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Antón Castro

RICARDO DÍEZ PELLEJERO HABLA DE 'PORNAI EN EL HOSTAL ROMA'

RICARDO DÍEZ PELLEJERO HABLA DE 'PORNAI EN EL HOSTAL ROMA'

¿Qué es ‘Pornai en el Hostal Roma’ (Los Libros del Gato Negro,) el poemario que acaba de publicar? ¿Qué quería hacer?

 

La intención con la que nace el poemario es la de generar un instrumento para el cambio, esa sería la poética. En la primera parte, que es la que da título a la obra ‘Pornai en el Hostal Roma’, el cambio que se pretende tiene carácter social, mientras que en la segunda ‘Once poemas para un decálogo’ el cambio al que se invita es un cambio personal. Creo que la poesía -el arte, la cultura en general- debe reaccionar frente al estado de las cosas, frente al marco referencial que asumimos como “normal” y desafiar (aunque sea tan tímidamente como con un verso) al mundo que tendemos a asumir sin cuestionamiento.  

 

¿Quiénes lo protagonizan, quiénes son los sujetos literarios? Como si fuera una novela o un relato ha creado un sujeto protagonista…

 

El ‘Pornai’ lo protagoniza Ilinca, un personaje heterónimo con el que he tratado de acercar al lector el drama de la trata, invitarle a empatizar conmigo, con Ilinca, llevar el dolor y la belleza de un alma culta y resistente que, a pesar de su desgracia, no se abandona y mantiene en pie un universo complejo frente a la brutalidad. A modo de contrapeso, de luz y sombra que proporcione contraste y profundidad a la lectura, en la segunda parte, la voz cambia y desde los textos nos habla un yo más clásico, algo más etéreo, una voz de narrador que nos interpela para que el protagonista sea el propio lector.

-Es decir, una como dos voces: una, íntima, del yo; otra, más coral, casi social o la del nosotros.

- La primera parte ha sido la más complicada para mí: templar una voz distinta a la mía, pero una voz real, lejos de la banalización y los estándares admitidos en los que encuadrar estas historias y sus voces, me ha supuesto una constante reformulación, un continuo ajuste y pulido, que ha llevado a alargar el proceso creativo de estos pocos textos más allá de dos años. El tiempo y la distancia frente a lo escrito ha favorecido, sin lugar a dudas, poder confrontar los poemas con una mirada más limpia y una intencionalidad irreductible, para dar a Ilinca una oportunidad de hablarnos, de hacernos ver el dolor que arrastran algunos placeres poco inocentes que nuestra sociedad oculta y silencia para ocultar sus monstruos.

 

¿Cómo se ha planteado literariamente el libro y en cuanto a estructura?

 

La estructura es de contrapunto, de luz y de sombra, de voz y silencio. Con ello he pretendido dar dimensión y volumen a la propuesta que se hace desde el texto: ver, sentir, interiorizar para poder afrontar un cambio, un paso adelante en el eterno desarrollo personal, que debería ser la vida, o al menos una vida con aspiración de crecimiento y progreso. Pero, y volviendo a la respuesta anterior, el protagonista último de este poemario es el lector: él y solo él, su emoción y capacidad de sumergirse en los versos, de interpretarlos, son los motores que hacen latir sus páginas. 

 

-No me ha respondido a dónde se sitúa literariamente…

 

Me resultaría complicado enmarcar esta obra dentro del espectro literario y sus tendencias. Me considero independiente (asumiendo la utopía), alguien que arrastra su ignorancia como Sísifo su roca, sabiendo que cuanto más se desgaste menor será el esfuerzo para volver a ascender, para contemplar con mayor placer los horizontes lejanos que ofrece la cima. El momento poético actual, esa poesía inmediata y cotidiana, me recuerda al panorama que observé en Florida hace veinte años. Yo considero que la poesía se emparenta, por nacimiento, con la música y la danza, pero por evolución con el pensamiento y la filosofía. Me gusta penar que, con mi trabajo, soy capaz de respetar esa opción, esa tradición de la poiesis que transmuta el no-ser en ser y, por tanto, es el mayor de los cambios posibles.

 

 

¿Por qué este libro vinculado con el amor, el sexo, la historia?

 

Pornaitrata de personificar y dar voz a una de las 30 o 40.000 mujeres que, según los imprecisos datos oficiales, viven la trata y la esclavitud sexual en España. He rescatado este término usado en la Grecia de Pericles porque era el vocablo con el que designaban a las esclavas bárbaras -es decir, extranjeras- sometidas a la prostitución. El ver que esta misma realidad se repite siglo tras siglo hasta la era de los viajes espaciales, la nanotecnología y la revolución de la inteligencia artificial y la conectividad, me causó sonrojo. Pensar que Teruel tiene menos habitantes que la esclavitud en nuestro país me puso los pelos de punta: no es este el futuro que soñaba cuando era niño y pensaba en el siglo XXI. En aquellos días la esclavitud era algo del pasado y que ya solo tenía lugar en nuestra flamante televisión con dos canales, en la que el pobre Kunta Kinte trataba de desafiar a un destino sobre el que quería tener la última palabra.

 

Esta primera parte del libro, de algún modo, casi funciona como un guión, como una serie de escenas a través de las cuales vamos filmando con nuestra lectura un thriller. Recuerdo que hace por lo menos treinta años, mi hermano Oskar me pasó un libro de Benjamín que estaba leyendo, ahora no recuerdo cual. En él afirmaba que, frente a la novela, prefería al relato pero antes que al relato prefería la poesía, por ser capaz de condensar y traer más emoción esta que las otras, lo que -como lector- le parecía una gran ventaja. De alguna forma, esa visión me ha acompañado en el proceso creativo. 

