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Antón Castro

IGNACIO VIDAL-FOLCH: DE CATALUÑA Y 'LA QUIEBRA DE LA AMISTAD'

[El pasado verano, en un curso, conocí a un escritor y periodista a quien admiraba mucho. Me habían hablado de él con mucho afecto Pedro Zarraluki, Pisón o Vila-Matas, y el inolvidable Félix Romeo. En medio del conflicto sobre la independencia o no de Cataluña, ayer sábado publicaba este artículo, muy sensato como todos los suyos, pero no necesariamente indepentista. Sensato, con una mirada personal y su finísima ironía. Aquí está... Apareció en la edición catalana de ‘El País’. Ha recibido bastantes comentarios y puede leerse aquí en internet:

 

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/11/09/catalunya/1352493075_252376.html

 

 

 

LA QUIEBRA DE LA AMISTAD

 

IGNACIO VIDAL-FOLCH

 

Escrito en el AVE: vengo de Madrid, donde he estado hablando de mi libro. Novedad: los periodistas y los blogueros me preguntaban sobre el separatismo, y hasta de madrugada en el Cock tuve que explicarles la “cosa” a aquellas dos chicas tan simpáticas, Teresa y Carmen, a las que en realidad el tema no debería interesarles nada, y que estaban algo sulfuradas. Nunca me habían preguntado tanto por semejantes chorradas. Pero también hay que saber que en las chorradas se nos va la vida. Recuerdo una página en Notas para Silvia donde Pla recuerda el 80º aniversario de Carner, en Bruselas, y cita un soneto que con tal ocasión el poeta les dio a quienes pasaban a felicitarle por su domicilio. Poema tristísimo, sobre el franquismo y la “noche que durará cien años”, que si mi memoria no me falla concluye así: “Pugui jo caure incanviat/ tot fent honor, per via dreturera,/ amb ulls humits i cor enamorat/ a un esquinçall, en altre temps bandera”. En fin, ¡siempre estas cochinadas del amor, el honor y la bandera!

Acabo de llegar a casa, busco en la estantería y encuentro el libro y el comentario de Pla: “Este soneto terrible de Josep Carner se debería dar a todo el mundo para que todo el mundo lo meditase. Pero quizá hubiera sido mejor que este soneto no se hubiese tenido que escribir nunca, haciendo de forma que las personas que formaban parte de las clases dirigentes en el periodo anterior a este periodo hubiesen tenido un poco más de cuidado con las personas con las que se jugaban los cuartos —por decirlo con la vulgaridad natural del país—”.

Con lo de “el periodo anterior” Pla se refería, claro está, a la II República, y a la insensatez de una clase dirigente catalana demasiado inclinada a la gesticulación y al capricho, hasta provocar por fin la terrible expiación de la Guerra Civil. A esta idea se vuelve en Notas para Silvia una y otra vez: ha habido mucha lírica, incluso, si se quiere, buena lírica, porque el poema de Carner no está mal. Pero a este precio, al precio pagado por tanto lirismo, ¡cada rima nos ha salido carísima!

Eso es lo que dice Pla a su manera más o menos despeinada y lateral.

Gracias a Dios nuestros tiempos son menos bárbaros, en todas las exclamaciones fanáticas el exaltado de turno está mirando con el rabillo del ojo a ver el efecto que causa su cantada, y por mucho que el señor Mas reúna a 300 altos cargos y les diga que son “los generales de un ejército que es la Generalitat” (sic), y que el señor Puig galvanice a los mossos para que viertan en la defensa de no sé qué hasta la última gota de sangre, y a pesar de muchas otras actitudes y pronunciamientos al filo de la irracionalidad, de la puerilidad y del disparate, todos sentimos que no es más que business as usual, retórica para distraer al rebaño mientras le sisas los haberes, le endosas un nuevo impuesto y le haces pasar por la ITV de la familia Adams.

Aquí no estamos hablando de guerra, todo lo más de una guerrilla de los botones. Pero no nos engañemos. Salvando las distancias históricas, y la lógica de la historia que quiere que los acontecimientos que se produjeron primero como tragedia se repitan ahora como farsa —según la sentencia de Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, enmendando la observación de Hegel sobre el repetirse de los acontecimientos históricos—, una vajilla carísima ya se ha roto. Citaré otra vez a Pla, con perdón: “El mayor drama que la Guerra Civil proyectó sobre este país no ha sido ni la miseria, ni el miedo, ni el cambio de léxico, ni la despersonalización general: fue la quiebra de la amistad, la liquidación de la confianza”.

La quiebra de la amistad ya se ha producido, y no por el cepillado de un Estatut concebido ya precisamente a tal objeto, por más que esa falsedad se repita otras diez mil veces hasta que parezca una verdad goebbelsiana. Entre esas mentiras, la supuesta animosidad de “Madrit” hacia los catalanes. Por más que la repita Rubert de Ventós, al que en el foro le trataron, cuando era senador, “como a un colonizado”, es falsa de toda falsedad, como sabemos todos los que hemos vivido alguna vez en la capital, aunque no como senadores. No hace tantos años en toda España ser catalán era disponer de un plus —no siempre justificado, por cierto-—de eficacia, de trabajo, de seriedad y de modernidad. A condición claro, de no ir por ahí diciendo “yo soy catalán y vosotros unos borricos mesetarios”. Siempre había sido así. Siempre.

