acaso, un desayuno o una cena si era necesaria su presencia. Pues,como no había ni médico ni farmacia a ella se recurría para aplicar algún remedio. Por eso sabía más que nadie todos los entresijos que había en cada casa, en cada familia. Mas ella nunca decía nada. Excepto si podía mediar en el asunto, pues sabido es los enfrentamientos que había en no pocas familias. Los más frecuentes, por aquellos de las herencias, pues siempre había hijos egoístas que pretendían ser los herederos, llevarse de herencia más que los otros hermanos.

     Falleció un día de febrero, mas yo no pude estar en su entierro. La distancia no me lo permitía. Y bien que lo sentí.

Me quedé con las ganas de acompañarla en aquel su último viaje.Incluso de llevar algún momento su cuerpo ya sin vida metido en una caja de madera. Como un muerto cualquiera.

         Creo que el cura se explayó hablando y rezando en aquellos difíciles momentos. Y bien contestado, dado que era muy querida por todos, familiares y no familiares. Yo también, aunque lejos recé un padrenuestro y una salve en su recuerdo.

         Creo que ya hacía varios meses que dejara de ser imprescindible, debido a la llegada de una practicante y una enfermera, ambos titulados.

           Ganas tengo de rezarle hoy, mas ya sé que de nada le serviría a ella. Deseos no me faltan. Cuando menos, ahí van mis recuerdos, Baltasara.

 

 

 

DAVID MAYOR: DOS POEMAS

DAVID MAYOR: DOS POEMAS DE '31 POEMAS' (PRE-TEXTOS)


[David Mayor es poeta y profesor de filosofía. Dentro de unas semanas publicará en Pre-Textos un nuevo poemario: ’31 poemas’, textos que tienen esa concentración tan particular suya, esa intensidad despaciosa, la fluidez de la contención, la mirada que hermosea en el tiempo, la herida del amor... He aquí dos poemas.]



FERIA DEL LIBRO

Te preguntas qué ocurrirá 
cuando acaben los libros. 
El día, la fecha, el lugar. 

E imaginas un galgo detenido 
en un descampado,
a un mortal en la guerra de Troya,
a un quijote
en busca de trabajo.



INSOMNIO

A mi cuerpo le falta el tuyo,
el tiempo que me falta es el tiempo que tardas
en llamarme.

La culpa es esta noche ártica sin cristal
que la contenga ni bebida rabiosa.

Ni un beso te di.

 

*La primera foto de Willy Ronis la he tomado de aquí.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-6f40d5a7563ea15335d1ddcabbb991db.jpg

Y la seguna de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0d93b51df1216fc24389fdba8e7dfa7e.png

 

IGUARBE, L. SALESAS Y EL SALTERIO

IGUARBE, L. SALESAS Y EL SALTERIO

 

[José Ignacio Iguarbe es fotógrafo. Un día, durante un viaje al Altoaragón, conoció a Luis Salesa, que acababa de reconstruir un salterio. Le hizo un amplio reportaje: las fotos, con este texto, han merecido el segundo premio de fotografía etnográfica convocado por la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, dotado con 2.000 euros. Aquí está una foto y el texto de José Ignacio.]

 

EL SALTERIO. MÁGICO SONIDO DEL ALTO ARAGÓN

Por José Ignacio Iguarbe

Cada vez es mas habitual en el Pirineo Aragonés, escuchar el  mágico sonido del Salterio acompañando al Chiflo, antiquísimo instrumento que solo podíamos contemplar en el Museo Diocesano de Jaca. Este instrumento  procede de la Cofradía de Santa Orosia.  El otro de los salterios existentes se encuentra en la localidad de Yebra de Basa, su propietario es un particular, el instrumento no se usa debido a su antigüedad.

Luis Salesa es una persona muy implicada tanto en la recuperación de instrumentos como en las más puras tradiciones musicales de esta Zona del Alto Aragón. A Luis debemos la recuperación de este antiquísimo instrumento del que ya hay referencia en uno de los capiteles de la Catedral de Jaca,  este capitel románico, estuvo ubicado en la puerta sur  de la catedral y se le conoce como ‘Los instrumentos del Rey David’, en la actualidad se expone  el Museo Diocesano de Jaca.