Los versos de Once poemas para un decálogo  están vinculados al cuestionamiento del, por así decirlo, “episteme personal”, del marco referencial en el que nos situamos, desde el que divisamos, actuamos, nos identificamos y llevamos a todas partes de nuestro pensamiento, como un caracol surcando el mundo de las ideas. 

 

¿Dónde sucede, cómo te has planteado ese viaje en el tiempo?

 

Pornai  tiene lugar en el Hostal Roma. Este es un guiño a Pavese. Cesare Pavese abandonó su vida en Turín, en un hostal homónimo. Esas últimas horas de encierro, de desesperación, me parecieron semejantes -de algún modo-  y pude ver a Ilinca mirando a los hombres traspasar el umbral de la puerta con su verso más celebre en los labios: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Simbólicamente me pareció muy potente. Luego los versos ocurren en otras partes: en la Rumanía natal de Ilinca, en la que no he estado -y que me ha obligado a documentarme y buscar ubicaciones y referentes- pero también la acción se traslada y se comunica en otros textos con los que, abierta o más ocultamente, dialogan los poemas.

 

¿En qué región de la poesía te sitúan: lírica, narrativa, etc.?

 

El poemario es poesía sin concesiones. Sin concesiones porque no se renuncia a la belleza, a la musicalidad, al ritmo, a la emoción, a la estética, al compromiso, a reflejar el tiempo en el que vivimos..., porque el arte también la literatura-, no pueden ser sino reflejo del momento social, cultural, muestra de las luces y sombras de la civilización en la que y desde la que se crea. Pero la poesía, además, tiene la función de ser memoria sensible de un periodo y de las vidas que en él pueden o pudieron desarrollarse.

 

¿Cuál ha sido tu evolución poética, qué lugar ocupa este libro en tu lírica?

 

Mi anterior obra, El cielo del sol mecido -Olifante. 2007-, es un poema (todo el libro puede leerse, si se me permite la licencia, como un mantra) de carácter iniciático, es un viaje odiséico a través de uno mismo, con la intención de resurgir transformado de su lectura (como ves el cambio, el viaje, el movimiento, son -hasta la fecha- no sé si obsesión o única poética...). Supuso para mí un reto tremendo. Lo ideé durante meses sin levantar el bolígrafo y luego lo escribí siguiendo un mismo ritual durante algo menos de cuarenta días. Creo que fueron treinta y siete. Tras extraer esa enorme roca estuve años, literalmente, esculpiendo en el texto, descartando y reformulando los versos para que, al sonar, emitieran las notas de la melodía que había sentido antes de sentarme a escribir el primer día. 

Con este trabajo el proceso ha sido completamente distinto porque la intención y la idea lo eran también. Ha sido más semejante a pintar miniaturas, a tallar retablos: un trabajo con visión global pero en el que se avanza pieza a pieza, y en cada cuadro o en cada talla -de igual modo- detalle a detalle, a veces con lupa y dejando algún tesoro oculto para los más observadores.

 

 

ALEJANDRO PALOMAS HABLA DE 'EL SECRETO'

Alejandro Palomas: “La infancia debería ser un territorio libre de agresión”


El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil de 2016 y Premio Nadal de 2018 publica ‘Un secreto’ (Destino), una nueva aventura del joven Guille.