Pero ahora he constatado que ya no. Ahora, con esa permanente quejumbrosa ofensa, ese victimismo exigente, esa xenofobia regional, esa lluvia de agravios y ofensas a los andaluces gandules, a los extremeños miserables, a España la ladrona cuando no “genocida cultural”, con esos escupitajos y amenazas y quema de banderas y bramidos futboleros y modositas chulerías de Mas, que aquí ni siquiera percibimos como ofensas, o que si las percibimos nos hacen gracia porque las pronuncia un radiofonista de CiU contra Federico [Jiménez] Losantos (“¡habría que colgarle!”), pero que serían piedra de escándalo y motivo de rasgarse las vestiduras si fueran en dirección contraria, se ha producido el resquemor. La gente ya no se fía. El aura se ha perdido.

Se ha quebrado la amistad, y a algún imbécil le parece un asunto insignificante…

 

*En las fotos, Ignacio Vidal-Folch, Josep Pla y Josep Carner.

 

'MORTALIDAD' DE HITCH: DOS BREVES

'MORTALIDAD' DE HITCH: DOS BREVES

‘MORTALIDAD’ DE CHRISTOPHER HITCHENS

[Foto de Andrea Hubner] Daniel Gascón es uno de los traductores españoles de Christopher Hitchens. Herido de muerte por un cáncer de esófago, hablaron por teléfono. Entonces, Hicht (Daniel también tradujo sus memorias), tomaba notas, leía, escribía en los periódicos, escribía reseñas y reflexionaba sobre el adiós, que se precipitó, tal como cuenta Carol Blue. Todo ese material integra un libro impresiona sobre la despedida: ‘Mortalidad’ (Mondadori. Ayer sábado, Mercedes Monmany, que ha sufrido una peritonitis en Polonia, le dedicaba una doble página en ABCD Cultural: ¡ánimo, fuerza, besos para ella!), uno de esos libros que te dejan sin aliento y que te estremecen por todo: por la valentía, por el amor a la vida, por el amor a la palabra, por la vecindad del adiós, por la elegía en vida ante la pérdida. Podría copiar aquí muchas cosas, pero me ha gustado mucho, hacia las últimas páginas, este pequeño fragmento:

“El extraño hurgaba en mi interior cuando yo escribía unas palabras desenfadas sobre el anuncio prematuro de mi muerte”.

O este:

“Saul Bellow: La muerte es la oscura parte trasera de un espejo que permite que lo miremos con claridad”.

ISAK DINESEN ESCRIBE A HEMINGWAY

ISAK DINESEN ESCRIBE A HEMINGWAY

UNA CARTA DE ISAK DINESEN A HEMINGWAY

[Foto de Richard Avedon] Hay algunos, varios, escritores que me han marcado la vida. Por ejemplo, mujeres: Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras, Rosalía de Castro, Emily Dickinson, Mercè Rodoreda. Y entre ellas debe figurar Isak Dinesen, Karen Blixen (1885-1962), la autora de libros como ‘Memorias de África’, ‘Anécdotas del destino’ o ‘Cuentos de invierno’. El pasado jueves, con un grupo de amigos, comí con Diego Moreno y su compañera Ana, editor de Nórdica. Traía el nuevo libro de Dinesen, cuando se cumple medio siglo de su muerte: ‘Cartas desde Dinamarca. Correspondencia 1931-1962’, una colección de cartas donde se habla de libros, de recuerdos, de relaciones entre editores y autores y traductores, del proceso de creación, de algunas extravagancias. Allí figura una carta que me encanta, fechada en Rungstedlund, el  1 de noviembre de 1954. Tane, Karen, Isak Dinesen le dice al autor de ‘Por quién doblan las campanas’. (La traducción es de Enrique Bernárdez).

 

Estimado Ernest Hemingway:

Los diarios daneses informan que al recibir el Premio Nobel me hizo usted el honor de mencionarme como uno de los autores que podrían podido merecerlo.

Con la esperanza de que esa información se a cierta, le agradezco muchísimo sus amables palabras. Me proporcionan en estos momentos, así lo creo, tanto placer celestial,  –aunque no tanto beneficio terrenal, – como me habría proporcionado el Premio Nobel en sí.

Tengo mucho que agradecerle.  Sus libros, -desde que por casualidad adquirí ‘Fiesta’ en mi librería habitual de Nairobi- han representado mucho para mí. EL VIEJO Y EL MAR fue como un baño o un abrazo.

Es triste que nunca nos hayamos conocido en carne y hueso. A veces he imaginado cómo habría sido ir de safari con usted por las sabanas de África.

Le envío mi gratitud y mi aprecio.

TOBA QUINTÁNS, EL MAESTRO

TOBA QUINTÁNS, EL MAESTRO

 

XOSÉ TOBA QUINTÁNS: CON ÉL EMPEZÓ CASI TODO

Esta mañana, en O Cabaliño do demo (Libélula, calle Bolonia, 26, magnífico restaurante dirigido por un lucense de Taboada), les he hablado a los alumnos y amigos de Julio Espinosa Guerra de algunos de mis maestros: por ejemplo de Xosé Toba Quintáns, de Muxía, que me enseñó muchas cosas de la Generación del 27 y de la literatura latinoamericana; él, recién licenciado, era un apasionado de Cortázar, García Márquéz, Sábato y otros y nos recomendó un libro, ‘Los nuestros’ de Luis Harss, que acaba de reeditar Alfaguara. Aquel libro me marcó muchísimo, como Pepe Toba: hace algunos meses, gracias a una invitación de Pedro Ramos (la primera vez que me invitaban a un recital o a una lectura en A Coruña: me hizo una inmensa ilusión), nos reencontramos, más de treinta años después. Xoán Abeleira, el gran poeta y traductor, el buen amigo, estaba allí y capturó esta imagen. Le estoy firmo a Toba el libro ‘El álbum del solitario’, descatalogado por Destino como todos los demás, donde él aparecía.