Sin ejemplares de salterio, ni artesanos que lo fabricasen, dejo de oírse ese sonido mágico, que durante siglos acompaño los grandes y solemnes momentos de esta zona de La Jacetania. Luis Salesa solicitó al Museo Diocesano de Jaca, le permitiesen estudiar e incluso radiografiar el único salterio que existía, para poder reproducirlo, para ello se hicieron planos se comprobaron los diferentes tipos de madera que lo componen, recurrió a la memoria de los mas mayores para obtener  todo tipo de información que le permitiera que el Salterio en forma y sonido fuera igual al de antaño. El mayor merito de este luthier, sin lugar a dudas es su gran pasión por lo auténticamente tradicional.

El Sonido de los nuevos Salterios acompañando al Chiflo siguen emocionando a los Jacetanos, como lo hicieran hace siglos, en la procesión de Santa Orosia, cada 25 de junio por la calles de Jaca, dando ritmo a palos y castañuelas, consiguiendo que el corazón de este pueblo altoaragonés lata al unísono.

El salterio, confeccionado con diferentes maderas, tiene forma trapezoidal y simétrica con entrantes curvilíneos en los laterales. La parte trasera y la delantera son planas. En la delantera observamos dos orificios circulares más o menos decorados que permiten la resonancia. Seis cuerdas de tripa de algún animal, que se tensan y afinan con otras tantas clavijas situadas en la parte superior del instrumento, dos piezas semicilíndricas macizas sirven de protección a los clavijeros, encima de cada cuerda se coloca una grapa clavada al puente superior. Para estas decoraciones Luís, hace uso de dibujos con formas geométricas inspirados en la más pura tradición, o relieves tomados de la naturaleza con formas vegetales.

La forma en que se hace sonar el salterio en el Alto Aragón es sujetándolo al cuerpo entre el antebrazo y el costado mediante una o dos correas de cuero sujetas a la parte trasera del instrumento, quedando la mano derecha libre para tocar el chiflo, y con la izquierda se golpean la cuerdas del salterio con un batiente fino de unos 40 centímetros de largo.

Los diferentes estudiosos musicales no se ponen de acuerdo a la hora de clasificar este instrumento. Unos lo catalogan como instrumento de percusión mientras que otros creen que por sus orígenes podría considerarse dentro de la familia de los instrumentos de cuerda, ya que posee afinación y la posibilidad de cambio de tonalidad. Existen otros instrumentos de la misma familia que se hacen sonar de forma melódica, tocados con un arco o con pequeñas baquetas golpeando las cuerdas como un xilófono.

Luis Salesa consiguió  recuperar el Salterio y al artesano,  ambos ya extinguidos.

FLOJICO, FLOJICO, POR LUIS ALEGRE

[Luis Alegre, que estuvo en Laluenga conversando con los paisanos y contando historias de cine, de amistad, de pueblos y de fútbol -quería ser santo y delantero centro del Real Zaragoza- publica hoy este artículo sobre aquello 'flojico, flojico, lo tuyo don Luis', y desmiente el lugar común... Arriba Buñuel retratado por Man Ray, abajo una foto de Forqué de su web.]

 

UNA ANÉCDOTA FALSAMENTE ATRIBUIDA A LUIS BUÑUEL VUELVE A INSINUAR QUE LA ESTRICTA VERDAD, A VECES, ESTÁ MUY SOBREVALORADA.

 

Otra leyenda aragonesa

 Por Luis ALEGRE

La anécdota me la contó, hace muchos años, José Antonio Labordeta. La estrella de la historia era Luis Buñuel. Acababa de estrenar una de sus obras maestras y el mundo se había rendido a su inmenso talento. Un día vino a Zaragoza a ver a su madre. Vivía en el Paseo de la Independencia 29, en el mismo edificio de HERALDO. Entonces, al lado de esa casa, Buñuel se encontró con un antiguo compañero de los jesuitas, al que hacía siglos que no veía. Su amigo le saludó, eufórico: “¡¡Hombre Luis, qué alegría verte¡¡ ¿Pero qué haces por aquí?. Oye, que me he enterado de lo de tu película. Ya la he visto: mu flojica ¿eh?”