-¿Recuérdenos quién y cómo es Guille?
Guille es un niño de 9 años cuyo mayor anhelo es convertirse en Mary Poppins cuando sea mayor. Es además el mejor amigo de Nazia, una compañera pakistaní que ejerce de cómplice necesaria en sus aventuras y que, como él, encarna por encima de todo la resistencia, la magia, la inocencia y la pureza necesarias para que los adultos sigamos manteniendo la fe en nosotros mismos. 
¿Qué te da este personaje y qué hay de ti en él, si pudiera decirse eso?
 Guille es un personaje profundamente generoso, y a mí como autor me da una fuerza que ningún otro personaje me ha dado hasta ahora. Guille me da fe en la condición humana. Y sobre todo me devuelve al Alejandro que sigue estando y que afortunadamente no parece que vaya a perder ya. Hay mucho de mí en Guille, mucho de mi mirada sobre la realidad, mucha de mi fe en lo que podemos llegar hacer.
-¿Por qué ha regresado a una novela en apariencia juvenil…? ¿Cómo conviven en ti los ambientes para adultos y para jóvenes?
 Este es un registro -el de esta trilogía- que me resulta imprescindible para trabajar voces, escenarios y personajes que de otro modo me serían absolutamente inaccesibles. Tanto ‘Un hijo’ como ‘Un secreto’ son novelas destinadas por igual a un público juvenil y adulto. En realidad, confluyen en una franja de ficción que calificaría de “familiar”. La convivencia del público en estas dos novelas es muy inusual y se produce cuando las novelas comparten miembros de generaciones distintas. Cuesta que ocurra, es cierto, pero cuando lo hace es prácticamente un milagro.
.-¿Qué le dan las familias, por qué hurgas tanto y tanto en su interior?
 Las familias son el principio de todo. Siempre he tenido la sensación de que si viera mi carrera como una columna vertebral, cada vértebra desvelaría una mirada distinta de lo que es el universo familiar. Me interesa especialmente el entorno de la familia porque en ella se trabaja una intimidad muy específica: la de las relaciones no elegidas y por tanto reactivas. La familia es un microcosmos demasiado rico en matices, emociones y músicas particulares como para desperdiciarla. Es una fuente de inspiración única y sobre todo infinita.
-¿Qué te preocupaba, de partida, para armar ‘El secreto’: la inmigracion, la injusticia, las medias verdades, el horror que no se muestra?
 Me preocupaba sobre todo la orfandad de una niña que prefiere vivir en el silencio y acorazarse en él para no sufrir ni hacer sufrir a quienes la rodean. Me preocupaba la incapacidad de los adultos a la hora de escuchar los silencios de los niños y sobre todo me interesaba Dar protagonismo al colectivo de los docentes: maestros, maestras, orientadoras, orientadores y profesores cuya labor e implicación pasa muchas veces desapercibido.
-Aváncenos quién es Nazia… ¿Qué puede decir de ella sin ‘spoiler’?
 Nazia es una niña pakistaní de 9 años que ha tenido la fortuna de evitar ser víctima de un matrimonio por conveniencia. Se ha salvado de un futuro terrible y ahora, mientras sus padres están en manos de la justicia, ella vive en régimen de acogida en casa de Guille. Nazia es una superviviente, pero es también una niña que vive una doble realidad: la que muestra a los adultos que la rodean, y la que esconde en la oscuridad de su miedo más atroz.
-¿Ha sido fácil manejar las cuatro voces que usa en ‘Un secreto’?
 Ha sido muy fácil, sí. Y, como ya lo fuera en un hijo, muy enriquecedor. Contar una historia desde las voces de su protagonista proporciona las ventajas de una perspectiva múltiple y de un ritmo y una riqueza narrativa que raramente se consigue con otras fórmulas. Es casi como si el lector/lectora estuviera dentro de la acción y fuera una voz más: la que escucha.
-¿Qué es más perturbador: la ausencia de la madre de Guille o el mundo inaccesible, herido, a primera vista, de Nazia?
 Creo que son dos paisajes igual de perturbadores. Ambos reflejan la orfandad de dos niños con una sensibilidad extraordinaria, y reflejan asimismo el valor de la diferencia. Las dos novelas y sus dos protagonistas son, en suma, un canto a esa diferencia, A esa capacidad de convertir la oscuridad en luz gracias al poder de la imaginación y de la ficción.
-¿Qué le debe este libro a los cuentos de hadas y en particular a ‘La Cenicienta’?
 Yo diría que ‘Un secreto’ es, en parte, una revisión de el cuento de ‘La Cenicienta en la medida en que nos presenta un nuevo modelo de niña invisible que brilla a pesar de toda la oscuridad que parece rodearla ya no hay necesidad de un príncipe que de sentido al sufrimiento de la niña. La niña es capaz de salvarse sola, siempre con la ayuda de una mujer -la maestra y/o orientadora- que sabe verla y sacarla de su silencio a tiempo.
-¿Qué ansía cuándo miras hacia la infancia, qué tienen los niños que no tengan los mayores o qué revelaciones salen a la luz?
 Cuando miro hacia la infancia ansío poder evitar con mi obra aquellas cosas que yo sufrí en carne propia y que, desafortunadamente, moldearon parte de lo que ahora soy: ese Alejandro que nunca consiguió encajar con su entorno y que se sintió castigado por su diferencia. Cuando miro hacia la infancia ansío poder proteger a quienes lo necesitan de un entorno que no siempre sabe mirar bien.
-¿Consideras que la infancia es un territorio de sombras, más que de luz?
 No debería serlo. La infancia debería ser un territorio libre de agresión, un refugio en el que el prejuicio quedará fuera, y con él también las voces de los adultos que siguen siendo niños no sanados. Los niños que consiguen evitar la intervención de los temores de sus adultos tienen su propia luz, derrochan luz. La oscuridad no les pertence, no nace en ellos.
-¿De qué le sirve a un escritor andar de aquí para allá, de feria en feria, qué aprendes, cómo revierte todo ello en tu trabajo, en tus libros?
 Sirve de mucho más de lo que parece: compartes experiencias con colegas de otros países, con otras miradas, conoces a editores de sellos con los que de otra manera jamás tendría relación y aprendo a paladear el panorama literario global. Sin embargo, mentiría si dijera que eso influye en mi trabajo como tal. Afortunadamente mi escritura está blindada del exterior. Si eso no fuera así, estaría perdido
-Da la sensación de que cada vez se lee menos y la literatura importa menos. Los políticos en su campaña apenas han citado a un escritor. ¿Cómo lo lleva, cómo lo ha vivido?
Desafortunadamente, estamos cada vez más acostumbrados a que los políticos no se acuerden de nosotros salvo en contadas excepciones. No es tanto que no nos mencionen ni nos citen, sino que muchas veces tenemos la triste impresión de que la mayoría viven de espaldas a la cultura. No soy muy optimista en ese sentido. Pero  yo sigo escribiendo por el mismo motivo que me llevo a escribir desde el primer día: escribo para que me quieran.

 

 

 

MERCEDES PUEYO: LA AVENTURA DEL DANCE

En este tiempo donde se rescatan y reivindican las mujeres pioneras, la figura de Mercedes Pueyo Roy (Zaragoza, 1934) adquiere un singular protagonismo: ella es una de las primeras estudiosas del dance aragonés, pasión y obsesión que cristalizó en una tesis doctoral y en varias publicaciones; la principal apareció en 1973 bajo el título ‘Origen y problemas estructurales del Dance en Aragón’, en una edición de 200 ejemplares que pagó la autora y editó en la imprenta de HERALDO.

Ahora aparece ‘El dance en Aragón’, que acaba de publicar la Diputación de Zaragoza. Mercedes Pueyo, zaragozana que ha residido en su ciudad hasta 1962, en París, en Lund y desde hace unos años en el Puerto de la Cruz, Tenerife, fue la primera doctora en Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza. Puede leerse en https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/37/54/_ebook.pdf.

De casta la viene al galgo, podría decir. Yo siempre he vivido en Zaragoza, pero mi padre, Francisco Pueyo Samper había nacido en Pallaruelo de Monegros y era maestro y trabaja en los seguros. ¡Cuántos hizo contra el pedrisco! Nunca perdió el contacto con su pueblo, era un hombre inteligente y sensible, y fue él quien me introdujo en la pasión por el dance desde los 7 años y otros aspectos del folclore. He pasado allí muchos veranos de mi niñez”, dice Mercedes Pueyo.