PATI BLASCO, EN LA CASA DE LA MUJER

PATI BLASCO, EN LA CASA DE LA MUJER

PATI BLASCO Y ‘LA PIEL DESNUDA’ EN ZARAGOZA


[Foto: Dave Aharoniam y de Desnivel] Ricardo Calero me manda esta invitación: “ Si puedes NO TE PIERDAS la presentación en Zaragoza, con la presencia de la autora, de ‘LA PIEL DESNUDA’ (Temas de Hoy) de Pati Blasco. Que contará, en esta ocasión especial, con la intervención de la actriz María José Menal, el artista-poeta Miguel Ángel Ortiz y el artista Ricardo Calero”.


(Además podréis disfrutar de la magnífica exposición de GEMA RUPÉREZ, la artista que estuvo becada durante dos años en la Casa de Velázquez)

Será hoy jueves, a las 20.00, en la Casa de la Mujer.

 

La propia Pati Blasco escribe en su blog:

 “’La piel desnuda’ es una trepidante historia de amor, violencia y solidaridad que nos permite reflexionar sobre los angustiosos giros que producen el azar, el poder de la justicia y el amor para enderezar el futuro. Esta es la historia de Ángel Álamo, un escritor que está atravesando un momento de crisis. Mientras conduce hacia su casa, atropella a Sofía y se da a la fuga.
Acuciado por la culpa, decide volver al lugar del homicidio y comprobar si la víctima ha fallecido.
Mientras Sofía se debate entre la vida y la muerte en un coma profundo, Ángel orquesta una arriesgada mentira sobre su identidad que le permitirá introducirse en el universo de la víctima y conocer a su peculiar familia, un entrañable clan que, a pesar de que ha vivido acechado por la mala suerte, la muerte y la enfermedad, siempre está dispuesto a tender una mano a la vida y la ilusión.
El protagonista se convierte en imprescindible para todos los miembros de la familia, que lo consideran su ángel de la guarda, ya que creen que la ha salvado de las garras de un asesino que la perseguía por las investigaciones que llevaba a cabo sobre los abusos policiales en la frontera con Marruecos.
Pero solo el joven conoce la verdad, y por eso no puede apartar de sí la ansiedad que le produce saber que el objetivo del clan es descubrir quién ha sido el que ha provocado la desgraciada situación de la muchacha y hacerle pagar por ello”.

También hay un estupendo tráiler de Aitor Bárez.

http://www.youtube.com/watch?v=My2ZBeYcKFc



FRAGMENTO DE ‘LA PIEL DESNUDA’ (DESNIVEL). PATI BLASCO
Ni siquiera quería nacer, me sacaron por cesárea al décimo mes. A los dos años morí de hipotermia al caer a un río en pleno invierno, permanecí técnicamente muerto varios minutos, pero me recuperé sin problemas, aunque las malas lenguas digan que pisé el otro lado y por eso siempre he tenido un aire melancólico. En los últimos dos años he buscado las formas más eficaces de evasión, y he pensado en cerca de trescientas maneras de suicidarme que nunca he llevado a cabo por falta de valor. Pero aquel día todo cambió. Entré al hospital junto a ti y poco a poco me fui incorporando a la espesa jungla de la vida, descubriendo que no había ido a ese hospital a despedirme del mundo, sino a reencontrarme con él. 
Voy a empezar por el principio, por el día en que te atropellé.

Cuando miras al cielo no aprecias lo vivo que está. No imaginas que las estrellas son como seres humanos: nacen, viven y mueren. Lo habitual es que se junten en parejas como estrellas binarias, y si se encuentran a una distancia demasiado corta, su desarrollo individual se ve alterado por los cambios que sufre su compañera. Pero no todas las estrellas tienen compañía: algunas viajan solitarias como nuestro Sol.
Así me sentía yo, con la soledad del sol en esa noche sin luna, alejado del mundo, sin ningún centro de masas en el que orbitar, nada. Solo; borracho y solo. Ya no era ni polvo de estrellas, yo también estaba desapareciendo.
Entré en casa, decidido a descansar un rato.
Me despierta el roce de su piel desnuda..., me gustaría hacerle el amor, pero no consigo moverme. Se levanta y comienza a vestirse con esa ropa de pana que tanto me gusta, le da un aspecto acogedor e invencible.