José Antonio acabó el relato y se partió de risa conmigo. El chascarrillo era un retrato muy divertido de algunos rasgos que se suelen asociar a la personalidad aragonesa: la simpatía, la “autenticidad”, la franqueza a bocajarro pero cariñosa y esa tendencia irreprimible a quitarle importancia, abaratar o, directamente, despreciar, a las cosas y personas más valiosas que nos rodean. Además, esa historieta nos permitía reírnos de nosotros mismos, algo muy saludable que había que hacer a las primeras de cambio. Al contarla resultaba imprescindible emplear, con la entonación precisa, la expresión “mu flojica”, tan castiza: si en lugar de “mu flojica” se decía “muy floja”, la historia perdía buena parte de su encanto.

La anécdota se jaleó mucho en algunos restringidos ambientes. Pero José Luis Borau me reveló que la figura de ese episodio no era Luis Buñuel sino José María Forqué, el director zaragozano responsable, entre otras muchas películas, de un clásico, “Atraco a las tres”. En una cena, Forqué le dijo a José Luis: “Vuelvo poco a Zaragoza y no sé para qué. El otro día que fui me paró un amigo por la calle para decirme que mi última película era muy mala”.

Una tarde, en una charla, coincidí con Borau y Labordeta. Borau le aclaró al Abuelo que el rey de la anécdota era Forqué. Labordeta se echó a reír: “Ya lo sé, José Luis. Pero es que con Buñuel tiene mucha más gracia”. La travesura de Labordeta me pareció inofensiva y genial. Forqué era un buen cineasta pero no tenía, ni de lejos, el glamour de Buñuel. Si la historia se hubiera contado con Forqué no habría tenido gracia ni alcance, no hubiera quedado. Esa historia funcionaba de maravilla como espejo de algunos de nuestros más cacareados clichés porque su protagonista era alguien tan potente, indiscutible e icónico como Luis Buñuel.

A Borau, niño grande y deslumbrante, le encantaba sobreactuar sus cabreos y fingía que se subía por las paredes si alguien en su presencia contaba la anécdota con Buñuel. Un día le sugerí que si esa historia había triunfado era también porque nos parece muy verosímil que le sucediera a Buñuel, al margen de que realmente le hubiera sucedido o no: la inmensa mayoría de los ilustres aragoneses había sufrido su momento “muflojicaeh?”. Entonces, Borau me dijo: “Ah, ahora que caigo, a mí también me pasó algo parecido. En la cafetería Las Vegas de Zaragoza un señor me preguntó si yo era el productor de `Camada negra´. Cuando le dije que sí, el señor me soltó: `Pues vaya película tan fea´. Y se fue”. Me reí bien a gusto: Borau acababa de reivindicar la grandeza de la anécdota. Es verdad que, en los últimos tiempos, a Borau se le ha celebrado mucho desde las instituciones aragonesas. Pero cómo olvidar algunos pequeños detalles: la crítica tal vez más dura que padeció “Furtivos” –la obra por la que quizá será recordado- se publicó en Zaragoza; José Luis se enteró por casualidad de que le habían dedicado una calle en su ciudad; y “Leo”, con la que ganó el Goya, estuvo a punto de no estrenarse en Zaragoza –él, incluso, se mostró dispuesto a alquilar la sala- y, cuando lo hizo en un cine próximo a la calle de la infancia de Borau, no fue a verla casi nadie.

Yo, por descontado, sigo recreando la historia con Buñuel, aunque, como tributo a Forqué y a Borau, la completo con sus propias anécdotas. A veces desvirtúo la narración por mi cuenta y en lugar de con “Muy flojica, ¿eh?” la acabo con un “Muy flojico lo suyo, don Luis”. Incluso, entre mis amigos, llamamos “muyflojicodonluisismo” al síndrome vinculado a ese chascarrillo, primo hermano, por cierto, del “paquetantismo”: “¡¡ Pa qué tanto¡¡” es lo que exclamó el tío Romualdo de Alloza cuando Joaquín Carbonell le presentó en el pueblo a Miguel Pardeza y se dedicó a enumerar los múltiples méritos del futbolista.