Antes que ella, algunos estudiosos de la antropología y las fiestas populares de Aragón, como Ricardo del Arco y Arcadio Larrea, se habían interesado por este “espectáculo popular que el pueblo entiende muy bien y que tiene un incuestionable categoría. Recuerdo que por entonces el folclore parecía reducido a la jota: con la estudio del dance ampliamos el campo hacia una representacion compleja: el dance es una composición poética, que incluye lirismo, dichos y sátira, tiene movimientos y contiene una música, que ejerce la función de dirección o coordinación del conjunto, ya sea con la gaita de boto, el salterio, el pífano, etc.”, tal como lo defien la propia Mercedes.

Mercedes Pueyo decidió investigar el dance y le dedicó al menos 5 años de su vida, entre 1956 y 1961. Antes, participó en la creación del Museo de Etnología y Cencias Naturales de Aragón, que abrió sus puertas en marzo de 1956 en el actual Parque José Antonio Labordeta. En un artículo de 1957, Mercedes escribiría: “Con el Museo y en el Museo hemos iniciado y proseguido nuestros trabajos de investigación con esta faceta del folclore aragonés que es el dance”. Según ha recordado el estudioso Joaquín Gaspar Ruiz, Mercedes Pueyo “ejerció de secretaria del Museo y trabajó como becaria, catalogando y realizando estrudios, cobrando 500 pesetas [tres euros de hoy] al mes”, y dice que la investigadora donó el chaleco de

La especialista emprende un viaje en el tiempo: “Durante la investigación me sucedió un poco de todo. He ido en bus, en bicicleta, en burro, a caballo, lo aprendí a montar en el pueblo de mi padre, a la par que tambíen aprendí a trillar. Me recuerdo saliendo de la Estación del Norte, en Zaragoza e iba a los pueblos. Llevaba un magnetófono, que me dejó el profesor Antonio Beltrán Martínez. Pesaba alrededor de 14 kilos. Escuchaba, registraba sonidos, transcribía textos. A veces, iba solo con mi bloc y un lápiz, y una infinita paciencia”.

Mercedes había estudiado piano y tenía facilidad para cantar piezas de distintas épocas. Dice que sus mejores informantes era el cura, el maestro y el médico. “Ellos, instruidos, eran mis mejores informantes, y en ocasiones guardaban el texto original, pero también podías encontrarte con gentes como el mayoral Juan Barrieras Pueo, el tío Juaner, que había escrito y recogido textos. Entiéndamee: entonces, apenas había teléfono, no había móvil, he recorrido kilómetros y kilómetros, y yo intentaba ser rigurosa y a la vez disfrutar”.

Parece que lo hizo. Su trabajo recogió más de 70 dances. “El dance es un espectáculo teatral y poético, con música y danza. Podría definirse, también, como un teatrillo crítico de la sociedad: las gentes del pueblo no tenía el ‘Hola’, pero podían pasar muchas cosas susceptibles de ser encerradas en el dance. Consta de varias partes: hay textos móvibles y otros fijos, por decirlo así. Se cuenta la historia del pueblo, y luego hay una parte de crítica o sátira, que apunta a las mujeres, a las que se les puede llamar de todo: puercas, zorras, o algo semejante, lamineras…”. Mercedes dicen que los dances los escribían y los bailaban los hombres, y que procederían de las danzas agrícolas de la Edad Media, sobre todo, a los que se han ido incorporando los palos y las espadas, “que aluden también a las danzas guerreras, a las rivalidades entre moros y cristianos”.

Mercedes distingue varios tipos de dance: en las pastoradas en el norte, esos diálogos entre el pastor y su rabadán, despojados de influjo árabe; si se baja hacia la depresión del Ebro, se ven luchas simbólicas entre el bien y el mal, de tono más suave, con raíces en la Edad Media y ecos de los reinos de taifas. Mercedes apunta otro detalle: “El dance es la música, que entra por los sentidos y le da coherencia a la función. En cierto modo, es el gaitero el director del espectáculo”. Mercedes Pueyo no era muy partidario de la presencia de las mujeres en el dance, pero claudica ante la realidad: “Bueno. Los dances eran masculinos, pero ahora son las mujeres quienes los mantienen y participan en ellos. Los tiempos cambian”, dice y sonríe.

Recuerda que el azar ha estado de su parte. Casi se había olvidado de su trabajo, pero un día, ante un mudanza de casa, descubrió todos los materiales de su tesis. “Más de 20 kilos. Folios, carpetas, archivos, carpetas, libretas, y la tesis doctoral completa. Me había olvidado de todo aquello. Decidimos mandarlo al Instituto Aragonés de Antropología. Y allí lo encontraron Joaquín Ruiz y Mario Gros, músico y etnógrafo. Gracias a ellos, mi trabajo ha tenido una nueva vida. Miro a Mario Gros, que ha hecho el precioso prólogo del libro, y pienso: ‘Para ser músico hay que ser sabio’. Y pienso también que, aunque he estado muchos años fuera de Aragón, jamás me he olvidado de esta tierra” dice, y revela: “Ya no querría escribir más de todo eso. Antes de morir, y ya no soy una niña, querría escribir una novela”.

 

LAURA FERNÁNDEZ HABLA DE 'BIENVENIDO A WELCOME'

LAURA FERNÁNDEZ HABLA DE 'BIENVENIDO A WELCOME'

La escritora y periodista Laura Fernández publica 'Bienvenido a Welcome' en Literatura Random House. Presentó el libro en Cálamo, en diálogo con Pedro Bosqued.

-¿Quién es y qué le debe a John Fante?