—Berta de pana, ¿cuándo has llegado?
—Me quité el disfraz de «Berta contable ordenada», pero estabas demasiado grogui para ayudarme con las malditas botas de tacón que no sé ni...
—Ven aquí... —Se tumba en la cama, con la cabeza apoyada sobre un codo—. ¿Por qué no nos quedamos atrincherados como cuando nos conocimos? Solo leer y follar...
—Suerte que Jaime nos traía comida...
—Y libros...
—Una semana sin salir de casa... ¡Habríamos muerto de hambre!
—Habríamos muerto de amor. ¿Qué te pasa?
Su cara tiene gesto de sorpresa y dolor. Las manos están posadas sobre los pechos, de los que sale un líquido espeso y amarillo, como el calostro para un recién nacido... Berta empieza a gritar.
Me desperté de golpe, sudando. Era yo quien gritaba. Otra vez, otra pesadilla. Pero estoy en su lado de la cama. Sábanas limpias, colchón nuevo, ¿cómo es posible que siga oliendo a ella? Parece que haya estado aquí tendida hace apenas unos segundos. Una alucinación olfativa: igual que ves el rostro amado en cualquier esquina, puedes oler el cuerpo amado en su lado de la cama aunque ya no sea ni la misma cama, solo porque sigue siendo el mismo lado. Menuda locura.
He ocupado por fin su lado de la cama, eso me duele, como una sutil traición.
No tenía valor para quedarme en casa. ¿Qué iba a hacer? Aún tenía resaca, lo mejor para la resaca es otra cerveza. Tras apurarla bajé al garaje, me apetecía conducir. Es curioso cómo una apetencia inocente y estúpida puede cambiar el destino de diferentes personas.


Casi nadie por la calle, demasiado frío, demasiado viento. Paré en un semáforo del paseo de los Melancólicos, muy apropiado, y me percaté de lo borracho que estaba porque las luces de los semáforos lejanos bailaban como ovnis a punto de aterrizar. Se puso en verde. Entonces te vi y quedé embelesado mientras miraba cómo corrías aprisa por la acera, ¡te parecías tanto a ella! En tu forma de correr y en la manera en que tu melena oscura cortaba el viento... Por un momento creí que ella había vuelto, me quedé hipnotizado por la visión melancólica de un recuerdo que se hace carne.
Sin avisar cruzaste la calle, me miraste un instante, tenía los reflejos adormecidos por el alcohol y no reaccioné. Mi coche te atravesó como si realmente fueses un fantasma.

 

PREMIO PARA PACO ÚRIZ

PREMIO PARA PACO ÚRIZ

PACO ÚRIZ: PREMIO NACIONAL DE TRADUCCIÓN A TODA UNA OBRA

Francisco J. Úriz (Zaragoza, 1932) ganaba ayer el Premio Nacional de Traducción a toda una obra por su trabajo de difusión de las letras escandinavas en España y por la fundación de la Casa del Traductor de Tarazona en 1988. La dirigió hasta 1999, luego sus responsables fueron Maite Solana y Mercedes Corral; ahora está al borde de la desaparición o “en estado letárgico”, como dice Paco. Úriz, solo y en colaboración, ha traducido a más de 150 autores suecos, daneses, finlandeses y noruegos, entre ellos a Tomas Tranströmer, Strindberg, Claes Anderson, Ingmar Bergman, alrededor de 11.865 páginas. Esta preciosa foto se la hizo una fotógrafa dulce e inspirada como Esther Casas. Úriz había sido Premio Nacional de Traducción en 1996 por su libro ‘Poesía Nórdica’ (Ediciones de la Torre), que firmó con el gallego José Antonio Fernández Romero. El Premio de Traducción fue para Luz Gómez García por ‘La presencia de la ausencia’ de Mahmud Darwix.

ANTONIO ARTERO: UNA CONVERSACIÓN

ANTONIO ARTERO: UNA CONVERSACIÓN

[Antonio Artero (Zaragoza, 1936-Madrid, 2004) es objeto de un homenaje en ProyectAragón. Conversé en su casa en 1996; esta entrevista se publicó en ’Vidas de Cine’ (Ibercaja, BArc). La rescató ahora.]

 

 

Antonio Artero fue de niño el hijo de la repartidora del pan. Su padre murió un poco antes de su nacimiento y él nunca conoció los secretos de una familia convencional. Ni siquiera estaba bautizado, lo que lo llevó a vivir con cierto disimulo. “Ella era republicana y muy antifranquista, claro”. De ahí brota su primer recuerdo: cuando tenía tres o cuatro años iba –con una familia de verduleros que lo había recogido- a visitar a su madre que estuvo presa durante seis meses en la cárcel de mujeres de la calle Manifestación y siempre le llevaban naranjas. El verdadero tesoro de su niñez, además del libro Corazón de Edmundo de Amicis que le regaló una profesora a los siete u ocho años, era aquel cine que Artero hacía con sus amigos en casa o en la calle, con tiras de los tebeos de Roberto Alcázar y Pedrín o El guerrero del antifaz.
-Cogíamos un tebeo, lo recortábamos y lo íbamos pegando en tiras, a veces incluso por atrás. Y luego lo enrollábamos en dos palos de polo de helado. Y a la caja le hacíamos un rectángulo, a modo de pantalla. Metíamos los palos por el interior de la caja y los íbamos haciendo rodar. Así le podíamos dar continuidad a la aventura. Al final, mi madre viendo mi gran afición, con diez u once años me compró un cine Nic con proyector y un buen puñado de películas más bien absurdas.
La vocación cinéfila de Antonio Artero había nacido en las tardes del Iris o del Monumental, en aquellas sesiones infantiles de cine del oeste.
-Vinieron unos amigos republicanos de mi madre de Barcelona, que habían sido represaliados y desterrados en Zaragoza, y el día de Navidad nos llevaron a mí y a mis amigos al elegante El Dorado a ver la primera película de Walt Disney, Blancanieves y los siete enanitos, a mediados de los años 40. Aquella cinta me golpeó mucho: era una película de terror absoluto que me provocó pesadillas. Por su color, por aquella madrastra tan mala. Pero en realidad, yo llegué al cine más bien por los tebeos porque el cine estaba muy lejano, luego aquel lío de las toleradas y no toleradas, y sobre todo por el juego de la caja de zapatos.
Una vez acabado el bachillerato, trabajó de botones en una oficina, luego en laboratorios Ártica de papillas y finalmente en el Banco de Bilbao. Sus inquietudes artísticas iban en aumento, de tal forma que frecuentaba una tertulia en el café Baviera con otros amigos como Ángel Azpeitia.