En Aragón no somos los únicos entusiastas de esa especie de chovinismo inverso que, sin estar reñido con la exaltación desaforada de muchas de nuestras cosas, resulta muy llamativo. El vicio está muy pegado, en general, a la idiosincrasia española y de otros muchos lugares. Lo que ocurre es que esa displicencia hacia la excelencia, ese afán por bajar los humos y poner los pies en la tierra y esa cercanía desmitificadora parecen enquistados en un lugar donde somos tan pocos, en el que buena parte tenemos raíces en un pueblo y donde resulta tan fácil reconocernos las costuras. Agustín Sánchez Vidal lo clavó cuando una vez me dijo: “En Zaragoza se piensa que no puede ser realmente importante alguien a quien te puedas encontrar en cualquier momento por el Paseo de la Independencia”.

La historia maquillada originalmente por José Antonio Labordeta insinúa una vez más que las mentiras o las medias verdades no solo pueden ser más emocionantes y divertidas que la estricta verdad sino, también, más esenciales, más hondas, más poderosas, más sugerentes, más de verdad. Y, sobre todo, pueden provocar en mucha mayor medida la identificación de la gente. Esa es la raíz de los mitos, de las leyendas, de la ficción. John Ford lo deslizaba en “El hombre que mató a Liberty Valance”: “Cuando la leyenda supera a la realidad, publica la leyenda”. Qué nos van a contar en Aragón, la tierra de La Dolores de Calatayud, Los amantes de Teruel y la mismísima Virgen del Pilar.

GUILLÉN: ARTE, VIDA Y POLÍTICA

GUILLÉN: ARTE, VIDA Y POLÍTICA

RECUERDO DE FERNANDO GUILLÉN DESDE URREA DE GAÉN

[Acaba de fallecer un actor de carácter, áspero y suave a la vez, Fernando Guillén (Barcelona, 1932-Madrid 2013) que pasó algunas temporadas en Urrea de Gaén, Teruel. Su adiós coincide con uno de los periodos más lamentables de la política española.]

Un actor necesario ante la realidad inverosímil

 

Como en las canciones de Serrat hace de casi todo veinte años, no en vano volvemos a mirar hacia atrás porque a veces resulta insoportable mirar hacia los lados, vivir el presente, y resulta casi inconcebible imaginarse el futuro. Hace veinte años, o quizá algo más, la vida y la aventura nos llevaron a Urrea de Gaén, una localidad del Bajo Aragón, cuna de Pedro Laín, del carlista Cabañero y, en cierto modo, de Alfonso Zapater. La localidad tiene calzadas empinadas que parecen adentrarse, con sus encaladas casas, en una difusa sombra, y tiene una de las iglesias más particulares de Aragón: de planta octogonal, fue concebida por Agustín Sanz y albergó durante un largo siglo un cuadro de Goya, quemado durante la Guerra Civil. La desaparición del cuadro daba para muchas historias, así como los relatos del padre de Laín Entralgo y las prácticas de hipnosis en una casa de la huerta, o el relato de dos maquis que se llamaban ‘Los zapateros’.

Pronto nos contaron casi todas las novedades, pero había una muy reciente que se vivía con cautela, con fascinación y a la vez con respeto. El actor Fernando Guillén pasaba pequeñas temporadas en el pueblo, quizá en la calle del Cochuelo. Guillén, que había llevado a la escena a grandes autores como Albert Camus y que había besado en ‘La saga de los Rius’ a Agatha Lyss, nuestra Marilyn teñida, era un actor de prestigio, popular, y tenía entonces una compañera sentimental en Urrea. Quise saber qué hacía. Me dijeron: “Se sienta al sol y ahí lee y lee. Es sumamente discreto”. Fernando Guillén acaba de morir y deja tras de sí el rastro de una carrera sólida, de una personalidad apasionada, que defendió la libertad, la cultura, la valentía en la escena, y que sabía decir un texto como nadie. Había trabajado con Forqué o con Saura, entre otros. Siempre, sin tapujos, se confesaba “rojo, no simplemente de izquierdas”. Recuperaba una nomenclatura vieja, casi dolorosa. En estos días, de impunidad absoluta, de corrupción mental, de democracia traicionada, su compromiso era toda una declaración de principios. Quizá se haya ido porque no podía aguantar la inverosímil realidad que nos desmadeja a todas horas.