Es un escritor norteamericano que me cambió la vida. Yo era muy dramática, muy en la onda de Sylvia Plath. Pura tragedia. Cayó en mis manos la novela ‘Pregúntale al polvo’ de Fante, publicada en Anagrama con prólogo de Charles Bukowski, que lo reconocía como su maestro. y me fascinó. Me sentía muy próxima a Arturo Bandini, ese antihéroe que decía por aquí que un día se haría famoso. Era como su manera de encarar el fracaso en el presente. Desde niña, yo siempre diría que de mayor sería famosa, ja ja ja.

-¿Como nació ‘Bienvenidos a Welcome’, la novela que acaba de publicar Literatura Random House?

A raíz de ese libro. En 2006. Y también gracias a la novela ‘Duluth’ de Gore Vidal, un novelista que tiene una parte muy seria y otra más loca, desternillante, vinculada con el travestismo. Eso también me gustó, me resultó muy divertido y decidí apostar por eso: por el humor, la transgresión, el delirio.

-La novela tuvo una edición hace una década y una insólita peregrinación. ¿Qué le gusta y qué le disgusta recordar de ella?

Es una novela que publiqué en Elipsis hace diez años. No se distribuyó. El editor me mandó todos los ejemplares y solo algunos, muy pocos, han llegado a escritores amigos. Me gusta porque es una novela que contiene muchas de mis obsesiones y está escrita con mucha libertad. Y me disgusta que es una novela donde hay mucho sexo. Entonces yo leía muchos libros de sexo, y casi siempre desde una órbita masculina: Henry Miller, el citado Bukowski; todas las escenas sexuales me han salido desde esa perspectiva. Ahora no escribiría una novela tan masculina.

-¿Es una novela visionaria o un divertimento un poco gamberro?

Creo que las dos cosas. De entrada le diría que es una novela hija de su tiempo. Sí, sí, es muy gamberra. Y a la vez es visionaria: el futuro es un pasado exagerado.

-¿Creía ya entonces, o lo cree ahora, que la vida es como un plató de televisión, una gran escenificación donde todo pasa de prisa de prisa?

Trabajé un tiempo en Europa Press haciendo reportaje con una cámara. Yo le diría que es más bien una ‘sit com’. Pienso con el gran narrador Kurt Vonnegut que “el estilo parte de tus limitaciones”. Como a mi no me gustan las descripciones, me aburren y me pierdo, lo que hago es dialogar. Me sirve para contar personas y personajes. Me gusta mucho la gente y creo que todos los personajes tienen algo o mucho de mí.

-¿Tiene esa visión tan descarnada del periodista, qué le debe el libro a sus cuatro meses en ‘Super Pop’?

Fue un verano muy curioso. En 2006, apenas había Internet. Ya lo había pero en la revista había solo un o dos ordenadores que lo tuvieran porque el director que no quería que nos distrajésemos. Vivías como en un mundo de ficción donde ni siquiera Angela Skipper, una famosa redactora, era auténtica. Allí aprendí que todo es un decorado en la vida. Y ahora mi visión del periodismo es peor todavía. Crear ficciones de la realidad con cosas muy serias, como estamos haciendo, es muy peligroso. El exceso de informacion nos está llevando a la desinformación más absoluta.

-¿Cree en los ovnis, quiénes serían los extraterrrestres de nuestro tiempo?

Siempre me han interesado, sí. No deja de resultar curioso la mirada a nuestro mundo de alguien que llega de fuera, sin prejuicios. Cuando era niña me encantaba una cosa que nos decía el profesor: Antonio Machado estaba dentro y fuera a la vez, miraba hacia su corazón y hacia el exterior, era el perfecto contemplador. Eso me parecía fascinante. Con los extraterrestres pasa un poco igual. Los escritores somos un poco extraterrestres: gente que observa para ofrecer una imagen del mundo y que puede estar dentro y fuera a la vez.

-¿Por qué ha elegido el método de diálogo para que avance la novela?

A mí me gusta mucho un escritor posmderno como William Gaddis, que detestaba la descripción. Me gusta mucho que mis textos tengan un sentido oral. Lo sé todo de mis personajes, aunque de vez en cuando recapitulo lo que han dicho. Los conozco bien. En ‘Bienvenidos a Welcome’ habrá como 100.

-¿Sería un ejemplo de novela-collage?

¿Usted cree? En cierto modo sí… Es una novela de la fragmentación, con personajes que van dejando apuntes, esbozos, escenas. Me encantan los libros de humor. Siempre llevo alguno, y también llevo un cuaderno donde voy tomando notas: lo apunto todo, mis ocurrencias, sensaciones, e incluso frases de los libros. Luego todo ello se lo voy atribuyendo a los personajes. En ese sentido, sí hago libros-collage.

-¿Para qué le sirve el humor y cómo lo entiende usted?

El humor es fundamental. Y está todo el rato en mis libros. Me gustan mucho los personajes y los autores que se ríen de sí mismos, de su propia ridiculez. Ahora ya no leo nada que no sea humorístico, salvo por cuestiones de trabajo. Para ser invencible hay que sentirse ridículo. Hay que conocer lo que te hace débil. De pequeña me llamaban gorda. Gorda. Gorda. Un día contesté: “Sí, eso ya lo sé. ¿Es eso todo lo que puedes decirme de mí? ¿Es ese el único insulto que tienes para mí?”. Me encanta el absurdo. Boris Vian, por ejemplo, me ha marcado mucho.

-Por cierto, ¿Welcome es Barcelona?

-Sï, claro. Una vez, en un anticipo de lo que ahora sería ‘El mundo today’, ‘El muñeco Whisky’, dijeron que en el futuro Barcelona pasaría a llamarse Welcome. Y he jugado con ello, con una ciudad de supermercados numerados, de trepidante acción, por decirlo así.

 

*La foto de Laura Fernández es de Noemí Elias.