-Éramos víctimas de las ironías de Miguel Labordeta, que nos llamaba La Deposición. Nosotros surgimos por oposición al café Niké, del que decíamos que lo formaba un grupo de dinosaurios. Fundamos un teatro de cámara, el Cigarral. A Niké lo considerábamos lo establecido, el orden. En esa época estrené mi primer corto, La Herradura, sobre la Base Aérea Americana y lo presentó con valentía Guillermo Fatás Ojuel en el Cineclub de Zaragoza.



Artero acabaría pasándose a la tertulia DEL Niké, pero por aquellos días, en que ya se empezaba a pedir en la taberna la botella de vino con cacahuetes, veía a José Luis Borau que hacía peña vespertina en Casa Félix con José Pérez Gállego y Eduardo Fauquié, o iniciaba su amistad con José Luis Pomarón.
-Pomarón fue esencial para mí. De él aprendí técnica, aprendí a manipular una cámara. Era un técnico estupendo y un gran artesano. Yo creo que es el Hombre del cine en Zaragoza y apostó muy fuerte con Moncayo Films. ¿Víctor Monreal? Creo que son incomparables. Era un buen fotógrafo, un excelente profesional, pero no tenía el talento creador de Pomarón. Yo trabajé con éste como actor en El deseo de cristal. Algo más tarde, gané el premio de guiones Club Cinemundo. Te daban un dinero con el que podías hacer tu primera película, que fue Lunes, donde abordaba un timo de pisos que había vivido muy de cerca en la Zaragoza de los 50. En esa época ya me había pasado a Niké.

-Agregue su particular visión a la leyenda del café.
-Niké era un lugar de encuentro sin declaración alguna, sin programa. Los que andábamos por allí teníamos el estigma del marginado. Éramos sospechosos: sospechosos políticos, sospechosos poéticos, sospechosos sexuales, sospechosos pictóricos. Todos estábamos bajo sospecha. Y no es que el Niké fuera unitario, salvo en lo que concernía al rechazo al régimen. ¿Cuál fue la suerte del Niké? Pues que hasta el actual Rey, que también era un sospechoso iba allí casi todas las tardes a tomarse su té con pastas. Iba y se sentaba en la misma silla en que lo hacía Julio Antonio Gómez. Siempre nos lo contaba el camarero Ernesto, que era muy entrañable y muy alcahuete, “ha estado esta tarde con su hermana la ciega”, nos decía.

-Ha hablado de Julio Antonio Gómez...
-Sí. Qué puedo decirle. Murió de amor. Era la inmensidad, un hombre muy inefable. Todos conocemos su vida exterior; su vida íntima era infinita, era como una zambullida en el abismo.

-¿Qué relación mantuvo con Miguel Labordeta?
-Miguel Labordeta era cualquier cosa menos el poeta provinciano que algunos creen. Él nos traía esos poetas desconocidos y despreciados como Vladimir Maiakovski o César Vallejo. Sabía antes que nadie lo que estaba pasando en Europa o en el mundo en la poesía. Fue un magisterio continuo para mí, como lo fueron Manuel Rotellar, el citado Pomarón o Eduardo Faquié. Le dediqué a finales de los 80 una Biografía interior en TVE en la que intervenían su hermano José Antonio Labordeta, su hija y sobrina de Miguel Ana.

Artero ya estaba inmerso en la vorágine de la curiosidad, de las artes y del compromiso. Y eso le llevaba a frecuentar París siempre que podía. Visitaba a los exilados o la Cinemateca.
-Yo quería cambiar el mundo. Son esas cosas absurdas y maravillosas de los 18 años, aunque sigo pensando lo mismo. Empecé escribiendo una obra de teatro que envié al premio Lope de Vega, pero pensé que el cine podía llegar a más gente y ser más eficaz. Mi madre solía decirme: “Hijo mío, juegas contra los americanos y no tienes nada que hacer. Vas a perder”. Pero el cine me apasionaba cada vez más y me había propuesto estar en el mundo a través del cine.
El paso siguiente, en los primeros 60, fue dejar el Banco y trasladarse a Madrid, a la Escuela Oficial de Cine. Allí coincidió con Berlanga, Saura, Borau, Claudio Guerín, Pilar Miró. Volvió a dar muestras de su inconformismo, de su heterodoxia pertinaz.
-Realicé, entre otros trabajos, el corto Doña Rosita la soltera, que me cortó Fraga. Yo quise meter unas cuñas que situasen aquel drama, una crítica de la educación sentimental condicionada por la I Guerra Mundial, las famosas huelgas, la Semana Trágica de Barcelona. La obra es muy necrofílica. Pues bien, quise meterle unos apuntes del No-Do y de un documental de Fernández Cuesta, Vivir en Madrid, realizado por oposición al de Fredéric Rossif Morir en Madrid, pero Fraga cercenó esas cuñas.