 

BERNARDO SÁNCHEZ CUENTA A BORAU

BERNARDO SÁNCHEZ CUENTA A BORAU

Borau, el travieso

 

José Luis Borau (Zaragoza, 1929-Madrid, 2012) es uno de los personajes más poliédricos y sabios de la cultura español del último medio siglo. Un personaje que lo hizo casi todo sin voluntad ni vocación de exhaustividad. Le han dedicado biografías Agustín Sánchez Vidal, Carlos Heredero y Luis Martínez de Mingo, entre otros, y él mismo ha escrito a lo largo y a lo ancho de cine, de pintura, de la impregnación del séptimo arte en las palabras de la vida, y ha hecho una literatura valiosa y personal, oblicuamente autobiográfica, que le hizo merecedor del premio Tigre Juan y del Premio de las Letras Aragonesas.

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961), otro caballero del cine, estudioso de la figura de su paisano Rafael Azcona, le ha dedicado un libro muy personal: ‘La vida no da para más’ (Ediciones Pigmalión), que se presentó el pasado miércoles en el Aula Magna del Paraninfo, dentro del ciclo ‘La buena estrella’. Es un libro-crónica: un libro que se empieza a redactar en 2007 y que se alimenta de citas, de llamadas telefónicas, de cuestionarios y, también, de una mirada a esas más de 560 cajas –quizá más de 3.000 en realidad- que constituyen ese fondo de armario vital y creativo de un hombre que era “solícito y refunfuñón”, tal como lo define Soledad Puértolas, un personaje barojiano que sostenía que “jugar es una de las cosas más importantes de la vida”. Borau y Sánchez se citaron en Logroño, en Huesca, en Madrid, y el escritor riojano recoge como ha podido “los muchos y diversos Borau que andan por ahí”.

La fascinación por el personaje se remonta, o podría remontarse, a un 6 de noviembre de 1964 cuando Bernardo vio en el gallinero del Teatro Bretón de los Herreros la película ‘Brandy’, el western de Borau, que seguía a su primer proyecto, ‘En el río’, que contiene tantas claves. ‘La vida no da para más’ es una frase literal del actor, director (fue premio Goya por ‘Leo’), productor, guionista, historiador y crítico (empezó en HERALDO) de cine, escritor y unos cuantos empeños más que falleció inmediatamente después de la presentación de este volumen en la SGAE. Bernardo Sánchez recoge varias definiciones y autorretratos del autor de ‘Furtivos’ o ‘El amigo de invierno’. Recuerda que Borau solía decir que la vida es un buñuelo con nada en su interior, o que “la mejor película es aquella en la que no ves nada”. Borau “hubiera preferido ser un tercer hombre, un extraño de sí mismo” y que es “un mudéjar del cine español”, “un proscrito de sí mismo y académico del resto”, y recuerda que empezó así un cuento: “No soy mi tipo”. Otra confesión: “Soy displicente en el terreno de las ideas y afectivo en todo lo demás”.

En páginas sucesivas, Bernardo Sánchez Salas, que estudió en Zaragoza, explica cómo Borau descubrió y cómo vivió el cine en las salas y la mecedora (“la mecedora es el potro de mis sueños”) de su casa, donde se dedicaba a montar y remontar las películas y a recordar a sus amadas Madeleine Carroll, Sylvia Sidney o Deanna (Diana) Durbin, a la que escribió a Hollywood. Recuerda su pasión por Guillermo, los libros que compraba, e incluso dice que barajó titular su libro ‘Borau el travieso’. O ‘Borau, el hombre de la ribera’. Revela que fue un gran jugador de póker, que admiraba mucho al pintor Francis Bacon, y nos guía, con erudición y conocimiento, por las claves de sus películas y de sus libros de narrativa. Por ejemplo, en este volumen lleno de espléndidas fotografías y de detalles entrañables, hay uno muy bonito: recuerda que al joven Borau el portero del cine Doré o Dorado le regaló el programa de mano de ‘Nobleza baturra’. O que Borau le confesaba que “me conozco los muebles del cine español”. Su película favorita era ‘Pasión de los fuertes’ de John Ford, lo cual no deja de ser lógico en un “épico medroso” como él.