ARTURO SAN AGUSTÍN: UN DIÁLOGO SOBRE 'PLUMA DE BUITRE'

ARTURO SAN AGUSTÍN: UN DIÁLOGO SOBRE 'PLUMA DE BUITRE'

Arturo San Agustín: “El aragonés no sabe aparecer en las fotos”*

 

Arturo San Agustín es escritor y periodista. Estos días ha estado en Zaragoza, en la Feria del Libro, donde firmaba su libro ‘Pluma de buitre’ (Los libros del gato negro), un gran homenaje a su familia, a Aragón y a la fabulación pura y dura.

-¿Cuál es su vinculación con Aragón? En el libro alude varias veces a “la tierra de los míos”…

-Mis cuatro abuelos eran de Riglos. Y vivieron ahí. A mi abuelo materno lo adoptó una familia de Riglos y allí vivió. Mis abuelos maternos acabarían marchándose a Gurrea de Gállego. Mis dos abuelos trabajaron en el ferrocarril, por eso se habla tanto de varios trenes.

-¿Es cierto que usted tuvo una bisabuela irlandesa?

-Tengo esa sospecha. Si viera las fotos de mi abuelo paterno lo entendería. Era rubio, royo, parece irlandés, y estoy intentando probarlo. Mis familiares me han preguntado si me he vuelto loco, pero tengo esa corazonada. Mi abuelo era un tipo muy especial: cantaba, bailaba, le apasionada la música.

-Bueno, usted dice en ‘Pluma de buitre’ que tenía una amante con la que tuvo una hija, Irene. ¿Es verdad’

-Sí, desde luego. No es una invención. Lo supe cuando me puse a escribir la novela. ¿Sabe una cosa? Me emocionó cuando Leonard Cohen incorporó en sus conciertos la bandurria con la presencia de Javier Mas. Casi lo vi como un homenaje a mi abuelo.

-Usted dice que este libro se lo debe a José Antonio Labordeta.

-Es cierto. Cuando lo conocí y oyó mis apellidos, Sanagustín Garasa, me dijo: “Tú eres de allá arriba, de Huesca”. Le dije que sí. Y agregó: “Tienes que dedicarle un libro singular a la tierra de los tuyos”. Quise saber a qué se refería con ‘singular’. “Lo sabrás cuándo lo escribas”. Cada vez que nos veíamos me preguntaba por ello. “He tomado notas, estoy trabajando, he escrito un capítulo…”, le decía cosas así. Y hace dos años empecé a hacer el libro.

¿En qué consistiría su singularidad? El libro es un viaje, una crónica familiar, un diálogo con fantasmas, una aventura surrealista, un homenaje a Aragón…

-De partida, quería hacer un libro convencional. Un libro que busca un lector, que piensa en él. Creo que las mejores novelas las firman los escritores que son periodistas también, porque están más atentos al detalle, a la actualidad, y buscan un lector.

-Con todo, en la novela hay bastante realismo mágico. Podría haber algunos ecos de las ‘Crónicas del sochantre’.

-Sí. Una vez conversé con García Márquez y me dijo: “Aquí hablamos mucho de realismo mágico. En el Caribe es fácil. Lo que no saben u olvidan ustedes es que el gran maestro del realismo mágico es Álvaro Cunqueiro”. Pienso lo mismo, lo admiro mucho y me encanta que ‘Pluma de buitre’ pueda evocar a ese escritor.

-Hay más cosas en el libro…

-Sí, claro. Está Riglos. Y por ello, por su grandeza y porque me evoca a las películas de John Ford, creo que también he escrito un western. Un western que sucede en Huesca, y en Zaragoza o en Calanda. Cuando llegué a Riglos me impresionaron la gatera de las puertas y los buitres. La gatera es la demostración de que el gato va y viene a su aire y que no ha podido ser domesticado. Los buitres tienen el vuelo más bello y elegante, no matan y son muy beneficiosos porque evitan enfermedades.

Dice que el libro está escrito a la sombra de Ramón Acín.

Ramón Acín es el García Lorca de Aragón. Y su muerte es conmovedora. La conocía, pero me la contó su nieto Ramón García Bragado. Y me recordó que habían reconocido su cadáver porque llevaba lápices de colores en los bolsillos. Era un ser fascinante al que tenemos que seguir reivindicando.

¿Cómo ve usted a los aragoneses? Labordeta le dijo que ser aragonés estaba reñido con la posteridad.

- No se sabe vender. El aragonés es humilde, no le gusta exhibirse. No sabe aparecer en las fotos, y para triunfar es necesario atreverse a salir en las fotos.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto es de 'La Razón'.

UN POEMA DE JORGE MARTÍNEZ

[Olifante publiCa un nuevo poemario, ‘General Invierno‘, de Jorge Martínez, que lleva un prólogo de la poeta y narradora Olga Bernad.El libro se presentará en el IAACC Pablo Serrano el próximo 14 de junio.]

La metáfora de la fría batalla que nos acompaña desde el título se mantiene en la intención del libro, que lidia con sus monstruos con la esperanza no muy convencida de vencerlos: «Estos monstruos son de la familia./ Heredarán la tierra por­que son/ mejor que los que comen en la mesa»; peleando con su sombra «Porque quiere ver el mundo y no la dejo marchar./ Porque nunca la escuché cuando me hablaba». Y así, avan­zando marcialmente o tropezando, recorre espacios interiores y ciudades, escenarios y nombres propios por los que vamos a pasear junto a él mientras lo leemos. Y eso es unirse a una campaña peligrosa. Y a una fiesta.

(fragmento del Prólogo)

Olga Bernad



Poema



DE TUS HOJAS

¿Cómo fue que se cayó la casa

que clavaste en aquel roble milenario?

De tu bosque soñado nada queda,

de tus hojas cuando fuiste árbol.