-Borau tuvo un detalle muy hermoso con usted...
-Tengo una muy buena relación con él. Él mandaba una crítica para la última página del Heraldo de Aragón y a veces me encargaba a mí que la hiciese yo y firmaba Interino. Pero no sólo eso: cuando iba a pagar mi matrícula en la Escuela, siempre me decían: “Su matrícula ya la ha pagado el Señor Borau”. Él sabía de mis apuros económicos. Borau es una persona muy delicada y exquisita, de una bondad indescriptible. Siempre he sentido agradecimiento. Ni siquiera tienes que humillarte ni él deja que te humilles. Hay una cosa curiosa: Borau y yo fuimos los únicos que terminamos la carrera en tres años en la Escuela, que por otra parte era como una especie de espejo deformado del Niké, otro lugar de encuentro de marginados y sospechosos que solían cometer barbaridades. Y terminé la carrera porque necesitaba méritos para empezar a trabajar y ganar algún dinero. Estaba acuciado por el hambre, esa es la verdad.

Y para que no faltase la polémica que siempre acompañó su trayectoria, Artero era vigilado de cerca por el coronel Fernández Posada, del Servicio de Investigación Militar, quien descubrió que al joven cineasta le habían falsificado (y regalado) en Zaragoza el certificado de Reválida. Le hicieron un juicio en Zaragoza y fue expulsado, aunque cuando se hizo efectiva la sentencia ya había terminado los tres años de estudios en la Escuela, con espléndido aprovechamiento. Paradojas de la vida: su buen rendimiento académico le hizo acreedor de una beca para ir al festival de Cannes. Serrano de Osma, que era el decano, lo llamó al despacho y le dijo: “Con mucho dolor de corazón, no nos queda más remedio que darle la beca a usted, Artero. Pero no diga usted nada, que lo conocemos”. Y él, dulce e iconoclasta, lo decía todo.
-¿Cómo iban a amordazarme? Me preguntaban en Cannes cómo estaba el cine en España. “¿Cómo va a estar?”, les contestaba. “Está fatal, terrible. ¿Qué puede dar el franquismo en cine o en nada? La gente está luchando contra eso. Y lo que hay es el producto de la lucha a muerte contra el franquismo”. Claro, ya la había armado. Pero había muchos compañeros que me apoyaban. En la Escuela iba haciendo cosas: Trabajos de adolescente con una referencia explícita al fusilamiento de Grimau, que fue por entonces, Viaje de bodas, basado en un texto de Cesare Pavese. Yo creo que era un terrorista conceptual y sigo siéndolo todavía. Y empezaron a llamarme los productores y así pude hacer mi primera película, El tesoro del capitán Tornado, que me estropeó la censura. Era un filme infantil de gánsters y piratas. Ya no existe porque el Ministerio, con un aragonés al frente, Pascual Cebollada, lo destrozó. Cebollada ejercía el terrorismo de estado, era el censor máximo sobre todo del cine infantil. Ordenó un remontaje y yo saqué mi firma del filme. Al final hubo una pequeña traición de otro aragonés, Raúl Artigot, y él asumió la cinta como suya. Hizo mal en colocar su firma y no decirme nada, pero eso ya pasó hace años y no tiene importancia.
Unos meses más tarde, en la reunión de los Clubs de Cine que se celebró en Sitges, Artero insistió en su apuesta por un cine más radical –de allí saldría una especie de manifiesto “por un cine más independiente, al margen de las estructuras sindicales, estatales e incluso industriales, y por la absoluta libertad en la expresión cinematográfica”- que iba a cristalizar en Blanco sobre blanco (una proyección sin película en una pantalla completamente blanca) y en Del tres al once, un cortometraje hecho con las guías de proyección de dos rollos que le había regalado Pablo del Amo.
-El primero era una reflexión del cine, qué son las sombras chinescas y también sobre la destrucción del discurso representativo del cine. El segundo era una meditación sobre lo que no se ve, lo que se escamotea al espectador. Yo recuerdo que en el viejo Iris daba saltos de alegría cuando veía aquellos inicios de la película con colas, con números, con rayas. Decía: ¡Qué bonito! Esa experiencia cristalizó en el documental Monegros, cuando se decía aquello de “Atención, atención”.

-Monegros fue muy elogiado. ¿Qué pretendió hacer?
-El documental no es un documento. Siempre hay una mediación, que es la cámara. Yo cogí una realidad arquetipada y, a diferencia de lo que hizo Buñuel en Las Hurdes, quise ofrecer una negación de la realidad. Yo creo que al cineasta le es imposible dar la realidad. Con Monegros quise negar la existencia del documental.
Pero desde entonces, Artero ha seguido trabajando con pausas, con problemas de producción y con la misma osadía. Ahí están Trágala perro (1981) con Amparo Muñoz, un filme acerca de la apariencia y la superchería a través de la figura de Sor Sulpicio, y su última cinta, Cartas desde Huesca, con Fernando Fernán Gómez y Myriam Mezieres.
-Es una película que partió de Los papeles de Aspern de Henry James, en el que quise expresar el rechazo a la cultura como mercancía. El viejo anarquista se suicida antes de entregar los poemas póstumos al editor y después de haberlos quemado. Fue un homenaje a los viejos anarquistas y quise ofrecer una visión anarquista de la cultura, de la que me siento muy cerca. Odio la cultura como escaparate.