Hay una anécdota que revela la personalidad de José Luis Borau, lo mirado o imprevisible que podía llegar a ser. Acude al Museo Reina Sofía y sufre una caída. Y cuenta así su reacción: «¿Y qué me pongo a gritar yo ahora? ¿¡Socorro!? Pensé que no, que estaba muy visto gritar ¡Socorro!, que eso lo grita todo el mundo. Fijaos cómo me salió una especie de deformación profesional. Además, como era el día en que cerraba el museo tampoco me habría escuchado ningún visitante». Así era Borau, “un furtivo de su satisfacción, de sus emociones, de su obra, de su persona”.

ESCOLAR, EL MUNDO Y EL PP

Ignacio Escolar, ex director de Público y activo periodista que dirige ahora eldiario.es, escribe hoy de los sobresueldos que han recibido los altos cargos del PP del famoso Bárcenas. Analiza la información de 'El Mundo' y da algunas claves.

Puede leerse el artículo y ver el enlace con el diario aquí:

 

http://www.eldiario.es/escolar/voladura-controlada-caso-Barcenas_6_91750828.html

UNA VOLADURA CONTROLADA DEL CASO BÁRCENAS

 

Por Ignacio ESCOLAR. Director de eldiario.es

El titular que hoy publica El Mundo en su portada es veraz: Bárcenas pagó sobresueldos en negro durante años a parte de la cúpula del PP. El extesorero de los 22 millones en Suiza no solo llevaba la contabilidad “A” del partido, también la “B”: el dinero en billetes de comisiones que manejaba el PP. La información circulaba desde hace años, varios periodistas estábamos detrás de ella y si nadie lo ha publicado antes negro sobre blanco en un titular es porque ningún otro lo hemos podido demostrar. Enhorabuena a El Mundo por la información.

Sin embargo, hay algunos matices llamativos en la versión que publica el periódico de Pedro J. Ramírez que me hacen sospechar. Para empezar, las fechas: si el escándalo es tal y como lo cuentan, gran parte del delito está prescrito. La financiación irregular de los partidos  caduca a los cuatro años y, según El Mundo, los sobres con efectivo dejaron de circular justo en 2009. Es decir, hace cuatro años. Ya es casualidad.

La segunda casualidad es que de todos los dirigentes del PP –un partido donde no hay nadie en su cúpula que no tenga al menos quince años de militancia– solo fuesen honestos los que ahora están activos. Nadie tendría que dimitir porque esos “dirigentes” supuestamente sobrecogedores ya no están: Zaplana, Acebes, Arenas, Cascos, Aznar... El Mundo exonera al presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, y también a su actual número dos en el partido: María Dolores de Cospedal. La hoy secretaria general es incluso –según la versión de El Mundo– una honesta heroína que convence a Rajoy de que hay que dejar de hacer el mal y acaba con los sobres. Es eso, según Pedro J., lo que la distancia de Bárcenas: su intachable rectitud moral. Sin embargo, la gran bronca entre Bárcenas y De Cospedal tiene su origen en un conflicto muy distinto: el que la actual secretaria general mantiene con uno de sus predecesores en el cargo, Javier Arenas. Y no está ni mucho menos claro que De Cospedal jamás se beneficiase de esa contabilidad en B. Además, incluso dando por buena esa versión, ¿cómo explicar que el presidente del Gobierno, que lidera el PP desde 2004, permitiese pagos en dinero negro en el partido durante cinco años? ¿Le hace menos culpable la disculpa de que él fuese el único que en teoría no cobró?

En conclusión, la información que hoy da El Mundo es sin duda un pelotazo, pero dudo que esta historia acabe aquí. Con lo que ya sabemos, estamos ante el mayor y más grave caso de corrupción de la historia de la democracia: un escándalo que convierte al partido que hoy gobierna la mayor parte de las instituciones democráticas en una organización corrupta, que de forma sistemática cobró comisiones para repartir los dividendos entre sus dirigentes mes a mes. ¿Cuánto dinero se robó a los españoles para que el que repartía los sobres se pudiese quedar entre los dedos con 22 millones de euros sin que nadie lo notase? Es gravísimo, pero dudo que se acabe aquí. Lo publicado hoy más bien parece una voladura controlada: un intento por anular la capacidad de chantaje de Luis Bárcenas y que sea solo él quien tenga que responder ante la justicia. Tal vez funcione en los tribunales, pero ¿lo aceptará la sociedad?