 

ESTEBAN NAVARRO HABLA DEL ATENTADO DE ROGER TUR

Esteban Navarro «Sentí la obligación de rescatar a Roger Tur del olvido»

El autor de novela negra y policía, afincado en Huesca, publica ‘El cónsul infiltrado’ (Doce Robles), sobre el diplomático francés que murió en 1972 en Zaragoza tras un atentado



-¿Qué le llamó la atención de la historia del cónsul francés en Zaragoza, Roger Tur (1904-1972)?

El que apenas hubiera nada escrito sobre lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Lo afronté como un reto, porque me pareció fascinante escribir sobre lo que todavía no se había escrito, apenas.

-¿Qué se propuso hacer?

En principio solo iba a escribir sobre el atentado en el consulado, y la muerte posterior. Pero cuando comencé a recopilar información supe que tenía que centrarme en la figura de Roger Tur, y así lo hice. Fue tal el sigilo con el que se movió que alguna persona de su entorno me ha llegado a decir que siempre creyeron que él era un franquista. Sentí la obligación de rescatar su figura del olvido.

-¿Cuál ha sido tu documentación de la prehistoria del personaje: su llegada a Zaragoza, su negocio, su participacion en la vida social, el eco de su consulado…?

Alguna entrevista con gente que lo conoció, pero la principal ha sido un laborioso buceo en la hemeroteca, donde la dificultad estriba en que la documentación de esos años no está listada, sino que son escaneos en PDF que me obligaron a leerlos uno por uno buscando lo que me interesaba sobre el personaje.

-En el libro, se ve claramente su condición de espía. ¿Lo ha elaborado a partir del trabajo de Eduardo Martín de Pozuelo, brota de su imaginación o surge de otros datos contrastados en sus pesquisas?

El trabajo de Martín de Pozuelo ha influido, fue quién me puso sobre la pista, pero la mayoría ha sido investigación propia siguiéndole el rastro en reuniones diplomáticas donde coincidía con otros cónsules o embajadores de países que estaban en guerra en fechas más que coincidentes, como para pensar que fuese una casualidad. No obstante, las reuniones en el hotel Ritz de Barcelona están exhaustivamente documentadas. Evidentemente, como autor de ficción que soy, he tenido que rellenar lo que la documentación no abarcaba.

-Los falangistas recelaban de él y estuvieron a punto de matarlo, ¿no?

Es una causa lógica que supuse visto lo visto. En algún momento alguien tuvo que recelar. El algún momento alguna persona de su entorno debió sospechar algo. Y en esos años no era menester ninguna orden proveniente de arriba del todo para quitar de en medio a alguien que molestara o del que se sospechara. El cónsul de Alemania o el director del Colegio Alemán seguramente lo aceptarían como un colega, pero los falangistas tenían su propio servicio de información y vigilancia y sometían a investigación a todo el mundo, cónsules incluidos. Es conocido el poco o escaso respeto que tenían por las valijas diplomáticas. La realidad, siempre, supera a la ficción.

-¿Qué le llamó la atención de las reuniones con las fuerzas nazis en San Miguel y otros sitios? Hacen pensar en la película ‘Encadenados’, de Hitchcock, más que en ‘Casablanca’, de Michael Curtiz…

Lo de ‘Casablanca’ ha sido una licencia literaria heredada del hecho de que el nombre en clave de Roger Tur fuese Ric, cuando en un principio pensé que estaba revestido del romanticismo de Bogart. Ahí ha intervenido más la imaginación del escritor, que la historia o posible historia verdadera. Ric, definitivamente, era un acrónimo con el que lo bautizó la OSS: Roger Infiltrate Cónsul.

-¿Le ha resultado difícil o doloroso narrar la noche del atentado, el 2l de noviembre de 1972? Tur falleció cinco días más tarde a consecuencia de las graves quemaduras que sufrió en el asalto.

No me apetecía, la verdad, porque fue un ‘estúpido asesinato’, por eso la puse al principio, para que el lector se olvide de ese día y se centre en la figura del cónsul.

-¿Qué le han dicho los integrantes del colectivo La Hoz y el Martillo?

Han colaborado en aportar todos los detalles sobre los que les he preguntado. Pero, francamente, creo que no quieren recordar este asunto, especialmente porque ha pasado mucho tiempo y ya está, o debe, estar olvidado.

-A veces da la sensación de que los disculpa y de que considera el hecho como un infausto accidente…

No he hallado ningún motivo que me lleve a pensar lo contrario. Hasta donde he llegado, todo me ha parecido así, de esta forma.

-¿Cuál es su reflexión general sobre Roger Tur? ¿Cómo lo ve, qué le conmueve o le aleja de él?

Esa respuesta está en la novela, porque lo he descrito como yo lo veo; que no tiene por qué ajustarse a la realidad más estricta. Me acerca su capacidad de ubicarse en su tiempo y en su cargo y hacer lo que en su momento creyó tenía que hacer. Me distancia, en cierta forma, que años después de aquello, no hubiera sido él mismo quién lo hubiera explicado, a su modo. Quizá murió demasiado pronto (1972) y la sombra del franquismo no se había debilitado y nos perdimos una especie de memorias donde hubieran salido estas cosas y muchas más que seguro no he sido capaz de descubrir.

-¿Ha barajado la posibilidad de haber escrito una novela policiaca con el tema…?

Era mi intención. Pero desviarme demasiado del thriller histórico hubiera sido una ofensa al personaje. Lo había planteado, pero en tal caso debería ser con un personaje inventado, no con una real.

-¿Qué le ha ocurrido después de la publicación del libro, cuál ha sido el eco?

Teniendo en cuenta de que es mi primer thriller histórico y que es un terreno que no domino, estoy, de momento, muy contento con la aceptación que está teniendo la novela. Y en lo personal me siento cómodo con este tipo de narrativa. Tanto, que ya estoy trabajando en otro thriller histórico.