-Lo habíamos detectado. ¿Qué le queda por hacer?
-Mi gran sueño es el ‘Pedro Saputo’ de Foz, del que ya hice un fragmento en fabla en Pleito a lo sol. Es un libro que me emociona y que me descubrió Rafael Gastón, el padre de Emilio, el abogado, político y ex Justicia de Aragón. Y compañero de las noches del Niké.

--Celebramos un siglo de cine. ¿Cuál es el balance de un heterodoxo?
-Yo creo que hace cien años que se murió el cine. Cuando nació el cine hubo dos fenómenos: los Lumière, que eran el documento, la realidad. Y Méliès, que era la magia, el discurso destructivo. Ya ve quién ha ganado: los Lumière.

--¿Por qué es Aragón tierra de cineastas?
-Yo creo que Aragón es más rabelesiana que cervantina, más de imágenes que conceptual.¿Quiere decir eso que el aragonés tenga un ojo especial? Hombre, sería un ojo muy terrible.

-Sin embargo, usted parece que ha rodado poco y que se ajusta al cliché de vanguardista y maldito.
-No creo que haya rodado poco. Estoy contento en la medida de lo posible con lo que he hecho. Ahora bien, en los últimos años ha surgido la figura del director-productor, y yo intento aprovechar las pocas rendijas que me deja el sistema. No me queda más remedio que aceptar esos epítetos, muy a mi pesar. Pero yo no sé porque el cine ha tenido que desarrollar el discurso de la novela del siglo XIX: chico encuentra chica, chico pasa dificultades, chico se enamora de la chica. ¿Es que todo tiene que ser asó? El cine es específicamente un cine más temporal que narrativo. Y yo cuanto más narrativo veo el discurso, menos cine encuentro en la película.

--¿Cuál es su camino o su sueño de cine?
He tenido mis dudas acerca del cine que quiero realizar. A mí me encantaría que el cine fuese como el big bang: todo es según el lugar que ocupa el observador en el espacio y en el tiempo. Me encantaría hacer una película que fuese al revés, que empezase en la tumba y que terminase en el vientre de la madre del protagonista.

PASIONES PRIVADAS
--Háblenos de sus pasiones privadas: de películas y directores.
-Carl T. Dreyer, Tarkovski. Arthur Ripstein, de los de ahora; Bresson, Godard, que me ha enseñado mucho cine, Sträub, y Rosellini, por supuesto. ¿Mis películas? Francesco, juglar de Dios de Rosellini, La Gertrud de Dreyer, Crónica de Ana Magdalena Bach de Staüb o La zona de Tarkovski.

-¿Actores?
No he pensado nunca en ello. Quizá, por mitología, me quedaría con Michel Simon de El Atalante de Jean Vigo, el joven Marlon Brando y Louise Brooks.

--¿Cuál es su película ideal?
-La película que me hubiera gustado hacer es Crónica de Ana Magdalena Bach, de Staüb, porque es de lo más cinematográfico. Son las fugas de Bach contadas por su hija. No hay estructura narrativa, tiene una estructura temporal más cercana a la música que a la literatura.

 

*La foto grande es de José Luis Pomarón.

JOSÉ VERÓN, HOY EN PORTADORES

[Esta tarde, martes seis de octubre, José Verón Gormaz presenta su nuevo poemario, ’Ritual del visitante’ (Olifante) en Los portadores de sueños; lo acompañará su editora Trinidad Ruiz-Marcellán y el poeta y profesor Joaquín Sánchez Vallés. Por un error, ayer en Heraldo se anunciaba que era el lunes: ayer se presentó ’Silenciosa es la noche’ de Concepción de Estevarena; la presentación de José Verón, medalla de San Jorge de las Cortes de Aragón, es hoy martes, a las 20.00.]

TÍTULOS

“El dolor dicta poemas: nuestro mundo es tan doloroso como una enfermedad”

 

“La poesía es un enigma que me ha dado una visión más cercana de la realidad”

 

“Ir hacia el poema es como saltar al abismo. Y eso siempre impresiona”

 

“Más que mensajes del más allá, el poeta oye mensajes del más acá”

 

 

SUBTÍTULOS

 

José Verón publica el poemario ‘Ritual del visitante’ (Olifante) que presenta hoy martes 6, a las 20.00, en Los Portadores de Sueños

 

Escribe una novela sobre Marcial, ‘Las puertas de Roma’ (Mira)

 

FICHA:

Ritual del visitante. José Verón Gormaz. Olifante, ediciones de Poesía. Zaragoza, 2012. 90 páginas.

Las puertas de Roma. José Verón Gormaz. Prólogo de José Luis Corral Lafuente. Mira editores: colección Sueños de Tinta. Zaragoza, 2012. 196 páginas.

 

¿Qué es poesía? Dice el poeta, medalla de San Jorge de las Cortes de Aragón y Premio Nacional de Fotografía: “La poesía es misterio, adivinación, conciencia, ejercicio de palabras... y muchas cosas más. Entre otras cosas, es una forma de expresión de la realidad, una transformación de las percepciones y de los sentimientos propios, incluso del dolor más íntimo, en belleza escrita y en misterio”.

 

Olifante. “Publicar en Olifante algo muy especial para mí. Olifante es una gran editorial de poesía. Sus ediciones son muy cuidadas; en ella han publicado excelentes poetas. Trinidad Ruiz-Marcellán, la editora, merece todos los elogios. Actualmente publicar poesía y editarla con tanto esmero es toda una hazaña”.

 

LA ENTREVISTA

 

¿Quién es José Verón Gormaz: un poeta que hace fotos o un fotógrafo que escribe poesía?

Soy un poeta que hace fotografías. A veces siento que el poema y la imagen son manifestaciones diferentes de un mismo asunto, aunque sé que eso no es exactamente así.

¿Qué lugar ocupa y ha ocupado la poesía en su vida?

Un lugar básico. La poesía, además de un modo de expresión, es una forma de conocimiento y como tal me ha influido. También me ha proporcionado cierto sentido ético, incluso una visión mas cercana de la realidad.

¿Es un poeta intuitivo o reflexivo? ¿Cómo nacen sus poemas?

Muchos de mis poemas nacen de la reflexión, pero también los hay que surgen como un relámpago. No acudo a normas y mis hábitos cambian según las circunstancias. La creación poética es en parte un enigma. Lo que me parece incuestionable es el trabajo, la elaboración del poema. La poesía es un oasis o una reserva de la Naturaleza que pone a disposición de los lectores la otra realidad.

¿Qué poetas le han marcado, qué poetas le marcan?

Me gusta leer poesía; leo (y he leído) sin pausa. Sin embargo, distingo entre los poetas que me han influido y los que me agradan, pero sin ningún tipo de influencia. Entre los primeros puedo citar a Quevedo, Juan Ramón Jimenez, Yves Bonnefoy, Ezra Pound, T. S. Eliot, José Ángel Valente... Entre los segundos, a Allen Ginsberg, Antonio Machado, Ginferrer, Omar Khayyam... Y merece una mención especial mi paisano Marco Valerio Marcial...

Del que publica una novela: ‘Las puertas de Roma’ (Mira editores).

Sí. Está prologada por José Luis Corral. Marcial es epigramista y el epigrama es una forma poética muy adecuada a nuestra época, como lo fue en la Roma de Nerón y Domiciano. El libro sucede en Roma y también en un café actual donde se produce una tertulia literaria que da pie a la evocación.

¿Cómo se transformó en libro ’Ritual del visitante’, que edita Olifante?

Tras un periodo largo y dificil (1997-2009), quedó completa y publicada mi trilogía ‘El tránsito y la duda’. Me sentí exhausto, desorientado, sin saber qué camino tomar. El cambio de registro fue poco a poco cumpliéndose, hasta que empecé a estar de acuerdo con mis versos. En agosto de 2010, en la Casa del Poeta, bajo el castillo de Trasmoz, concluí este poemario, que todavía necesitó un ligero repaso y un pequeño reposo.

Aquí están muchos de tus temas. Por ejemplo: el paisaje. ¿Qué le debe al paisaje?

Cuando estoy en él, me siento parte del paisaje, una sensación panteísta, tal vez primitiva, que me acerca al universo inabarcable. También en el paisaje urbano me siento parte de él. Al paisaje le debo más de lo que puedo expresar.

Por ejemplo: el lenguaje. ¿Cómo es su historia de amor y desamor con las palabras?

La palabra es el elemento fundamental de esta historia de amor. El desamor surge de otros factores ajenos a ella.

En ‘Ritual del visitante’ están la vida interior, el eco de la enfermedad o la sombra del cáncer, el estupor de existir.

Soy un poeta que ha sufrido y vivido lo mismo que las personas que no lo son. Amo la vida, pero sé de mis limitaciones. Me gustan el Arte y las Letras, la música, el buen vino, los paseos por el monte y por la ciudad, las damas, la tertulias, mi familia... Todo esto y cierto estoicismo natural me han ayudado a caminar tanto con sol como con niebla.

¿Cuántos versos le ha dictado el dolor y la proximidad de la muerte?

Es cierto, ambas circunstancias me han impulsado a escribir poemas. Pero también el dolor ajeno, tan cercano, y tan lejano, tan palpable. Nuestro mundo es tan doloroso como una enfermedad. O más.

Hay una invocación al papel en blanco. ¿Le ha dado en algún momento miedo escribir?

Más que miedo, respeto. No obstante, el poema al que alude es, tal vez, el más expresivo del libro. Si mal no recuerdo, termina así: “Invoco a la palabra para sentir la realidad que tantas veces desconozco”. Hay ocasiones en las que ir hacia el poema es como saltar al abismo. Y eso siempre impresiona, aun sin padecer vértigo.

Habla mucho de la música, del canto, de los rumores. ¿Oyen voces los poetas, mensajes del más allá?

Más que mensajes del más allá, se oyen mensajes del más acá. La música es una suerte de alimento espiritual, una fuente de sensaciones y sentimientos. Los rumores y las voces están dentro de nosotros y hay que escucharlas.