 

DIÁLOGO CON THOMAS B. REVERDY

El escritor Thomas B. Reverdy ha estado hace unos días en Zaragoza, en el Instituto Francés, que dirige Laure Vazquez. Ella fue su anfitriona y la traductora de este diálogo en torno a su novela, ‘El invierno del descontento’, que publica ADN y que finalista del Goncourt. Cuenta la historia de una joven actriz, Candice, y del ascenso de Margaret Thachter, en un tiempo en que el mundo bailaba al son del estrépito del punk.

¿Es usted un escritor político?

Ja, ja. Esta es de todas mis novelas la más frontalmente política. Con seguridad.

Parece que sus libros tienen una documentación muy intensa, muy preparada… ¿Cómo la aligera?

Aquí hay más que la documentación del entramado histórico, hasta las canciones forman parte de la novela. De todo ello me quedo con citas, que voy dejando por aquí y por allá y que van comunicándose entre ellas, y de ello sale un subtexto.

-¿Por qué quiso hacer este viaje al año 78/79 y al ascenso de Margaret Thahtcher? ¿Y en qué medida está haciendo una reflexión sobre ahora mismo?

-Yo jamás tuve la sensación de estar escribiendo una novela histórica, sino que tenía la sensación de que la estaba escribiendo desde hoy, desde ahora mismo. Eso era importante para mí. Hasta la idea de ir a buscar en esa época de Margaret Thatcher… Parece que estamos, de nuevo, en el mundo thatcheriano.

-¿Eso piensa?

-Vivimos en una época bastante caótica, con sobresaltos por todas partes, y parece el final de un ciclo. Y ese ciclo de de globalización y de capitalismo se abrió con ella. Y todo eso hoy no funciona. Estamos en una época como de dibujos animados corriendo ante el precipicio. Sigue habiendo algunos ultraliberales que dicen: “Sigue corriendo más rápido”, pero la gente que tiene un poco de sensatez o de clarividencia grita: “Socorro”.

-Da la sensación de que en su novela hay un eco del cine de Ken Loach. ¿Podría ser?

-Sí, sí, más bien de sus primeras películas. Cuando él era un poco optimista y había como un feliz desorden. Cuando la música era capital, se vivía de cualquier modo con grandes ilusiones.

¿Por qué sucede la acción en Londres y no París?

-Yo creo que en París no se dieron cuenta de que el mundo estaba cambiando con Margaret Tchatcher. En 1981 se eligió un presidente socialista, iba a contracorriente de lo que estaba sucediendo en Inglaterra, y este presidente, Miterrand, nacionalizó muchas cosas, protegió en sus inicios a Francia de la llegada de la globalización.

-¿Por qué eligió a Candice, una mujer que además quiere ser una actriz?

Lo de actriz es muy sencillo: es una joven que está buscando su sitio, y eso es un poco como buscar tu papel. Es una correspondencia. Eso me permitía, además, establecer un vínculo con Shakespeare y con el trasfondo social cambiante ¿Por qué una mujer? Eso es más misterioso: no sé por qué elegí a una mujer…

-Una mujer que es casi la única, en medio de muchos actores, y que va a hacer un papel de hombre, Ricardo III…

-Esta historia señala muy bien porque la novela es política. Y eso me sobrepasa en mi voluntad de escritura. En cuanto tiene a su heroína hace teatro y va a hacer su papel en Ricardo III. Y a partir va a haber un tema feminista, esos papeles y esos juegos de poder los va a encarnar una mujer.

-Me ha parecido que la novela tiene dos preocupaciones muy claras: cómo una mujer se hace a sí misma y la identidad.

-Hay cosas que proceden de mi novela anterior, inmersa en el mundo empresarial. Ahora reflexiono sobre el inicio de la caída del capitalismo con personajes que permiten también abordar el poder y el empoderamiento. Pero también se habla de amistad, de luchas y abusos de poder que llevan a la ruina.  

-¿Aborda también la construcción de la juventud?

-Sí, la cultura permite eso: buscar quiénes somos, liberarse, tener ídolos en distintos campos, la música punk nos sitúa inmediatamente, fue un período corto… Es una música revolucionaria, hecha por gente joven que no son músicos como los Sex Pistols… El eslogan de los Sex Pistoles era ‘no future’. La reacción era decir: “Muy bien, entonces hago exactamente lo que me da la gana”.

-Funcionan muy bien los capítulos cortos y rápidos...

-En ‘El invierno del descontento’ hay varias líneas de narrativa a la vez: el poder, el ascenso de Tachter, una joven actriz en Londres buscando su sitio. Escribir consiste en frenar los caballos y que vayan todos en sintonía, hasta que todas líneas del relato, intenso y breve, queden armoniosas. Me interesa también el trabajo y la colaboración del lector. Deseo que él sea capaz de conectar las distintas líneas, historias y conceptos que hay en el libro. Y que ocurra algo al leer.

¿Qué opina de los Chalecos Amarillos de Francia?

-No es una oleada de la extrema derecha, una cosa es que la extrema derecha o izquierda quieran asimilar y adueñarse de ese movimiento, pero los Chalecos Amarillos son gente que se está sintiendo que vive en un mundo caótico e injusto. Está claro que no podemos retroceder en la globalización, sería absurdo, pero tampoco debemos  contentarnos con correr cada vez más rápido hacia el vacío. Eso también es absurdo… Los Chalecos Amarillos son un grito contra la una precariedad, la miseria o la injusticia; son la expresión de un caos social. Y nadie sabe lo que va a salir de ahí. Y en Francia podría haber perfectamente una catástrofe en 2022.

¿Está preocupado?

Claro. Vivimos una de las épocas más increíbles de desamparo. La globalización ha creado paro en Europa, miseria en Asia y mi vaquero sigue siendo tan caro como siempre. Así que algo no funciona. Alguien ha cogido el dinero en alguna parte y en algún momento, y no se sabe dónde está. Nosotros damos dinero a los bancos para que ellos no vayan a la bancarrota. Es incomprensible.